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Una ramera ejecutada por sus amantesLa Atalaya 1967 | 15 de agosto
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Pero en cuanto a los “diez cuernos” y la “bestia salvaje,” su odio a la religión falsa no significa su conversión a la adoración verdadera de Dios. No, no mirarán con favor a los testigos cristianos de Jehová. Los siervos de Dios estarán en peligro, expuestos a ataque de parte de los antirreligiosos. Sin embargo, de manera diferente a la condición expuesta y no protegida de Babilonia la Grande, los siervos de Jehová tendrán un “muro” invisible a su alrededor. El Dios Todopoderoso los protegerá y preservará a través de aquel período aterrador de ejecutar su juicio justo sobre la gran ramera.—Sal. 37:32-34; compárese con 2 Reyes 6:15-17; Zacarías 2:5; Daniel 3:24-27.
19. ¿Hay algún santuario en Babilonia la Grande, o dónde puede hallarse?
19 Por eso, aunque uno pudiera sentirse en este tiempo muy seguro en una religión de Babilonia la Grande, podemos ver por la profecía que Dios cambiará los papeles de estos asuntos muy rápidamente. Por lo tanto, no es algo que debiéramos considerar con indiferencia, adoptando la actitud de dejar al tiempo el asunto. En vez de considerar a Babilonia la Grande como un santuario, huya al santuario verdadero, la organización cristiana de Dios, estudiando la Palabra de Dios la Biblia y adoptando la acción que se manda en ella. Solo así verá realizada uno la promesa de Dios: “La salvación de los justos proviene de Jehová; él es su plaza fuerte en el tiempo de angustia. Y Jehová los ayudará y les proveerá escape. Les proveerá escape de los inicuos y los salvará, porque se han refugiado en él.”—Sal. 37:39, 40.
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“Feliz es la nación cuyo Dios es Jehová”La Atalaya 1967 | 15 de agosto
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“Feliz es la nación cuyo Dios es Jehová”
Según lo relató Roberto A. Winkler
CUANDO vino el año crucial de 1914 y estalló la I Guerra Mundial, yo estaba en la escuela en Alemania y se instó a los estudiantes a emprender el servicio militar. Para los que se ofrecieron voluntariamente, se preparó un examen especial, y todos lo pasaron con honores. Yo fui uno de aquellos estudiantes para quienes los estudios en las aulas habían terminado súbitamente.
Era yo un muchacho de dieciséis años cuando estuve en el frente en Francia, al otro lado de Reims como “voluntario de un año.” En el frente, se hizo provisión para instrucción religiosa. Observé que el capellán predicaba exactamente lo contrario de lo que yo había aprendido. Esta instrucción nos enseñaba y estimulaba a matar a tantos enemigos como fuera posible y que una muerte heroica sería considerada como algo muy honorable. Todo esto me hizo reflexionar. Esto, además de mi asociación con los del ejército, me condujo finalmente a perder la fe.
Cuando resulté herido de gravedad y regresé bien condecorado del frente, fui dado de baja del ejército. Luego conocí a un estudiante de filosofía, siendo el resultado de esta asociación que me hiciera ateo como él.
LLEGANDO A SER UNO DEL PUEBLO DE JEHOVÁ
Continué como ateo hasta 1924, cuando llegué a conocer a un Bibelforscher, es decir, un testigo de Jehová. Lo que me dijo acerca de la Biblia era enteramente nuevo para mí. Se me instó a buscar nuevos argumentos para poder refutar sus
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