Nota
b Los ancianos en la congregación cristiana son responsables de manejar las violaciones de la ley divina, tal como el robo, el homicidio y la inmoralidad. Pero Dios no requiere que los ancianos de congregación hagan cumplir las leyes y códigos de César. Por lo tanto, Pablo no se sintió obligado a entregar a Onésimo, quien era un fugitivo de la ley romana, a las autoridades romanas. (Filemón 10, 15.) Naturalmente, si alguien viola descaradamente la ley seglar y gana la reputación de ser infractor de la ley, esa persona no sería un buen ejemplo y podría ser expulsada. (1 Timoteo 3:2, 7, 10.) Si la infracción a la ley causara la muerte de otra persona, esto podría resultar en culpabilidad de homicidio que requeriría que la congregación hiciera una investigación.