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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1978
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  • Hasta un poco de tontedad puede ser perjudicial
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1978
w78 1/5 págs. 28-29

¿Qué quiso decir el sabio?

Hasta un poco de tontedad puede ser perjudicial

Tan solo un acto de tontedad puede bastar para manchar la reputación de un hombre. Escribió el sabio rey Salomón: “Las moscas muertas son lo que hace que el aceite del ungüentario apeste, borbotee. Así le hace un poco de tontedad al que es precioso por sabiduría y gloria.” (Ecl. 10:1) Un buen nombre o reputación se puede comparar con un aceite fragante que puede ser fácilmente arruinado por algo tan insignificante como unas moscas muertas. La putrefacción de estos insectos hace que el aceite apeste y fermente, que “borbotee.” De manera parecida, un hombre puede perder la buena reputación de persona sabia y honorable por alguna indiscreción, “un poco de tontedad.”

Esto se debe a que la gente espera mucho más del que es afamado por su sabiduría. Por lo tanto, tiene que tener mucho cuidado en lo que se refiere a su habla y acciones. Cosas como un solo estallido violento de ira, un solo grave tropiezo por el uso inmoderado de las bebidas alcohólicas o un solo acto incasto con una persona del sexo opuesto pueden manchar su excelente reputación.

Dónde debe estar el corazón

Para no sucumbir a la tontedad, uno necesita un corazón que tenga la motivación correcta. El sabio hizo notar lo siguiente: “El corazón del sabio está a su diestra, pero el corazón del estúpido a su siniestra. Y también por cualquier camino en que esté andando el tonto, le falta su propio corazón, y ciertamente le dice a todo el mundo que es tonto.”—Ecl. 10:2, 3.

En el uso bíblico, la “diestra” a menudo representa una posición favorable. (Compare con Mateo 25:33.) El que el corazón del sabio esté a su diestra, por lo tanto, indicaría que su corazón lo inclina a un derrotero bueno, favorable. El estúpido, sin embargo, recibe impulso hacia una senda incorrecta, pues su corazón está a su “siniestra.” Este se asemeja mucho a la persona que es derecha y que, al verse imposibilitada de usar su diestra, pudiera desplegar desmaño con su mano izquierda y no poder hacer bien lo que tiene que hacer. Por carecer de buen motivo, de “corazón” a su diestra, al tonto se le reconoce fácilmente por lo que es. Es como si estuviese ‘diciendo a todo el mundo que él es tonto.’ Por no querer corrección y consejo, esa persona también se apresura a llamar ‘tontos’ a los que tratan de ayudarla.

Un grave error

Cuando un gobernante comete un grave error al escoger hombres para puestos encumbrados, se efectúa mucho daño. Para el sabio rey Salomón un error de esa índole merecía llamarse una calamidad. Escribió: “Existe algo calamitoso que he visto bajo el sol, como cuando sale una equivocación a causa del que está en poder: La tontedad ha sido colocada en muchos puestos encumbrados, pero los ricos [“nobles y ricos,” Nueva Biblia Española] mismos siguen morando meramente en una condición baja. He visto a siervos a caballo pero a príncipes andando en la tierra justamente como siervos.”—Ecl. 10:5-7.

Salomón llama “ricos” a los que califican para el puesto encumbrado. No debemos entender que esto significa que él favorecía una plutocracia, gobernación exclusiva por los acaudalados. Está claro que Salomón estaba pensando en las personas que usan de buen juicio y administran bien sus asuntos. Esos hombres sin duda indican mayor aptitud para gobernar que los que han malgastado o administrado mal sus recursos.

Debido a mal juicio por parte del que está en autoridad, quizás no se conceda a los príncipes o nobles la dignidad que merecen y se les trate como esclavos. Sin embargo, es posible que hombres mucho menos calificados, simples siervos, terminan montando caballos como la nobleza. Esta situación dificulta los asuntos para los súbditos que se ven obligados a someterse a funcionarios que en realidad no están capacitados. Ciertamente las palabras de Salomón remachan la importancia de escoger a personas calificadas para atender trabajo vital.

No se debe envidiar a las personas incapaces que obtienen un puesto

Es posible que al principio no se reconozca la incompetencia. Ciertos hombres pueden impresionar a otros con lo que parece discernimiento profundo. Pudiera suceder que se les seleccionara para manejar responsabilidades, mientras se pasara por alto a hombres que tuvieran verdadera sabiduría. Cuando hay personas no calificadas en un puesto de confianza, otros pudieran inclinarse a envidiarlas. Pero, en realidad, no se ha de envidiar a las personas incompetentes. Están en peligro constante de perder lo que han alcanzado. Porque carecen de la sabiduría que se necesita, con el tiempo puede quedar demostrado a las claras lo que son y pueden sufrir una terrible y estrepitosa caída en la cual sufran daño e ignominia.

Es patente que Salomón estaba ilustrando que hay peligros inherentes en la incompetencia cuando señaló otras cosas que están llenas de peligro. Escribió: “El que está cavando un hoyo caerá él mismo directamente en él [porque un hoyo descubierto siempre presenta un peligro]; y al que está rompiendo a través de un muro de piedra, una serpiente [que establece su morada en los muros viejos] lo morderá. El que está sacando piedras de la cantera se lastimará con ellas. El que está partiendo troncos tendrá que tener cuidado con ellos.” (Ecl. 10:8, 9) Tanto la explotación de canteras como el rajar troncos pueden poner en peligro la vida y los miembros del cuerpo y, por lo tanto, se deben efectuar con debida precaución.

No hay duda de que la persona competente está en mucho mejor situación que la persona que tenga habilidad pero que carezca de la sabiduría que se necesita para utilizarla apropiadamente. Ilustrando este punto, Salomón declara: “Si un hierro se ha embotado y alguien no ha amolado su filo, entonces empleará con esfuerzo sus propias energías vitales.” Sería tonto utilizar un hacha sin filo para partir madera; se harían esfuerzos innecesarios y sin embargo no se podría efectuar buen trabajo. “De manera que,” continúa el rey Salomón, “el usar la sabiduría para éxito significa ventaja.” (Ecl. 10:10) Sí, lo que vale es la sabiduría aplicada. Pudiera ser que alguien tuviera conocimiento. Pero ¿de qué serviría ese conocimiento si no supiera usarlo? Salomón lo expresa así: “Si la serpiente muerde cuando no resulta encantamiento, entonces no hay ventaja para el que se entrega a usar la lengua.” (Ecl. 10:11) El tener la habilidad de encantar a una serpiente es inútil cuando el que puede hacer eso recibe una mordida antes de que se realice el encantamiento. La Versión de los Setenta dice: “Si una serpiente muerde en un intervalo del encantamiento, no hay ventaja para el que la encanta.” De modo que uno tiene que hablar con eficacia.

Por consiguiente, en vez de envidiar a los incompetentes que consiguen lugares de autoridad, uno debe comprender la posición precaria en que están los demás y, en su propio caso, esforzarse por usar sabiamente su conocimiento y habilidades. A la larga, el sabio, aunque no se le reconozca su buen juicio al principio, todavía está en mejores circunstancias que el individuo que ha sido ensalzado pero es incompetente.

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