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Fiesta de las cabañasPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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Según fuentes rabínicas, había otra característica sobresaliente de esta fiesta que, como la costumbre de llevar agua de Siloam, ya existía en el tiempo de Jesús. Esta ceremonia empezaba después de concluir el día 15 de Tisri, es decir, en la noche del día 16 (el segundo día de la fiesta), y continuaba durante las cinco noches siguientes. Los preparativos se hacían en el atrio de las mujeres, donde había cuatro enormes candelabros de oro, cada uno de ellos con cuatro tazones de oro. Cuatro jóvenes de ascendencia sacerdotal subían por escaleras con grandes cántaros de aceite para llenar los dieciséis tazones. Las vestiduras viejas de los sacerdotes se usaban de mechas para las lámparas. Ciertos escritores judíos dicen que estas lámparas emitían una luz brillante que podía verse desde una distancia considerable y que iluminaba los patios de las casas de Jerusalén. Algunos hombres, entre ellos algunos ancianos, danzaban con antorchas llameantes en sus manos y cantaban alabanzas, acompañados de instrumentos musicales.
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Fiesta de las cabañasPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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Asimismo, es posible que poco después haya hecho referencia a la iluminación de Jerusalén con las lámparas y antorchas que había en el recinto del templo durante la fiesta, cuando dijo a los judíos: “Yo soy la luz del mundo. El que me sigue, de ninguna manera andará en oscuridad, sino que poseerá la luz de la vida”. (Jn 8:12.) Tras su conversación con los judíos, puede que Jesús relacionara Siloam con la fiesta y su iluminación cuando se encontró con un hombre que había nacido ciego. Después de declarar a sus discípulos: “Luz soy del mundo”, escupió en la tierra e hizo barro con la saliva, y puso el barro sobre los ojos del hombre y le dijo: “Ve a lavarte en el estanque de Siloam”. (Jn 9:1-7.)
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