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  • ¿Acepta usted realmente las enseñanzas de Cristo?
    La Atalaya 1959 | 1 de diciembre
    • desprendiéndose de las actividades del viejo mundo que son netamente egoístas y hágase celoso ministro de Dios como lo era Jesús.

      ¡Felices son los que lo hacen! Ninguna angustia que le sobrevenga a la raza humana en los días por venir podrá debilitar la confianza de ellos. Y ninguna persecución que pudiera sobrevenirles como siervos de Dios, ni siquiera la muerte misma, podrá robarles la realización de su esperanza. “Por lo tanto todo el que oye estos dichos míos y los hace será comparado a un hombre discreto, que edificó su casa sobre la masa de roca. Y la lluvia cayó y llegaron las inundaciones y los vientos soplaron y azotaron contra esa casa, pero no cedió, porque había sido fundada sobre la masa de roca.” (Mat. 7:24, 25) Esa clase de fe es la que tienen los que realmente creen las enseñanzas de Cristo.

  • La asunción de María—¿hecho o ficción?
    La Atalaya 1959 | 1 de diciembre
    • La asunción de María—¿hecho o ficción?

      EN UN Congreso Eucarístico que se celebró en Lima, Perú, se hizo la pregunta: ‘¿Cómo puede ser . . . que la virgen María, en el plan de Dios, quede exenta del pecado original que alcanza a todos? Si ella está libre del pecado, no necesita un Redentor. La Madre del Redentor permanecería fuera de la esfera de la Redención. ¿Sería eso un honor al Redentor Universal?’ La contestación oficial que se dió nos asegura que ‘la virgen María no está fuera de la esfera de la Redención, fué redimida, pero no fué manchada, porque antes de ser concebida, antes de existir, fué redimida mediante la sangre de su propio Hijo, antes que ésta fuere derramada, puesto que esto es lo que disponía la voluntad soberana y omnipotente de Dios.’ (El Comercio) Se dice que en este punto de vista, sostenido por millones de personas sinceras, se basa la doctrina de la Asunción de María.

      Sin embargo, éste no siempre ha sido el punto de vista de la iglesia católica. El libro In Praise of Our Blessed Mother, impreso en 1952 bajo el imprimátur de Patricio A. O’Boyle, dice: “En los primeros tres siglos del cristianismo no puede hallarse en los escritos eclesiásticos nada que se acerque a una mención explícita de la inmunidad de María al pecado original.” “Es por lo tanto en la tradición divina, la palabra de Dios no escrita, que tenemos que buscar la fuente básica e indisputable del dogma de que la Madre de Dios fué preservada de pecado original en el primer momento de su existencia.”

      La tradición, no obstante, no muestra unanimidad de pensamiento en cuanto a este asunto. San Agustín, por ejemplo, insistió en la enseñanza de la Biblia de la universalidad del pecado original. San Bernardo, Santo Tomás de Aquino, los grandes escritores franciscanos Alejandro de Hales y San Buenaventura, todos estaban opuestos a la doctrina de la concepción inmaculada de María.

      Pero el siglo quince mostró un cambio en el punto de vista cuando el papa Sixto IV en por lo menos dos manifiestos papales dió aprobación a la creencia en la concepción inmaculada de María; este punto de vista fué confirmado por el Concilio de Trento y por otros papas en los años subsiguientes. “Y por lo tanto,” se nos dice, “se preparó bien el terreno para el acto culminante, la definición solemne del dogma proclamado por el papa Pío IX” en 1854.

      Es en este dogma papal, el de que “la Beatísima Virgen María, en el primer instante de su concepción, fué preservada de toda mancha de culpa original por singular gracia y privilegio de Dios Omnipotente, atendidos los méritos de Jesucristo, salvador del género humano,” dijo Juan Wright, obispo de Wórcester, que hallamos “las razones raíces de la incorruptibilidad del cuerpo de María y la Asunción consiguiente de ella, cuerpo y alma, a la gloria del cielo.”

      MARÍA NINGUNA EXCEPCIÓN

      ¿Cómo se expresa la Palabra de Dios, la Biblia, en cuanto al asunto? Se dice claramente en la versión católica de Torres Amat de la Biblia en Romanos 3:9, 10: “Hemos demostrado que así judíos como gentiles todos están sujetos al pecado, según aquello que dice la Escritura: No hay uno que sea justo.” Y de nuevo: “Así pues, como por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte, y así la muerte pasó a todos los hombres, por cuanto todos habían pecado.” (Rom. 5:12, NC) Pero ¿no podría haber una excepción? Sí, y esa excepción es Jesucristo, como se nos manifiesta en Hebreos 7:26.

      El que María no es otra excepción al dominio del pecado se muestra por el relato acerca de su purificación. La ley en Levítico 12:1-4, 8, respecto al asunto es ésta: “Cuando dé a luz una mujer y tenga un hijo, será impura durante siete días; será impura como en el tiempo de su menstruación. El octavo día será circuncidado el hijo, pero ella quedará todavía en casa durante los treinta y tres días en la sangre de su purificación; no tocará nada santo, ni irá al santuario hasta que se cumplan los días de su purificación . . . tomará dos tórtolas o dos pichones, uno para el holocausto y otro para el sacrificio por el pecado; el sacerdote hará por ella la expiación, y será pura.”—NC.

      ¿Podrían aplicarse correctamente a María esas expresiones que indican la necesidad de purificarse y de hacer un sacrificio por el pecado, a saber, “será impura” y “será impura como en el tiempo de su menstruación”? La misma traducción católica de la Biblia en Lucas 2:21-24 muestra que la Palabra de Dios contesta que sí, porque nos dice allí que María cumplió con esta misma ley de la purificación, que requería un sacrificio para la expiación de sus pecados. “Cuando se hubieron cumplido los ocho días para circuncidar al Niño, le dieron el nombre de Jesús . . . Así que se cumplieron los días de la purificación, conforme a la Ley de Moisés, le llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor, según está escrito en la Ley del Señor que ‘todo varón primogénito sea consagrado al Señor’, y para ofrecer en sacrificio, según lo prescrito en la Ley del Señor, un par de tórtolas o dos pichones.” Verdaderamente María era tal como las demás mujeres, imperfecta. Convenimos con el apóstol inspirado que dijo que “Dios es veraz,” aunque estén equivocados los hombres.—Rom. 3:4, NC.

      Pero, ¿no es cierto que María es la siempre virgen “Madre de Dios”? En vez de basar nuestra contestación en sentimientos o tradición cargados de emoción, dirijámonos a la Palabra de Dios y veamos lo que ella dice. Abra su propia Biblia en Lucas 1:35 y hallará la declaración de que “el fruto santo que de ti nacerá, será llamado Hijo de Dios”—no Dios mismo.—TA.

      No obstante, éste fué un nacimiento verdaderamente milagroso, el que llegara

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