La verdad sobre los ángeles
COMO hemos visto, las ideas e historias que circulan sobre los ángeles no siempre están en consonancia con las doctrinas bíblicas. Pero ¿importa que no lo estén? ¿Habrá algún peligro en aceptar las creencias populares sobre el particular? Sin lugar a dudas.
Tomemos como ejemplo las actitudes que fomenta “la nueva espiritualidad”. Los libros modernos sobre ángeles promueven la pasividad pueril, en lugar del empleo del raciocinio, y rara vez animan al lector a tratar de solucionar sus problemas o esforzarse por entender la Biblia y conocer a Dios. Tales obras nos aseguran que vamos por la vida acompañados de un ángel lleno de bondad y amor, sin tener razón para alarmarnos, pues vivimos en un universo feliz donde todo es como debe ser. Cuando surgen problemas, solo hay que esperar la intervención angélica. Pero si es así, ¿por qué nos insta la Biblia a “[luchar] tenazmente por la fe”? (Judas 3.)
Muchos libros sobre ángeles halagan y reafirman el orgullo y la vanidad del hombre. Se centran en el yo. Enseñan que los ángeles actuales desean que sepamos lo hermosos y radiantes que somos. Aunque es bueno tener la debida autoestima, un tema clave de “la nueva espiritualidad” es el amor incondicional a uno mismo. Según cierto escritor, el primer y mayor mandamiento es “amarás a tu Señor el Yo”, en claro conflicto con las palabras de Jesús: “‘Tienes que amar a Jehová tu Dios con todo tu corazón y con toda tu alma y con toda tu mente’. Este es el más grande y el primer mandamiento” (Mateo 22:36-39). Obtendremos la máxima felicidad posible si anteponemos los intereses de Dios a los nuestros.
Colocar a los ángeles en primer plano es contrario al verdadero cristianismo. El apóstol Pablo condenó el culto a estos seres (Colosenses 2:18). La palabra culto significa “homenaje de respeto y veneración que se rinde a lo que se considera divino o sagrado”. Eso mismo es lo que incitan a hacer muchos libros populares: honrar y venerar a los ángeles. Pero recuerde lo que respondió Jesús cuando Satanás le pidió que le rindiera un solo acto de adoración: “Es a Jehová tu Dios a quien tienes que adorar, y es solo a él a quien tienes que rendir servicio sagrado” (Lucas 4:8). Años más tarde, cuando el apóstol Juan cayó a los pies de un ángel, este le dijo: “¡Ten cuidado! ¡No hagas eso! Yo simplemente soy coesclavo tuyo y de tus hermanos que tienen la obra de dar testimonio de Jesús. Adora a Dios” (Revelación [Apocalipsis] 19:10).
Cómo pueden ayudarnos los ángeles
Es a Dios, y no a ningún ángel, a quien debemos acudir en busca de guía y ayuda. Él está dispuesto a derramar gustosamente su amor sobre las personas que cumplen sus justas normas. El apóstol Juan escribió a sus hermanos cristianos: “Esta es la confianza que tenemos para con él, que, no importa qué sea lo que pidamos conforme a su voluntad, él nos oye. Además, si sabemos que nos oye respecto a cualquier cosa que estemos pidiendo, sabemos que hemos de tener las cosas pedidas porque se las hemos pedido a él” (1 Juan 5:14, 15).
Aunque hay mucho que desconocemos sobre los ángeles fieles, sí sabemos que sirven a Dios y trabajan en armonía con Su propósito y dirección, deseosos de difundir la verdad acerca de él (Revelación 14:6, 7). No quieren que los adoremos. Dado que no los podemos ver, no sabemos a qué grado los utiliza Dios para ayudar a sus siervos terrestres en los asuntos cotidianos. Pero sí sabemos que Jehová protege y guía a su pueblo como colectividad.
Los ángeles fieles nos dan un magnífico ejemplo. Glorifican y alaban al Creador (Salmo 148:2). Aunque sus facultades mentales y espirituales son elevadísimas, demuestran profundo respeto por la soberanía de Jehová (Judas 9). Les interesa profundamente la realización progresiva de los propósitos divinos (1 Pedro 1:11, 12). La Palabra de Dios, la Biblia, es el libro que nos muestra todos estos detalles; es, efectivamente, el libro que nos enseña la verdad sobre los ángeles.
[Comentario de la página 10]
Los ángeles están deseosos de difundir la verdad acerca de Dios
[Ilustración de las páginas 8 y 9]
Cuando el apóstol Juan trató de adorar a un ángel, este dijo: “¡No hagas eso!”