BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • Dios de amonestación
    La Atalaya 1950 | 1 de junio
    • Dios de amonestación

      “Oirás de mi boca la palabra, y les amonestarás de mi parte.”—Eze. 33:7.

      1. ¿Hiere Dios sin amonestación? ¿Qué ejemplos lo manifiestan?

      JEHOVÁ Dios nunca hiere sin amonestación. ¿Inundo él al primer mundo en una destrucción acuosa sin amonestación? ¿Quemó a Sodoma y Gomorra depravadas con una destrucción de fuego sin amonestación? ¿Tomó el Todopoderoso a Egipto desprevenido al enviar ola tras ola de plagas destructoras por el país? Cuando Jehová efectuó la derrota de Israel y Judá por invasiones extranjeras, ¿no tuvieron amonestación las víctimas? La poderosa Babilonia que regía como reina encantadora sobre los pueblos y las naciones, ¿debía ella de haber sido sorprendida y tomada desprevenida cuando las huestes enemigas la tomaron por asalto? Y ¿qué hay de la desolación que hirió a Jerusalén durante el primer siglo después de Jesucristo? ¿cayó ese golpe sin amonestación? A cada una de estas preguntas los hechos gritan la contestación, ¡No!

      2. ¿Amonesta Dios personalmente o mediante agentes, y por qué?

      2 Esto no quiere decir que Jehová Dios personalmente visita la tierra para dar una amonestación. Eso en sí mismo resultaría en destrucción para el hombre, porque si puede ser quemado dolorosamente y temporáneamente cegado por un sol comparativamente pequeño a una distancia de casi 93,000,000 de millas, ¿cómo sería posible que sobreviviera a una visita del “Padre de las luces”? (Sant. 1:17; Éxo. 33:20) Porque considera la estructura perecedera carnal del hombre Jehová Dios envía sus amonestaciones mediante mensajeros en forma humana, mensajeros que los amonestados pueden escuchar cómodamente y a los cuales les pueden hacer preguntas respecto a los detalles. Acerca de esta práctica leemos, en Jeremías 7:13, 25, 28: “Os amonesté a tiempo repetidas veces, y no me escuchasteis, os llamé y no me respondisteis; . . . desde el día en que vuestros padres salieron de Egipto hasta hoy, les he enviado mis siervos, los profetas, día tras día; . . . Sois gente que no oye la palabra de [Jehová], su Dios; gente sin enmienda.”—Nácar-Colunga.

      3, 4. ¿Cuántos prestan atención a la amonestación, según lo manifiesta el diluvio?

      3 La mayor parte de la gente rara vez ha prestado atención a las amonestaciones de Jehová, aunque se han proclamado durante largos períodos de tiempo. Antes del diluvio “vió Jehová que era mucha la maldad del hombre en la tierra, y que toda imaginación [propósitos y deseos] de los pensamientos de su corazón era solamente mala todos los días” y que “habíase corrompido la tierra”. (Gén. 6:5, 11) ¡Se resolvió limpiar la inmundicia de la tierra, no con un mero baño semanal de unos cuantos minutos, sino mediante una lluvia torrencial de cuarenta días y noches cuyas aguas no se secaron de sobre la tierra sino hasta después de diez meses y trece días!

      4 Jehová indicó esta destrucción con 120 años de anticipación. Pasan más de veinte años, y Noé tiene tres hijos. Los hijos llegan a ser hombres y se casan, habiendo pasado otros cincuenta o sesenta años. Luego Jehová Dios le habla a Noé del diluvio inminente y le instruye a ese hombre de disposición justa que edifique el arca para la conservación de sí mismo y de su familia. Por unos cuarenta o cincuenta años antes del diluvio Noé dió un testimonio amonestador de su venida, y de esa manera consiguió la designación de “predicador de la justicia divina”. (Gén. 6:3, 13, 18; 2 Ped. 2:5, Torres Amat) Pero la gran mayoría de la humanidad se mofó y consideró a Noé como falso pronosticador del tiempo y dudó la posibilidad de un diluvio que cubriera toda la tierra. Dios creó la tierra, podía darle un baño. Después de dar un testimonio amonestador mediante Noé, Jehová de veras bañó la tierra para lavar fuera de la existencia la inmundicia que se había recogido en su superficie.

      5. ¿Cómo se manifestó esto en conexión con Lot en Sodoma?

      5 Varios siglos más tarde las ciudades de Sodoma y Gomorra están tan impregnadas de pecado grave que su destrucción se determina. Ni siquiera diez personas de inclinación justa viven allí, y cuando ángeles materializados como hombres pasan la noche en casa de Lot una turba de hombres y muchachos tratan de cometer crímenes sexuales contra ellos. El ser heridos con la ceguera debe de amonestarlos contra su iniquidad, pero todavía buscan a tientas a sus víctimas. Cuando los ángeles le dicen a Lot que dé un testimonio respecto a la inminente destrucción de Sodoma, su mensaje lo hace parecer uno que se mofa o que bromea. Hasta su propia familia está dividida, su mujer no considerando las instrucciones con bastante seriedad para conseguir la preservación. Sólo Lot y sus dos hijas se escapan cuando “llovió sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó aquellas ciudades, y toda la Vega, y todos los habitantes de las ciudades, y todos los productos de la tierra”.—Gén. 18:20, 32; 19:4-28.

      6. ¿Cómo amonestó Jehová a Egipto, y con qué reacción?

      6 Allá en Egipto en el siglo dieciséis antes de J.C. Jehová Dios le da una serie de amonestaciones a Faraón mediante Su testigo Moisés. Antes de cada una de las plagas el gobernante es amonestado; después de cada una se endurece su corazón. Con efecto devastador las diez plagas pasan por el país: los ríos se vuelven en sangre, las ranas vienen sobre el país, los piojos por dondequiera como el polvo, enjambres de moscas en seguida, luego peste gravísima de bestias, plaga de tumores apostemados, granizo destructor, seguido en sucesión rápida de plagas de langostas y tinieblas, luego la funesta décima—¡la muerte de los primogénitos de Egipto! Estos hechos físicos en cumplimiento del testimonio amonestador que dió Moisés los caudillos religiosos paganos de Egipto tratan de contrarrestar e interpretar mal, pero al fin no logran hacerlo. Las plagas fueron vistas y sentidas en todo el país de esa primera potencia mundial, y sin duda se divulgó entre los egipcios el testimonio que dió Moisés. Los israelitas tenían contacto con los egipcios, hablaban con ellos, y hallaban muchos oídos que oían, tanto que cuando al fin salieron de Egipto “también subió con ellos una multitud mixta” y presenció la destrucción de los ejércitos de Faraón en el mar Rojo.—Éxo. 12:38; 7:1-14:31.

      ISRAEL Y JUDÁ AMONESTADOS DE SUS CAÍDAS

      7. ¿Cómo le llegó la amonestación al reino de las diez tribus de Israel? ¿Por qué?

      7 Mucho tiempo después de entrar los israelitas en Canaán, después de los siglos durante los cuales rigieron los jueces, después de que la nación se había dividido en dos reinos, el reino de las diez tribus de Israel con su capital en Samaria recibió frecuentes amonestaciones de Dios. Mediante los profetas Isaías, Miqueas y sobre todo Amós se le da a Israel un testimonio respecto al cautiverio venidero. (Isa. 10:5,11; Miq. 1:6; Amós 5:27; 7:11) Pero por el arranque y fuego de las palabras censuradoras y alarmantes que pronuncia Oseas corre el testimonio más poderoso contra el reino de las diez tribus. ¡Cuán pesada su culpa!—la tierra corrompida con sangre, bandas de ladrones por dondequiera, los sacerdotes asesinan y cometen lujuria, la prostitución física y espiritual está desenfrenada, los ídolos para la adoración de los demonios profanan al pueblo, como “una paloma simple, sin entendimiento” su confianza oscila entre Egipto y Asiria pero nunca descansa en Jehová Dios. “¡Sembraron el viento, y segarán el torbellino!” exclama Oseas. “Han subido a Asiria . . . el Asirio será su rey . . . Samaria cargará con su ofensa, porque se ha rebelado contra su Dios; caerán a espada; sus niños de pecho serán estrellados, y sus mujeres preñadas serán rajadas.” (Ose. 6:8-11; 7:1-11; 8:7-9; 11:5; 13:16) Israel tuvo amonestación, antes de que Asiria se lo llevara cautivo en 740 a. de J.C.

      8, 9. ¿Cómo fué amonestado el reino de Judá, y cómo fué confutado?

      8 Ciento treinta y tres años más tarde el reino de Judá, centrado en Jerusalén, cayó a Babilonia. ¿Cogido desprevenido? Los profetas de Jehová, Oseas, Miqueas, Sofonías, Habacuc, Isaías, Jeremías, Ezequiel—todos ellos dieron testimonio de la calamidad venidera. Miqueas, Oseas e Isaías dieron testimonio unos 150 años antes de la caída. (Miq. 3:10-12; 4:10; Ose. 5:5; Isa. 3:8; 5:13; 39:6, 7) Durante los cuarenta años antes de la desolación Jeremías aguantó maltrato y mofa, azotes y cárcel, para darle testimonio a la ciudad condenada hasta que ésta cayó. Hasta dió amonestación respecto a la duración de la desolación: “Así dice Jehová de los Ejércitos: Por cuanto no habéis escuchado mis palabras, he aquí que enviaré y tomaré a todas las familias del Norte, dice Jehová, y a Nabucodonosor rey de Babilonia, siervo mío, y los traeré contra este país y contra todos sus habitantes, y contra todas las naciones de al derredor; a las que destruiré del todo, y las convertiré en asombro y en silbido y en desolaciones perpetuas. También toda esta tierra será una desolación y un asombro; y estas naciones servirán al rey de Babilonia setenta años.”—Jer. 25:8, 9, 11.

      9 La destrucción fué determinada para esta ciudad que llevaba el nombre de Dios porque había abandonado la adoración de Jehová, había ofrendado incienso a Baal, había derramado libaciones a dioses paganos, había sacrificado hijos a Molec, y se había mofado de los profetas enviados a amonestarlos. Sí, este Jeremías y los demás como él predecían funestamente las calamidades inminentes; eran personas que no se adaptaban al ambiente social, fanáticos, malcontentos, estaban en contra de todo y de todos, decía la gente. A través de los años los profetas profetizaron la ruina, y a través de los años la gente se mofó. Decían: “¡Jehová no hará bien, ni tampoco hará mal!” Decían: “¡Jehová no nos ve! ¡Jehová ha abandonado la tierra!” Decían: “Se van prolongando los días, y fracasa toda visión. . . . La visión que éste ve es para de aquí a muchos días; respecto de tiempos lejanos profetiza él.” (Sof. 1:12; Eze. 8:12; 12:22, 27) Pero Dios mismo los confuta: “Se han acercado los días cuando toda visión se cumplirá. Ya no habrá visión vacía . . . Porque yo el SEÑOR hablaré una palabra, y se cumplirá—ya no se dilatará—porque en vuestros días, oh casa rebelde, hablaré una palabra y también la cumpliré.”—Eze. 12:23-25, 28, Una Tradu. Amer. (en inglés).

      10. ¿Sobre quién había de cumplirse la amonestación? y ¿fué cumplida?

      10 ¡Los astutos estaban equivocados! ¡Los profetas de Dios tenían razón! El testimonio de ruina no era para el futuro distante, para tiempos lejanos. Era para su día, y por visiones repetidas de la desolación inminente Ezequiel estaba capacitado como atalaya para pregonar la amonestación: “Yo te he puesto por atalaya a la casa de Israel; por tanto, oirás de mi boca la palabra, y les amonestarás de mi parte.” (Eze. 33:7) También mediante Habacuc Jehová reveló que vendría no en los días distantes sino sobre los que oían el testimonio amonestador: “Voy a hacer una obra en vuestros días, que no creeréis aunque se os contare. Pues he aquí que voy a levantar a los Caldeos, nación despiadada y presurosa; la cual andará por la anchura de la tierra, para posesionarse de moradas que no son suyas. . . . Recogen cautivos como arena.”—Hab. 1:5-9.

      11, 12. ¿Por qué no debían de haberse sorprendido Babilonia y Asiria al caer?

      11 Jehová Dios predijo el levantamiento victorioso de Babilonia contra Judá, pero también pronosticó su caída. Babilonia notó con aprobación las profecías que la favorecían y le manifestó consideración especial a Jeremías debido a ellas, pero se olvidó de la predicción acompañan te respecto a su caída: “Acontecerá que cuando fueren concluídos los setenta años, visitaré sobre el rey de Babilonia y sobre aquella nación la iniquidad de ellos, dice Jehová; y sobre la tierra de los Caldeos: y la convertiré en desolaciones perpetuas.” (Jer. 25:12) No prestaron atención a las palabras de Habacuc de que la justicia retribuyente volvería s obre la cabeza de Babilonia. (Hab. 2:8) Pero lo más asombrante fué el testimonio de Isaías respecto al derrumbe de Babilonia, dado con unos doscientos años de anticipación. Extensamente vitupera a la poderosa Babilonia respecto a su caída, en detalle dice cómo se efectuará. Los conquistadores serán los medos y persas, el militarista principal será Ciro, y ante él las puertas de dos hojas de la ciudad se hallarán descuidadamente abiertas. (Isa. 21:2, 9; 45:1-4; capítulos 13, 14, 47) De modo que Babilonia no debía de haberse sorprendido cuando en 539 a. de J.C. Daniel leyó la escritura en la pared que fué un testimonio de ruina en el último instante.—Dan. 5:25-31.

      12 Ni debía de haberse aturdido la poderosa Asiria cuando le tocó probar la píldora amarga que ella en un tiempo había obligado a Israel a tomar, a saber, la derrota que sufrió a manos de Nabucodonosor en 625 a. de .J.C. Los profetas de Jehová, Miqueas, Isaías y Sofonías lo habían mencionado, y Nahúm dió testimonio detallado de ello con anticipación.—Miq. 5:6; Isa. 10:12-16; Sof. 2:13-15; Nahúm capítulos 1 a 3.

      LA AMONESTACIÓN EN LOS DÍAS DE JESÚS

      13. ¿Con qué mensaje proclamó Jesús la amonestación, y por qué?

      13 Pero la restauración de la verdadera adoración en el templo reedificado en Jerusalén que vino después de la liberación del cautiverio no fué permanente. Al pasar los años crecieron la ceremonia formalista y las tradiciones rabínicas, hasta que cuando Cristo Jesús se presentó siglos más tarde la adoración verdadera había sido casi sofocada y ahogada por tales crecimientos espesos y enredadores. ¡Tiempo para otro testimonio a favor de la adoración verdadera! Cristo Jesús no fué tardío en suplir lo que hacía falta. Después de su inmersión y al tomar parte en la obra precursora en la provincia de Galilea el grito electrizante prorrumpe de sus labios: “¡El reino de los cielos se ha acercado!” Con celo ardiente continúa este grito atractivo que había usado Juan Bautista e inicia una campaña explosiva de amonestación y testimonio que ha de empequeñecer todos los esfuerzos anteriores. ¡Una amonestación contra los tremadales de las tradiciones religiosas en los cuales se hundían en la destrucción las multitudes, testimonio de los hechos y profecías que lo identificaban a él como el Cristo Mesías de Jehová!

      14. ¿Dónde predicó él, y por qué allí?

      14 Iba a los distritos más poblados. De casa en casa iba, amonestando y testificando. Pero había poco tiempo, había multitudes que tenían que oír. De modo que predicaba en las calles, en las plazas, en las sinagogas—en cualquier lugar, por dondequiera. Al ir él de pueblo en pueblo, de ciudad en ciudad, la muchedumbre aumenta y su fama cunde, hasta que multitudes se congregan para escucharle, no sólo de Galilea sino de Samaria y de la provincia de más al sur, Judea, y hasta de más allá del Jordán. El apiñamiento de las muchedumbres crecientes lo hace salir de las ciudades estrechas para celebrar reuniones públicas al aire libre donde haya lugar para las multitudes que han llegado a consistir de miles de personas. En las playas, a lo largo de las riberas, en los desiertos, en las montañas, todos estos lugares desempeñaron su papel al testificar Jesús respecto a las bendiciones del Reino y amonestar respecto a los lazos rabínicos.—Mat. 4:12-25; 5:1; 9:35; 14:13-15; 15:32, 33; Mar. 4:1; 8:1-4; Luc. 8:1; 20:1.

      15. ¿Con qué fuerza de palabras amonestó él, y por qué?

      15 Cristo Jesús no hacía fintas ni altercaba ni luchaba con adversarios imaginarios, usando equívocos diplomáticos, al proclamar la amonestación de Dios. Esta amonestación era cosa de vida o muerte y se daba llana y sin rodeos ni dilución. Los falsos caudillos religiosos de aquel día eran guías ciegos, conduciendo a otros ciegos al hoyo de la destrucción, enseñando tradiciones que anulaban la palabra de Dios, codiciando títulos lisonjeadores, poniéndose ropas vistosas, pavoneándose ante el público, haciendo oraciones con muchas palabras para hacer impresión, haciendo obras para que las observaran los hombres, hipócritas que colaban el mosquito pero se tragaban el camello, que exteriormente parecían piadosamente santos pero por dentro estaban blasfemamente inmundos. Apoyado por los hechos, los llamó mentirosos e insensatos, serpientes y víboras, e hijos de Satanás, la serpiente principal. Amonestó a aquellos clérigos que la matanza vendría sobre su generación, que su casa se dejaría desolada y en el templo ni una sola piedra quedaría encima de la otra, y les hizo esta pregunta penetrante: “¿Cómo evitaréis la condenación del infierno?”—Mat. 15:1-14; 23:1-38; 24:1, 2; Juan 8:44.

      16. ¿Cuál fué la reacción a la predicación de Jesús y de sus discípulos?

      16 Tan devastadoras vara las dehesas religiosas de los escribas y fariseos fueron las palabras de amonestación y testimonio que pronunció Cristo Jesús que se quejaron los unos con los otros: “¡Ya veis que no aprovecháis nada! ¡he aquí que el mundo se va tras él!” (Juan 12:19) Bajo apuntamiento satánico silenciaron su lengua en la muerte. Pero para entonces Jesús había escogido y educado a apóstoles y discípulos que siguieran en sus pisadas, y ellos siguieron adelante con la campaña. Ellos copiaron sus métodos, usaron los mismos lugares, y fueron bendecidos con el mismo éxito. Un aumento de publicadores del Reino fué logrado con predicar “públicamente y de casa en casa”. (Hech. 20:20; 18:28) Ellos, igual que Cristo Jesús, se atrajeron la ira de los escribas y fariseos perseguidores. ¿Por qué? Porque el resultado de su intensiva obra amonestadora era parecido al de la campaña veloz de testificar que llevó a cabo Jesús, según se refleja en la exclamación angustiada de los religiosos heridos de que los apóstoles y discípulo s habían “trastornado el mundo habitado”. (Hech. 17:6) Queriendo decir su mundito religioso edificado sobre el fundamento falso de pompa y ceremonia, sobre la arena movediza de la tradición oral. Estaban a favor de mantener el statu quo en el negocio religioso de sus días.

      17. ¿Se escaparon los que no prestaron atención a la amonestación? Y ¿por qué?

      17 Sin embargo, su lugar y su nación que trataban de salvar derramando la sangre de Jesús y sus seguidores no fueron salvados. Las víctimas del diluvio no pudieron anular la amonestación de Noé, haciendo que las aguas volvieran a su morada celestial. Los sodomitas no pudieron apagar la lluvia de fuego. Faraón furioso no tenía antídoto para las diez plagas. Judá estuvo tan imposibilitado para rechazar a los babilonios como lo había estado Israel antes de él para resistir a los asirios invasores. Ni pudieron aquellas naciones paganas en su turno probar que Dios era mentiroso, existiendo más allá del tiempo designado para su derrumbe. Tampoco pudo la nación judía en el tiempo de Cristo hacer que volviera a Jehová sin fruto la amonestación que Jehová había hecho que se pregonara mediante la predicación de su amado Hijo. (Isa. 46:10, 11; 55:11) La “raza de víboras” vió en su vida la pérdida de su lugar y nación, la derrota de su ciudad y templo, y no evitó la “condenación del infierno” o “juicio de la gehena”.—Mat. 23:33, Nácar-Colunga.

      18. De modo que ¿qué hay de “este presente siglo malo”?

      18 ¡Ni tampoco evitará “este presente siglo malo” la violencia destructiva del Armagedón de que es amonestado ahora mismo!

  • ¿Quién tendrá parte en el testimonio final?
    La Atalaya 1950 | 1 de junio
    • ¿Quién tendrá parte en el testimonio final?

      1. ¿Qué historia se repite? ¿Lo hallará así nuestra generación?

      DICEN los hombres que la historia se repite. La historia de las anteriores amonestaciones divinas y juicios ejecutados se repetirá, porque la Palabra de Dios dice que “todo eso les sucedió como amonestación para otros, y fué escrito con el fin de instruirnos a nosotros que vivimos en las últimas horas del mundo”. (1 Cor. 10:11, Móffatt [en inglés]) ¿Quién puede negar lo típico de la lluvia de agua y de fuego y azufre durante los días de Noé y Lot, y las amonestaciones acompañantes recibidas indiferentemente por pueblos que sin inmutarse continuaban su rutina diaria de vivir como si su mundo siguiera sin per turbación indefinidamente? ¿No dijo eso en efecto Jesús al hablar de su segunda presencia en estos “postreros días”?—“Como aconteció en los días de Noé, así también será en los días del Hijo del hombre. Comían, bebían, se casaban y se daban en matrimonio, hasta el día en que entró Noé en el arca; y vino el diluvio, y los destruyó a todos. De igual manera también como aconteció en los días de Lot: comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban; mas el día que Lot salió de Sodoma, llovió fuego y azufre desde el cielo, y los destruyó a todos. De la misma manera sucederá en el día en que el velo se levante del Hijo del Hombre.” (Luc. 17:26-30, Wéymouth [en inglés]) Cristo Jesús ha estado presente desde 1914 y se ha dado testimonio de las señales que lo prueban, pero el velo no se levantará de los ciegos “ojos del entendimiento” de la mayor parte de la humanidad hasta que su poder se revele en la furia del Armagedón.

      2. ¿Qué prefiguraron Egipto y Babilonia? ¿Por qué?

      2 El hecho de que el Egipto que Moisés amonestó y cuyo poder fué quebrantado cuando. Jehová libró a Su pueblo fué típico y simbólico se prueba por el Apocalipsis 11:8: “Sus cuerpos yacerán en la calle de la gran ciudad que figurativamente se llama Sodoma y Egipto—donde su Señor también fué crucificado.” (Una Tradu. Amer. [en inglés]) Los “cuerpos” asesinados son cuadro de la detención de cierta fase de la obra de testimonio de Dios hacia el fin de la Primera Guerra Mundial. Sin embargo fué en este mismo Egipto simbólico de este siglo veinte que Jesús fué perseguido y muerto, hace diecinueve siglos. Egipto, la primera potencia mundial, figurativamente representa la organización mundial, “este presente siglo malo” que a través de los siglos ha oprimido al pueblo de Jehová. El libro del Apocalipsis también manifiesta que la Babilonia divinamente amonestada por Isaías y otros fué típica de una Babilonia mayor venidera, pues mucho tiempo después del derrumbe de la Babilonia literal el capítulo 18 predice la caída de “la gran Babilonia”.

      3. ¿Qué prefiguraron Jerusalén y Judá? ¿Cómo lo hicieron aptamente?

      3 En cuanto a Jerusalén y Judá que tomaron el nombre de Dios pero que estuvieron muy lejos de cumplir con lo que eso les obligaba a hacer, ¡cuán aptamente prefiguraron a la cristiandad de hoy en día! La cristiandad toma el nombre de Dios y del reino de Cristo, pero, igual que Jerusalén del tiempo de Jeremías, ella ha abandonado la verdadera adoración y ha adoptado dioses falsos; ella se sirve a sí misma, idolatriza el dinero, el poder, las criaturas, las estatuas e imágenes, sacrifica sus hijos al dios de la guerra y se mofa y encarcela y a veces mata a los testigos de Jehová que la amonestan respecto a sus abandonos. Igual que la Jerusalén infiel del tiempo de Jesús, ella tiene una forma de piedad pero niega el poder de Dios, sus sacerdotes y predicadores imitan a los fariseos en su traje y sus

Publicaciones en español (1950-2025)
Cerrar sesión
Iniciar sesión
  • español
  • Compartir
  • Configuración
  • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
  • Condiciones de uso
  • Política de privacidad
  • Configuración de privacidad
  • JW.ORG
  • Iniciar sesión
Compartir