El paraíso galileo
JEHOVÁ DIOS mismo les aseguró a los israelitas que la tierra adonde los traía manaba leche y miel. Y Moisés, en sus palabras de despedida a su pueblo, exaltó las virtudes del país adonde iban. De toda la tierra de Palestina, Galilea era la más hermosa y fértil, y de Galilea lo selecto era el llano de Genesaret, al noroeste del mar de Galilea. Concerniente a éste el historiador Josefo escribió:
“Tanto su naturaleza como su belleza son maravillosas; su suelo es tan fructífero que en él puede crecer toda suerte de árboles, y por lo tanto los habitantes siembran allí toda suerte de árboles; pues la complexión del aire está tan bien mezclada que se presta a los de varias clases. Particularmente el nogal, que requiere el aire más frío, florece allí en gran cantidad; también hay palmeras, que crecen mejor en el aire caliente; la higuera también y el olivo crecen cerca de ellos, los cuales aun requieren un aire que sea más templado. Uno pudiera llamar a este lugar la ambición de la naturaleza, donde obliga a las plantas que son naturalmente enemigas unas de otras a estar de acuerdo juntas; es una feliz contención de las estaciones, como si todas ellas reclamaran como suyo el país; pues no solo sustenta diferentes clases de frutos del otoño más allá de lo que esperarían los hombres, sino que los conserva largo tiempo; suministra a los hombres los frutos principales, uvas e higos continuamente, durante diez meses del año, y el resto de los frutos a medida que maduran juntos por todo el año; porque además de la buena temperatura del aire, también lo riegan aguas de una muy fértil fuente.”—Wars, Libro 3, 10:8.