Preguntas de los lectores
● ¿Significa la profecía de Jeremías 22:30 que el rey Joaquín, o Conías, no tuvo hijos? —J. L., EE. UU.
No, Joaquín sí tuvo hijos. Note cuidadosamente lo que dice la profecía: “Inscriban a este hombre como sin hijos, como un hombre físicamente capacitado que no tendrá ningún éxito en sus días; porque de su prole ni uno solo tendrá éxito, de modo que se siente sobre el trono de David y gobierne más en Judá.” Aunque sería inscrito como “sin hijos,” la última parte del versículo indica que Joaquín, también llamado Conías y Jeconías, tendría prole. De hecho, se alistan siete de sus hijos en 1 Crónicas 3:17, 18. Por eso, parece que este texto ha de entenderse con respecto al trono de David en Jerusalén.
Al morir su padre, Joaquín, que entonces tenía dieciocho años de edad y posiblemente no tenía hijos, llegó a ser rey. (2 Rey. 24:8) Después de gobernar Joaquín solo tres meses, Nabucodonosor se lo llevó cautivo a Babilonia y colocó en el trono a Sedequías. En su trigésimo séptimo año de cautiverio Joaquín fue elevado a una posición de honor en Babilonia, pero ni él ni sus hijos gobernaron otra vez en el trono de David en Jerusalén. (2 Rey. 25:27-30) Después de que los judíos regresaron de Babilonia tenían un gobernador, pero no un rey. Tal como profetizó Jeremías, Joaquín estuvo “como sin hijos” en el sentido de que no tuvo sucesor porque no tuvo a nadie de su prole que gobernara como rey en el trono de David en Judá.
● Según Lucas 22:37, Jesús habría de ser “contado con los desaforados,” en cumplimiento de Isaías 53:12. ¿Han de ser considerados los discípulos de Cristo como los “desaforados” porque algunos llevaban espadas?—A. F., EE. UU.
No, no parece ser que los seguidores de Jesús, aunque tenían dos espadas en aquel tiempo, fueran los “desaforados.” Más bien, esta porción de Isaías 53:12 se cumplió cuando fue fijado en el madero entre dos criminales. Al examinar el contexto de las palabras de Jesús podemos entender mejor el punto que estaba recalcando. Lucas 22:35-38 dice:
“También les dijo: ‘Cuando los envié sin bolsa y sin alforja y sin sandalias, no les faltó nada, ¿verdad?’ Ellos dijeron: ‘¡No!’ Luego les dijo: ‘Mas ahora el que tiene bolsa tómela, así mismo también la alforja; y el que no tiene espada venda su prenda exterior de vestir y compre una. Porque les digo que esto que está escrito tiene que realizarse en mí, a saber: “Y fue contado con los desaforados.” Porque lo que tiene que ver conmigo está realizándose.’ Entonces dijeron: ‘Señor, ¡mira! aquí hay dos espadas.’ Él les dijo: ‘Basta.’”
El Señor estaba pasando su última noche con los discípulos antes de su muerte. Comprendió que, una vez que fuera arrestado y ejecutado, cambiarían las condiciones para ellos. Cuando los había enviado antes, habían sido bien recibidos y la gente había provisto para ellos, pero, en general, ahora las cosas iban a ser más difíciles. (Mar. 6:7-11) De entonces en adelante la mayoría no los recibiría bien, sino que serían rechazados y escarnecidos. En consecuencia, tendrían que hacer algunas provisiones para ellos mismos.
Después de expresar cuál sería su situación en el futuro, Jesús explicó a sus discípulos por qué las cosas habrían de cambiar; les dijo la razón. Se debía a que él habría de ser muerto, habría de morir como un transgresor y ejecutado con desaforados en cumplimiento de Isaías 53:12. Los “desaforados” no eran los discípulos a quienes estaba hablando, sino, en cambio, fueron los malhechores entre quienes Jesús fue fijado en el madero. (Mat. 27:38) Algunos manuscritos tienen insertado un versículo en Marcos 15 enlazando directamente a estos malhechores con la profecía de Isaías 53:12; pero manuscritos más antiguos y más confiables omiten Marcos 15:28.
Después que Jesús proveyó la explicación del porqué los discípulos podrían esperar problemas en el futuro, los seguidores de Jesús comentaron: “Señor, ¡mira! aquí hay dos espadas.” Esto no quiso decir que los seguidores de Jesús acostumbraban llevar espadas, sino que en esta ocasión se suministraron. Al mencionarles una espada, Jesús no estaba recomendando que se armaran para atacar. ¡Lo contrario fue cierto! Sus siguientes palabras mostraron que tenía algo más presente y que estaba usando las espadas para enseñar a sus seguidores una lección importante.
Iba a ser arrestado en breve por una partida armada, entre ellos soldados romanos; y las circunstancias podrían provocar resistencia armada. (Mat. 26:47; Juan 18:12) Sin embargo, para llevar a cabo lo que se había profetizado Jesús optó por no recurrir a la resistencia armada sino que voluntariamente permitió ser detenido. Las dos espadas no bastarían para defender al grupo victoriosamente contra la chusma, pero bastarían con el propósito de enseñar una lección, para recalcar que Jesús estaba sometiéndose por su libre albedrío, libremente, y no resistiendo violentamente, como su grupo estaba equipado para hacerlo. (Juan 18:11, 36) Cuando Pedro impetuosamente sacó su espada y le cortó la oreja al esclavo Malco, Jesús lo reprendió. Dijo que “los que toman la espada, perecerán por la espada”; además, si él hubiera querido pudo haberle pedido a los ángeles ayuda. (Mat. 26:52, 53) Pero eso no era lo que quería. Como se mostró por no utilizar las dos espadas para defenderse, Jesús estaba entregándose voluntariamente para morir en el madero entre dos “desaforados.” En cuanto a los seguidores fieles de Jesús, habían aprendido bien su lección, de modo que Justino Mártir escribió en su Dialogue with Trypho, a Jew (155-160 E.C.): “Nosotros que estábamos llenos de guerra, y de matanza atroz mutua, y de toda iniquidad, cada uno de nosotros a través de toda la Tierra ha cambiado sus armas bélicas,... nuestras espadas en rejas de arado y nuestras lanzas en utensilios de labranza.”
● Zacarías 8:19 menciona cuatro diferentes ayunos que observaban los judíos. ¿Qué conmemoraban éstos?—K. A., EE. UU.
Dios inspiró al profeta Zacarías para que escribiera en Zacarías 8:19: “Esto es lo que ha dicho Jehová de los ejércitos: ‘El ayuno del cuarto mes, y el ayuno del quinto mes, y el ayuno del séptimo mes, y el ayuno del décimo mes llegarán a ser para la casa de Judá un alborozo y un regocijo y buenos períodos de fiesta. Por lo tanto amen la verdad y la paz.’” Estos cuatro ayunos, aunque Dios no los mandó, denotaban pesar y les hacían recordar acontecimientos tristes y calamitosos en relación con Jerusalén y con el hecho de que Babilonia la había derrocado y había derrocado el reino de Judá en el siglo séptimo antes de la era común.
El “ayuno del cuarto mes” evidentemente conmemoraba la brecha que hicieron los babilonios en los muros de Jerusalén. Esto sucedió el 9 de Tamuz de 607 a. de la E.C. A esto siguió la captura del rey judío Sedequías.—2 Rey. 25:2-7; Jer. 52:6, 7.
Según Zacarías 8:19, los judíos también guardaban el “ayuno del quinto mes.” Fue en el quinto mes, o Ab, de 607 a. de la E.C. que Nabuzaradán, el jefe de la guardia de corps del rey Nabucodonosor, entró en Jerusalén y “procedió a quemar la casa de Jehová [el templo] y la casa del rey y todas las casas de Jerusalén.” (Jer. 52:12-14; 2 Rey. 25:8-10) Por consiguiente, el “ayuno del quinto mes” evidentemente se celebraba en conmemoración de la destrucción del templo.
Cuando los judíos fueron llevados al cautiverio por los babilonios en 607 a. de la E.C., “a algunos de humilde situación de la gente de la tierra el jefe de la guardia de corps dejó que se quedaran como viñadores y trabajadores bajo obligación.” Gedalías fue nombrado gobernador sobre ellos. Sin embargo, fue asesinado y toda la gente después abandonó enteramente a Judá, descendiendo a Egipto. (2 Rey. 25:12, 22-26) De modo que fue en el séptimo mes de 607 a. de la E.C. que Judá y Jerusalén llegaron a estar plenamente desoladas. El “ayuno del séptimo mes,” o Tishri, se celebraba evidentemente como un recuerdo triste de la muerte de Gedalías o de aquella desolación completa de la tierra.
Pero, ¿qué hay del “ayuno del décimo mes,” que también se menciona en Zacarías 8:19? Este parece haberse celebrado en conmemoración de un acontecimiento que precedió a los que ya hemos considerado. Fue en el día décimo de Tebet, el nombre que se le dio después del cautiverio al décimo mes lunar judío del calendario sagrado, cuando el rey Nabucodonosor comenzó su sitio contra Jerusalén. (2 Rey. 25:1; Jer. 39:1; 52:4) Esto fue en el año 609 a. de la E.C. En el tercer año de ese sitio, o en 607 a. de la E.C., Jerusalén cayó a los babilonios. De modo que el comienzo del sitio con éxito de Nabucodonosor contra Jerusalén pudo haber sido designado por los judíos durante el “ayuno del décimo mes.” Sin embargo, también fue en el décimo mes cuando Ezequiel y otros cautivos en Babilonia se enteraron de la caída de la ciudad. (Eze. 33:21) Por consiguiente, es posible que este ayuno haya estado asociado con el haber recibido esas noticias tristes.
Los judíos regresaron de su cautiverio babilónico de setenta años en 537 a. de la E.C. Por eso, cuando Zacarías profetizó (521-519 a. de la E.C.), habían estado de regreso en Judá y Jerusalén por algún tiempo. Sin embargo, el importantísimo trabajo de reedificación del templo se hallaba estancado entonces. No obstante, el templo sería completado y Jehová bendeciría ricamente a los judíos. Los cuatro ayunos sombríos que se mencionan en Zacarías 8:19 llegarían a ser “para la casa de Judá un alborozo y un regocijo y buenos períodos de fiesta.” Por medio de su profeta Zacarías, Jehová prometió éxito, prosperidad y felicidad a los judíos. Por lo tanto, no deberían estar viviendo en el pasado. Deberían ver el futuro con optimismo y confianza en Dios. Estimulados por la actividad profética de Ageo y Zacarías, los judíos repatriados bajo Zorobabel renovaron el trabajo de construcción del templo y este centro de adoración verdadera se completó con éxito en 516 a. de la E.C. (Esd. 6:14, 15) Seguramente, entonces, el duelo que acompañaba a los ayunos que conmemoraban la caída de Jerusalén, la desolación de Judá y la destrucción del templo que edificó Salomón era inapropiado. De allí en adelante los judíos tenían razón para regocijarse y alborozarse.
En tiempos modernos, y especialmente desde 1917 hasta 1919, los cristianos ungidos experimentaron tristeza espiritual. Sin embargo, su liberación de Babilonia la Grande, el imperio mundial de la religión falsa, sucedió en 1919, y después estos siervos de Jehová restaurados espiritualmente no tenían razón alguna para estar de duelo y considerar abatidamente el pasado. Algunos no progresaron espiritualmente y no vieron los desarrollos desde el punto de vista correcto. Pero no aplicó a estos ungidos como grupo. Los fieles tenían buena causa para ver el futuro con optimismo, con regocijo y alborozo. Lo hicieron, y hasta este día han gozado de gran felicidad y de la rica bendición de Jehová al adelantar los intereses de la adoración verdadera y al declarar las buenas nuevas del reino de Dios por toda la Tierra.