-
Valor como el de David para los tiempos modernosLa Atalaya 1963 | 1 de mayo
-
-
lanzándole un desafío y poniendo el punto en cuestión directamente delante de él: “Tú vienes a mí con una espada y con una lanza y con una jabalina, pero yo voy a ti con el nombre de Jehová de los ejércitos, el Dios de las líneas de batalla de Israel, a quien has vituperado. Este día Jehová te entregará en mi mano, y ciertamente te heriré y te quitaré la cabeza; . . . y la gente de toda la tierra sabrá que existe un Dios que pertenece a Israel.” Luego, con una honda de pastor y una de las piedras más lisas que pudo hallar, corrió hacia el gigante, tiró con su honda, y con la piedra que salió de ella derrumbó al gigante. ¡Qué despliegue de valor fue ése!—1 Sam. 17:45-50.
David continuó como varón valeroso. Al salir a la batalla inspiraba de tal manera a los varones que iban con él que las mujeres de Israel pudieron cantar: “Saúl ha derribado sus millares, y David sus decenas de millares.” Como resultado de esto el rey Saúl llegó a estar furiosamente celoso y envidioso de David y repetidamente se esforzó por matarlo, haciendo que David huyera con el tiempo a la cueva de Adullam, donde sus hermanos y la entera casa de su padre así como centenares de hombres que tenían motivos de queja se unieron a él. Allí, aunque fue perseguido como una bestia salvaje por el rey Saúl y sus soldados, David conservó su valor. De esto dio pruebas repetidas, como cuando en dos ocasiones tuvo a Saúl dentro de su poder y no obstante rehusó quitarle la vida al hombre que estaba determinado a quitarle la propia vida a David.—1 Sam. 18:7; 22:1,2.
Al llegar a ser rey, David extendió por medio de conquistas militares los límites de su nación a sus límites ordenados por Dios. Y que esta lucha fue asunto de valor puede verse por el hecho de que repetidamente David preguntó a Jehová Dios en cuanto a si entraba en la batalla o no, mostrando que estaba siendo guiado por la voluntad divina y no solo por el amor a la conquista.
¿De qué dependía el secreto del valor de David? Ante todo, dependía de su gran fe en Jehová: “Jehová, quien me libró de la garra del león y de la garra del oso, es quien me librará de la mano de este filisteo.” Su amor a la justicia contribuyó también a su valor: “Los inicuos ciertamente huyen cuando no hay perseguidor, pero los justos son como un cachorro de león que tiene confianza.” Y además, el amor a Jehová Dios y a su propio pueblo le dio valor a David: “No hay temor en el amor, sino que el amor perfecto echa fuera el temor, porque el temor ejerce una restricción.” Sí, se puede decir que fe en Jehová Dios, amor a la justicia y amor a Dios y al prójimo dan razón del valor notable de David.—1 Sam. 17:37; Pro. 28:1; 1 Juan 4:18.
El tener valor como el de David para estos tiempos modernos requiere las mismas tres cualidades básicas. La fe en Jehová Dios le dará a usted el valor que le suministran sus convicciones: que usted no necesita imitar las prácticas ímprobas de sus competidores a fin de proveer para usted mismo apropiadamente. El amor a la justicia le dará a usted la fortaleza para admitir un error. Y el amor a Dios y a su prójimo le darán a usted el valor de nadar contra la marea y tratar de hacer lo que le agrade a Dios y lo que es para el más elevado bienestar de aquellos con quienes usted se asocia, aunque no siempre aprecien ese hecho.
Para adquirir este valor semejante al de David para los tiempos modernos, usted necesitará estudiar la Palabra de Dios. Esta sola puede darle a usted la fe necesaria, el aprecio esencial de lo que es justo y el amor a Dios y al prójimo.
-
-
Las diez plagas de EgiptoLa Atalaya 1963 | 1 de mayo
-
-
Las diez plagas de Egipto
1) agua a sangre, 2) ranas, 3) polvo a jejenes, 4) tábanos, 5) pestilencia, 6) tumores, 7) granizada, 8) langostas, 9) oscuridad y 10) muerte del primogénito.—Éxodo, caps. 7-12.
-