Carta de la Sucursal
Estimados ancianos:
Sin duda ahora que estamos en el nuevo año de servicio algunos cambios significantes habrán tomado lugar en las congregaciones, y ustedes tienen el privilegio de participar en éstos. Para ahora el cambio por turno de la superintendencia de las congregaciones debe haber tomado lugar y ustedes habrán tenido sus reuniones para considerar quiénes conducirán los diferente estudios de libros de congregación y cómo los siervos ministeriales se encargarán de los diferentes deberes. Deben hacerse listas de los hermanos que pueden ser usados para leer los párrafos en el estudio de La Atalaya y de los que puede servir bien de presidentes en las reuniones públicas. Por eso si aún no se han encargado de este asunto deben hacerlo enseguida.
Una de las responsabilidades especiales de los ancianos es enseñar, y mucho de esto se hace en la reuniones de la congregación. Así es que ustedes, ancianos, querrán considerar de vez en cuando lo que puede hacerse para mejorar la reuniones locales. Además también querrán hacer planes juntos para las reuniones públicas, considerando y decidiendo los asuntos que se necesitan en su congregación y a quiénes se usará para pronunciar esos discursos. Quizás hallen útil el considerar de vez en cuando los asuntos que necesitan atención especial en las reuniones de servicio y qué discursos de instrucción ustedes, hermanos, pronunciarán en la escuela del ministerio. Hermanos, nunca pierdan de vista el hecho de que el que ustedes ayuden a todos en la congregación a beneficiarse plenamente del “alimento” suministrado en la “mesa de Jehová” es un factor clave en el crecimiento y salud espiritual de ellos. El lograr esto también requiere dar atención personal a los miembros del “rebaño,” y por eso contamos con que ustedes suministrarán la atención que el “rebaño” necesita.
En armonía con lo que se dijo en las asambleas de distrito, el predicar las buenas nuevas y el hacer discípulos deben ser vigorosamente promovidos en todas las congregaciones. El superintendente del campo y el superintendente de estudios bíblicos llevan responsabilidad especial en este respecto, pero todos los que son ancianos están intensamente interesados en ello. Los animamos a considerarlo juntos, a hacer planes definitivos y a ayudar a la congregación a apreciar plenamente el gran privilegio que tienen de ser testigos públicos de Jehová, el Soberano del universo.
Es un gran privilegio el servir bajo la dirección de Jesucristo, el nombrado Cabeza de la congregación, participando con él en promover respeto al nombre divino y en suministrar cuidado amoroso a todo el “rebaño de Dios.” Que Jehová los bendiga ricamente a medida que ustedes dan de sí mismos libremente.—1 Ped. 5:1, 2; 1 Tes. 2:8.
Sus coancianos,
LA OFICINA DE SUCURSAL DE BROOKLYN