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Preguntas de los lectoresLa Atalaya 1953 | 15 de mayo
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Preguntas de los lectores
● ¿Qué se quiere decir en Eclesiastés 7:16, 17, donde se nos dice “no seas excesivamente justo” y “no quieras ser muy inicuo”?—C. R., Pensilvania.
Para dar un cuadro más amplio de las circunstancias rodeantes y también aclarar las expresiones usando habla moderna, citamos Eclesiastés 7:15-18 de la Versión Nácar-Colunga: “De todo he visto en mis fugaces días: justo que muere en toda su justicia, e impío que con todas sus iniquidades campa largo tiempo. No quieras ser demasiado justo ni demasiado sabio: ¿para qué quieres destruirte? No hagas mucho mal ni seas insensato: ¿por qué has de querer morir antes de tiempo? Bien te estará esto sin dejar aquello, que el que teme a Dios saldrá con todo.” La traducción de Móffatt del Ec 7 versículo 18 es interesante: “Lo mejor es adoptar un curso, y sin embargo no evitar el otro; el que teme a Dios evitará ambos extremos.”
Esta exhortación a evitar ambos extremos parece ser la clave para descubrir el significado de estos versículos. Algunos son extremados en sus opiniones concernientes a la justicia, y desprecian a otros como inicuos si no se amoldan a los conceptos de los radicales de lo que es justo. De esta clase fueron aquellos del tiempo de Isaías que dijeron: “¡Estáte aparte; no te acerques a mí, porque más santo soy yo que tú!” Pero en lugar de considerarlos santos Jehová dice de ellos: “¡Estos son como humo en mis narices, fuego que arde todo el día!” (Isa. 65:5) Igualmente justos a sus propios ojos eran los escribas y fariseos del día de Jesús, que se creían a sí mismos tan justos y a los demás tan inicuos. Esto lo recalca una ilustración que Jesús dió, como sigue:
“Él habló esta ilustración también a algunos que confiaban en sí mismos de que eran justos y que consideraban a los demás como nada: ‘Dos hombres subieron al templo a orar, uno era fariseo y el otro recaudador de impuestos. El fariseo se puso en pie y comenzó a orar estas cosas para sí mismo: “Oh Dios, te doy gracias que no soy como los demás hombres, concusionarios, injustos, adúlteros, ni siquiera como este recaudador de impuestos. Ayuno dos veces a la semana, doy el diezmo de todas las cosas que adquiero.” Pero el recaudador de impuestos que permanecía de pie a cierta distancia no quería ni siquiera levantar los ojos hacia el cielo, sino que de continuo se golpeaba el pecho, diciendo: “Oh Dios, sé bondadoso conmigo un pecador.” Yo les digo: Este hombre descendió a su casa probado más justo que aquél; porque todo el que se ensalza será humillado, pero el que se humilla será ensalzado.’”—Luc. 18:9-14, NM.
El fariseo se creyó muy justo, y a los adúlteros y hasta al recaudador de impuestos inicuos y muy por debajo de él; empero el aparentemente inicuo recaudador de impuestos fué el más justo a la vista de Dios. Y Jesús dijo en otra ocasión a los sacerdotes principales y ancianos de influencia justos a sus propios ojos: “Verdaderamente yo les digo que los recaudadores de impuestos y las rameras van delante de ustedes al reino de Dios.” Es decir, después de abandonar sus acciones opresivas e inmoralidades. (Mat. 21:23, 31, NM) Los religiosos judíos que se ensalzaban a sí mismos no eran justos y sabios conforme a la Palabra de Dios, sino conforme a sus tradiciones de hombres, que Jesús dijo contradecían los mandamientos de Dios. (Mat. 15:1-9) Toda su justicia era exhibición exterior. Estaba tan envuelta en minuciosidades sobre ceremonia y ritual y asuntos menores que jamás tenía tiempo para cumplir con los asuntos más importantes. (Mat. 23:23-32) Estos religiosos judíos eran justos y sabios, pero sólo a sus propios ojos y en su propia presunción. Ciertamente no los consideraban así Dios y Cristo, porque se les dijo que el juicio eternamente destructivo del Gehena les esperaba. (Mat. 23:33) En justicia como la suya habían de perecer.
Estas personas justas a sus propios ojos, por otra parte, consideraban inicuos a los verdaderos siervos de Dios. Amontonaron abuso y golpizas sobre los fieles, acusándoles de ser malvados sediciosos y blasfemos y profanadores del templo. (Hech. 17:5-8; 24:5, 6) A los cristianos los hombres del mundo de Satanás los consideran inicuos, así como Jesús lo predijo: “Felices son ustedes cuando la gente los vitupera y los persigue y mentirosamente dice toda clase de cosas inicuas contra ustedes por mi causa.” (Mat. 5:11, NM) Pero que los bobos de Satanás consideren el servicio de los cristianos como inicuo si así lo desean; no obstante es mediante la tal llamada “iniquidad” que los cristianos prolongan su vida. Empero tienen que tener precaución para no llegar a ser excesivamente justos, es decir, llegar a ser fanáticos y extremados sobre puntos inmateriales o menores, amando con exceso el desarrollo de carácter para parecer justos a sus propios ojos, resultando todo en descuidar el servicio verdadero como testigos de Jehová. Tampoco deben llegar a ser sabios a sus propios ojos. Eso querría decir su ruina. Por supuesto, no tienen que ser excesivamente inicuos, cometiendo realmente agravios en contra de Dios y el hombre, sufriendo correctamente “como homicida o ladrón o malhechor ni como entremetido en los asuntos de otras personas”. Ellos no se harán los tontos y negarán a Dios, y traerán sobre sí mismos muerte apresurada.—Sal. 14:1; 1 Ped. 4:15, NM.
Con lo susodicho ante nosotros, parece que Eclesiastés 7:15-18 nos dice que no debemos aparentar justicia extraordinaria como una exhibición exterior y tratar de parecer demasiado justos a nuestros propios ojos y a los ojos de otros, porque pereceríamos en esa clase de justicia hipócrita. Tampoco hemos de buscar sabiduría excesiva para brillar delante de otros, porque ésa no sería sabiduría verdadera sino sólo una sabiduría a nuestros propios ojos presuntuosos, y nos traería ruina. Nos esforzaremos por prolongar nuestra vida sirviendo a Dios, aun cuando esto sea considerado inicuo por el mundo bajo Satanás. Sin embargo, no nos hundiremos a iniquidad verdadera a la vista de Dios, trayendo así destrucción sobre nosotros a manos de él. De modo que nos afianzaremos de la justicia piadosa pero evitaremos el extremo del fariseísmo hipócrita, y no soltaremos la así llamada “iniquidad” del servicio de Dios sino que siempre evitaremos los extremos de verdadera iniquidad. De esta manera podemos servir a Dios aceptablemente y al mismo tiempo no llegar a ser extremados, ni tratar de parecer más justos de lo que verdaderamente somos ni llegar a ser verdaderamente inicuos con el único fin de no parecer como desarrolladores de carácter.
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PROSPERANDO CON LA NACIÓN DE DIOS
La verdadera prosperidad viene sólo de Jehová. No importa qué otra cosa suceda, Jehová con seguridad dará prosperidad a su pueblo escogido porque su propio gran nombre está implicado y porque él se complace en la prosperidad de sus siervos. (Sal. 35:27) El curso sabio es asociarse con la organización de Dios para gozar de la prosperidad. “Acuérdate de mí, oh Jehová, con el favor que tú muestras a tu pueblo; oh visítame con tu salvación, para que vea la prosperidad de tus escogidos, para que me regocije en la alegría de tu nación.” (Sal. 106:4, 5, AN) En todas las naciones hay hoy una “grande muchedumbre” de gente de buena voluntad que debe ser informada y debe observar la prosperidad espiritual de la organización de Jehová, y desear participar de ella. Para ayudarlos, durante el mes de junio los testigos de Jehová presentarán tres libros encuadernados por la contribución de $1.50 (dinero de E. U.A.) con tres folletos gratis. Póngase en contacto con los testigos de Jehová en su localidad o escriba a la Sociedad por la oportunidad de participar en esta distribución de tres libros en junio.
ESTUDIOS DE “LA ATALAYA”
Semana del 28 de junio: En unión con la luz.
Semana del 5 de julio: En unión con el amor.
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