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    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • La sociedad postdiluviana primitiva y sus problemas. Después del Diluvio, la sociedad humana estaba estructurada fundamentalmente en un régimen patriarcal que proporcionaba orden y estabilidad relativos. La humanidad tenía que “[llenar] la tierra”, lo que no solo exigía que se multiplicaran, sino que extendieran progresivamente su morada por todo el planeta. (Gé 9:1, 7.) Estos factores limitarían en buena medida los problemas sociales, pues normalmente quedarían circunscritos a la familia, de modo que rara vez surgiría la fricción que suele haber en condiciones de superpoblación. Sin embargo, la construcción que se iba a realizar en Babel estaba diametralmente opuesta a la voluntad divina, pues exigía que los hombres se concentraran para no ser “esparcidos por toda la superficie de la tierra”. (Gé 11:1-4; véase LENGUAJE.) Además, Nemrod se apartó del sistema patriarcal y fundó el primer “reino” (heb. mam·la·kjáh). Él era un cusita del linaje de Cam, e invadió parte del territorio semita, la tierra de Asur (Asiria), donde edificó ciudades que formaron parte de sus dominios. (Gé 10:8-12.)

  • Reino de Dios
    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • Es cierto que las personas que consideraban a Jehová Dios como su Cabeza también tenían fricciones y problemas personales. Sin embargo, se les ayudó a resolverlos o a aguantarlos en conformidad con las normas justas de Dios y sin caer en la degradación. Recibieron protección y fortaleza divinas. (Gé 13:5-11; 14:18-24; 19:15-24; 21:9-13, 22-33.) Por ello, después de indicar que las “decisiones judiciales [de Jehová] están en toda la tierra”, el salmista dice de Abrahán, Isaac y Jacob: “Ellos resultaban ser pocos en número, sí, muy pocos, y residentes forasteros en [Canaán]. Y ellos siguieron andando de nación en nación, de un reino a otro pueblo. No permitió que ningún humano los defraudara, antes bien, a causa de ellos censuró a reyes, diciendo: ‘No toquen ustedes a mis ungidos, y a mis profetas no hagan nada malo’”. (Sl 105:7-15; compárese con Gé 12:10-20; 20:1-18; 31:22-24, 36-55.)

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