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  • ¿Qué defensa contra los difamadores de los cristianos verdaderos?
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1977
w77 15/5 págs. 316-318

¿Qué defensa contra los difamadores de los cristianos verdaderos?

EL ENTERO cuerpo de las enseñanzas cristianas, que llegó a formar parte de la Palabra escrita de Dios, es la “verdad de las buenas nuevas” o simplemente la “verdad.” (Gál. 2:5; Rom. 2:8) A través de los siglos han sido relativamente pocas las personas que han aceptado ese hecho. Cegados por el “dios de este sistema de cosas,” Satanás el Diablo, muchos han peleado contra la “verdad de las buenas nuevas” por medio de presentar un cuadro falso de los cristianos verdaderos, sus enseñanzas y sus motivos.—2 Cor. 4:3, 4.

Para los cristianos tal falsa presentación de ellos es una evidencia de que de veras están andando en armonía con la verdad de Dios. Por eso, puede ser razón para que se regocijen, pues saben que su adherencia a la verdad conduce a bendiciones duraderas. Como Jesucristo dijo en el Sermón del Monte: “Felices son ustedes cuando los vituperen y los persigan y mentirosamente digan toda suerte de cosa inicua contra ustedes por mi causa. Regocíjense y salten de gozo, puesto que grande es su galardón en los cielos; porque de esa manera persiguieron a los profetas antes de ustedes.”—Mat. 5:11, 12.

Por supuesto, no es agradable ser objeto de vituperio. Uno pudiera llegar a estar muy preocupado por los malos efectos que pudiera tener esto en los que llegaran a aceptar como verdad el falso cuadro que se pinta. Especialmente cuando la difamación proviene de los que en un tiempo aparentemente andaban en armonía con la verdad de la Palabra de Dios, uno quizás quisiera combatirla. Pero ¿es éste el derrotero sensato?

Nunca debemos olvidar que hay muchas personas que simplemente no quieren conocer la verdad. Por creer que el amoldarse a las elevadas normas de la Palabra de Dios es demasiado, algunos solo buscan una excusa para no escuchar el mensaje de la Biblia como lo presentan los testigos cristianos de Jehová. Cuando se representa en falsos colores a los testigos de Jehová, estas personas quieren creer las falsedades para justificar su proceder. Como nos dice 2 Tesalonicenses 2:11, 12: “Dios deja que una operación de error vaya a ellos, para que lleguen a creer la mentira, a fin de que todos ellos sean juzgados porque no creyeron la verdad, sino que se complacieron en la injusticia.” Es obvio que el que los siervos de Jehová disputaran toda acusación falsa que se levantara contra ellos no ayudaría a esas personas. Todavía preferirían creer la mentira.

Si los testigos de Jehová fuesen a absorberse en refutar todas las acusaciones falsas que se hacen contra ellos, ellos también podrían caer en una trampa del gran acusador, Satanás el Diablo. ¿Por qué? Bueno, a Satanás ciertamente le gustaría ver que se aflojara el paso en ayudar a las personas de corazón sincero y honrado a aprender la verdad. Sin embargo, eso es exactamente lo que podría suceder. Si permitieran que alguien desviara sus esfuerzos, los siervos de Jehová perderían tiempo valioso, tiempo que de otra manera podría haberse usado provechosamente en ayudar a las personas sinceras a aprender acerca de la voluntad y los propósitos de Dios para con la humanidad.

De modo similar, por pasar mucho tiempo leyendo los ataques que se hayan lanzado contra los testigos de Jehová y luego esforzarse por hallar maneras de refutarlos, uno pudiera fácilmente llegar a estar sumamente agitado. Podría quedar deprimido y desanimado, especialmente puesto que, humanamente, no hay manera de acallar a todos los que presentan acusaciones falsas. De hecho, extensos esfuerzos públicos en este sentido solo servirían para dar publicidad a las falsedades. Hasta pudiera suceder que algunas personas llegaran a considerar los esfuerzos estrenuos por refutar las acusaciones como razón para dar mayor crédito a esas acusaciones.

Sin embargo, hay un modo de refutar las falsedades sin envolverse indebidamente uno en tratar de combatirlas. ¿Cuál es ese modo? El apóstol Pedro lo señala cuando les dice a compañeros cristianos: “Mantengan excelente su conducta entre las naciones, para que, en la cosa en que hablen contra ustedes como de malhechores, ellos, como resultado de las obras excelentes de ustedes de las cuales ellos son testigos oculares, glorifiquen a Dios en el día para la inspección por él. . . . Porque así es la voluntad de Dios, que haciendo el bien amordacen el habla ignorante de los hombres irrazonables.” (1 Ped. 2:12-15) Sí, a medida que los observadores sinceros notan que los testigos de Jehová verdaderamente viven en armonía con las normas justas de la Palabra de Dios y que el interés genuino en otros y su amor a ellos los impulsa a llevar a cabo su servicio, esos observadores pueden ver fácilmente que las acusaciones que se lanzan contra estos cristianos son infundadas.

Por eso, no hay por qué preocuparse demasiado por las acusaciones mentirosas de individuos descontentos que solo están interesados en atacar y derribar la unidad y servicio de los testigos de Jehová. Las personas que deseen averiguar lo que los testigos de Jehová hacen y enseñan no tendrán dificultad alguna en obtener información directa. Cada mes los testigos de Jehová distribuyen millones de ejemplares de literatura que explican la base bíblica de lo que creen. Las reuniones en sus Salones del Reino están abiertas al público, así como lo están sus asambleas regionales, nacionales e internacionales. Y, por supuesto, los testigos de Jehová individualmente siempre están listos para presentar las razones de lo que creen a las personas que pregunten con sinceridad.

Pero si la gente opta por creer las acusaciones falsas, tendrán que sufrir las consecuencias de no haber hecho una investigación honrada. Esto está de acuerdo con las palabras de Jesucristo: “Si, pues, un ciego guía a un ciego, ambos caerán en un hoyo.”—Mat. 15:14.

Por consiguiente, en vez de entablar una disputa cuando se hacen acusaciones falsas, los testigos de Jehová por lo general opinan que es mejor que la carga de presentar las pruebas descanse en los acusadores. Un buen ejemplo de esto es el apóstol Pablo. Cuando unos enemigos religiosos presentaron acusaciones falsas contra él ante el gobernador romano Félix, Pablo no trató de combatir las acusaciones falsas, sino que simplemente señaló que sus acusadores no podían probar las ‘cosas de que lo estaban acusando.’ (Hech. 24:13) De modo similar, en una ocasión Jesucristo preguntó a sus opositores: “¿Quién de ustedes me prueba culpable de pecado?”—Juan 8:46.

Sin embargo, hay ocasiones en que se tiene que presentar una defensa en medio de circunstancias desfavorables. Funcionarios públicos, como jueces, pudieran exigir una respuesta. Aunque las preguntas se planteen de tal manera que le resten importancia al testigo de Jehová y su mensaje, el Testigo no debe encolerizarse y reflejar resentimiento ni irritación. Puede permanecer tranquilo y desplegar apacibilidad al dar su respuesta. Puesto que sabe que los “ojos de Jehová están sobre los justos,” él correctamente manifiesta profundo respeto, como si estuviese en la presencia de Dios. (1 Ped. 3:12) Esta conducta está en armonía con la admonición que se encuentra en 1 Pedro 3:15: “Santifiquen al Cristo como Señor en su corazón, siempre listos para hacer una defensa ante todo el que les exija razón de la esperanza que hay en ustedes, pero haciéndolo junto con un genio apacible y profundo respeto.”

Mientras que el pelear verbalmente solo podría empeorar la situación, el testimonio de la conducta excelente no puede ser disputado. Ninguna persona razonable jamás llegaría a la conclusión de que cualidades como el altruismo, la bondad, el estar dispuesto a ayudar y la empatía son características de una persona odiosa. De modo que la mejor defensa contra los difamadores es la conducta digna de alabanza de parte de los cristianos verdaderos, junto con persistir tranquilamente en una presentación positiva de las enseñanzas de la Biblia. La conducta excelente puede amordazar el habla ignorante y contribuir a ayudar a otros a hacerse glorificadores de Jehová Dios.

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