La Palabra de Dios es viva
Imite a Ana, imite a su hijo
SI USTED es una madre joven, sus hijos probablemente viven con usted en su hogar. Pero mire a Ana y su hijo Samuel. Ana lo está llevando al tabernáculo de Jehová en Silo. Aquí es donde viven los sacerdotes, y donde sirven a Dios. ¿Por qué lleva ella a su hijo para que viva allí? ¿Es que no ama a su hijito?
Ana ama a Samuel, sí. Pero cuando ella vio que no tenía hijos oró a Jehová por uno, y en su oración prometió: “Yo ciertamente lo daré a Jehová todos los días de su vida” (1 Samuel 1:10, 11). De modo que eso es lo que Ana está haciendo. Está dando a Samuel para que sirva en el tabernáculo de Jehová por el resto de su vida.
Ana echará mucho de menos a Samuel. Pero está dispuesta a dejarlo porque ama a Jehová Dios y sabe que su hijo puede prestar servicio a Jehová aquí. Si usted es padre, ¿está dispuesto a dejar que sus hijos presten servicio a Jehová?
A medida que Samuel crece, necesita ropa más grande. Aquí usted puede ver a Ana llevándole la más reciente vestidura sin mangas que le ha hecho. Puede tener la seguridad de que en cada visita que ella hace anualmente estimula a Samuel a seguir sirviendo fielmente en el tabernáculo de Jehová (1 Samuel 2:18, 19). ¿Verdad que el ejemplo de Ana de estimular y ayudar a su hijo a mantenerse en el servicio de tiempo completo es un ejemplo excelente que los padres de hoy pueden imitar?
Pero el ejemplo de Samuel es excelente para todos nosotros. Estuvo dispuesto a prestarse para el servicio de Dios. Aunque a veces haya tenido sentimientos de nostalgia y haya deseado estar en su hogar con su padre y su madre, siguió sirviendo en el tabernáculo. Samuel también se enfrentó a otras experiencias que impusieron una prueba a su fe, experiencias más difíciles.
¡Mire! ¡Los hijos del sumo sacerdote Elí están llevándose a esas jóvenes que sirven a la entrada del tabernáculo y van a acostarse con ellas y cometer fornicación! Mientras Samuel crecía se hacían estas cosas malas, pero Samuel hacía lo que era correcto (1 Samuel 2:22-26). De seguro somos sabios si imitamos su ejemplo y no acompañamos a los que quizás nos rodeen en el mal proceder de ellos.