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Enfermedades y su tratamientoPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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La observancia de la Ley suponía beneficios físicos. Por ejemplo, en los campamentos militares debía cubrirse el excremento humano (Dt 23:9-14), con lo que se evitaban las enfermedades infecciosas transmitidas por las moscas, como la disentería y la fiebre tifoidea. Otra parte de la Ley protegía de la contaminación del alimento y del agua, pues especificaba que cualquier cosa sobre la que cayese una criatura “inmunda” muerta se hacía inmunda, y que había que quebrar la vasija de barro que se hubiese contaminado de ese modo. (Le 11:32-38.)
Es significativo lo que se ha comentado a este respecto: “En esta legislación eran básicas las consideraciones profilácticas, que, cuando se seguían, contribuían de modo importante a la prevención de la incidencia de la polioencefalitis transmitida por los alimentos, las fiebres entéricas, la intoxicación alimentaria y las lombrices parasitarias. El que se insistiera en proteger el suministro de agua limpio era el medio más efectivo de prevenir el desarrollo y la propagación de enfermedades como la amebiasis, las fiebres del grupo entérico, el cólera, la bilharziasis y la ictericia espiroquética. Estas medidas profilácticas, que constituyen una parte fundamental de cualquier sistema sanitario, fueron de especial importancia para el bienestar de una nación que vivía en condiciones primitivas en una región subtropical de la Tierra”. (The Interpreter’s Dictionary of the Bible, edición de G. A. Buttrick, 1962, vol. 2, págs. 544, 545.)
El Dr. A. Rendle Short señaló en su libro The Bible and Modern Medicine que la ley de sanidad pública existía, si acaso, solo de forma elemental entre las naciones que rodeaban al antiguo Israel, y añadió: “Por lo tanto, es de lo más sorprendente que en un libro como la Biblia, del que se dice que no es científico, haya siquiera un código de leyes sanitarias, y sorprende igualmente que una nación que acababa de escapar de la esclavitud, invadida con frecuencia por enemigos y llevada al cautiverio de vez en cuando, tuviera en sus estatutos un código de normas sanitarias tan sabias y razonables. Este hecho lo han reconocido autoridades competentes, incluso las que no tenían gran interés en los aspectos religiosos de la Biblia” (Londres, 1953, pág. 37).
La Ley incluía la liebre y el cerdo entre los animales que los israelitas no podían comer. (Le 11:4-8.) Concerniente a esto, el Dr. Short declara: “Es verdad, nosotros comemos el cerdo, el conejo y la liebre, pero estos animales son propensos a infecciones parasitarias y solo son seguros si el alimento está bien cocinado. El cerdo tiene hábitos alimentarios sucios, y lo parasitan dos lombrices, la triquina y la solitaria, que pueden pasar al hombre. En las condiciones actuales el peligro en este país [Gran Bretaña] es mínimo, pero en la Palestina de la antigüedad debió ser muy distinto, y era mejor evitar tales alimentos”. (The Bible and Modern Medicine, págs. 40, 41.)
Adherirse a los requisitos justos de Jehová en cuanto a la moralidad sexual también tenía un buen efecto espiritual, mental y físico en los israelitas. (Éx 20:14; Le 18.) De manera similar, los cristianos —que tienen que mantener limpieza moral— obtienen beneficios físicos. (Mt 5:27, 28; 1Co 6:9-11; Rev 21:8.) La observancia de las altas normas morales de la Biblia protege de las enfermedades de transmisión sexual.
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Enfermedades y su tratamientoPerspicacia para comprender las Escrituras, volumen 1
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Cuarentena. Bajo la Ley se ponía en cuarentena a la persona que tenía una enfermedad contagiosa o aquella de la que se sospechaba que la tuviera; es decir, se la mantenía separada de otros o aislada por un tiempo. En las pruebas de lepra de personas, ropa y otros artículos o casas se imponían períodos de cuarentena de siete días. (Le 13:1-59; 14:38, 46.) También, si una persona tocaba un cadáver humano era inmunda por siete días. (Nú 19:11-13.) Aunque las Escrituras no dicen que esta última regla se diese por razones de salud, servía de protección en el caso de que la persona hubiera muerto de alguna enfermedad infecciosa.
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