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Presciencia, predeterminaciónPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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La doctrina de que Dios ejerce su presciencia hasta un grado infinito y predetermina o preordina el proceder y el destino de todos los individuos es conocida con el nombre de predestinacianismo. Sus defensores razonan que la Divinidad y la perfección de Dios requieren que sea omnisciente (que todo lo sabe), no solo tocante al pasado y al presente, sino también tocante al futuro. Según este concepto, el que Dios no preconociera todos los asuntos hasta en los mínimos detalles sería muestra de imperfección.
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Presciencia, predeterminaciónPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Razonar que el que Dios no preconociera todos los sucesos y circunstancias futuras en pleno detalle revelaría imperfección en realidad denota un concepto arbitrario de lo que es perfección. La perfección propiamente definida no presupone términos tan absolutos e inclusivos, puesto que, en realidad, el que algo sea perfecto radica en que esté a la altura de las normas de excelencia impuestas por alguien capacitado para juzgarlas. (Véase PERFECCIÓN.) En el fondo, los factores decisivos que han de determinar si algo es perfecto o no son la propia voluntad y el beneplácito de Dios, no las opiniones o conceptos humanos. (Dt 32:4; 2Sa 22:31; Isa 46:10.)
Examínese el siguiente ejemplo: La omnipotencia de Dios es innegablemente perfecta e infinita. (1Cr 29:11, 12; Job 36:22; 37:23.) No obstante, la perfección de su poder no requiere que haga uso de la plenitud de su omnipotencia en cualquier caso dado o en todos ellos. Es obvio que no lo ha hecho, pues, de haber sido así, no solo hubiese destruido algunas ciudades y naciones antiguas, sino que hace mucho que hasta la propia Tierra y todo cuanto hay en ella habrían sido destruidos por la expresión de sus juicios y poderosas manifestaciones de desaprobación, como ocurrió en el Diluvio y en otras ocasiones parecidas. (Gé 6:5-8; 19:23-25, 29; compárese con Éx 9:13-16; Jer 30:23, 24.) Por lo tanto, el ejercicio que Dios hace de su fuerza no es una liberación de poder ilimitado, sino que está controlada por su propósito, y cuando se merece, atemperado por su misericordia. (Ne 9:31; Sl 78:38, 39; Jer 30:11; Lam 3:22; Eze 20:17.)
De manera similar, si en determinados asuntos Dios opta por hacer uso de su facultad infinita de presciencia de manera selectiva y solo hasta cierto grado, nadie, ni humano ni ángel, tiene derecho a decirle: “¿Qué estás haciendo?”. (Job 9:12; Isa 45:9; Da 4:35.) Por lo tanto, no es una cuestión de capacidad, es decir, de lo que Dios puede prever, preconocer o predeterminar, porque “para Dios todas las cosas son posibles” (Mt 19:26), sino de lo que Dios considere conveniente preconocer y predeterminar, porque “todo lo que se deleitó en hacer lo ha hecho”. (Sl 115:3.)
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