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  • ¿Cuán expansivo es su amor?
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1985
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1985
w85 15/3 págs. 21-23

¿Cuán expansivo es su amor?

EL PERCEBE es una criaturita protegida por una concha que vive en el agua. Pocas personas le dan mucha importancia a ésta. No obstante, el percebe tiene una habilidad extraordinaria: sabe cómo adherirse a las cosas. ¿Cuál es su secreto? ¡Produce una sustancia adhesiva tan fuerte que tan solo una capa tenue de 0,00762 milímetros (3⁄10.000 de una pulgada) de espesor tiene una extraordinaria fuerza de 493 kilogramos por centímetro cuadrado (7.000 libras por pulgada cuadrada)! Cualquiera que haya tratado de despegar un percebe de algún amarradero puede dar testimonio de la fuerza de su poderoso agente adhesivo.

Los cristianos están familiarizados con algo similar. La organización de Jehová sobre la Tierra está compuesta de personas de todas las naciones, idiomas, razas y grupos sociales. Sin embargo, está unida firmemente. ¿Cuál es su secreto? Ésta, también, tiene un poderoso agente unificador, uno que es mucho más fuerte que la sustancia adhesiva del humilde percebe. El apóstol Pablo nos dijo cuál es ese agente unificador cuando escribió: “Vístanse de amor, porque es un vínculo perfecto de unión”. (Colosenses 3:14.)

Por supuesto, no todo lo que se conoce como amor sirve para unir. Muchas guerras se han peleado en el nombre del “amor a la patria”. El amor egoísta puede resultar en celos. “El amor al dinero es raíz de toda suerte de cosas perjudiciales” (1 Timoteo 6:10). Y los tiempos críticos de hoy se deben, en parte, al hecho de que muchos hombres son “amadores de sí mismos”. (2 Timoteo 3:1, 2.)

¿Qué clase de amor, pues, sirve para unir a los cristianos? Un amor expansivo y altruista.

¿Dónde está la fuente de este amor?

Esta pregunta la contestan tres palabras cortas que escribió el apóstol Juan: “Dios es amor” (1 Juan 4:8). El amor de Jehová se manifiesta por medio de la bondad que despliega para con nosotros. Básicamente, toda cosa buena que tenemos proviene de Él. “Toda dádiva buena y todo don perfecto es de arriba” (Santiago 1:17). Éste es el caso con relación al mundo físico del que disfrutamos, y especialmente respecto a las muchas bendiciones espirituales que han recibido los cristianos agradecidos.

Jesucristo atrajo nuestra atención a otra manifestación notable del amor de Dios, al decir: “Él [Jehová] hace salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). Y el amor que Jehová tiene a la humanidad en general no se limita a proveer bendiciones materiales, pues Jesús explicó: “Porque tanto amó Dios al mundo que dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido, sino que tenga vida eterna” (Juan 3:16). ¿Pudiera haber amor más expansivo que ése?

Este amor que Jehová expresa para con la humanidad se basa firmemente en principios. En el griego, a ese amor se le llama agape. Jehová manifiesta este amor para con los cristianos también. No obstante, su amor para con ellos tiene un matiz adicional. Cuando alguien responde al amor de Dios, Jehová expresa filía, palabra griega que significa “amistad” o “cariño”. Jesús nos asegura: “El Padre mismo les tiene cariño, porque ustedes me han tenido cariño a mí”. (Juan 16:27.)

Imite el amor de Dios

El amor que sirve como vínculo unidor para los cristianos sigue el magnífico ejemplo de Jehová mismo. El apóstol Juan dijo: “Amamos, porque él nos amó primero” (1 Juan 4:19). Esta clase de amor es la marca del cristiano verdadero y, de hecho, es un fruto del espíritu de Dios. (Juan 13:34, 35; Gálatas 5:22.)

Ante todo, el cristiano debe amar a su Padre celestial. Entonces, debe amar a su prójimo (Mateo 22:37-39). Puesto que el amor de Dios es sumamente abarcador, el amor que sentimos por nuestros compañeros de creencia debe ser expansivo también, es decir, debe ‘ensancharse’. En armonía con esto, el apóstol Pablo dijo a los cristianos de Corinto: “Nuestra boca se ha abierto para ustedes, corintios, nuestro corazón se ha ensanchado. [...] Ustedes, también, ensánchense”. (2 Corintios 6:11-13.)

¿Cómo podemos imitar el amor expansivo de Jehová? Consideremos varios ejemplos.

‘Ensanche’ el amor en la familia

Pablo advirtió que en “los últimos días” no habría “cariño natural” (2 Timoteo 3:1-3). Sin embargo, en la familia cristiana debe abundar el amor, tanto el amor basado en principios (agape) como la clase de amor que es amigable y afectuoso (filía). (Mateo 10:37; Efesios 5:28; Tito 2:4.)

El mostrar amor no es siempre fácil. A menudo los problemas financieros causan tirantez en la familia. Puede que a veces un cónyuge resienta el hecho de que su compañero o compañera esté demasiado ocupado u ocupada. Una esposa pudiera llegar a creer que su marido no le presta la debida atención o no le hace caso. Muchos adolescentes creen que sus padres no los entienden. ¿Cómo se pueden resolver estos problemas y otros similares?

Fundamentalmente, la solución es que todos los que tengan que ver con el asunto imiten el ejemplo de Dios y ‘ensanchen’ su amor. “Esposas, estén en sujeción a sus esposos, como es decoroso en el Señor —instó Pablo—. Esposos, sigan amando a sus esposas y no se encolericen amargamente con ellas. Hijos, sean obedientes a sus padres en todo, porque esto es muy agradable en el Señor. Padres, no estén exasperando a sus hijos, para que ellos no se descorazonen.” (Colosenses 3:18-21.)

Cuando surgen problemas, ciertamente es eficaz orar por ayuda para manifestar amor. También lo es la comunicación familiar y el tener consideraciones bíblicas con regularidad (Deuteronomio 6:4-9). Como base para tal comunicación amorosa, a muchas familias les ha resultado provechoso usar la sección especial “La Palabra de Dios es viva”, que aparece en La Atalaya, y la que lleva el título de “Los jóvenes preguntan”, de la revista ¡Despertad!

Amor expansivo en la congregación

Es triste cuando los padres y los hijos no se aman unos a otros. También es lamentable cuando compañeros cristianos no muestran amor los unos para con los otros. El apóstol Juan afirma: “El que no ama a su hermano, a quien ha visto, no puede estar amando a Dios, a quien no ha visto”. (1 Juan 4:20.)

El amor nos ayuda a esperar lo mejor de nuestros hermanos espirituales (1 Corintios 13:4, 7). Pudiéramos ver a nuestros hermanos luchar con los problemas... quizás hasta los veamos ‘segar lo que han sembrado’ debido a acciones imprudentes que hayan cometido antes (Gálatas 6:7). Sin embargo, el amor nos ayudará a mantener una actitud positiva para con ellos. Evitaremos pensamientos tales como ‘Siempre tuve mis dudas acerca de él’. Aunque nuestro hermano tal vez esté débil en la fe, podemos reflejar la paciencia que Jehová ejerce para con los débiles y tratar de imitar Su misericordia amorosa. (2 Pedro 3:9.)

El amor que existe entre los siervos de Jehová ayuda a estabilizar a los cristianos jóvenes que atraviesan los años difíciles de la adolescencia. Cuando a una joven africana se le preguntó qué la había ayudado a perseverar en la adoración verdadera, ella comentó: “Creo que lo que más me ha impresionado ha sido, no solo lo que he aprendido de la Biblia, sino el amor que se muestra en las reuniones cristianas y la manera como he sido aceptada”.

Sí, un amor expansivo puede servir para unir a la congregación. Pero recuerde, el amor de Jehová se extiende a toda la humanidad. ¿Cómo podemos imitarlo a él en este sentido?

Amar a los que no conocemos

Jesús hizo resaltar una manera sobresaliente de mostrar amor hasta para con las personas que no conocemos. Dijo: “Estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones; y entonces vendrá el fin” (Mateo 24:14). Sí, los testigos de Jehová muestran amor a su prójimo al predicar las buenas nuevas a personas que no conocen en absoluto.

El amor por la humanidad en general mueve a los cristianos a ayudar a las personas desconocidas de otras maneras también. Como el samaritano de la parábola de Jesús, tratan de hacer bien al prójimo, ‘obrando lo bueno para con todos’, a menudo con resultados agradables que no esperaban (Gálatas 6:10; Lucas 10:29-37). Por ejemplo, una joven de Alaska que participaba en la obra de evangelizar a unos 260 kilómetros (160 millas) de su hogar conoció a una familia pobre a la que se le había descompuesto el auto. Al enterarse de la situación difícil en que se hallaba esta familia, el padre de la joven viajó en auto 520 kilómetros (320 millas) para prestar ayuda. Esto proporcionó la oportunidad para conversar con la familia sobre los propósitos de Jehová y el Reino. Después de estudiar la Biblia, el esposo y la esposa simbolizaron su dedicación a Jehová. Ahora ellos, también, están experimentando el gozo de compartir las buenas nuevas con otras personas. (Hechos 20:35.)

¿Puede amar a los que le odian?

No obstante, el amor cristiano no se limita a amar a los desconocidos. Jesús instó a sus discípulos: “Continúen amando a sus enemigos y orando por los que los persiguen; para que demuestren ser hijos de su Padre que está en los cielos, ya que él hace salir su sol sobre inicuos y buenos y hace llover sobre justos e injustos”. (Mateo 5:44, 45.)

¿Es realmente posible amar a los que nos persiguen? Durante la II Guerra Mundial, muchos testigos de Jehová de la Alemania nazi fueron golpeados brutalmente y obligados a realizar trabajo forzado a pesar de que se les daba solo una pequeña ración de alimento. Es obvio que ellos no podían sentir mucho cariño y afecto (filía) para con sus perseguidores. No obstante, sí les mostraron el mismo amor basado en principios (agape) que Jehová ha mostrado a toda la humanidad. Por lo tanto, cuando era posible, los Testigos compartían con los perseguidores el mensaje dador de vida de la verdad. Y, con el tiempo, algunos de aquellos enemigos se hicieron cristianos.

Muchos de los que persiguen a los siervos de Dios lo hacen debido a ignorancia, como en el caso de Saulo, quien más tarde llegó a ser el apóstol Pablo (Gálatas 1:13, 14). Cuando nos damos cuenta de que tales perseguidores son, en cierto sentido, víctimas de la propaganda falsa de Satanás, eso nos ayuda a tener una actitud más amorosa para con ellos. (2 Corintios 4:4.)

Jehová, el Dios que muestra cariño y ternura, se deleita en recompensar a los que muestran amor expansivo en el círculo familiar, en la congregación, a los desconocidos e incluso a sus enemigos. Esa clase de amor une estrechamente a los miembros de la familia y a los miembros de la congregación, tal como el pegamento de un percebe le permite adherirse firmemente a una roca. Además, el amor anima a los que nos observan a unirse a nosotros y participar de la unidad cristiana. ¿No tenemos motivo, pues, para responder con agradecimiento al amor de Dios por medio de ensanchar nuestro amor aun más? ¡Claro que sí lo tenemos! De modo que ‘sigamos haciéndolo en medida más plena’. (1 Tesalonicenses 4:9, 10.)

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