Preguntas de los lectores
● ¿De qué manera debe entenderse Génesis 9:5, donde Dios dijo que ‘reclamaría la sangre’ del animal que matara a un ser humano?
Básicamente esto significa que si un animal mataba a un hombre, tendría que dársele muerte. Por tomar una vida humana, tenía que perder su propia vida.
Después del Diluvio, Jehová Dios permitió por primera vez que la humanidad matara animales para usarlos como alimento, aunque no se debería comer la sangre. (Gén. 9:3, 4) Entonces Dios señaló lo superior que era la vida humana en comparación con la vida animal, pues el hombre había sido creado a la imagen de Dios. Jehová dijo:
“La sangre de sus almas, la de ustedes, la reclamaré. De la mano de toda criatura viviente la reclamaré; y de la mano del hombre, de la mano de cada uno que es su hermano, reclamaré el alma del hombre. Cualquiera que derrame la sangre del hombre, por el hombre será derramada su propia sangre, porque a la imagen de Dios hizo él al hombre.”—Gén. 9:5, 6.
De modo que, aunque a los animales podía dárseles muerte para usarlos como alimento, al hombre no habría de dársele muerte. Si un hombre asesinaba a otra criatura humana, quitando una vida que no estaba autorizado a quitar e incurriendo así en culpa por homicidio, habría de perder su propia vida. Y este modelo habría de aplicarse hasta en el caso de los animales que mataban al hombre. Es cierto que un animal no sabría que al matar a un ser humano había violado una ley divina. Pero este requisito ciertamente grabaría en la humanidad lo preciosa que es la vida de un hombre, porque ni siquiera un animal bruto podía quitar una vida humana con impunidad.
En su Ley a Israel, Jehová más tarde suministró una disposición reglamentaria que tenía que ver con animales que mataban a algún hombre. Según Éxodo 21:28-32, al toro que acorneaba a un hombre de modo que éste moría había que darle muerte a pedradas. Se entiende entre muchos que esta ley no se limitaba a los toros; el caso de un toro que acorneaba se podía comprender bien en una sociedad agrícola, e ilustraba qué debería hacérsele a cualquier animal que mataba a un ser humano. Si quitaba una vida humana, la criatura que mataba tenía que entregar su propia vida.
Una consecuencia de esa índole se ha realizado en muchas sociedades de personas que descienden de Noé. Por ejemplo, The International Wildlife Encyclopedia declaró: “Una vez que un tigre se ha convertido en devorador de hombres o matador de ganado, prescindiendo de la razón para ello, la mano de todo hombre está contra él. Aldeas enteras salen de casa y no descansan hasta que le dan muerte, aun en zonas donde el tigre está protegido por la ley.”
Pudiera haber quienes consideraran esto simplemente como una medida para la protección del individuo o los individuos mismos. Pero la declaración de Génesis 9:5, 6 debe grabar enérgicamente en nosotros la preciosidad de la vida humana. No se puede quitar con impunidad. Por consiguiente debemos esforzarnos por estar libres de culpa por homicidio, y debemos usar la preciosa vida humana que tenemos para la honra del proveedor de la vida, Jehová Dios.—Hech. 20:26, 27; Sal. 36:7, 9.