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“El gozo de Jehová es su fortaleza”La Atalaya 1963 | 1 de junio
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aumentando a medida que se nos ha capacitado más maravillosamente para ‘enseñar a otros también.’
Los que hemos tenido el privilegio de vivir a través de las experiencias del pueblo de Jehová desde antes de la I Guerra Mundial sabemos bien cuántas pruebas han sobrevenido. Nuestra pequeña familia de Londres no se escapó, y puedo recordar una ocasión hacia fines de la I Guerra Mundial cuando se dividió en dos partes. Es en medio de estas circunstancias que uno descubre la profundidad de su amor a la verdad y si uno está sirviendo a Jehová mismo o a algunos individuos de la organización. No siempre he podido apreciar inmediatamente por qué Dios permite que existan ciertas condiciones, mas a través de los años he aprendido gradualmente a aceptar el arreglo y nombramientos teocráticos hasta que Jehová mismo hace los cambios. Esta es otra cosa que me ha ayudado a permanecer feliz en el servicio de Jehová. Si uno trata de correr adelante de Jehová tal cosa le acarrea infelicidad a uno mismo y quizás a otros también.
Oh, y hay algo más que ha contribuido a mi gozo en vivir para el nuevo mundo: mi asociación estrecha con muchos de los precursores. Siempre me he sentido a gusto con los precursores y muchas veces he pasado mis vacaciones en el servicio con ellos. Estas han sido ocasiones sumamente felices y he regresado a casa fortalecida y refrescada en mente y cuerpo. Aun dentro de la sociedad del nuevo mundo siempre he tratado de vigilar que mis asociaciones, en el poco tiempo que la vida ocupada de Betel permite, sean con los que de toda alma tienen perspectiva teocrática, ya sea porque estén en el ministerio de tiempo cabal o porque tengan un espíritu de precursor.
PRIVILEGIOS INESPERADOS
Estas son algunas de las cosas que me han fortalecido a través de los años a continuar sirviendo a nuestro Padre celestial con gozo, pero, por supuesto, ha habido muchas otras bendiciones también. Recientemente, como hemos estado estudiando Jehovah’s Witnesses in the Divine Purpose, me ha emocionado volver a vivir tantas de las excitantes experiencias teocráticas en las cuales he tenido el privilegio de participar tan íntimamente por estar asociada con la familia Betel de Londres: el “Foto-drama de la creación” con sus deberes de acomodadora varias veces a la semana; la distribución de la revista Golden Age núm. 27; las grandes asambleas en la Gran Bretaña a través de los años; y luego, más recientemente, desde el fin de la II Guerra Mundial, mis privilegios de asistir a algunas de las enormes asambleas en los Estados Unidos y en Europa.
Nuestra familia ha crecido de seis a más de sesenta; nuestra casa Betel, de una casita a un hermoso hogar y fábrica grande; sí, lo bastante grande para tener capacidad para millares y millares de armarios para libros como el que tuvimos en nuestra casa vieja, y necesitando muchos camiones de la oficina de correos cada día para recoger la correspondencia.
Y ahora mi corazón está lleno de acción de gracias a Jehová. Le doy gracias a Él por su poder sustentador. Le doy gracias a él porque continúa dándome una parte en esa obra que produce gozo, que edifica, la cual se efectúa a través de la Tierra hoy día por su organización de personas fieles. Y le doy gracias a él porque yo puedo desempeñar un papel pequeño en esto y experimentar el “gozo de Jehová,” el cual es mi “fortaleza.”—Neh. 8:10.
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El comunismo y el fracaso de la iglesiaLa Atalaya 1963 | 1 de junio
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El comunismo y el fracaso de la iglesia
En un discurso a una asamblea metodista en 1962 el obispo Juan Owen Smith lamentó el fracaso de la iglesia. Aseguró que “el comunismo llegó a existir porque la cristiandad dejó caer su cruz, no quiso hacer lo difícil, simplemente cantó sus cánticos e hizo sus oraciones.”—The News and Courier, Charleston, Carolina del Sur, 30 de julio de 1962.
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