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    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • En algunas ocasiones, las autoridades pusieron bajo juramento solemne a los siervos de Dios y estos dijeron la verdad. De igual manera, un cristiano que estuviera bajo juramento no mentiría, sino que diría toda la verdad o, posiblemente, rehusaría responder si pusiese en peligro los justos intereses de Dios o de sus compañeros cristianos, en cuyo caso debería estar dispuesto a afrontar las consecuencias que resultaran de esta postura. (1Re 22:15-18; Mt 26:63, 64; 27:11-14.)

  • Juramento
    Perspicacia para comprender las Escrituras, volumen 2
    • Jesucristo corrigió a los judíos en el Sermón del Monte por su costumbre de jurar a la ligera o hacerlo por cualquier cosa. Había llegado a ser común el que jurasen por el cielo, la tierra, Jerusalén e incluso sus propias cabezas. Pero como el cielo era “el trono de Dios”; la tierra, su “escabel”; Jerusalén, su ciudad real, y la cabeza (o vida) de la persona depende de Dios, jurar por tales cosas equivaldría a hacerlo por el nombre de Dios. No podía tomarse a la ligera. Por ello Jesús dijo: “Simplemente signifique su palabra Sí, Sí, su No, No; porque lo que excede de esto proviene del inicuo”. (Mt 5:33-37.)

      Con estas palabras Jesucristo no prohibió que se hiciesen juramentos, pues él mismo estaba bajo la Ley de Moisés, que requería jurar en ciertas circunstancias. De hecho, cuando a Jesús lo juzgaron, el sumo sacerdote lo puso bajo juramento, y él no objetó al juramento, sino que procedió a responder. (Mt 26:63, 64.) Lo que Jesús quería enseñar es que no deberían tenerse dos criterios. El obrar en armonía con la palabra dada debería considerarse como un deber sagrado y tendría que cumplirse como si fuese un juramento; uno sinceramente debería querer decir lo que dice. Jesús aclaró aún más el significado de sus palabras cuando expuso la hipocresía de los escribas y fariseos al decirles: “¡Ay de ustedes, guías ciegos!, que dicen: ‘Si alguien jura por el templo, no es nada; pero si alguien jura por el oro del templo, queda obligado’. ¡Necios y ciegos! ¿Cuál, de hecho, es mayor?: ¿el oro, o el templo que ha santificado el oro?”. Y luego: “El que jura por el cielo jura por el trono de Dios y por el que está sentado sobre él”. (Mt 23:16-22.)

      Los escribas y fariseos, a quienes Jesús pone al descubierto en esta ocasión, justificaban el incumplimiento de ciertos juramentos con razonamientos falsos y sutilezas, pero Jesús mostró que este modo de jurar era falsedad para con Dios y en realidad acarreaba oprobio a su nombre (pues los judíos eran un pueblo dedicado a Jehová). Jehová manifiesta claramente que odia un juramento falso. (Zac 8:17.)

      Santiago corrobora las palabras de Jesús. (Snt 5:12.) Pero las advertencias de ambos contra tales prácticas irreflexivas no suponen que el cristiano deba evitar prestar un juramento cuando sea necesario asegurar a otros la seriedad de sus intenciones o la veracidad de lo que dice. El modo de actuar de Jesús ante el sumo sacerdote judío ilustra que un cristiano no debería objetar a prestar juramento en un tribunal, pues va a decir la verdad, tanto si está bajo juramento como si no. (Mt 26:63, 64.) La misma resolución de servir a Dios es un juramento a Jehová, que introduce al cristiano en una relación sagrada. Jesús puso al mismo nivel el juramento y el voto. (Mt 5:33.)

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