Una vida libre de injusticias... ¿es solo un sueño?
¿NO SERÍA ésta una Tierra mucho más placentera en la cual vivir si todas las personas, y especialmente las que tienen autoridad, fueran verdaderamente imparciales y justas? ¿Qué esperanza hay en nuestro día de ver un mundo libre de injusticias? ¿Cómo podría efectuarse?
De lo que vemos a nuestro alrededor, quizás las probabilidades no parezcan brillantes. Considere unos cuantos ejemplos de las cosas que hacen que muchos se sientan tanto indignados como impotentes.
Por una parte, la gente ve que personas acaudaladas y funcionarios públicos encumbrados cometen crímenes y a menudo salen casi intactos. Quizás paguen una pequeña multa, una simple ‘palmada en la muñeca.’
Por ejemplo, cuando una empresa de corretaje neoyorquina ilegalmente encauzó unos 20.000.000 de dólares en acciones a través de cuentas bancarias suizas secretas, la empresa fue multada en 50.000 dólares. Pero ésta había recibido unos 225.000 dólares en comisiones ilegales. Un socio antiguo de la empresa juró en falso en las investigaciones del jurado de acusación. Fue multado en 30.000 dólares y recibió una sentencia suspendida de un año. No pasó nada de tiempo en la cárcel.
Una semana después, un empleado despachador sin empleo, casado y padre de dos hijos, fue declarado culpable por hurtar un aparato de televisión. Recibió una sentencia de un año en la cárcel... de parte del mismo juez. Debido a que cosas como éstas suceden tan a menudo, puede que muchos entre el público opinen: ‘Mientras más grande sea uno, más levemente cae y más suave es su tratamiento.’
En muchos países, los llamados “crímenes oficinescos” son responsables de pérdidas mucho mayores que las que se deben a lo que se llama “crimen de las calles.” La Cámara de Comercio de los EE. UU. calcula que tales “crímenes oficinescos” como soborno, devoluciones a cómplices de porciones de lo robado, fraude al consumidor y competencia ilegal, robo y fraude de valores, todo junto cuesta unos 42.000 millones de dólares al año. Sin embargo los culpables de estos crímenes rara vez reciben castigo severo. Y la mayor parte de esto afecta severamente al ciudadano común en forma de impuestos más altos, precios más altos y cuotas de seguros más altas.
Las leyes de impuestos pueden suministrar “escapatorias” que favorecen a los ricos. En 1972 unos 400 norteamericanos con ingresos de más de 100.000 dólares absolutamente no pagaron ningún impuesto federal. Cuatro de éstos tuvieron ingresos de más de 1.000.000 de dólares.
De modo que, el prejuicio y la parcialidad debido a la posición en la vida, riqueza, raza, color, nacionalidad y lenguaje traen opresión y desigualdad a millones de personas en muchos países. Para ellas, una vida libre de injusticias parece solo un sueño.
Sin embargo, hay el otro lado de la moneda. A veces los que consiguen autoridad favorecen a ciertas minorías solo porque son minorías. Quizás prevalezca la teoría de que “el ‘de abajo’ siempre tiene la razón”... aunque esté equivocado. Esto tampoco es justicia.
¿Y qué sucede a menudo cuando los que han sido discriminados en un país debido a su raza, color o nacionalidad consiguen autoridad en ese país? ¿No muestran ellos mismos a menudo prejuicio y parcialidad para con los que no son de su clase? Así la injusticia persiste, florece.
Esta situación no es nueva. Hace casi tres mil años el inspirado escritor bíblico asentó estas palabras: “Si ves la opresión de los pobres y la negación del derecho y la justicia en la provincia, no te ofendas [“sorprendas,” Nácar-Colunga] al verlo, porque un oficial vigila sobre otro oficial, y hay oficiales superiores sobre ellos.”—Ecl. 5:8, New American Standard Bible.
Sí, la corrupción entre los oficiales locales a menudo solo refleja la que hay entre los oficiales superiores a ellos. No sorprende, entonces, que el ciudadano de término medio en el fondo sea severamente apretujado.
Entonces, ¿qué es lo que se necesita? ¿Cómo puede una vida libre de injusticias llegar a ser una realidad para la gente en todas partes, de toda clase?
CÓMO EL “SUEÑO” LLEGARÁ A SER UNA REALIDAD
Obviamente, algo tiene que cambiar. Realmente se necesita un cambio en todo el sistema de cosas que ahora funciona en la Tierra. ¿Cuán grande cambio? ¿Basta con solo reformar el sistema en ciertos aspectos, efectuando cambios de personal y administración, o cambios en ciertas leyes?
No, lo que realmente se necesita es un reemplazo de todo el presente sistema con un nuevo sistema establecido sobre un nuevo fundamento. Hemos visto toda clase de reformas, cambios de personal y administración, nueva legislación, en país tras país. Pero, a pesar de éstos, la corrupción sigue dejándose ver en los niveles encumbrados del gobierno. Y cuando individuos sinceros tratan de promover la justicia, a menudo hallan obstruidos sus esfuerzos por intereses egoístas.
Como el director de un instituto del centro jurídico de la Universidad de Georgetown declara: Un “sistema de justicia funciona solo si el público tiene confianza en su imparcialidad. . . . el público tiene que creer que el gobierno y el orden social merecen crédito, respeto y lealtad.” ¿Cómo puede efectuarse tal sistema?
Debido a que Jehová Dios ama la justicia, ha prometido un sistema enteramente nuevo para esta Tierra bajo la dirección de un gobierno con base en el cielo. Del nombrado como cabeza de ese gobierno, Cristo Jesús, se profetizó que “sobre él tiene que asentarse el espíritu de Jehová,” trayendo sabiduría, entendimiento, consejo, poderío y conocimiento, y “habrá disfrute por él en el temor de Jehová.” ¿Qué beneficios traerá esto a sus súbditos? La profecía agrega: “Y él no juzgará por la mera apariencia de las cosas a sus ojos, ni censurará simplemente según lo que oigan sus oídos. Y con justicia tiene que juzgar a los de condición humilde, y con rectitud tiene que administrar censura a favor de los mansos.”—Isa. 11:2-4.
Cuando estuvo en la Tierra Cristo Jesús mostró estas mismísimas cualidades que caracterizarán el régimen de su Reino sobre la Tierra. Mirando las muchedumbres que se juntaron para oírlo hablar, “se compadeció de ellas, porque estaban desolladas y desparramadas como ovejas sin pastor,” pues una porción grande de la culpa por esta condición de las “ovejas” recaía sobre los líderes religiosos hipócritas de aquel día. (Mat. 9:36; compare con Mateo 23:23, 24; Marcos 12:38-40.) Jesús enseñó a sus discípulos a mostrar amor a toda la gente, ‘dando gratis así como ellos habían recibido gratis.’ (Mat. 5:43-48; 10:8) Demostró su amor altruista dando su vida a favor de toda la humanidad.
El “espíritu de Jehová” que el gobierno del Reino fomentará a través de toda la Tierra, garantiza imparcialidad y justicia para todos. El inspirado apóstol escribió esto acerca de Dios: “Con certeza . . . Dios no es parcial, sino que en toda nación el que le teme y obra justicia le es acepto.”—Hech. 10:34, 35.
Cobre ánimo, entonces, y tome tiempo para aprender de la Palabra de Dios cómo usted puede conseguir vida bajo el régimen justo de su Hijo cuando la vida libre de injusticias sea una realidad.
[Ilustración de la página 483]
“No deben ser parciales en el juicio. Deben oír al pequeño lo mismo que al grande.”—Deu. 1:17.
“Con justicia debes juzgar a tu asociado.”—Lev. 19:15.