Vida en un justo nuevo mundo
“ESTO no es justo.” ¡Cuán a menudo se dice la gente estas palabras hoy en día! Así atestiguamos la inundación de injusticia que ha sumido a este mundo. A la mayoría de la gente no le importa tanto el que algo sea justo, sino el que sea lucrativo. Empapados en la injusticia de este mundo, la política y el mercantilismo son notorios por sus prácticas corruptas y engañosas. ¿Dónde debe esperar hallar el que ama la justicia la práctica de principios justos?
Por medio de dirigirse a la Palabra de Dios, la Biblia, el que ama la justicia es alentado; porque en ella lee acerca de una promesa segura de vida en un justo nuevo mundo: “Hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos de acuerdo con su promesa, y en éstos la justicia habrá de morar.”—2 Ped. 3:13.
¡Promesa grandiosa ésa! ¡Un mundo en el cual “la justicia habrá de morar”! ¡No habrá ninguna carestía de las cosas necesarias de la vida en semejante mundo! Debido a la injusticia hoy en día—no debido a ninguna falta de productividad de la tierra—millones de personas no tienen alimento, ropa ni viviendas adecuados. La rivalidad internacional impide que fluyan libremente las cosas que satisfacen las necesidades de la vida, y gobernantes opresivos tratan cruelmente a sus súbditos, tal como dice en Proverbios 28:15, 16: “Cual león rugiente y oso embestidor es el gobernante inicuo sobre un pueblo humilde. El caudillo que carece de verdadero discernimiento también abunda en prácticas fraudulentas.” Tantas son las prácticas fraudulentas en los negocios comerciales, la política y las religiones de hoy que hay nuevos desenmascaramientos casi todos los días, pero logran poco en cuanto a desarraigar la injusticia del corazón de los hombres. Sin embargo la vida en el nuevo mundo de Dios estará libre de prácticas fraudulentas, en realidad, libre de toda persona injusta.
Jehová Dios tiene poder para arrasar a la gente injusta y librar a los justos y ha desplegado ese poder a menudo. Lo hizo en el día de Noé y en el tiempo de Lot. “Dios,” escribió el apóstol Pedro, “no se contuvo de castigar a un mundo antiguo, pero mantuvo a Noé, predicador de justicia, en seguridad con siete otros cuando trajo un diluvio sobre un mundo de gente impía; y condenó a las ciudades de Sodoma y Gomorra reduciéndolas a cenizas, estableciendo un modelo para las personas impías de cosas que habían de venir, y libró al justo Lot, quien estaba sumamente angustiado por la entrega de la gente desafiadora de leyes a conducta relajada.” En vista de estos hechos se nos asegura: “Jehová sabe librar de la prueba a gente de devoción piadosa, pero preservar a gente injusta para el día de juicio para ser arrasada.”—2 Ped. 2:4-9.
El juicio que Dios ejecutó sobre el mundo antediluviano y sobre las ciudades de Sodoma y Gomorra fue profético; es decir, estableció “un modelo para las personas impías de cosas que habían de venir.” El acontecimiento venidero que anhela toda persona justa es la guerra de Dios, el Armagedón, cuando el Señor Jesucristo como Rey reinante de Jehová pondrá fin a toda clase de injusticia.
El Señor Jesucristo no es un Rey que no haya sido probado, por cuanto él fue examinado y probado cabalmente en cuanto al amor que le tiene a la justicia. Cuando estuvo en la tierra él rechazó con desprecio la oferta que le hizo el Diablo de dominio sobre este mundo injusto. Permaneció leal a su Padre y a los principios divinos de la justicia. Aplicando el Salmo 45:7 a Jesucristo, el inspirado escritor de Hebreos 1:8, 9 dice: “Pero con referencia al Hijo: ‘Dios es tu trono para siempre, y el cetro de tu reino es el cetro de los principios rectos. Amaste la justicia y odiaste todo lo que es contrario a ley.’” ¡Cuánto nos conmueve esta seguridad de que el Rey del nuevo mundo ama la justicia, que su cetro mismo es un cetro de “principios rectos”! Además, ya que se dice acerca del Rey de Dios que “Dios es tu trono para siempre,” tenemos otra garantía de la justicia del nuevo mundo; porque en el Salmo 97:2 leemos respecto al trono de Dios: “La justicia y el juicio son el lugar establecido de su trono.”
El fin, entonces, de todas las prácticas fraudulentas, opresión, egoísmo e iniquidad se ha acercado. Regocíjese en el conocimiento de que dentro de esta generación los hombres de buena voluntad hacia Dios, hombres que aman la justicia, serán librados por Dios para que logren entrar en un mundo en el cual “la justicia habrá de morar.” Dando este presagio profético de la vida en el justo nuevo mundo bajo el Rey del cetro de principios rectos, el salmista dice: “Oh Dios, da tus propias decisiones judiciales al rey, y tu justicia al hijo del rey. Defienda él la causa de tu pueblo con justicia y de tus afligidos con decisión judicial. Lleven las montañas paz al pueblo, también las colinas, por medio de la justicia. . . . En sus días el justo brotará, y la abundancia de paz hasta que la luna ya no sea.”—Sal. 72:1-8.
Ninguna injusticia echará raíces en ese nuevo mundo. Solamente el “justo brotará.” Habrán desaparecido, entonces, las espantosas carencias de viviendas y las carestías de alimentos. Aun ahora, dice el Dr. Josué de Castro, “el mundo dispone de suficientes recursos para proveer un régimen alimenticio adecuado para todo el mundo, por todas partes.” En realidad, algunos gobiernos tienen grandes excedentes de alimentos que o se almacenan o se destruyen o de alguna otra manera se dispone de ellos. Sin embargo, millones de personas sufren de hambre en una tierra capaz de producir una abundancia para todos. La vida en el justo nuevo mundo de Dios no será una de escaseces de clase alguna. Entonces, por toda la tierra, la profecía de Isaías tendrá cumplimiento literal: “Ciertamente edificaran casas y tendrán toma de posesión; y ciertamente plantarán viñas y comerán el fruto de ellas. No edificarán y alguna otra persona tomará posesión; no plantarán y alguna otra persona comerá. Porque a semejanza de los días de un árbol serán los días de mi pueblo; y la obra de sus propias manos mis escogidos la usarán a cabalidad.” “Y la obra de la justicia verdadera debe llegar a ser paz, y el servicio de la justicia verdadera quietud y seguridad hasta tiempo indefinido.”—Isa. 65:21, 22; 32:16, 17.
¿Cómo puede usted gozar de vida eterna en la tierra en un mundo justo? Haga lo que aconseja la Palabra de Dios: “Buscad la justicia, buscad la mansedumbre; puede ser que os pongáis a cubierto en el día de la ira de Jehová.” (Sof. 2:3, Mod) Aprenda los caminos justos de Dios ahora. Aplique los principios divinos en su vida. Dirija a otros a adorar a Jehová; ayúdelos a conseguir vida eterna en un justo nuevo mundo.