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Tribunal judicialPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Bajo la Ley. Después del éxodo de los israelitas de Egipto, Moisés, como representante de Jehová, se convirtió en juez. Al principio trató de encargarse de todas las causas judiciales, aunque, por ser tantas, le ocupaban desde la mañana hasta la tarde. Aconsejado por Jetró, nombró hombres capaces como jefes de millares, de centenas, de cincuentenas y de decenas. (Éx 18:13-26.) No parece que deba entenderse que había un juez nombrado especialmente para cada siete u ocho hombres físicamente capacitados. Más bien, se organizó a la nación de modo que dispusiera de jefes autorizados para encargarse de casos de menor importancia cuando fuera necesario. Pero los casos complicados o difíciles, o de importancia nacional, tenían que presentarse a Moisés o al santuario delante de los sacerdotes.
Estos casos difíciles tenían que ver con: sospecha de la castidad de la esposa (Nú 5:11-31), derramamiento de sangre después de una disputa (Dt 17:8, 9) y acusación de sublevación contra un hombre, pero con pruebas confusas o sospechosas (Dt 19:15-20). Los sacerdotes tenían que oficiar en los casos de asesinato no resuelto. (Dt 21:1-9.)
No había medio para apelar a un tribunal superior, pero si los jefes de decenas no eran capaces de resolver un caso, podían pasarlo a los jefes de cincuentenas, y así sucesivamente, o presentarlo directamente al santuario o a Moisés. (Éx 18:26; Dt 1:17; 17:8-11.)
Los hombres escogidos para ser jueces tenían que ser capacitados, dignos de confianza, temerosos de Jehová y odiar la ganancia injusta. (Éx 18:21.) Por lo general eran cabezas de familia y jefes de tribu, ancianos de la ciudad en la que servían de jueces. Los levitas, a quienes Jehová había apartado para ser instructores especiales de la Ley, también se distinguieron como jueces. (Dt 1:15.)
Se advirtió al pueblo repetidas veces que no debía pervertir el juicio ni admitir sobornos ni ser parcial. (Éx 23:6-8; Dt 1:16, 17; 16:19; Pr 17:23; 24:23; 28:21; 29:4.) A un pobre no se le debía favorecer solo por ser pobre, ni tampoco debía preferirse a los ricos antes que a los pobres. (Le 19:15.) Debían tenerse en cuenta los derechos del residente forastero y no debían tratarle injustamente. Los jueces no debían oprimirlos, ni tampoco a las viudas ni a los huérfanos por su aparente indefensión, pues Jehová era su Juez y Protector paternal. (Le 19:33, 34; Éx 22:21; 23:9; Dt 10:18; 24:17, 18; 27:19; Sl 68:5.) Por otra parte, se esperaba que los residentes forasteros respetaran la ley del país. (Le 18:26.) No obstante, los príncipes y jueces de Israel desobedecieron estos estatutos y consejos de Jehová, lo que constituyó una de las causas por las que Dios emitió un juicio adverso sobre la nación. (Isa 1:23; Eze 22:12; 1Sa 8:3; Sl 26:10; Am 5:12.)
Puesto que los jueces tenían que ser hombres rectos que juzgasen según la ley divina, representaban a Jehová. Por lo tanto, el estar de pie delante de los jueces era como estar de pie delante de Jehová. (Dt 1:17; 19:17; Jos 7:19; 2Cr 19:6.) La expresión “asamblea” o “congregación” en muchos casos significa todo el pueblo, pero cuando la Biblia habla de llevar causas judiciales delante de la asamblea o congregación, se refiere a los que representaban al pueblo, es decir, a los jueces, como se muestra en Números 35:12, 24, 25 y Mateo 18:17.
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Tribunal judicialPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Había que tratar con respeto a los jueces, puesto que ocupaban una posición que representaba a Jehová. (Éx 22:28; Hch 23:3-5.) Cuando los sacerdotes, los levitas en el santuario o el juez que estaba en funciones en aquellos días (por ejemplo, Moisés o Samuel) comunicaban una decisión judicial, esta era preceptiva, y tenía que darse muerte a todo el que se negara a acatarla. (Dt 17:8-13.)
Si se sentenciaba a un hombre a recibir azotes con una vara, tenían que ponerlo postrado delante del juez y darle los azotes en su presencia. (Dt 25:2.)
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Tribunal judicialPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
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Ya en el reino de Israel, los casos de naturaleza más difícil se llevaban al rey o al santuario. Según Deuteronomio 17:18, 19, la Ley requería que cuando el rey empezara su reinado, copiase personalmente la Ley y la leyera diariamente a fin de que pudiese estar adecuadamente capacitado para juzgar las causas judiciales difíciles.
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