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No, No-amónPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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En textos egipcios antiguos a la ciudad se la llama: “La ciudad de Amón”. Esto se debió a que se convirtió en el principal centro de la adoración del dios Amón, que pasó de ser una deidad menor a la posición de dios principal de la nación, equiparado por los griegos a Zeus (Júpiter). (Véase AMÓN núm. 4.) En este lugar los faraones construyeron enormes monumentos y templos, que abarcaban una amplia extensión en la orilla oriental (en Karnak y Luxor), en tanto que en la orilla occidental se levantaron otros magníficos templos y una gran necrópolis. El templo de Amón en Karnak es la mayor estructura con columnas que jamás se haya construido; algunas de sus columnas macizas miden hasta 3,5 m. de diámetro.
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No, No-amónPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Centro sacerdotal. Incluso cuando el control administrativo cambió a otros lugares, No-amón (Tebas) continuó siendo una ciudad rica e importante, el centro del poderoso sacerdocio de Amón, cuyo sumo sacerdote seguía al propio Faraón en poder y riqueza. Pero en el siglo VII a. E.C., durante la gobernación del rey asirio Esar-hadón, la agresión asiria se extendió hasta Egipto. Su hijo y sucesor, Asurbanipal, reanudó la conquista, llegó a Tebas y la saqueó por completo. Probablemente el profeta Nahúm se refirió a esta devastación cuando advirtió a Nínive, la capital de Asiria, acerca de una destrucción de similar magnitud. (Na 3:7-10.) Falló el sistema defensivo de No-amón, que cruzaba la ruta procedente de Palestina y se extendía Nilo arriba, por lo que las riquezas de su tráfico comercial y sus templos religiosos fueron el premio de los saqueadores asirios.
Arruinada. Sin embargo, hacia el final del siglo VII o la primera parte del siglo VI a. E.C., No-amón había recuperado una posición de cierta importancia. Jeremías y Ezequiel predijeron juicio de parte de Jehová Dios sobre Amón de No, el principal dios de Egipto, así como sobre Faraón y todos los dioses egipcios, juicio que llegaría por mano del rey babilonio Nabucodonosor. (Jer 46:25, 26; Eze 30:10, 14, 15.)
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