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  • “La palabra de Dios es viva y ejerce poder”
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1967
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1967
w67 1/10 págs. 579-582

“La palabra de Dios es viva y ejerce poder”

“LA PLUMA es más poderosa que la espada.” En una forma u otra más de una figura bien conocida de la historia ha expresado ese sentimiento, Napoleón y Benjamín Franklin hallándose entre ellos. En la forma exacta que se menciona aquí estas palabras aparecen en el drama de Bulwer-Lytton acerca del cardenal Richelieu, que fue un estadista francés astuto y ladino y príncipe de la iglesia de Roma en la primera mitad del siglo diecisiete.

Sin embargo, gobiernos totalitarios modernos han hecho grandes esfuerzos por demostrar que la espada de la persecución que ejercen es más poderosa que la pluma. Al suprimir la libertad de palabra, de prensa y de religión casi han tenido éxito en demostrar su punto. Casi, pero no del todo, porque por lo menos siempre ha habido una excepción notable. Y, ¿cuál es ésa? La Pluma inspirada, la Biblia, la Palabra de Dios.

Sí, los gobiernos totalitarios han podido encadenar a los hombres, pero no han podido restringir ni encadenar la Palabra inspirada de Dios. (2 Tim. 2:9) Como lo expresa bien el inspirado escritor del libro bíblico de Hebreos: “La palabra de Dios es viva y ejerce poder y es más aguda que toda espada de dos filos y penetra hasta dividir alma y espíritu,. . . y puede discernir pensamientos e intenciones del corazón.”—Heb. 4:12.

¿Por qué es esta Palabra de Dios tan viva, tan poderosa? Porque es la mismísima esencia de la verdad y porque sus escritores estuvieron llenos del espíritu o fuerza activa del Creador, Jehová Dios, el Omnipotente. Sus palabras verdaderamente son espíritu y vida, así como dijo el Hijo de Dios, Jesucristo. (Juan 6:63) Los que se embeben en las palabras de verdad que se encuentran en la Biblia con mentes razonables y corazones honrados de seguro reciben algo de la poderosa fuerza activa o espíritu de Dios. Además, esa Palabra de Dios imparte fe a los que la reciben con corazones buenos y honrados; una fe que los capacita a hacer muchas obras valientes y poderosas. (Hebreos, capítulo 11) Además, la Palabra de Dios imparte fuerza a los lectores que tienen hambre de la verdad y que son razonables por su mismísima honradez y candor así como por el énfasis que da a los principios justos. También imparte fuerza para la justicia por su revelación del sapientísimo, todopoderoso y perfectamente justo Creador, aquel que, sobre todos los demás, es el objeto apropiado de temor.

Una de las muchas maneras en que la Palabra de Dios se ha manifestado que es viva y que ejerce poder ha sido la de impartir facultad y celo a las criaturas humanas para efectuar el servicio, el ministerio de Jehová Dios, esto es, ‘predicar la palabra.’ Y los ha habilitado a hacer esto a pesar de enconada oposición, facultándolos a continuar fieles hasta la muerte.—2 Tim. 4:2, 7, 8.

El fiel profeta hebreo Jeremías suministró un ejemplo notable del poder de ella hace unos 2.500 años. El mensaje de él era muy impopular, y habiendo recibido oposición, burla y persecución, se cansó en una ocasión y decidió no dar más testimonio de su Dios. Pero, ¿pudo desistir? ¿Qué dice el registro? “En mi corazón resultó ser como un fuego ardiente encerrado en mis huesos; y me cansé de contenerme, y no pude aguantarlo.” Sencillamente tenía que seguir predicando. La palabra que Jehová Dios le había dado fue lo suficientemente poderosa.—Jer. 20:9.

EJEMPLO DE LOS CRISTIANOS PRIMITIVOS

Lo mismo aplicó a los siervos de Jehová Dios que se hicieron cristianos, seguidores de Cristo. La Palabra de Dios hizo que se hicieran trabajadores activos, predicadores celosos del evangelio o buenas nuevas, y demostraron que esa Palabra es más poderosa que la espada de persecución. Por eso cuando detuvieron a los apóstoles y los condujeron ante el tribunal y les exigieron que no predicaran más acerca de Jesucristo, denodadamente contestaron: “Si es justo a la vista de Dios escucharles a ustedes más bien que a Dios, júzguenlo ustedes mismos. Mas en cuanto a nosotros, no podemos dejar de hablar de las cosas que hemos visto y oído.”—Hech. 4:19, 20.

Poco después los apóstoles fueron detenidos nuevamente y esta vez fueron golpeados y se les ordenó que dejaran de predicar. ¿Hizo esto que desistieran? ¿Qué dice el registro? “Estos, por lo tanto, se fueron de delante del Sanedrín, regocijándose porque se les había considerado dignos de sufrir deshonra a favor de su nombre. Y todos los días en el templo y de casa en casa continuaban sin cesar enseñando y declarando las buenas nuevas acerca del Cristo, Jesús.” (Hech. 5:40-42) Sí, aunque fueron azotados y se les mandó que dejaran de predicar, continuaron predicando “sin cesar.”

Tampoco resultó ser más poderosa la espada de la persecución que la Pluma inspirada, la Palabra de Dios, cuando, algún tiempo después, los cristianos de Jerusalén fueron perseguidos cruelmente, siendo esparcidos por todas partes. No, porque “los que habían sido esparcidos fueron por la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra.”—Hech. 8:4.

Lo mismo sucedió en el caso del apóstol Pablo y la congregación cristiana que fundó en Tesalónica. Como testifica Pablo mismo: “Las buenas nuevas que predicamos no resultaron estar entre ustedes con habla solamente, sino también con poder y con espíritu santo y fuerte convicción. . .El hecho es que . . . en todo lugar la fe de ustedes para con Dios se ha divulgado, de modo que nosotros no tenemos necesidad de decir nada.” No hay duda en cuanto a que la Palabra de Dios como la predicó Pablo es viva y ejerce poder.—1 Tes. 1:5-9.

LAS TRADICIONES HUMANAS NO DAN PODER

Las tradiciones de los hombres, que están en pugna con la Biblia, se hallan en contraste notable con la inspirada y poderosa Palabra de Dios. Estas no imparten tal poder, no se basan en la verdad, no están llenas de espíritu santo de Dios. Concerniente a ellas Jesucristo dijo en una ocasión: “Invalidan la palabra de Dios por la tradición suya que ustedes transmitieron.” (Mar. 7:13) Se desprende que los que se alimentan de tradición en vez de la Palabra de Dios carecen del poder y celo que imparte la Palabra de Dios.

Los mismísimos que se adhieren a las tradiciones de los hombres suministran una prueba de esto en tiempos modernos, suministrando un ejemplo el prolífico y popular escritor católico romano Guillermo J. Whalen. En una de sus más recientes publicaciones, Jehovah’s Witnesses (1965), que tiene el imprimátur de C. F. O’Donnell, J.C.D., Administrador de la Arquidiócesis de Chicago, entre otras cosas, dice: “Fr. Omer Degrijse, C.I.C.M., superior general de los misioneros del Inmaculado Corazón de María, declaró recientemente que el problema principal de la Iglesia en todas partes es el punto de vista pasivo de los laicos. ‘Solo el 5 por ciento de los miembros de la Iglesia Católica participa activamente en una obra apostólica,’ agregó. ‘Estos son los sacerdotes, los religiosos [monjes y monjas], y los pocos apóstoles laicos de la Acción Católica.’ El cabeza de los padres Sheut declaró que el verdadero problema de la Iglesia en todos los países y en todas las parroquias es cómo despertar al 95 por ciento a su responsabilidad de esparcir la palabra de Dios en su propia esfera de influencia. No reconoce esta responsabilidad ahora. Como resultado . . . la Iglesia ha llegado a ser un ejército que se compone únicamente de oficiales sin soldados.” Después de comentar sobre el celo de los testigos de Jehová, el Sr. Whalen prosigue: “Si otros católicos piensan como yo, quedan yertos ante la idea de pasar siquiera unas cuantas horas dentro de unos cuantos años visitando a sus semejantes católicos para colectar algunos fondos.”

Pero no sorprende esto cuando notamos que esta misma falta de poder, de celo, de ánimo y de convicción se difunde hasta la cúspide de esta organización religiosa. Por eso, hay también el escritor católico romano Nerin E. Gun, que se refiere a sí mismo como “un buen católico, criado por los Hermanos y educado en parte por la Universidad Católica de París.” En su libro, The Day of the Americans (1966), que trata de sus experiencias en el campo de concentración alemán de Dachau, dice lo siguiente acerca de los antecedentes del papa Pío XII en relación con Hitler y los nazis: “¿Qué podía hacer el papa? Por lo menos pudo haberse abstenido. Pudiera haber rehusado firmar concordatos con la Italia fascista y la Alemania hitleriana. Pudo haber excomulgado a ambos dictadores como en tiempos antiguos el papa había excomulgado a emperadores (acuérdese de Canossa).a

“Se ha dicho que el clero católico sufrió tremendamente. Esto es verdad... pero, precisamente ¿a qué proporciones? Por cada sacerdote antinazi, ¿cuántos hubo que colaboraron con el régimen y lo toleraron? . . . Se dice que el Sumo Pontífice, al oponerse inequívocamente a Hitler, solo hubiera provocado más opresiones crueles. Eso no se demuestra de ninguna manera. Habría sido difícil para Hitler ser más despiadado de lo que era. ¿Qué habría hecho? ¿Pasar por fuego los judíos por segunda vez? Además, el temor de las represalias jamás ha sido una excusa válida para no cumplir uno con su deber. Después de todo, si todos nosotros nos hubiéramos cruzado de brazos [Gun fue un neutral que fue a dar al campo de concentración de Dachau por sus reportajes francos y denodados] para no exponer a nuestras familias, nuestros amigos y nuestras posesiones, no habría habido ninguna Resistencia, ningunos partidarios, ninguna oposición de ninguna clase.” Y eso lo dice un escritor católico intensamente leal a su Iglesia, como se desprende de otras partes de su libro.

De lo susodicho es evidente que las tradiciones religiosas no fortalecen a los hombres y a las mujeres, al clero ni a los legos, ni los hacen celosos y denodados. Las tradiciones no son más poderosas que la espada de la persecución.

LA PALABRA DE DIOS AÚN ES PODEROSA

Que la Palabra de Dios es tan viva y poderosa hoy como lo fue en tiempos apostólicos lo demuestran los testigos cristianos de Jehová. Se basan firmemente en la Biblia, y como observa el Sr. Whalen, los Testigos “apartan tiempo para leer la Biblia,” así como para leer “las revistas La Atalaya y ¡Despertad!, tratados y libros,” todos los cuales se basan en la Biblia. Además testifica: “Aun los que más severamente critican a los Testigos difícilmente pueden negar que el Testigo generalmente despliega una dedicación completa a su religión; ésta es una de las cosas que me gustan de los Testigos de Jehová. Hay Testigos que son médicos y agricultores, amas de casa y arquitectos, jornaleros y maestros; pero si son Testigos dedicados saben que su primera lealtad es a Jehová.” “Puedo asegurarles que la mayor parte de los Testigos tiene que luchar para vencer la misma timidez, sensibilidad e inercia a las que nos enfrentaríamos cualesquiera de nosotros que se nos pidiera andar de puerta en puerta tratando de hacer que los vecinos y los extraños simpaticen en nuestra religión. El que la mayoría de los Testigos persista en este trabajo agotador mes por mes y año tras año es algo que tengo que admirar.” “Cada Testigo —hombre o mujer, adulto o niño— sabe que tiene que llegar a ser un misionero activo.” Sí, la Palabra de Dios es viva y ejerce poder en nuestro día tal como lo hizo en tiempos bíblicos.

Y estos cristianos orientados por la Biblia manifiestan este celo a pesar de oposición y persecución enconadas, como lo hicieron los cristianos primitivos. Por eso, el Sr. Gun dice acerca de su experiencia en el campo de concentración de Dachau: “Me gustaría poder decir que solo ha habido héroes en el [campo] Lager pero eso, por desgracia, no sería verdad. Éramos un grupo heterogéneo. Entre nosotros había de todo: comunistas, miembros de lo clandestino, criminales, anarquistas. . . y los admirables Testigos de Jehová . . . Los miembros de los Testigos de Jehová, debe decirse, mostraron tal ánimo, osadía, virtud y estoicismo en la adversidad que merecen un saludo especial. Fueron como rocas en un mar de lodo.”

¿“Como rocas en un mar de lodo”? ¿“Merecen un saludo especial”? ¿Por qué? Por la poderosa Palabra de Dios que estaba en su corazón.

Y unos veinte años después encontramos a los testigos de Jehová distinguiéndose de la misma manera en otros países. Como muestra el Anuario de los Testigos de Jehová para 1967, durante el año pasado han sufrido persecución en más de veinte países, estando entre la más enconada la que experimentaron en Portugal y Cuba.

¿Cómo responden estos Testigos a tal trato? Como los apóstoles de la antigüedad. El Anuario publica algunas de las declaraciones de los que están en campos de concentración en Cuba: “No estamos desalentados. Todavía respondemos con las palabras de Pablo: ‘Nada puede separarnos del amor de Jesús.’ Oren por nosotros como nosotros lo hacemos por ustedes.” Y escribió uno a su esposa: “Dicen que no vamos a ser enviados a prisión, que nos hacemos soldados o vamos al cementerio. Así que sé fiel y ora por nosotros.”

Sí, la Palabra de Dios verdaderamente es viva y ejerce poder. Se resulta ser más poderosa que la espada de la persecución. Es provechosa para muchas cosas, especialmente para iluminarlo a uno en cuanto al derrotero de la justicia y luego para facultarlo a uno a seguir ese derrotero. (2 Tim. 3:16, 17) De modo que lea su Biblia diariamente, léala con fe, pídale a Dios que le ayude a entenderla y a aplicar lo que usted lee a su vida cotidiana. Y si desea más ayuda en sus esfuerzos por entenderla, los testigos de Jehová, que han sacado tanto provecho de ella, están dispuestos a ayudarle.

[Nota]

a Cuando el papa Gregorio VII permitió que un emperador alemán excomulgado subsistiera por varios días en el frío del invierno con una camisa de penitente, rogando perdón.

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