El hambre mundial... lo implicado es más que alimento
“35.000.000 de personas mueren de hambre durante las sequías de África”
“La falta de alimento y el papeleo matan de hambre a un continente”
“Sequía, muerte y desesperación”
USTED probablemente ha visto muchos titulares como éstos en los últimos años. Generalmente van acompañados de fotografías de niños que están muriendo de hambre y tienen los ojos aturdidos y el vientre hinchado, campos de refugio sucios y atestados de personas que están en los huesos, paisajes secos cubiertos de reses muertas... todas éstas son vistas obsesionantes que no desaparecen de la memoria.
Los informes son igualmente escalofriantes. Un número especial de la revista Courier, publicación oficial de las Naciones Unidas, señala de manera siniestra que hace diez años muchas personas se sentían optimistas, y agrega: “Sin embargo, hoy se tiene que admitir que la crisis de los desvalidos del mundo va empeorando de continuo. Casi 500.000.000 de seres humanos, que están estancados en la pobreza, se encuentran diariamente bajo la amenaza del hambre”. El Consejo Mundial de Alimento de la ONU calcula que “cada año en los países en vías de desarrollo, mueren 15.000.000 de niños debido a la desnutrición”, lo cual equivale a un porcentaje de mortalidad infantil que es 30 veces mayor que la de los países desarrollados. Y, de acuerdo con el Banco Mundial, 200.000.000 de africanos —más de 60 por 100 de la población de ese continente— comen menos de lo que se necesita para subsistir.
Por otro lado, quizás usted también haya leído informes optimistas en los que se aclaman los progresos que se han hecho en la ingeniería genética, los cuales prometen que habrá nuevas variedades de cultivos que rendirán más abundantemente y que serán resistentes a las enfermedades y a la sequía. Se están desarrollando nuevos métodos agrícolas revolucionarios para aumentar la producción. Los gobiernos y agencias alrededor del mundo están lanzando programas de ayuda de una clase u otra. La Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación calcula que si se distribuyera igualmente todo el alimento que se produce en el mundo, cada persona en la Tierra recibiría el equivalente de 3.000 calorías al día, más de lo que, de hecho, necesita la mayoría de las personas. De hecho, en algunos países, los gobiernos hasta pagan a los granjeros para que disminuyan la producción a fin de limitar el almacenamiento del alimento excedente y estabilizar los precios. Todo esto hace parecer que se está a punto de eliminar el hambre.
A medida que consideramos los hechos, una cosa se hace patente. El problema de alimentar a los hambrientos del mundo no es lo que parece ser. Los científicos y granjeros quizás tengan el conocimiento tecnológico para producir más alimento. Tal vez los gobiernos y agencias mundiales tengan propuestas y programas plausibles para atacar un problema u otro. No obstante, parece haber algunos factores ocultos que impiden que se logre éxito verdadero, y la lucha contra el hambre está perdiendo terreno. ¿A qué se debe esto? ¿Cuáles son algunos de los factores ocultos? Además, en realidad, ¿se puede alimentar a los hambrientos del mundo?
[Recuadro en la página 3]
Cómo se muere de hambre
“UN ADULTO que por lo demás sea saludable, a quien se le dé agua sin darle nada de alimento, morirá dentro de 50 a 70 días. Sin embargo, la víctima debilitada por la desnutrición casi siempre sucumbe a otras enfermedades. La muerte sobreviene a la persona después que básicamente su cuerpo desnutrido se ha consumido a sí mismo. Como máximo, el cuerpo almacena un abastecimiento de aproximadamente un día de su fuente principal de energía, la glucosa, y una vez que este abastecimiento se agota, el cuerpo empieza a extraer energía por medio de la oxidación de la grasa, ya sea en forma de ácidos grasos o cuerpos de acetona. Una vez que se pierde la grasa del cuerpo, el cuerpo tiene que desintegrar la proteína de los músculos y otros tejidos vitales, de modo que gradualmente va destruyendo el corazón, los riñones, el bazo y otros órganos. El vientre, en muchos casos, se vuelve edematoso, es decir, hinchado o dilatado, debido a una acumulación anormal de fluidos. A medida que se va desgastando la carne, la piel se seca, los huesos se vuelven frágiles y el cabello se cae. La presión sanguínea baja. En los niños, el cerebro cesa de desarrollarse. El sistema de inmunidad empieza a fallar, lo cual usualmente resulta en una infección mortífera. Los intestinos se atrofian. La vista, el oído y el habla fallan. A medida que el cuerpo trata de sostenerse con menos energía, la temperatura del cuerpo decae y frecuentemente ocurre la hipotermia. Finalmente, el sistema del cuerpo se da por vencido y la muerte resulta del extenso fallo de los órganos.”—Sección científica, The New York Times, 1 de enero de 1985.