Sonsacando dinero para causas religiosas
UN ADAGIO antiguo dice: “El tonto derrocha pronto su dinero.” Aunque hay muchísimas personas que sobre esta base cumplirían los requisitos para ser tontos, parece que casi todos están menos propensos a desempeñar el papel de tontos cuando se trata del dar para causas religiosas. En ese caso se manifiesta lo que se ha llamado su “instinto de proteger la billetera.” Como resultado, los clérigos a menudo se hallan en apuros en cuanto a descubrir maneras de conseguir que sus rebaños cedan parte de su dinero.
Por ejemplo, en febrero de 1954 el vicario “de 15 piedras” (210 libras) de Wymering, Hampshire, Inglaterra, A. H. Gilroy, declaró que él se pararía de cabeza por treinta segundos si la fiesta del pueblo recogía más de £50 (140 dólares). La fiesta recogió más de £50, de manera que el vicario se paró de cabeza por los treinta segundos estipulados delante de un auditorio de mujeres. Por lo menos ésa fué una manera de usar su cabeza para conseguir la cooperación monetaria de sus feligreses.
Para ganar fondos para su iglesia cierto sacerdote católico en Irlanda organizó una competencia en una caza de palomas. Cuando algunos se quejaron de que se hería y mataba despiadadamente a centenares de palomas, el sacerdote replicó que él había investigado el asunto y había encontrado que era legal y que a las palomas “las cuidaban bien y que tenían toda oportunidad.” Bien lo dicen las Escrituras: “El justo mira por la vida de su bestia; pero las compasiones de los inicuos son crueles.”—Pro. 12:10.
Uno de los métodos favoritos de juntar fondos para propósitos religiosos en los Estados Unidos de América del Norte es el bingo, una forma pueril del juego de azar. Cuando la policía de la ciudad de Nueva York por fin lo proscribió, ya que era ilegal, se levantaron muchos clamores, particularmente de parte de prelados católicos romanos. Sin embargo, un sacerdote se consoló con el pensamiento: “Quedan aún bailes, ferias, tertulias de baraja, desfiles de modelos y otras actividades tradicionales de beneficio a la iglesia de las cuales se puede echar mano.”
Esto nos hace recordar lo que se informa respecto a los templos hindúes de la India. Estos proveen servicios que por lo general no son asequibles en otras partes, tales como “facilidades para bañarse y lavar ropa, salones de juego y dormitorios, el suministrar prostitutas, servir comidas y proveer entretenimiento mediante bailarinas.”
Para hacer que el dar a causas religiosas sea menos doloroso es la costumbre referirse a las contribuciones como inversiones. Así que cada Navidad el evangelista al cual se da más publicidad en los Estados Unidos despacha cartas que mendigan apoyo monetario para sus diversas actividades: “Este ministerio sólo puede llevarse a cabo mediante sus inversiones financieras. Especialmente durante este mes necesitamos su ayuda.” Dice la circular que las contribuciones siempre son más bajas en diciembre. ¡Es extraño que la mayoría de la gente se olvide de Cristo durante el mismísimo mes en que ella pretende celebrar el cumpleaños de él!
Muchas iglesias emplean los servicios de promotores profesionales de votos, cuya organización garantiza resultados por un precio, desde $2,000 hasta $15,000 (dólares). Una de tales organizaciones tiene un programa detallado por medio del cual uno de sus agentes dirige una campaña eficiente de reunir dinero, en la cual dan énfasis a la “necesidad de dar” que tienen los miembros de las iglesias. No solamente las iglesias mismas han sacado generosas ganancias por medio de emplear a esta clase de organización, a menudo obteniendo de 50 a 100 por ciento más de lo que habían calculado, sino que los promotores de votos ganan aun más, duplicando una de tales organizaciones sus entradas en los primeros pocos años y triplicándolas el año pasado.
No sólo aprenden las organizaciones religiosas de las que son comerciales en cuanto a este asunto de colectar dinero, sino que según una revista nacional de comerciantes, los hombres de negocio pueden aprender de las iglesias. Comentando acerca de las perspectivas inciertas de ventas para 1954, citó un número de ejemplos de cómo las iglesias estaban reuniendo dinero e hizo notar que “los hombres de negocio podrían retocar sus ideas en este campo por medio de informarse sobre lo que hacen sus iglesias locales.”
Por supuesto, en otros países, otras costumbres: como por ejemplo en el pueblo de Pocri, Panamá, donde en 1953 el arzobispo de Panamá puso entredicho al pueblo, negando a los católicos todo servicio religioso, funerales, casamientos, etc., debido a una disputa acerca de qué proporción de dinero debiera de recibir la iglesia de los réditos de cierta fiesta. Debido a una disputa parecida en el pueblo de Goaso, Ashanti, en la Costa de Oro de África, el sacerdote católico rehusó decir misa.
Refiriéndonos de nuevo a los Estados Unidos, su gente contribuye corrientemente unos $2,000,000,000 a sus iglesias anualmente. Ese es un precio bastante caro después de todo, cuando consideramos la ignorancia religiosa del país. Quizás los dos falsificadores de cheques que confesaron haber puesto un cheque de $7 sin valor en un platillo de colecta pensaron que era un cambio justo y equitativo.