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MediadorPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Semejanzas entre dos mediaciones. Con respecto a los que son introducidos en el nuevo pacto, hallamos una situación similar a la del antiguo Israel. Los cristianos también son pecadores. Como la sangre de animales en realidad no puede quitar los pecados (Heb 10:4), es necesario un sacrificio mejor. Jesucristo es ese sacrificio mejor. (Heb 10:5-10.) El escritor de Hebreos lo explica de la siguiente manera. Después de mencionar los sacrificios ofrecidos bajo la Ley, dice: “¿Cuánto más la sangre del Cristo, [...] limpiará nuestra conciencia de obras muertas para que rindamos servicio sagrado al Dios vivo? Por eso él es mediador de un nuevo pacto, para que, habiendo ocurrido una muerte para la liberación de ellos por rescate de las transgresiones bajo el pacto anterior, los que han sido llamados reciban la promesa de la herencia eterna. Porque donde hay un pacto, es necesario que se suministre la muerte del humano que hace el pacto. Porque el pacto es válido sobre víctimas muertas, puesto que no está en vigor en ningún tiempo mientras vive el humano que ha hecho el pacto”. (Heb 9:11-17.)
Pablo continúa señalando que el pacto anterior no se inauguró sin sangre. Cuando Moisés ofició en este pacto, se encargó de que se hiciesen los sacrificios y roció la sangre sobre el “libro del pacto”. (Heb 9:18-28.) De igual manera, Jesucristo, el mediador de Dios para el nuevo pacto, compareció ante Jehová con el valor de su sangre después de su sacrificio. Otra semejanza es que del mismo modo que el pacto de la Ley se hizo con una nación, no con personas (Éx 24:7, 8), así el nuevo pacto se hizo con la “nación santa” de Dios, “el Israel de Dios”. (1Pe 2:9; Gál 6:15, 16.)
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MediadorPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Inauguración del nuevo pacto. Después de su muerte y resurrección, Jesús entró en el cielo para comparecer ante la persona de Dios con el fin de presentar su ofrenda, de la que se benefician primero los que han sido introducidos en el nuevo pacto. (Heb 9:24.) Luego intervino como Sumo Sacerdote y Mediador. En armonía con la pauta que se siguió en la inauguración del pacto de la Ley, Jesucristo presentó el valor de su sacrificio ante Jehová en el cielo (tal como Moisés roció la sangre sobre el libro de la Ley [pues Dios no estaba allí en persona]). En el día del Pentecostés de 33 E.C., Jesús derramó el espíritu santo de Dios sobre los primeros a los que se introdujo en el nuevo pacto, unas 120 personas. Más tarde, en aquel mismo día, unos 3.000 judíos y prosélitos fueron añadidos a la congregación. (Hch 1:15; 2:1-47; Heb 9:19.) Y tal como Moisés leyó la Ley al pueblo, así Jesucristo enuncia claramente las condiciones del nuevo pacto y sus leyes a los que tienen parte en él. (Éx 24:3-8; Heb 1:1, 2; Jn 13:34; 15:14; 1Jn 5:1-3.)
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