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Para recordar el canon bíblicoLa Atalaya 1963 | 15 de septiembre
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Para recordar el canon bíblico
TODO el que ama la Biblia y, en particular, todo ministro cristiano, ahorrará mucho tiempo al aprenderse de memoria el orden en que aparecen los libros de la Biblia. El tomar nota de las divisiones naturales del canon así como del contenido y el tiempo en que fueron escritos los distintos libros sin duda ayudará a aprender de memoria esta lista.
De los sesenta y seis libros, treinta y nueve componen las Escrituras Hebreas y veintisiete las Escrituras Griegas Cristianas.
En el canon de las Escrituras Hebreas los cinco libros de Moisés vienen primero: GÉNESIS comienza con la creación e incluye la historia del género humano desde Adán hasta la muerte de José. Entonces vienen ÉXODO, LEVÍTICO, NÚMEROS y DEUTERONOMIO, los cuales dan la historia de Israel desde su esclavitud en Egipto hasta la muerte de Moisés. Estos cinco libros se conocen también como el Pentateuco, que significa “cinco libros.” En algunas traducciones, como por ejemplo la de Lutero, éstos se conocen sencillamente como 1, 2, 3, 4, 5 de Moisés. En seguida, así como Josué le sucedió a Moisés, de igual modo el libro de JOSUÉ sucede a los libros de Moisés. Y tal como Josué fue seguido por otros jueces que gobernaron a Israel, así su libro es seguido por el libro de JUECES, el cual cuenta acerca del dominio de ellos. RUT relata ciertos acontecimientos del tiempo de los jueces y por eso lógicamente sigue.
Luego vienen tres pares de libros: 1 y 2 SAMUEL, que completan el período de los jueces e introducen el período de los reyes; 1 y 2 REYES, que completan la historia de los reyes; y 1 y 2 CRÓNICAS, que dan una historia paralela de los reyes comenzando con el dominio de David, así como un resumen de la genealogía bíblica desde Adán hasta el tiempo de escribirse. Luego vienen ESDRAS, NEHEMÍAS y ESTER, los cuales tratan de acontecimientos que sucedieron en Jerusalén y Medo Persia dentro de un siglo después del regreso de los judíos de Babilonia en 537 d . de J.C. Esto completa los diecisiete tal llamados libros “históricos.”
Después de éstos vienen cinco libros que contienen dichos sabios y poesía grandiosa: JOB, SALMOS (aproximadamente la mitad de los cuales se le atribuyen a David), PROVERBIOS, ECLESIASTÉS y EL CANTAR DE CANTARES. Los últimos tres fueron escritos por Salomón con la excepción de los últimos dos capítulos de Proverbios.
Los diecisiete libros restantes de las Escrituras Hebreas son principalmente proféticos. ISAÍAS, cuyo escritor profetizó en el siglo ocho a. de J.C.; JEREMÍAS, cuyo escritor comenzó a profetizar en el siglo siguiente, cuarenta años antes de la caída de Jerusalén en 607 a. de J.C.; LAMENTACIONES, en el cual Jeremías llora la desolación de Jerusalén; EZEQUIEL, cuyo escritor profetizó en Babilonia durante la desolación de Jerusalén, y DANIEL, cuyo escritor sirvió como profeta de Jehová, antes, durante y aun después de la desolación de setenta años.
El resto de los libros proféticos se llama los profetas “menores” debido a la extensión de sus escritos, aunque estas doce profecías no son menores ni en cuanto a importancia ni en cuanto a tiempo, pues varias antecedieron a los profetas “mayores.” Estos doce no siguen un modelo estricto de tiempo. Comienzan con OSEAS, JOEL (en realidad el primero de los diecisiete en ser escrito), AMOS y ABDÍAS; JONAS, MIQUEAS, NAHÚM y HABACUC; SOFONÍAS, AGEO, ZACARÍAS y MALAQUÍAS. Así que tenemos tres grupos de cuatro libros; Jonás comienza el segundo grupo de cuatro, y Sofonías, que no debe confundirse con Zacarías, el cual sigue a Ageo, el tercer grupo.
Ahora a las Escrituras Griegas Cristianas. Primero tenemos cinco libros que son principalmente históricos, los cuatro Evangelios, MATEO, MARCOS, LUCAS y JUAN, y HECHOS DE LOS APÓSTOLES. En seguida vienen veintiuna cartas, catorce por Pablo, las cuales para ayudar la memoria pueden dividirse como sigue: tres de sus cartas más largas ROMANOS, 1 y 2 CORINTIOS; luego cuatro muy parecidas en cuanto a tamaño, estilo y contenido: GÁLATAS, EFESIOS, FILIPENSES y COLOSENSES. Luego siguen cinco que comienzan con la letra “T”: 1 y 2 TESALONICENSES, 1 y 2 TIMOTEO y TITO. FILEMÓN y HEBREOS completan las cartas de Pablo. De modo que tenemos en las cartas de Pablo, nueve a congregaciones, cuatro a individuos, y una a un grupo de cristianos, los de nacimiento hebreo. Esto deja siete cartas más: SANTIAGO, 1 y 2 PEDRO, 1, 2 y 3 JUAN y JUDAS. Y para concluir está la profecía en símbolos, APOCALIPSIS, el último libro de la Biblia pero no el último en ser escrito, pues fue escrito en 96 d. de J.C., mientras que los demás escritos de Juan parecen haber sido escritos en 98 d. de J.C.
Con un poco de esfuerzo esta lista de libros puede aprenderse de memoria. El hacerlo no solo le resultará muy útil a uno en sus estudios bíblicos sino que también ayudará a recomendar a uno como ministro cristiano.
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Un Dios de amorLa Atalaya 1963 | 15 de septiembre
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Un Dios de amor
LA Biblia identifica a Jehová como un “Dios de amor.” “Dios es amor,” escribió el apóstol Juan. Y Moisés registró: “Jehová, Jehová, un Dios misericordioso y benigno, lento para airarse y abundante en bondad amorosa y verdad.”—2 Cor. 13:11; 1 Juan 4:8; Éxo. 34:6.
Pero algunas personas objetan: Un Dios de amor jamás pediría que uno de sus siervos hiciera lo que Jehová requirió de Abrahán. Nunca pediría de un hombre que ofreciera a su hijo único como holocausto. Algunas personas opinan de esa manera, pero ¿qué hay de usted? ¿Aumenta su amor hacia Jehová este incidente de la Biblia, o hace que Dios le sea repulsivo?
Es para nuestro bienestar eterno que cultivemos aprecio por todo lo que Dios dice y hace. Por lo tanto, en lugar de permitir que este acontecimiento nos aparte de Jehová, deberíamos desear conseguir un mejor entendimiento de él para que nos acerque más a él en amor. Visto correctamente, lo que Jehová requirió de Abrahán, no solo edificará nuestra fe en Él como el Dador de vida, sino que también demostrará el grado de Su propio amor para con el género humano.
Según el registro bíblico, Jehová instruyó a Abrahán: “‘Toma, por favor, a tu hijo, a tu hijo único a quien amas tanto, a Isaac, y haz un viaje a la tierra de Moría y allí ofrécelo como ofrenda quemada sobre aquel de los montes que yo te designe.’ . . . Finalmente llegaron al lugar que el Dios verdadero le había designado, y Abrahán construyó un altar allí y puso la leña en orden y ató de manos y pies a su hijo Isaac y lo puso en el altar encima de la leña. Entonces Abrahán extendió la mano y tomó el cuchillo de degüello para matar a su hijo. Pero el ángel de Jehová comenzó a llamarlo desde los cielos y a decir: ‘¡Abrahán, Abrahán!’ a lo cual él contestó: ‘¡Aquí estoy!’ Y pasó a decir: ‘No extiendas la mano contra el muchacho ni le hagas nada en absoluto, porque ahora ciertamente sé que temes a Dios, porque no me has rehusado a tu hijo, tu único.’”—Gén. 22:1-14.
Pero, ¿por qué pidió Jehová a Abrahán que sacrificara a su hijo, y por qué se preserva en la Biblia este registro? El apóstol Pablo usó el incidente como un ejemplo para animar a compañeros cristianos a ser fieles. Él volvió a llamar la atención de ellos a la promesa hecha por Jehová a Abrahán de hacer una nación grande de los descendientes de este hijo suyo nacido milagrosamente. Pablo citó la promesa: “Lo que habrá de llamarse ‘tu simiente’ será por medio de Isaac.” (Heb. 11:17, 18; Gén. 12:2, 3; 15:18; 21:12) Pero, ¿cómo podría producirse tal nación si Isaac estuviera muerto? No sería posible. Y sin embargo Dios le dijo a Abrahán que matara a Isaac. ¿No parecía ser contradictorio esto de parte de Dios? ¿Cómo reaccionó Abrahán?
La Biblia no registra los sentimientos interiores de Abrahán mientras iba camino
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