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  • Lo que usted no sabe puede perjudicarlo

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  • Lo que usted no sabe puede perjudicarlo
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1967
w67 15/5 págs. 291-292

Lo que usted no sabe puede perjudicarlo

“LO QUE no sé no puede perjudicarme.” “Simplemente voy a meterme en lo que me incumbe y dejar a otros que se metan en lo que les incumba.” “Por lo menos, no pueden echarme la culpa por algo que no sé.” Estas solo son unas cuantas de las expresiones que se escuchan de personas que no quieren implicarse con otros, que no quieren asumir ninguna responsabilidad por sus vecinos o semejantes. Algunos realmente creen que al dejar de frecuentar indebidamente con otros podrán llevar una vida tranquila, sin cuidados.

¿Cuán prudentes son tales actitudes? Y, ¿pueden los que las adoptan hacerlo y al mismo tiempo pretender el favor de Dios como seguidores de su Hijo, Cristo Jesús?

“La ignorancia bienaventurada” ciertamente parece atractiva. Y según las reglas de la justicia humana los delitos cometidos en ignorancia se consideran con mayor indulgencia que los que se cometen voluntariosamente. Por eso, superficialmente, pudiera parecer muy aparentemente razonable pensar que lo que usted no sabe no puede perjudicarlo.

Pero, ¿por qué no dirigirse a la Palabra de Dios, la Biblia, para consejo autoritativo sobre el tema? Pongamos por caso que consideramos a Lot, el sobrino de Abrahán. Este fiel adorador de Dios pudo haber cerrado los ojos y los oídos a todo lo que estaba pasando a su alrededor en Sodoma y las ciudades adyacentes, engañándose a pensar que todo estaba bien, que mientras menos supiera en cuanto a lo que sucedía menos sería su responsabilidad. Pero, ¿fue así como este hombre aprobado por Dios consideró las cosas? La Biblia contesta: “Ese hombre justo por lo que veía y oía mientras moraba entre ellos de día en día atormentaba su alma justa a causa de los hechos desaforados de ellos.”—2 Ped. 2:8.

El desconocer cualquier responsabilidad por la seguridad y bienestar de nuestros vecinos y semejantes pudiera parecer aliviarnos de una carga pesada. Esto es lo que algunos tienen presente cuando se determinan a “meterse en lo que les incumbe.” Pero ciertamente es prudente pausar y meditar en esta pregunta: ¿En qué difiere mi actitud de la que expresó el Caín culpable de derramamiento homicida de sangre cuando le dijo a Dios: “¿Soy yo el guardián de mi hermano?” (Gén. 4:9) Esta falta de consideración a otros explica la manera cruel en que personas en las ciudades grandes pueden estar de mirones y ver que a un conciudadano se le está dando muerte sin molestarse en pedir ayuda.

Es absolutamente cierto que lo que la gente no sabe puede resultar ser muy perjudicial para ella, sí, hasta fatal. Si usted viviera en un apartamento de los altos, y no supiera que se había declarado un fuerte incendio en los apartamentos de los bajos, usted, de hecho, se hallaría en grave peligro. De la misma manera, un ciego que camine en dirección de un hoyo profundo también se encuentra en grave peligro. En cualquier caso lo que se necesita es una palabra de advertencia. Pero, ¿quién va a dar la palabra de advertencia si cada uno se determina estrictamente a “meterse en lo que le incumbe”? ¿No va a salir perjudicada la persona que está en peligro por lo que no sabe?

Que hay algunos que no desean prestar atención a información amonestadora lo aclaró el apóstol Pedro cuando escribió: “Porque, conforme al deseo de ellos, este hecho se les escapa, que en tiempos antiguos hubo cielos y una tierra situada sólidamente fuera de agua y en medio de agua por la palabra de Dios; y por aquellos medios el mundo de aquel tiempo sufrió destrucción cuando fue anegado en agua.” (2 Ped. 3:5, 6) Ninguno de los que rechazaron la advertencia anticipada, que adoptaron la actitud de que lo que no sabían no les perjudicaría, sobrevivió al fin acuoso de aquel mundo.

Las Escrituras muestran que el que se aísla de las necesidades de sus semejantes se va a meter en dificultades. Bajo inspiración el sabio declaró: “El que se aísla buscará su propio anhelo egoísta; contra toda sabiduría práctica estallará.” (Pro. 18:1) La sabiduría práctica le indicaría que él mismo necesitaba urgentemente la asociación edificante de otros. La táctica del aislamiento no excusa de responsabilidad, ni protege de calamidad.

Realmente, entonces, no hay nada que se gane por medio de esconder la cabeza de uno en la arena como el avestruz proverbial. La responsabilidad se nos adherirá, aunque estemos en ignorancia, si hemos rechazado las oportunidades de conseguir conocimiento. Simplemente piense en la terrible situación de aquellos israelitas que rehusaron oír la palabra de advertencia de Dios, y de quienes él, a su vez, declaró. ¡“‘Así que ocurrió que, tal como él llamó y ellos no escucharon, así ellos llamaban [en su día de calamidad] y yo no escuchaba,’ ha dicho Jehová de los ejércitos”!—Zac. 7:13.

Los que rehúsan adquirir conocimiento vital, que adoptan el punto de vista de que lo que no saben jamás les perjudicara, quizás estén poniendo en peligro su vida. ¿Por qué? Por la razón que expresó Cristo Jesús, cuando oró a su Padre en el cielo: “Esto significa vida eterna, el que estén adquiriendo conocimiento de ti, el único Dios verdadero, y de aquel a quien tú enviaste, Jesucristo.” (Juan 17:3) Cuán importante, entonces, es el atesorar conocimiento sano, porque el conocimiento trae sabiduría, y la sabiduría, a su vez, provee defensa contra la calamidad.—Ecl. 7:12.

La proclamación del mensaje del Reino por Cristo Jesús y sus seguidores hace mil novecientos años acarreó grande responsabilidad sobre todos los que alcanzaron a oír, sea que hayan prestado atención o no. Ahora, en nuestro día, esa responsabilidad se ha intensificado tanto por el esparcimiento de conocimiento como por el tiempo crítico en que vivimos. Oportunas, entonces, son las palabras del apóstol Pablo: “Dios ha pasado por alto los tiempos de tal ignorancia, sin embargo ahora le está diciendo a la humanidad que todos en todas partes se arrepientan. Porque ha fijado un día en que se propone juzgar a la tierra habitada con justicia por un varón a quien él ha nombrado.”—Hech. 17:30, 31.

El ignorar los propósitos de Dios en este día cuando está haciendo que el conocimiento se proclame hasta los extremos de la Tierra no será excusa alguna en su gran tribunal de justicia. Efectivamente, lo que usted no sabe PUEDE perjudicarlo.

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