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  • Sea “de juicio sano” a medida que se acerca el Nuevo Orden
    La Atalaya 1973 | 1 de noviembre
    • Sea “de juicio sano” a medida que se acerca el Nuevo Orden

      “El fin de todas las cosas se ha acercado. Sean de Juicio sano, por lo tanto.”—1 Ped. 4:7.

      1. ¿Qué evidencia visible hay que señala a un fin temprano del presente orden mundial?

      ABUNDA la evidencia de que se acerca un nuevo orden. Por una parte, nos hallamos viviendo en un tiempo singular en lo que toca al presente orden mundial. Por primera vez en la historia humana, todos los sistemas que han establecido los hombres están en una condición de crisis. Mire adondequiera, considere cualquiera de los muchos sistemas que se combinan para formar el presente orden, y usted ve señales de graves dificultades. Sistemas políticos, sistemas religiosos, sistemas sociales, sistemas policíacos, sistemas educativos, sistemas de transporte, sistemas monetarios... la lista de los que están en crisis es casi interminable. Aun las cosas más fundamentales, como el aire, el agua y el alimento, se hallan en serio peligro.

      2. ¿Por qué no pueden los hombres suministrar permanencia al orden actual?

      2 El orden actual es semejante a un edificio viejo cuyos cimientos, columnas y vigas todos están seriamente fracturados, en deterioro o corroídos. Los hombres pueden agregarle mucha pintura fresca o adornos elegantes y nuevos muebles, pero nada puede darle a la estructura podrida la fuerza que necesita para seguir subsistiendo por largo tiempo. Sin importar cuánto traten los hombres de cubrir y ‘enyesar’ las divisiones serias que yacen profundamente dentro de la sociedad humana como está estructurada ahora, no pueden impedir las consecuencias señaladas en las palabras de Jesús: “Una casa dividida contra sí misma cae.”—Luc. 11:17.

      3. ¿Cuál es la base verdaderamente sólida para creer que se acerca un nuevo orden?

      3 Pero la mejor evidencia, la más convincente, de que se acerca un nuevo orden proviene de las promesas y profecías de la Palabra de Dios, la Biblia. Sus profecías no solo predijeron la presente decadencia de moralidad y el apartarse de la verdad y la justicia que han llevado el orden actual a su condición de crisis global, sino que también nos informan el propósito declarado de Dios de acabar con todos estos sistemas presentes en una “tribulación grande” sin igual dentro de “esta generación” y establecer su propio orden con nuevos sistemas fundados sobre la justicia, sobre el amor de Dios y amor al prójimo.—Mat. 24:21, 33, 34; Rev. 7:14-17.

      4, 5. ¿Qué significa para nosotros la promesa bíblica de “nuevos cielos y una nueva tierra”?

      4 “Hay nuevos cielos y una nueva tierra que esperamos según su promesa, y en éstos la justicia habrá de morar.” (2 Ped. 3:13) La “promesa” a la que aquí se refiere el apóstol Pedro se encuentra en Isaías 65:17 en las Escrituras Hebreas. Doctos bíblicos han reconocido por largo tiempo que los “cielos” y “tierra” aquí son simbólicos. La Cyclopædia de M’Clintock y Strong (Tomo IV, págs. 122-127), por ejemplo, comenta: “En Isa. LXV:17 [65], 17, un nuevo cielo y una nueva tierra significan un nuevo gobierno, nuevo reino, nueva gente . . . . ”

      5 Esto significa un nuevo orden. Una vez que el reino de Dios por su Hijo venga contra todos los enemigos de la soberanía de Dios, hará que se cumpla la voluntad de Dios en toda la Tierra, así como se pide en el bien conocido Padrenuestro. (Mat. 6:10) Ese ‘reino de los cielos’ suministrará así “nuevos cielos” para guiar y gobernar a la humanidad. Y la nueva sociedad terrestre de personas que sobrevivan para entrar en ese nuevo orden no será plagada por los sistemas imperfectos, imprácticos e infestados de codicia que ahora producen tanta irritación, frustración y peligro. Fundada y estructurada sobre la justicia, esa sociedad disfrutará de nuevos sistemas dirigidos por el gobierno celestial sobre ella.

      PREGUNTAS ESCRUTADORAS APROPIADAS

      6, 7. ¿Cómo hacen surgir preguntas escrutadoras para nosotros hoy día las palabras del apóstol en 2 Pedro 3:11, 12?

      6 Confrontados a tal perspectiva, ¿cuál es nuestra actitud? ¿Están nuestros pensamientos en armonía con los del apóstol inspirado, que escribió: “Puesto que todas estas cosas así han de ser disueltas, ¡qué clase de personas deben ser ustedes en actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa, esperando y teniendo muy presente la presencia del día de Jehová!”? —2 Ped. 3:11, 12.

      7 Puesto que ya es tan inminente ese nuevo orden, ¿no se inclina usted a detenerse y preguntarse: ‘Realmente, ¿qué clase de persona soy yo en cuanto a “actos santos de conducta y hechos de devoción piadosa”? ¿Verdaderamente soy la clase de persona que Dios quiere en su nuevo orden? ¿Realmente quiero yo mismo vivir en una Tierra donde “la justicia habrá de morar,” prevaleciendo a través de toda la Tierra?’ Estas son preguntas escrutadoras del alma, pero éste es el tiempo de hacerlas.

      8, 9. ¿Qué información acerca del Nuevo Orden les gustaría saber a algunos, en vista del inmenso cambio que promete efectuar?

      8 Sin embargo, algunos quizás se inclinen a decir: ‘Si simplemente supiésemos más acerca de cómo será la vida en el Nuevo Orden, más detalles, quizás pudiésemos contestar mejor esas preguntas.’ Es cierto, la perspectiva de un orden genuinamente nuevo excita la admiración y fácilmente vienen a la mente muchas preguntas. Por ejemplo, algunos preguntan: ‘En ese nuevo orden, ¿quiénes suministrarán todos los servicios que han estado suministrando los presentes sistemas mundanos? Si todos los presentes sistemas terminan en la próxima “tribulación grande,” ¿cómo podrán comunicarse los sobrevivientes alrededor de la Tierra? Habiendo desaparecido los sistemas de correo, teléfono, telégrafo y radio, ¿cómo podría haber alguna dirección unificada de las actividades, como por un cuerpo gobernante terrestre que sirviera bajo el reino celestial?’ Otros preguntan: ‘¿Cómo sabrá la gente dónde vivir? ¿Se tratará de que todos escojan la zona que les guste y se establezcan allí, de hecho denunciando una pertenencia demarcada con estacas, como se hacía en los días del “Oeste inexplorado” de los Estados Unidos? Si no, ¿de qué manera y por quién será asignada la tierra?’

      9 Todavía otros se preguntan acerca de los métodos de transporte que habrá entonces, si habrá automóviles, aviones u otros medios de transporte propulsados. Entre las inquiridoras quizás haya más interés en cuanto a si comodidades como estufas eléctricas, lavadoras eléctricas y aparatos similares estarán disponibles. Y, en cuanto a eso, ¿qué hay de cosas realmente fundamentales, como la ropa? Cuando la ropa o los zapatos que uno esté usando al tiempo de sobrevivir se acaben, ¿de dónde vendrán los nuevos? O si uno quiere edificar, ¿dónde obtendrá cosas como martillo, clavos, sierra y otro equipo que ahora proveen los sistemas de este presente orden?

      10, 11. ¿Cuál es la respuesta a sus preguntas, y qué efecto tiene esto en nuestra preparación para vivir en el Nuevo Orden?

      10 Preguntas como éstas son múltiples. Pero hay una respuesta sencilla y breve a todas ellas. Esta es: la Palabra de Dios, la Biblia, no lo dice y por eso nosotros no lo sabemos.

      11 Pero ¿no nos pone esto en desventaja en cuanto a prepararnos para vivir en el nuevo orden de Dios? No, porque no necesitamos esto para prepararnos plenamente, puesto que dichas preguntas tratan de asuntos que no son vitales en absoluto para nuestra preparación. ¿Cuáles, pues, son algunas de las cosas verdaderamente vitales sobre las cuales concentrarnos en nuestra preparación para la vida en ese nuevo orden venidero?

      MANTENIENDO JUICIO SANO

      12. ¿Por qué podemos creer que el consejo del apóstol que principia en 1 Pedro 4:7 nos aplica en este tiempo?

      12 “El fin de todas las cosas se ha acercado,” escribió el apóstol Pedro en su primera carta (1 Ped. 4:7). Aunque el entonces existente sistema de cosas judío habría de terminar unos cuantos años después que se escribió esta carta (ya que los romanos destruyeron Jerusalén y su templo en el año 70 E.C. y acabaron efectivamente con el sacerdocio judío y sus funciones y sacrificios), las palabras inspiradas del apóstol tienen aplicación y significado principal para nuestro tiempo cuando todo un orden mundial habrá de terminar. Las muchas referencias del apóstol en esta carta al tiempo de la “revelación” de Jesucristo aseguran esto.—1 Ped. 1:5, 7, 13; 2:12; 4:13.

      13. ¿Cómo podemos, igual que Pedro, tener “muy presente” el día de Jehová, y por qué es vital esto hoy día?

      13 El apóstol siguió su propio consejo de estar “esperando y teniendo muy presente la presencia del día de Jehová,” el tiempo de Dios para acabar con el presente orden mundial e introducir su justo nuevo orden. Hay seguridad en tener “muy presente” ese tiempo, no considerándolo como muy lejano, como permitiéndole a uno bastante tiempo para entregarse a actividades egoístas y todavía poder ‘oscilar de vuelta’ a la justicia a tiempo para evitar la destrucción global. Ahora estamos vivos; no podemos saber si estaremos vivos mañana o la próxima semana. De modo que el tiempo para prepararnos para el nuevo orden de Dios es ahora.—Sant. 4:13-15.

      14. ¿Cuál es el significado del consejo: “Sean de juicio sano”?

      14 En vista del fin que ahora se aproxima rápidamente, ¿en qué debemos concentrar la atención? “Sean de juicio sano, por lo tanto,” es el consejo del escritor inspirado, “y sean vigilantes en cuanto a oraciones.” (1 Ped. 4:7) En lugar de ‘ser de juicio sano’ otras traducciones dicen “permanezcan calmados” (The New American Bible), “manteneos sanos de mente” (Versión Latinoamericana), “sed pues cuerdos” (Besson). De modo parecido el apóstol Pablo instó: “No sigamos durmiendo como los demás, sino quedémonos despiertos y mantengamos nuestro juicio.” (1 Tes. 5:6) Obviamente éste no es el tiempo para ser faltos de juicio, frívolos o de juicio precipitado. Es tiempo para pensamiento sobrio y comportamiento juicioso.

      15. (a) ¿Cómo podemos someter a prueba nuestro ‘juicio sano’ en lo que toca a nuestras esperanzas, incluso nuestro modo de ver textos como Isaías 65:21? (b) ¿Qué cumplimientos ha tenido ya este texto?

      15 Es preciso que manifestemos ese mismo juicio sano en cuanto a nuestra esperanza de vida en el nuevo orden de Dios. ¿Por qué estamos esforzándonos por lograrla? ¿Qué nos atrae a esa esperanza? ¿Es principalmente los beneficios materiales y físicos? ¿Debería serlo? Quizás recordemos un texto como Isaías 65:21: “Y ciertamente edificarán casas, y las ocuparán; y ciertamente plantarán viñas y comerán su fruto.” Sobre esa base ¿deberíamos visualizarnos viviendo en grandes mansiones, palacios virtuales, y ser atraídos por esto? Realmente el texto solo menciona “casas,” ¿no es verdad? Y en ésas es donde la mayoría de nosotros vivimos hoy día. En realidad la profecía tuvo su cumplimiento inicial al retornar Israel del destierro a la tierra desolada de Judá, tierra sin casas, sin vides. Después de llegar, edificaron casas y plantaron vides. En nuestro propio día ha habido un cumplimiento espiritual de la profecía desde 1919, cuando los del pueblo de Dios que sirve de la misma manera que Israel sirvió de testigos de Jehová (Isa. 43:10-12) salieron de un destierro espiritual y se pusieron a restaurar su ‘tierra’ espiritual o campo de actividad y adoración, edificando congregaciones y cultivando fecundidad espiritual.

      RAZONES PRINCIPALES PARA DESEAR EL NUEVO ORDEN

      16. ¿Qué punto se recalca aquí en cuanto a la fuerza de atracción de la Biblia en su presentación de la esperanza de un nuevo orden?

      16 Sin duda, después de la “tribulación grande” se edificarán muchas casas. Y, libres de la carga aplastante del sistema actual y su codicia comercial, los sobrevivientes terrestres que vivan en el nuevo orden de Dios ciertamente podrán edificar lugares para residir verdaderamente agradables. ¿Qué punto se recalca, entonces? Este: Que la Palabra de Dios no manifiesta con ningún detalle cómo serán esas casas, su tamaño, su modestia o su grandeza. A través de sus páginas no se declara esto. ¿Por qué? Porque su fuerza de atracción no es a lo material; da mayor énfasis a otras bendiciones como las cosas importantes en las cuales concentrar nuestra atención principal. Considere, por ejemplo, el cuadro deleitable que se nos presenta en Salmo 85:10-13. Mostrando en lo que puede resultar el favor y bendición de Dios para una tierra y su pueblo, dice:

      17, 18. (a) ¿Cómo ilustra este punto Salmo 85:10-13? (b) ¿Cuáles, pues, son los rasgos de vivir en el Nuevo Orden que deberían tener la mayor fuerza motivadora para nosotros, y por qué?

      17 “En cuanto a la bondad amorosa y el apego a la verdad, se han encontrado; la justicia y la paz... se han besado. El apego a la verdad mismo brotará de la mismísima tierra, y la justicia misma mirará desde los mismísimos cielos. También, Jehová, por su parte, dará lo que es bueno, y nuestra propia tierra dará su fruto. Delante de él la justicia misma andará, y hará de sus pisadas un camino.”

      18 Note que la belleza de este cuadro proviene principalmente de las bendiciones espirituales, haciéndose solo breve mención de las bendiciones materiales del “fruto” de la tierra. Las bendiciones espirituales son lo que debería hacernos anhelar el nuevo orden de Dios. Es debido a estas cosas que deberíamos estar dispuestos a trabajar, sacrificar, sí, y hasta morir a fin de conseguir la vida en el nuevo orden de Dios. Porque estas cosas espirituales son lo que el sistema actual jamás nos ha dado y jamás nos dará. En lugar de “bondad amorosa” el orden actual es esencialmente frío, codicioso, usándolo a uno mientras uno sirve su propósito y luego desechándolo como gastado para ser olvidado. Abunda en falsedad, hipocresía, doblez y fraude, no en “apego a la verdad.” La justicia y la paz ciertamente no “se han besado” en el orden actual. Pero en el nuevo orden de Dios serán evidentes estas bendiciones espirituales en toda la Tierra y se combinarán en armonía hermosa para hacer la vida genuinamente deleitable... para los que son de corazón justo. El viejo orden puede proporcionar a la gente casas grandes, hasta mansiones, junto con comida excelente... en algunos países un número notable de personas tienen esto. Pero no ha traído ni jamás traerá la bondad amorosa, el apego a la verdad, la paz y la justicia que caracterizan al nuevo orden de Dios.

      19. ¿Qué actitud es esencial tocante al Nuevo Orden, y cómo podemos mostrar que tenemos esa actitud ahora?

      19 El prepararnos para la vida en el nuevo orden que se aproxima, entonces, requiere que mantengamos la perspectiva correcta en cuanto a las bendiciones prometidas y pongamos el valor más elevado siempre en las bendiciones espirituales. Si hacemos esto, entonces cuando pase finalmente la tormenta del Armagedón, cuando se disipe el retumbar de su trueno, y la Tierra deje de sacudirse bajo el impacto de la furia divina expresada contra las naciones, saldremos de dondequiera que Jehová Dios haya creído conveniente preservarnos y nos regocijaremos en la mañana de un nuevo día, en la aurora de su nuevo orden. Cuando miremos fijamente en toda dirección, posiblemente todo lo que encuentren nuestros ojos sea cascajo y ruina... pero, si es así, nos debe parecer hermoso. ¿Por qué? Porque entonces podremos decir desde las profundidades de nuestro corazón: ‘¡A Dios gracias, al fin el viejo orden con toda su corrupción, crueldad y rebelión contra Dios, ha desaparecido para siempre! Ahora la justicia morará en la Tierra.’ Podemos mostrar que ése es nuestro parecer aun ahora al no dejar que las cosas materiales echen fuera los asuntos espirituales de nuestra vida o que lleguen a ser de mayor atracción.

      OBEDIENCIA DE CORAZÓN

      20. ¿Qué es algo que definitivamente sabemos acerca del Nuevo Orden, y qué revela Revelación 20:11, 12?

      20 Al ser “de juicio sano,” hacemos bien en meditar en algunas de las cosas que sí sabemos en cuanto al próximo nuevo orden. Sabemos que se requerirá obediencia a la soberanía de Dios, expresada por medio del gobierno de su Reino. En Revelación 20:11, 12, se nos informa que durante el reinado de mil años del Hijo de Dios ‘se abrirán rollos.’ Todos los que vivan, incluso los resucitados de entre los muertos, serán juzgados “según sus hechos” como estando en armonía o no estando en armonía con esos “rollos.” Los rollos, según se consideran en la profecía bíblica, casi invariablemente se refieren a alguna revelación de la voluntad de Dios, una revelación que se manifiesta en forma escrita. Por lo tanto, parece que durante el reinado milenario de Cristo Jesús habrá revelaciones adicionales de la voluntad y propósito de Dios y que éstas estarán en forma publicada para que todos se informen. Entonces quedará de cada uno demostrar que es digno de la vida eterna al armonizar sus hechos con esos rollos.

      21, 22. (a) ¿Por qué pudieran pensar algunos que, habiendo sobrevivido a la “tribulación grande,” el conseguir la vida eterna entonces será relativamente sencillo? (b) ¿Qué factor importante posiblemente pasen por alto?

      21 Por lo tanto, el sobrevivir a la “tribulación grande” no necesariamente garantiza el sobrevivir para vida eterna. No obstante, quizás algunos piensen que, una vez que haya desaparecido este viejo orden y, como predice el libro de Revelación, Satanás y sus demonios sean ‘abismados,’ entonces el asunto de ser obedientes será relativamente sencillo, casi una conclusión inevitable. ¿Es esto ser “de juicio sano,” y nos prepara para vivir en el Nuevo Orden?

      22 Es cierto, el pasar el viejo orden con todas sus tentaciones y presiones hacia lo malo será un gran alivio. También lo será el ser librados de la guerra que ahora tenemos que hacer contra las “fuerzas espirituales inicuas” que dominan invisiblemente al presente orden. (Efe. 6:10-13) Sin embargo ¿son esas dos grandes fuerzas de oposición a la justicia las únicas con las que tenemos que contender? ¿No hay otra fuente principal? Sí; y diferente de esas fuentes externas ésta es interna, dentro de nosotros. Es nuestra propia naturaleza pecaminosa heredada, el legado que todos hemos recibido de Adán. Y el ‘juicio sano’ hará que comprendamos que ésta es la fuerza que probablemente sea la más peligrosa, la decisiva. ¿Cómo así?

      23. ¿Qué muestra el origen de la injusticia en cuanto a la seriedad relativa de las fuerzas externas e internas que obran en oposición a nuestra obediencia a Dios?

      23 Considere el origen de la injusticia, de la desobediencia al régimen divino. Es verdad, en Edén, Eva fue sometida a influencia exterior y ella, a su vez, ejerció influencia sobre su esposo. Pero, ¿qué hay de aquel que inició la rebelión? ¿Qué influencia externa operó en ese hijo espíritu de Dios para hacer que se hiciera malo? Ciertamente Dios ni lo tentó ni lo presionó para que lo hiciera, ni lo hizo nadie más. Sin embargo ese hijo espíritu se hizo rebelde contra su Padre celestial. La fuente de su rebelión fue —no externa— sino interna, desde dentro de su propio corazón. (Compare con Santiago 1:13-15.) Así sucede con nosotros, prescindiendo de las fuerzas externas que haya, el factor decisivo para la fidelidad está dentro de nosotros, lo que tenemos en nuestro corazón. Esto todavía aplicará durante el período milenario cuando se juzgue a las personas “según sus hechos.”

      24. ¿En qué confían algunos para efectuar los cambios que se necesitan en cuanto a su personalidad y hábitos? ¿Y qué queremos determinar en un estudio subsiguiente?

      24 Sin embargo, quizás alguien diga: ‘Bueno, reconozco que tengo algunos hábitos malos, características y modos de obrar incorrectos que no he vencido como debería haberlo hecho. Pero estoy seguro de que una vez que pasemos a través de la “tribulación grande” seré diferente... no perfecto todavía, por supuesto, pero diferente.’ ¿Es esto ser “de juicio sano”? ¿Deberíamos pensar que lo aterrador de la “tribulación grande” y su guerra del Armagedón de alguna manera obrarán en nosotros alguna transformación correctiva en cuanto a nuestro corazón? Considere la información que sigue.

  • ¿Está usted listo para vivir en el nuevo orden de Dios?
    La Atalaya 1973 | 1 de noviembre
    • ¿Está usted listo para vivir en el nuevo orden de Dios?

      1-3. (a) ¿Qué aterradora experiencia tuvo Israel en el mar Rojo? (b) ¿Hizo cambiar ésta a los israelitas? ¿Cómo lo sabemos?

      PIENSE en el tiempo en que el Israel de la antigüedad efectuó su éxodo de Egipto. Al llegar a la orilla occidental del mar Rojo, los israelitas se hallaban atrapados a medida que las fuerzas de Faraón avanzaban sobre ellos desde la retaguardia. Estallaron en murmuración y queja: ‘Este Moisés, ¿por qué nos ha sacado al desierto para ser degollados con nuestras esposas e hijos?’ Mostraron falta de fe en la dirección de Dios. Sin embargo, Jehová le mandó a Moisés que extendiera su vara sobre el mar, y entonces Dios hizo que se abriera el mar, formando una senda a través de él hasta la orilla oriental. Es posible que unos tres millones de personas hayan estado envueltas, y como hace notar el libro Aid to Bible Understanding (página 546):

      “Puesto que Israel atravesó el mar en una sola noche, difícilmente podría asumirse que las aguas se dividieron en un canal angosto. Más bien, éste debe haber sido de una milla (1,6 kilómetros), o de varias millas, de ancho. Aunque en formación de marcha bastante cerrada, tal grupo, junto con los carruajes que tenían, su equipaje y su ganado vacuno, aun cuando estuvieran en filas bastante compactas, ocuparían una superficie de quizás tres millas cuadradas (7,7 kilómetros cuadrados). . . . Tal columna necesitaría varias horas para entrar en el lecho del mar y atravesarlo.”

      2 ¡Qué tremenda experiencia hubiera sido el efectuar esa marcha a través del mar hasta el otro lado y, una vez allí, volverse y ver regresar las aguas y ahogar a las fuerzas de Faraón como ratas atrapadas! ¡Aterrador, emocionante, de veras! ¿Pero hizo cambiar esto a los israelitas? ¿Fueron personas diferentes en la orilla oriental del mar Rojo de lo que habían sido en la orilla occidental?

      3 Lea el relato y usted verá que en el transcurso de un mes había estallado de nuevo su queja y murmuración... ahora no había suficiente agua. Al murmurar esta vez y en ocasiones subsecuentes no alzaron los rostros hacia el cielo y se quejaron directamente contra Dios. No, se quejaron contra la agencia humana visible que él estaba usando. Continuó su falta de fe.—Éxo. 15:22-24; 16:1, 2.

      4-6. (a) ¿Qué determina si los milagros u otras experiencias aterradoras tienen un efecto duradero sobre uno o no? (b) ¿Cómo ilustra esto Lucas 17:11-19?

      4 Sea que un acto poderoso de Dios tenga solo un efecto momentáneo o realmente cambie a una persona depende de que el corazón de esa persona sea afectado o no. Esto fue cierto en cuanto a los milagros que los profetas de Dios y su propio Hijo ejecutaron. ¿Quién no ha sabido de la lepra, una enfermedad temida que ataca varias partes del cuerpo... los dedos de las manos y de los pies, los oídos, la nariz, los labios? Estos se consumen gradualmente. Suponga que esto le sucediera a usted y tuviera que ver su cuerpo y rostro sufrir lentamente tal desfiguración. Pero, ¿qué hay si alguien lo sanara a usted, restaurara su cuerpo y rostro a la salud de modo que la experiencia llegara a ser como una pesadilla que ya había pasado? ¿Qué sentiría? ¿Qué diría?

      5 En Lucas 17:11-19, leemos en cuanto al encuentro de Jesús con diez leprosos, mientras viajaba de una aldea a otra. Como prescribía la Ley, estos hombres se mantuvieron a cierta distancia, y clamaron: “¡Jesús, Instructor, ten misericordia de nosotros!” Sí tuvo misericordia de ellos, mandándoles que fueran a presentarse a los sacerdotes, según la Ley. En camino todos los diez fueron sanados. ¿Qué hicieron entonces?

      6 Solo uno regresó a Jesús para expresar gracias, y era samaritano. ¿Los otros nueve? Sin duda continuaron su camino regocijándose. Habían recibido lo que querían. Y, ¿qué era eso? Salud física.

      7. ¿Demuestra un fuerte deseo de salud física que estamos preparándonos para vivir en el nuevo orden de Dios?

      7 ¿A quiénes o a quién nos asemejamos nosotros en cuanto a esto? Es natural que esperemos con gusto la salud física que traerá el nuevo orden de Dios. (Rev. 21:3, 4) Pero, después de todo, ¿a cuántas personas conoce usted que no quisieran tener salud perfecta, estar libres de dolores y dolencias, o que no quisieran retener o recobrar vigor juvenil? Obviamente la inmensa mayoría en la Tierra hoy quisiera eso. Por lo tanto, ¿cómo podría el mero deseo de salud física ser un factor distintivo que nos señalara como personas preparadas para vivir en el nuevo orden de Dios? Es preciso que haya algo más que eso. Hay que tener el motivo correcto al desear la salud perfecta que ofrece el nuevo orden de Dios.

      8. (a) ¿Cómo ilustró la actitud correcta el único leproso que regresó a Jesús? (b) Cuando leemos las promesas bíblicas de las bendiciones del Nuevo Orden, ¿qué debemos esforzarnos por hacer siempre?

      8 Es preciso que seamos como el único hombre que se volvió y regresó a Jesús, sin duda sintiendo como que su corazón estaba por salírsele del pecho y quizás con lágrimas rodando por su cara. ¿De qué manera fue diferente de los otros? La diferencia fue que la bondad de Dios por medio de Cristo Jesús llegó a su corazón. En su curación vio la evidencia de qué magnífico Dios es Jehová, y estuvo lleno del deseo de alabarlo. Tuvo la actitud correcta; tenía aprecio espiritual. Nosotros, también, debemos comprender la necesidad, cuando consideramos cada una de las muchas bendiciones que ofrece el Nuevo Orden, de pensar en lo que ellas nos dicen de nuestro Dios. Entonces edificarán en nosotros aprecio aumentado a él y desarrollaremos un fuerte deseo —no solo de salud perfecta y vida sin fin en sí— sino de tener estas bendiciones a fin de poder servir a nuestro magnífico Creador y poder mostrar amor también a nuestro prójimo.

      CAMBIOS DE PERSONALIDAD NO POR MILAGRO DIVINO

      9. (a) ¿Por qué ni siquiera una resurrección de entre los muertos, de por sí, transformará a las personas para la justicia? (b) ¿Cómo muestra Mateo 21:31, 32 por qué la gente de Tiro, Sidón y Sodoma quizás progrese mejor en el nuevo orden de Dios que la gente de las ciudades que Jesús reprendió?

      9 Ni siquiera una resurrección de entre los muertos —de por sí— cambiará a la gente. Sabemos esto debido a lo que Jesús dijo a la gente de ciertas ciudades de Israel: “Les será más soportable a Tiro y a Sidón [y a la tierra de Sodoma] en el Día de Juicio que a ustedes.” (Mat. 11:20-24) ¿Por qué? Porque las personas de estas antiguas ciudades de Tiro, Sidón y Sodoma no habían tenido el beneficio de la predicación, enseñanza y ejecución de las obras poderosas que estos judíos del primer siglo estaban recibiendo por medio del Hijo de Dios. Por eso, Jesús estaba diciendo que cuando los moradores de ciudades como Capernaum, Corazín y Betsaida regresaran en la resurrección durante su reinado de mil años volverían con las mismas personalidades orgullosas, tercas, que estaban manifestando en aquel entonces. Aunque claramente injusta, la gente de Tiro, Sidón y Sodoma no había manifestado esas características y por eso estaría en mejor posición en cuanto a aceptar la verdad e instrucción en los principios justos de Dios.—Compare con Mateo 21:31, 32.

      10. ¿Qué nos dirá el ‘ser de juicio sano’ en cuanto al factor principal de que depende el que consigamos vida eterna en el Nuevo Orden?

      10 Siendo “de juicio sano,” entonces, no confiaremos en que algún acontecimiento poderoso, aun tan grande como la “tribulación grande” que está adelante, obre alguna transformación mágica en nosotros que asegure nuestro feliz éxito en el nuevo orden de Dios. Y comprenderemos que, en resumidas cuentas, el que consigamos o no la vida eterna no va a depender simplemente de asociarnos con cierto pueblo y organización. En resumidas cuentas va a depender de lo que somos como personas, de cuáles son nuestras cualidades personales.

      11, 12. (a) Ilustre cómo las serias debilidades espirituales de ahora, si no se corrigen, podrían estorbar el progreso a la perfección de parte de los sobrevivientes que entrarán en el nuevo orden de Dios. (b) ¿Quién tendrá la culpa si uno no vive en conformidad con el contenido de los “rollos” que se abran entonces?

      11 Por eso, con toda seriedad y con plena posesión de nuestros sentidos, tenemos que ser honrados en la justipreciación de nosotros mismos, no minimizando los hábitos o actitudes incorrectos que revelan seria debilidad espiritual ni disculpándonos a causa de ellos. Un hombre, por ejemplo, pudiera tener lo que algunos llaman ‘ojos que vagan lascivamente.’ Puede que no sea fornicador ni adúltero en el sentido literal, pero su interés en el sexo opuesto es excesivo; sus ojos vagan lascivamente de ésta a aquélla. Si tal hombre de veras pasa por la aterradora experiencia de sobrevivir a la “tribulación grande,” quizás sus ojos miren ‘directamente adelante’ por un tiempo. Pero si realmente no ha fijado su corazón contra las inclinaciones lascivas, es posible que pronto sus ojos empiecen de nuevo a vagar lascivamente, sí, aunque esté en el Nuevo Orden. Lo mismo aplicaría a la persona que depende en demasía de las bebidas alcohólicas. Aunque no es borracho, si su interés en ellas es inmoderado y no corrige el asunto, puede causarle problemas más tarde como posible sobreviviente que entrará en el Nuevo Orden. El que no haya una industria de bebidas alcohólicas no impediría esto, así como no impidió que Noé bebiera en exceso en una ocasión después del diluvio global.—Gén. 9:20, 21.

      12 Así, también, sucede con otros peligrosos hábitos o rasgos de la personalidad. Tendencias hacia la ambición egoísta, la jactancia, la envidia, el chismear, la pereza crasa o la falta de sumisión a la jefatura... hay numerosas cosas que podrían crear problemas para nosotros si no aprendemos a controlarlas. Podrían estorbar u obstruir el que progresáramos a la perfección durante el período de mil años en el cual Cristo Jesús y sus coherederos celestiales servirán de sacerdotes para la curación de los súbditos terrestres del Reino. (Gál. 5:19-21; Rev. 5:10; 22:1, 2) Si alguno de nosotros dejara de satisfacer los requisitos para la vida por no vivir en armonía con el contenido de los “rollos” de Dios en ese entonces, no tendrá a nadie a quien culpar —ni al presente mundo inicuo, ni a Satanás y sus demonios— solo a sí mismo.

      VIGILANCIA EN CUANTO A ORACIÓN

      13. ¿Qué está envuelto en ser “vigilantes en cuanto a oraciones”?

      13 Fácilmente podemos ver por qué, después de exhortar a ‘ser de juicio sano’ en vista de la proximidad del “fin de todas las cosas,” entonces el apóstol Pedro instó: “Sean vigilantes en cuanto a oraciones.” (1 Ped. 4:7) Aunque las oraciones a horas acostumbradas, como a las horas de comer, o al levantarse o al acostarse, ciertamente son apropiadas, ¿es esto ser “vigilantes en cuanto a oraciones”? Más bien, queremos estar ‘buscando el rostro de Jehová’ a través del día, orando no solo con nuestra voz o labios sino con nuestro corazón. (Sal. 27:8, 9) Queremos ser sensitivos a nuestra necesidad de su ayuda y dirigirnos a él por guía y fuerzas siempre que percibamos cualquier debilidad en nuestra fe o cualquier tendencia hacia el deslizarnos de los principios justos de Jehová.

      14, 15. (a) ¿Qué relación merece la mayor vigilancia en cuanto a mantenerla en una condición excelente? (b) ¿Qué clase de oración demuestra que estamos listos para vivir en el Nuevo Orden?

      14 ¿Estamos alerta en nuestros tratos con otros, vigilantes para no ofender, para evitar peligro o para ver que nuestros tratos comerciales tengan buen éxito? ¡Cuanto mayor debe ser nuestra vigilancia y cuidado en cuanto a mantener una relación excelente con Jehová Dios y aprovecharnos de su plena ayuda y dirección! Es urgente la necesidad que tenemos actualmente de la oración. No cesará sencillamente al entrar en el nuevo orden que se aproxima.

      15 Cuando hablamos con Dios podemos mostrar que no nos sentimos confiados, que no somos rutinarios sino, más bien, que estamos abriéndole nuestro corazón, contándole nuestros problemas, nuestros esfuerzos por mejorar y quizás nuestra desilusión de nosotros mismos, buscando su ayuda y bondad inmerecida, pidiéndole que nos muestre compasión. El ser vigilantes y sensibles a la necesidad de la oración ahora ciertamente efectuará mucho para equiparnos para la vida entonces. La oración sincera es evidencia de fe profunda.

      RESPETO A LA JEFATURA TEOCRÁTICA

      16, 17. (a) ¿Cómo sabemos que el principio de jefatura estará en operación en el nuevo orden de Dios entre los sobrevivientes terrestres? (b) ¿Qué preguntas hace surgir esto en cuanto a estar listos para vivir entonces?

      16 Tal fe contribuirá mucho a nuestro buen éxito en el nuevo orden de Dios. Entre las cosas que sí sabemos acerca de la vida entonces es que funcionará jefatura. Como reconoció el rey David: “Tuyo es el reino, oh Jehová, El que también te alzas como cabeza sobre todo.” (1 Cró. 29:11) En el ejercicio legítimo de su soberanía, Jehová ha hecho de la jefatura uno de los principios básicos del arreglo divino. Sea jefatura ejercida por individuos, como por el Rey Jesucristo o por cabezas de familia individuales, o jefatura ejercida por un cuerpo de personas encargadas de dirigir o tomar decisiones y rendir fallos bajo el Rey nombrado de Dios, ¿respetaremos dicha jefatura en el Nuevo Orden? ¿La respetamos ahora?

      17 Durante el reinado de mil años Cristo Jesús llevará a cabo plenamente su papel como “caudillo y comandante” para todos sus súbditos. (Isa. 55:4) Su gobierno reemplazará a los de “César” y será un gobierno activo cuya dirección de los asuntos de la Tierra se sentirá de muchas maneras. ¿Responderemos de buena gana a los mandatos del Rey? El progreso a la perfección y aun la vida misma dependerán de esto.

      18. ¿Qué situaciones contrastantes surgieron en las llanuras de Sinar y en la Jerusalén restaurada que ilustran el efecto de la jefatura sobre las circunstancias del modo de vivir de las personas?

      18 Después del diluvio global del día de Noé, Jehová Dios mandó a los sobrevivientes que se esparcieran y llenaran la Tierra. Cuando muchos, congregados en las llanuras de Sinar, decidieron lo contrario y resolvieron concentrarse en una ciudad grande, Jehová hizo cumplir su voluntad soberana, confundiendo el lenguaje de ellos y así ‘los esparció de allí sobre toda la superficie de la tierra.’ (Gén. 9:1; 11:1-9) En dirección contraria, muchos siglos después cuando los judíos desterrados que habían regresado reedificaron Jerusalén, los registros de Nehemías muestran que la ciudad estaba subpoblada, y por eso se echaron suertes y evidentemente un cabeza de familia de cada diez fue seleccionado para mudarse a la ciudad con su familia. Evidentemente todavía otros se ofrecieron voluntariamente a hacerlo y la gente los bendijo a causa de esto. Quizás no a todos los seleccionados les haya agradado en particular la idea de mudarse a Jerusalén. Pero su respuesta evidenciaba fe e interés en ver que la “ciudad santa” funcionara eficazmente.—Neh. 7:4; 11:1, 2.

      19, 20. (a) ¿Qué preguntas hace surgir esto para nosotros al contemplar el vivir en el nuevo orden de Dios? (b) ¿Cómo podemos mostrarnos preparados ahora en cuanto a tales aspectos del vivir en el Nuevo Orden?

      19 ¿Qué hay, pues, si en el nuevo orden de Dios a usted se le mandara que se mudara a otra zona, quizás hasta a un lugar lejano, y hacer de ése su hogar? ¿Respondería usted? ¿Qué hay si se le pidiera que se mudara a una zona más poblada, a una comunidad donde se estuviera llevando a cabo algún trabajo especial del gobierno del Reino que requiriera esfuerzo y cooperación de grupo? O, ¿qué hay si se le diera a usted la oportunidad de ofrecerse voluntariamente a mudarse así? ¿Qué haría? ¿Dejaría usted que la preferencia personal lo gobernara, y le parecería que su felicidad estaba enlazada inseparablemente a alguna zona geográfica o marco de su propia selección?

      20 A cierto grado, podemos mostrar ahora nuestra disposición correcta por nuestro gusto en responder a oportunidades o sugerencias de por lo menos una naturaleza algo similar. Aun en cosas tan pequeñas como peticiones de cooperar en llenar ciertos asientos en un lugar de reunión o en una asamblea, ¿respondemos de buena gana? En la obra de predicar las buenas nuevas, ¿estamos renuentes a servir en ciertos territorios locales? Si las circunstancias y las obligaciones o deberes personales nos lo permiten, ¿nos ofrecemos voluntariamente para servir donde la necesidad es más grande aunque esto signifique el ‘desarraigarnos,’ por decirlo así, y quizás sacrificar ciertas comodidades y gustos personales? ¿Cuánta fe e interés sincero mostramos para promover los intereses de la “Nueva Jerusalén,” el gobierno del reino de Dios por Cristo Jesús?

      RESPETUOSOS A PESAR DE IMPERFECCIONES

      21. ¿Cómo requiere fe genuina de nuestra parte el uso que hace Dios de representantes humanos?

      21 Junto con esto tenemos que reconocer la importancia de la fe en la habilidad de Jehová Dios y su Hijo para usar representantes humanos al gobernar. Uno podría responder con presteza a instrucciones o asignaciones pronunciadas por un ángel o transmitidas por una poderosa, hasta atronadora, voz del cielo. Pero ¿qué hay si una asignación viene por medio de representantes humanos del gobierno celestial? Esto requiere más fe, ¿no es verdad?

      22, 23. (a) ¿A qué grado afecta la imperfección humana el servicio de estos representantes terrestres, y cómo pudiera esto afectarnos? (b) ¿Desaparecerán inmediatamente después de la “tribulación grande” las imperfecciones, las equivocaciones y el no usar buen juicio? (c) ¿Qué preguntas hace surgir esto?

      22 Hoy, cuerpos de ancianos funcionan dentro de las congregaciones cristianas locales y un cuerpo gobernante de ancianos sirve a la congregación en toda la Tierra. Los que ahora forman estos cuerpos todos son hombres imperfectos; pero por la ayuda del espíritu santo de Dios pueden servir bien Su voluntad y propósito. ¿Se nos hace difícil respetar a estos individuos o cooperar con ellos porque nos damos cuenta de que no son perfectos? ¿Qué hay del período inicial del Nuevo Orden?

      23 Aunque desde su principio el nuevo orden de Dios debería causar gran gozo, no obstante, la imperfección no desaparecerá el primer día, la primera semana, el primer mes, el primer año ni aun la primera década después de la “tribulación grande” y el abismar a Satanás. Si ése fuese el caso, ¿por qué apartar mil años para la restauración completa de la perfección y la plena reconciliación de la humanidad con Dios? ¿Qué hay si alguna imperfección de parte de personas encargadas de responsabilidad como representantes del gobierno del Reino afectara a uno de nosotros adversamente, quizás resultando en algún acto o arreglo que no nos parece que es exactamente como debiera ser, causándonos cierto desagrado o disgusto? ¿Nos impacientaremos o nos excitaremos si los asuntos no se corrigen inmediatamente? ¿Seremos tentados a ‘obrar por nuestra propia cuenta’ en un esfuerzo por rectificar lo que nos parece que necesita corrección? ¿Cómo reaccionamos ahora a circunstancias similares a medida que nos preparamos para vivir en el nuevo orden de Dios?

      24, 25. (a) ¿Por qué murió Uza a manos de Dios? (b) ¿Qué motivo pudo haber tenido, y qué actitud manifestó?

      24 Tenemos un ejemplo que nos sirve de guía en la ocasión del esfuerzo de David por traer el arca del pacto a Jerusalén. En vez de hacer que el arca fuera transportada en pértigas sobre los hombros de los levitas coatitas (según la Ley), fue colocada en un carruaje. En cierto punto las reses vacunas que halaban el carruaje “casi causaron un vuelco,” y un hombre llamado Uza alargó la mano y agarró el arca. ¿Qué resultó? Jehová Dios “lo derribó . . . por el acto irreverente, de modo que murió allí cerca del arca.” (2 Sam. 6:1-7) ¿Qué pasó?

      25 La ley de Dios prohibía específicamente el que cualquiera, a excepción de los representantes sacerdotales autorizados, tocara el arca sagrada, so pena de muerte. Se conocía públicamente la ley, y como Uza sin duda era levita (pero no sacerdote), debería haber sabido mejor que otros el mandato explícito de Dios. Optó por violar ese mandato, quizás asumiendo que las circunstancias lo justificaban. Quizás le haya parecido que si él no actuaba para afirmar el arca ciertamente se caería. Si pensó así, le faltó fe en el poder de Dios de atender los asuntos de tal manera que ninguno de sus siervos tenga que desobedecer sus mandatos explícitos. Por otra parte, quizás haya pensado que tenía oportunidad de hacerse ‘héroe,’ consiguiendo fama duradera como ‘Uza, el hombre que impidió que se cayera el arca sagrada.’ De cualquier manera mostró falta de respeto.

      26. ¿Qué lección vital conseguimos de esto que protegerá los intereses de nuestra vida en el Nuevo Orden?

      26 Las acciones y los métodos no bíblicos, la presunción y la usurpación jamás están justificados. Con tantas causas para regocijarse en el nuevo orden de Dios, cualesquier condiciones iniciales que entonces reflejen imperfección humana no deben hacer que nos acaloremos ni que hablemos u obremos imprudentemente. Es preciso que ‘mantengamos nuestro juicio en todas las cosas,’ comprendiendo que el principio o regla, “mejor es el fin de un asunto posteriormente que su principio,” aplicará aun en el reinado de mil años del Hijo de Dios, y “mejor es el que es paciente que el que es altivo de espíritu . . . porque el ofenderse es lo que descansa en el seno de los estúpidos.”—2 Tim. 4:5; Ecl. 7:8, 9.

      27, 28. Cuando parece que algún asunto necesita corrección o rectificación, ¿cuál es la manera correcta de proceder para asegurarse del favor y bendición de Dios?

      27 Si no estamos autorizados para obrar en cierto asunto, podemos informar a los que sí lo están. Después de eso en vez de tratar impacientemente nosotros mismos de ‘afirmar el arca,’ podemos mostrar confianza en la dirección de Dios de los asuntos, confiados en que con el tiempo él hará que solo resulte bien. Como aconseja Salmo 4:4: “Agítense, pero no pequen. Digan lo que quieran en su corazón, sobre su cama, y callen.”—Compare con Salmo 63:6-8.

      28 Por lo tanto, podemos prepararnos ahora para el nuevo orden de Dios mostrando respeto a los arreglos que su Hijo pone en vigor en la congregación cristiana, teniendo la certeza de que Jehová Dios y Cristo Jesús jamás están mal informados o sin conocimiento de las cosas que necesitan ajuste o corrección.

      [Ilustración de la página 654]

      ¿Significa que está listo para vivir en el nuevo orden de Dios el que uno tenga el deseo de disfrutar de salud física? Diez leprosos procuraron que Jesús los sanara, pero solo uno tuvo un corazón que lo impelió a glorificar a Dios. ¿Cómo está el corazón de usted?

  • Ante todo, tengan amor intenso los unos para los otros
    La Atalaya 1973 | 1 de noviembre
    • Ante todo, tengan amor intenso los unos para los otros

      1, 2. Según el apóstol inspirado, ¿qué, ante todo, debemos cultivar si queremos vivir en el nuevo orden de Dios?

      EN VISTA del cercano “fin de todas las cosas,” ¿cuál es la cosa sobresaliente que deben cultivar los que desean la vida en el futuro Nuevo Orden? En 1 Pedro 4:8-10, escribe el apóstol inspirado:

      2 “Ante todo, tengan amor intenso los unos para los otros, porque el amor cubre una multitud de pecados. Sean hospitalarios los unos para con los otros sin rezongar. En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al servirse los unos a los otros como excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras.”

      3, 4. En vista de lo que sabemos que habrá definitivamente en el nuevo orden de Dios, debemos hacer ¿de qué cosa nuestro verdadero interés ahora?

      3 No hay manera de que sepamos qué papel, si acaso, desempeñarán en la Tierra durante el nuevo orden de Dios cosas como automóviles, aparatos de televisión, aparatos estereofónicos o cosas similares. Pero hay algo que sí sabemos que va a haber en ese nuevo orden, algo presente con lo que tratamos todos los días. ¿Qué es eso?

      4 Gente; gente que, como usted mismo, ama lo que es correcto. Por eso, en vez de edificar nuestros intereses y vidas en torno de artículos y artefactos fabricados de este orden actual, cosas que no sabemos con certeza que continuarán, ¡cuánto mejor y más prudente hacer de la gente nuestro verdadero interés y aprender a hallar el gozo genuino en hacer cosas a favor de otros! La vida en el venidero nuevo orden ciertamente estará llena hasta el borde de esta ayuda amorosa y de “servirse los unos a los otros.” Si podemos hallar verdadero placer y verdadera satisfacción en hacer eso ahora —gustándonos mucho el servir a otros, el ser útiles, el trabajar para sus mejores intereses, el ser considerados y hospitalarios— hemos progresado mucho hacia el feliz éxito en el vivir del Nuevo Orden.

      5. (a) ¿Qué efectuará un “amor intenso,” y por qué es vital esto? (b) Sírvase comentar sobre los textos al fin de este párrafo.

      5 Para hacer eso nuestro amor tiene que ser, como dice el apóstol, “intenso,” o, como otras traducciones lo expresan, “inagotable,” “con plena fuerza,” “jamás insincero.” (Versión Latinoamericana; New English Bible; Jerusalem Bible) Literalmente, la palabra griega original que se vierte “intenso” significa “desplegado.” Nuestro amor, por lo tanto, no puede ser indiferente, restringido a hacer solo lo que nos parece que tenemos que hacer, o lo que nos parece que no nos causará incomodidad, tampoco será limitado a unos cuantos favorecidos. Tiene que estirarse, extenderse tanto en cuanto a incluir a tantos como sea posible como también en cuanto a esforzarse con intensidad. Solo esa clase de amor hará posible que mantengamos unidad vital con nuestros hermanos bajo una extensa variedad de circunstancias que pudieran hacer tirantes nuestras relaciones y resultar en que nos hiciéramos criticones o nos inclináramos a poner de manifiesto las imperfecciones y faltas de nuestros hermanos haciendo de ellas puntos de discusión. Pero un “amor intenso” se ‘desplegará’ para abarcar cualesquiera de tales circunstancias.—Compare con Proverbios 10:12; Colosenses 3:12-14.

      6, 7. (a) ¿Qué preguntas pudiéramos hacernos para determinar si nos falta intensidad en nuestro amor? (b) ¿Cómo es que tal amor ‘cubre una multitud de pecados’? ¿Por qué será necesario esto aun después de la “tribulación grande”?

      6 ¿Es nuestro amor así ahora? En las pocas horas a la semana que por lo general pasamos con nuestros hermanos, ¿cubre nuestro amor las faltas de otros? O, ¿tendemos a dejar que estas faltas nos inquietan, nos provoquen? A algunos les es difícil llevarse bien con otros, y por eso permiten que se desarrollen desacuerdos, que se produzca frialdad. Pero si a una persona le es difícil llevarse bien con sus hermanos ahora durante unas cuantas horas a la semana, ¿qué hay, pues, si sobrevive para entrar en el nuevo orden de Dios y se halla rodeada completamente de sus hermanos, cada día y durante todo el día?

      7 Un “amor intenso” no permitirá que uno piense detenidamente en ofensas, abrigando recuerdos de ellas al grado de sentir encono hacia individuos, persistiendo en tales pensamientos desagradables y rehusando dejar que se disipen. Al echarlos de la mente y del corazón o al dar pasos positivos para mejorar las relaciones, tal amor “cubre una multitud de pecados.” Nos impele a extender nuestra ayuda a los que tienden a debilitarse o deslizarse al error, y no simplemente ser criticones o chismear acerca de ellos. (Sant. 5:20) Puesto que los pecados no desaparecerán de la Tierra de la noche a la mañana en el nuevo orden venidero, necesitamos este amor intenso para asegurarnos de mantener una relación excelente con Jehová Dios, que “es amor,” y con su Hijo, cuyo propio amor intenso le impelió a dar su mismísima vida a favor de los pecadores.—Rom. 5:6-8.

      8. (a) ¿A qué derrotero nos insta además Pedro como una expresión de amor intenso? (b) ¿Cómo nos ayudará esto al prepararnos para el Nuevo Orden?

      8 También podemos mostrar este amor mediante nuestra hospitalidad. “Sean mutuamente hospitalarios”; “recíbanse unos a otros en sus casas sin quejarse.” (1 Ped. 4:9, New American Bible; Versión Popular) Sí, cualquier cosa que hagamos en armonía con esto debe ser libre de queja, porque Dios solo ama al “dador alegre.” (2 Cor. 9:7) Es posible que se tenga que efectuar mucho compartir de cosas materiales en el período inicial después que pase la “tribulación grande.” Cualquier inclinación hacia el ser poco generosos o mezquinos podría crearnos graves dificultades entonces. Si, por otra parte, mostramos un espíritu como el de los cristianos de Jerusalén que abrieron sus casas para recibir y alimentar a sus nuevos hermanos de entre los tres mil discípulos recién bautizados, entonces nos estamos alistando para vivir en el Nuevo Orden. (Hech. 2:46; 4:32-35) Como insta el apóstol Pablo: “Compartan con los santos según sus necesidades. Sigan la senda de la hospitalidad.”—Rom. 12:13.

      EXCELENTES MAYORDOMOS DE DONES DE DIOS

      9. ¿De qué manera ha ‘recibido un don’ cada uno de la congregación cristiana, y qué debe hacer con él?

      9 “En proporción al don que cada uno haya recibido, úsenlo al servirse los unos a los otros [pónganse al servicio de otros, Je].” Así obramos “como excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras.” (1 Ped. 4:10) Y, de veras, ninguno de nosotros se halla sin algo que dar al servir a nuestros hermanos. Todo el que entra en el arreglo teocrático de Dios recibe un don. Cada uno tiene cosas que hacer, asignaciones de servicio o responsabilidades. No todos somos, por decirlo así, fundidos con un molde idéntico, teniendo personalidades, habilidades, talentos, fuerzas, conocimiento o posesiones idénticos. Sin embargo, cualquier cosa que tengamos, en resumidas cuentas, se lo debemos a Dios. (Rom. 12:6-8; 1 Cor. 4:7) Apreciando esto, no dejaremos que nuestro “don” permanezca ocioso, como si estuviera guardado en un cofre de tesoro. (Mat. 25:14-30) Tenemos que usarlo, utilizarlo, en el servicio de otros.

      10. ¿Qué significa el que seamos “mayordomos de la bondad inmerecida de Dios”?

      10 El hecho de que se nos llama “mayordomos de la bondad inmerecida de Dios” muestra que el “don” es un depósito. Al aceptar dicho don el recipiente llega a estar bajo responsabilidad al Dador, Jehová Dios. Un “mayordomo” o administrador doméstico en tiempos bíblicos era nombrado por el dueño de la casa y tenía que tratar con los diversos miembros de la familia. Habría de tratarlos de tal modo que les fuera de ayuda. El mayordomo estimulaba a los consiervos a llevar a cabo sus propios deberes con fidelidad. ¿Nos ha favorecido Dios con privilegios, oportunidades, asignaciones o responsabilidades? Esta es una bondad inmerecida de su parte y queremos usar esa bondad inmerecida para efectuar su voluntad, para cumplir el propósito por el cual se nos mostró tal bondad o favor.—Compare con Lucas 12:42-44.

      11. ¿Cómo es que la bondad inmerecida de Dios, de la que podemos ser mayordomos, se ‘expresa de diversas maneras,’ y es cierto esto también de los ancianos?

      11 En su sabiduría Dios ha suministrado “variedades de ministerios” guiados por el mismo espíritu, y “variedades de operaciones, y sin embargo es el mismo Dios que ejecuta todas las operaciones en todos.” Por su espíritu, Dios puede ayudar a cada uno de nosotros a usar o desarrollar lo que tenemos, “con un propósito provechoso.” (1 Cor. 12:4-7) Aunque todos ellos han de llenar requisitos básicos, los ancianos, como ‘mayordomos’ de Dios (Tito 1:7), también tienen sus fuerzas y habilidades particulares. Quizás algunos sobresalgan en enseñar desde la plataforma, mientras que otros quizás sean más fuertes al enseñar sobre una base más informal, quizás al ayudar a miembros de congregación o familias con problemas personales por medio de visitas en sus hogares o en conversación privada.—Hech. 20:20.

      12. (a) ¿Cómo se ve variedad similar entre todos los miembros de la congregación al usar sus ‘dones’ al servir? (b) Sírvase comentar sobre Romanos 12:6-8.

      12 De modo similar, los miembros individuales de la congregación tienen dones variantes que pueden usar al servirse los unos a los otros. Todos pueden participar en las reuniones, y la variedad de expresiones y habilidades tiene un efecto enriquecedor. Al participar en predicar las buenas nuevas del Reino a la gente en sus hogares, algunos podrán poner un excelente ejemplo al colocar literatura bíblica o al iniciar conversaciones y al refutar objeciones. Otros posiblemente tengan especialmente buen éxito al comenzar y conducir estudios bíblicos de casa. Quizás algunos tengan excelente habilidad para hacer que los recién llegados a los lugares de reunión se sientan inmediatamente bienvenidos y ‘en su elemento.’ O quizás uno tenga habilidad extraordinaria para tratar a los jóvenes o los niños, que también necesitan sentir que importan y merecen atención. Otro quizás efectúe un excelente servicio cuando se trata de visitar a miembros de la congregación que están enfermos o que posiblemente están pasando por abatimiento, pudiendo alegrarlos y animarlos en su fe en la benignidad de Jehová. Como Pablo escribió a los cristianos de Roma en cuanto a los dones que Dios les dio: “Entonces, puesto que tenemos dones que difieren según la bondad inmerecida que se nos dio, sea profecía, profeticemos según la proporción de fe que se nos dio; o un ministerio, ocupémonos en este ministerio; o el que enseña, ocúpese en su enseñanza; o el que exhorta, ocúpese en su exhortación; el que distribuye, hágalo con liberalidad; el que preside, hágalo con verdadera solicitud; el que muestra misericordia, hágalo con alegría.”—Rom. 12:6-8.

      13. En vez de llevar a autosatisfacción, ¿cómo debería estimularnos la variedad de expresión de la bondad inmerecida de Dios, y qué efecto debe tener esto sobre la congregación?

      13 Por eso, aunque todos podemos esforzarnos continuamente por mejorar y también por aprender de los excelentes ejemplos de otros, nunca tendremos motivo para sentirnos desanimados porque no podemos efectuar exactamente lo que otro puede. Todos podemos recibir de “la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras” y dar de lo que hemos recibido. Si cada uno contribuye lo que puede dar, sea hombre o mujer, la congregación se hace espiritualmente rica por la extensa variedad de dones y es semejante a un cuerpo sano en que todos sus muchos miembros trabajan armoniosamente para el bien de todo el cuerpo. (Compare con Romanos 12:3-5.) Tal dar altruista a favor de otros no cesará cuando Jehová Dios pase a su pueblo a través de la “tribulación grande” para que entre en su nuevo orden.

      HABLANDO Y SIRVIENDO PARA GLORIA DE DIOS

      14. ¿Qué “don” debemos apreciar especialmente para ‘servirnos los unos a los otros,’ y qué debe impelernos a hacer esto?

      14 Ciertamente todos nosotros debemos querer llenar nuestra mente y corazón de las verdades de la Palabra inspirada de Dios, siendo diligentes en nuestro estudio de ella. Entonces siempre tendremos algo que verdaderamente valga la pena para contribuir de índole espiritual, algo muy superior a cualesquier dones de joyas preciosas u oro y plata, debido a las magníficas bendiciones que resulten. (Pro. 2:1-6; 3:13-18) Especialmente los que tienen el privilegio de servir de ancianos en las congregaciones deben desear hacer esto. Deben estar interesados en particular en llevar a cabo el consejo adicional del apóstol Pedro:

      15, 16. ¿Cómo podemos ‘hablar como si fueran las sagradas declaraciones formales de Dios’ en armonía con el consejo de Pedro y Pablo?

      15 “Si alguno habla, que hable como si fueran las sagradas declaraciones formales de Dios; si alguno sirve, que sirva como dependiendo de la fuerza que Dios suministra; para que en todas las cosas Dios sea glorificado por medio de Jesucristo. De él son la gloria y la potencia para siempre jamás. Amén.”—1 Ped. 4:11.

      16 Ahora, a medida que se acerca tanto el fin del viejo orden, hay verdadera necesidad de hablar con convicción y con fe. ¿Así es como habla usted cuando tiene el privilegio de servir delante de la congregación o al hablar con sus hermanos de asuntos espirituales? ¿Es usted como Pablo, que “no [vino] con extravagancia de habla o de sabiduría [humana],” sino cuya habla y predicación fueron “con una demostración de espíritu y poder [de Dios],” para que la fe de sus oyentes “no estuviese en la sabiduría de los hombres, sino en el poder de Dios”? (1 Cor. 2:1, 4, 5) Lo que nos capacitará a hacer esto no es la destreza personal o una agradable ‘manera de expresarnos,’ sino conocimiento sólido de la Palabra de Dios y sus principios y plena conciencia de la importancia de representar fielmente esa Palabra y adherirnos reverentemente a ella.

      17. ¿Por qué deben tratar en particular los ancianos de aplicar este consejo a medida que nos acercamos al Nuevo Orden?

      17 En los días adelante entre ahora y la “tribulación grande” quizás el pueblo de Dios se enfrente a circunstancias, peligros y problemas muy serios. Los que tienen el privilegio de ‘pastorear el rebaño de Dios’ ciertamente querrán poder mostrar que su consejo, guía y juicio están fundados firmemente sobre la infalible Palabra de Dios. Como Jesús, quieren poder decir: “Está escrito.” (Mat. 21:13) Entonces sus hermanos sabrán que su confianza y seguridad están bien cifradas... no en humanos sino en Dios, que, por medio de su Hijo y por su espíritu, está usando a estos hombres a favor de sus siervos. Vidas están envueltas, y la falta de diligencia o interés en este respecto jamás podría merecer la aprobación del Gran Pastor, Jehová Dios, y su Pastor Excelente, Cristo Jesús. Y cualquier servicio que se les pida a los ancianos cristianos que lleven a cabo en el futuro en el nuevo orden de justicia, el equiparse y entrenarse así ahora ciertamente les será de provecho entonces.—Juan 10:11; Hech. 20:28-30; 1 Ped. 2:25; 5:1-4.

      18. ¿Cómo podemos todos nosotros seguir el buen ejemplo de los ancianos en nuestra habla, y de qué queremos guardarnos?

      18 Los ancianos, por supuesto, han de ser “ejemplos del rebaño,” y por eso lo que aplica a ellos aplica a todos nosotros. (1 Ped. 5:3) Si realmente creemos en las promesas del nuevo orden de Dios y la proximidad de éste, mostraremos esto en nuestra habla. Mostraremos que estamos “teniendo muy presente la presencia del día de Jehová.” (2 Ped. 3:12) Pero el hablar puede ser simples palabras, y no queremos fingir “amor intenso,” amor solo ‘de palabra ni con la lengua, sino mostrarlo en hecho y verdad.’ (1 Juan 3:18) Por eso el consejo inspirado del apóstol agrega:

      19. (a) ¿Por qué requiere muchas fuerzas el servir dentro de la congregación? (b) ¿Por qué pueden los que están sirviendo así ser estimulados a seguir trabajando duro y esforzándose?

      19 “Si alguno sirve, que sirva como dependiendo de la fuerza que Dios suministra.” (1 Ped. 4:11) Para hablar y enseñar imitando a Jesús, Pedro, Pablo, Juan y otros pastores fieles, los ancianos de las congregaciones tienen que trabajar duro, y los que lo hacen han de ser “tenidos por dignos de doble honra” y recibir “consideración más que extraordinaria en amor por causa de su trabajo.” (1 Tim. 5:17; 1 Tes. 5:12, 13) Sus labores a favor de la congregación, ‘amonestando a los desordenados, hablando confortadoramente a las almas abatidas, dando su apoyo a los débiles, siendo sufridos para con todos,’ pueden exigir demasiado de sus fuerzas. (1 Tes. 5:14) Quizás les parezca que, como Pablo, están siendo ‘derramados como libación sobre el sacrificio y servicio público a los cuales los ha conducido la fe’ a sus hermanos. Pero las bendiciones que esto da por resultado pueden hacer que ‘se alegren y se regocijen,’ ya que su ejemplo de trabajo duro estimula a sus hermanos a servicio de todo corazón a Dios.—Fili. 2:17, 18; Heb. 13:7.

      20. ¿Por qué les causó tan grande impacto a los ancianos la exhortación del apóstol Pablo acerca de este mismo punto, y qué aprendemos de ese consejo?

      20 Los “hombres de mayor edad de la congregación” de Éfeso bien sabían el proceder que había seguido entre ellos el apóstol Pablo de ‘servir como esclavo al Señor con la mayor humildad de mente y con lágrimas y con pruebas.’ De modo que sus palabras deben haberles causado gran impacto cuando exhortó: “Manténganse despiertos, y recuerden que por tres años, noche y día, no cesé de amonestar a cada uno con lágrimas. . . . No he codiciado la plata, ni el oro, ni la vestidura de nadie. Ustedes mismos saben que estas manos han atendido a las necesidades mías y a las de los que andan conmigo. En todas las cosas les he exhibido que por medio de laborar así tienen que prestar ayuda a los que son débiles, y tienen que tener presentes las palabras del Señor Jesús, cuando él mismo dijo: ‘Hay más felicidad en dar que la que hay en recibir.’”—Hech. 20:17-20, 31-35.

      21. ¿Cómo podemos todos ‘servir como dependiendo de la fuerza que Dios suministra,’ y con qué confianza?

      21 En su misericordia Dios nos ha dado a todos el privilegio de servir, de servir como “excelentes mayordomos de la bondad inmerecida de Dios expresada de diversas maneras.” Si confiamos con fe en “la fuerza que Dios suministra,” no ‘desistiremos de hacer lo que es excelente, porque al debido tiempo segaremos si no nos rendimos.’ (1 Ped. 4:10, 11; Gál. 6:9) La certeza de su prometido nuevo orden debe impulsarnos hacia adelante, y su proximidad debe infundir mayor determinación en nosotros. Con el apóstol, podemos decir: “Por lo tanto no nos rendimos, mas aunque el hombre que somos exteriormente se va desgastando, ciertamente el hombre que somos interiormente va renovándose de día en día.” Nada que Dios nos ha dado que hacer es más de lo que podemos hacer si ‘servimos como dependiendo de la fuerza que Dios suministra.’ Él nos concede “poder que es más allá de lo normal” a fin de que ‘para todas las cosas tengamos la fuerza en virtud de aquel que nos imparte poder.’—2 Cor. 4:7, 16; Fili. 4:13.

      22, 23. ¿Por qué nunca debemos desanimarnos o debilitarnos en nuestro servir sino, más bien, esforzarnos por hacer todavía más?

      22 Quizás lo que estemos efectuando parezca insignificante a nuestros ojos y no nos coloque en una posición prominente. Sin embargo Jehová jamás deja de apreciar lo que hacemos; tampoco es “injusto para olvidar la obra de ustedes y el amor que mostraron para con su nombre, en que han servido a los santos y continúan sirviendo.” Estando tan cerca el tiempo anhelado de su nuevo orden, éste es el tiempo de todos los tiempos para continuar ‘mostrando la misma diligencia a fin de tener la plena seguridad de la esperanza hasta el fin.’—Heb. 6:10, 11.

      23 Nos aguardan magníficas bendiciones si hacemos esto. Y así estaremos equipados para participar cabal y felizmente y con buen éxito en esos espléndidos tiempos en el nuevo orden de Dios porque hemos concentrado nuestra atención en los asuntos que son verdaderamente vitales ahora.

      24. A fin de que “en todas las cosas Dios sea glorificado por medio de Jesucristo,” ¿qué tenemos que hacer tanto ahora como en el nuevo orden venidero?

      24 Sea lo que hagamos, y en todo lo que hagamos —en nuestras ocupaciones y asuntos cotidianos y vida de familia, en nuestra obra de servir la palabra de vida a los del mundo de la humanidad y al servirnos los unos a los otros en congregación cristiana— ‘hagamos todas las cosas para la gloria de Dios,’ demostrando que somos verdaderos discípulos de su Hijo amado, Jesucristo. (1 Cor. 10:31) Entonces nosotros, todos juntos, podemos servir de joya de alabanza al nombre de Jehová en toda la Tierra, como un pueblo preparado para vivir en su nuevo orden. Porque “de él son la gloria y la potencia para siempre jamás. Amén.”—1 Ped. 4:11.

  • “El camino de la fidelidad he escogido”
    La Atalaya 1973 | 1 de noviembre
    • “El camino de la fidelidad he escogido”

      Según lo relató Paul Wrobel

      EN AGOSTO de 1914 el mundo fue sacudido por la noticia de movilizarse para la guerra. Vivíamos en la frontera alemana, en la provincia de Prusia Oriental. Nosotros, seis hijos, habíamos disfrutado de tiempos pacíficos con nuestros padres, pero cuando mi hermano mayor fue llamado a la guerra, mi madre lloró amargamente. Traté de consolarla, pero ella dijo: “Hemos entrado en tiempos pavorosos.”

      Como yo solo tenía quince años de edad en ese tiempo, me preguntaba cómo mi madre podía saber qué días dificultosos nos esperaban en el futuro. Resultó que mi madre basaba sus puntos de vista en la profecía bíblica acerca de los “últimos días.” A menudo la había visitado un ministro viajero, al cual recibía hospitalariamente y el cual dejó unos tratados, que mi madre guardaba en su Biblia. Mi madre leía la Biblia a menudo y nos enseñaba buenos principios. Mi padre, también, nos leía de la Biblia. De modo que desde nuestra juventud en adelante fuimos criados a temer a Dios.

      Pronto fuimos rodeados por la guerra. Vimos los bombarderos, oímos rugir los cañones, vimos soldados rusos, los muertos y los heridos. Tuvimos que huir. En 1918 yo también llegué a ser soldado.

      Después de la guerra y haber sido dado de alta del Ejército, me mudé al territorio del Ruhr, donde hallé a algunos de mis parientes, y me puse a trabajar en las minas. En este territorio también conocí a una muchacha que ha sido la compañera de mi vida ya por más de cincuenta años.

      ESCOJO “EL CAMINO DE LA FIDELIDAD”

      Con el tiempo los libros de la Sociedad Watch Tower El Arpa de Dios y Estudios de las Escrituras entraron en nuestro hogar. Los leí cabalmente. Por medio de estos libros empecé a entender la Biblia. Esto encendió dentro de mí el deseo de servir a Dios y seguir el camino de Su verdad. Me sentí como el salmista: “El camino de la fidelidad he escogido.”—Sal. 119:30.

      Hice todo esfuerzo por progresar en conocimiento bíblico. Y cuando un ministro que representaba a la Sociedad Watch Tower nos invitó a una reunión de la congregación cristiana, aceptamos. La primera conferencia bíblica que escuché cautivó mi interés tanto que invité al orador a que nos visitara, y hasta altas horas de la noche nos quedamos sentados sacando provecho de su conocimiento bíblico. Desde ese tiempo hasta este día, la lectura de la Biblia y el estudio de ella, con la ayuda de las publicaciones de la Sociedad Watch

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