BIBLIOTECA EN LÍNEA Watchtower
Watchtower
BIBLIOTECA EN LÍNEA
español
  • BIBLIA
  • PUBLICACIONES
  • REUNIONES
  • w67 1/1 págs. 29-32
  • Proclamadores del Reino de Dios

No hay ningún video disponible para este elemento seleccionado.

Lo sentimos, hubo un error al cargar el video.

  • Proclamadores del Reino de Dios
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1967
  • Subtítulos
  • LLENANDO LOS REQUISITOS PARA PARTICIPAR
  • LO QUE ESTÁ ENVUELTO
La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1967
w67 1/1 págs. 29-32

Proclamadores del Reino de Dios

INMEDIATAMENTE antes de ascender al cielo Jesucristo grabó indeleblemente en la mente de sus discípulos la responsabilidad de dar testimonio a otros. Le aclaró que la predicación acerca del reino de Dios era una parte esencialísima de la adoración verdadera. “Recibirán poder cuando espíritu santo llegue sobre ustedes,” prometió él, “y serán testigos de mí tanto en Jerusalén como en toda Judea y en Samaria y hasta la parte más lejana de la tierra.”—Hech. 1:8; Mat. 28:19, 20.

Pero el dar testimonio acerca del reino de Dios en un mundo enemigo no sería tarea fácil. Jesús sabía esto. Había advertido a sus discípulos que, “si ellos me han perseguido a mí, a ustedes también los perseguirán.” (Juan 15:20) Por eso, ¿cómo podrían aguantar sus seguidores esta oposición mundial y no obstante atender apropiadamente a las personas de cualidades de oveja que reaccionaran favorablemente a la predicación de ellos? Solo podrían hacerlo si tuvieran intenso amor a Dios y al que él nombró como amo de las “ovejas,” Jesucristo.

Observe cómo Jesús recalcó el papel que desempeña el amor en hacer esta predicación. La ocasión fue una mañana después de su resurrección. Siete de sus discípulos estaban reunidos en la playa del mar de Galilea, donde acababan de desayunarse. Apenas unos días antes, su apóstol, Simón Pedro, había negado a Jesús durante un instante de debilidad. Por eso, delante de todos el resucitado Jesús preguntó: “‘Simón hijo de Juan, ¿me amas más que éstos?’ Le dijo: ‘Sí, Señor, tú sabes que te tengo cariño.’ Le dijo: ‘Apacienta mis corderos.’”—Juan 21:15.

Jesús comprendió que Pedro estaba verdaderamente arrepentido, pero quería grabar en él y en los otros discípulos la importancia de predicar y atender a las personas de cualidades de oveja que escucharan. De modo que preguntó por segunda vez: “‘Simón hijo de Juan, ¿me amas?’ Le dijo: ‘Sí, Señor, tú sabes que te tengo cariño.’ Le dijo: ‘Pastorea mis ovejitas.’”—Juan 21:16.

¿Cómo podía Jesús haber recalcado más fuertemente que era responsabilidad de ellos el cuidar los intereses espirituales de otros? Realmente Jesús estaba usando a Pedro como tornavoz, para grabar la importancia de predicar, no solo sobre sus discípulos presentes allí, sino también sobre todos sus seguidores que viven hoy en día. ¿Ama usted al amo Jesús? Si lo ama, usted tiene que demostrarlo por medio de hacer la voluntad de su Padre. “No todo el que me dice: ‘Señor, Señor,’ entrará en el reino de los cielos,” dijo Jesús, “sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos.”—Mat. 7:21.

Jesús no dejó duda en la mente de aquellos discípulos que estaban en la playa de Galilea esa mañana tocante a qué era la voluntad de Dios. ¡Era el que ellos atendieran a las “ovejas”! Esto quiso decir que tenían que predicar. Por eso para fijar esto en su mente Jesús preguntó a Pedro por tercera vez: “¿Me tienes cariño?” Como usted bien puede imaginarse, “Pedro se contristó de que le dijera por tercera vez: ‘¿Me tienes cariño?’ De modo que le dijo: ‘Señor, tú sabes todas las cosas; tú bien sabes que te tengo cariño.’ Le dijo Jesús: ‘Apacienta mis ovejitas.’”—Juan 21:17.

Después de leer este relato bíblico, ¿hay alguna duda en la mente de usted tocante a que Jesús quería que Pedro y todos los discípulos continuaran la predicación del Reino que él había iniciado? ¿No indica también esto que es responsabilidad cristiana de usted el ayudar a personas de cualidades de oveja a aprender acerca del reino de Dios? Jesús dijo que, exactamente antes del fin de este inicuo sistema de cosas, “estas buenas nuevas del reino se predicarán en toda la tierra habitada para testimonio a todas las naciones.” (Mat. 24:14) Puesto que la evidencia indica el hecho de que ahora vivimos en el tiempo del fin, ¿participará usted en esta proclamación del reino de Dios?

LLENANDO LOS REQUISITOS PARA PARTICIPAR

Quizás la primera reacción de usted sea que usted no es capaz de explicar a otros acerca de las “buenas nuevas del reino.” Si ése es el caso, ¡cobre ánimo! “No tengas miedo,” Jehová conforta, “porque yo estoy contigo. . . . Yo verdaderamente te ayudaré.” Vez tras vez Dios ha cumplido esta promesa y ha ayudado a sus siervos a llevar a cabo sus asignaciones. Él lo ayudará a usted también, pero usted tiene que probar su deseo de hacer la voluntad de Dios por medio de esforzarse.—Isa. 41:10.

Por eso, si su problema es que usted se siente inadecuado y falto de preparación para hacer esta predicación del Reino, usted debería pedir ayuda. Diríjase a Dios en oración y pida conocimiento y entendimiento. “Sigan pidiendo,” Jesús dijo, “y se les dará.” El escritor bíblico inspirado dijo que si “sigues buscándolo como a la plata, y como a tesoros escondidos sigues buscándolo, en tal caso entenderás el temor de Jehová, y encontrarás el mismo conocimiento de Dios.”—Mat. 7:7; Pro. 2:4, 5.

Esto significa que, en armonía con las oraciones de usted, usted hará del estudio bíblico un hábito, estudiando con el propósito en mientes de ayudar a otros a aprender acerca del reino de Dios. Por lo tanto, a medida que estudia pregúntese a usted mismo: ¿Cuándo hizo arreglos Dios por primera vez para un Reino? ¿Qué tipo de gobierno es? ¿A quién ha nombrado Dios como rey de su reino? ¿Es el Reino celestial o terrestre? ¿Quiénes serán sus súbditos? ¿Cuándo limpiará la Tierra éste de toda iniquidad? ¿Qué se requiere para conseguir la vida bajo ese reino?

Para llegar a familiarizarse mejor con las respuestas a tales preguntas, la mayor parte de personas halla que necesita un estudio bíblico de casa con alguien que esté familiarizado con las enseñanzas bíblicas en cuanto al Reino. No vacile en pedir a los testigos de Jehová que estudien con usted, porque ellos están muy dispuestos a ayudar a los que desean hacerse proclamadores del reino de Dios. No cobran por este servicio. Jesucristo recomendó tal consideración bíblica cuando dijo: “Donde están dos o tres reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos.”—Mat. 18:20.

Pero quizás usted ya tenga un estudio bíblico semanal con los testigos de Jehová, y aún no se siente capacitado para predicar. Entonces lo que hay que hacer es continuar el estudio bíblico en su casa, porque éste solo es uno de los pasos vitales para equiparse usted con el transcurso del tiempo para abordar a la gente y hablar con ella como Jesús y sus apóstoles. La Biblia nos informa que Jesús también empleó mucho tiempo instruyendo a sus apóstoles sobre cómo hacer la predicación, y que fue como resultado de este extensivo programa de entrenamiento que llegaron a estar capacitados para ir “de casa en casa . . . declarando las buenas nuevas.”—Hech. 5:42; 20:20; Mat. 10:5–11:1; Luc. 8:1.

Además de la instrucción en un estudio bíblico de casa, usted también puede recibir entrenamiento gratis en la Reunión de Servicio y la Escuela del Ministerio Teocrático que se conducen semanalmente, quizás en su propia comunidad, en el Salón del Reino de los testigos de Jehová. La Reunión de Servicio está diseñada para dar instrucción sobre cómo presentar el mensaje del Reino a la gente, cómo estimular su interés en la Palabra de Dios y cómo volver a visitar y conducir estudios bíblicos con ella en sus hogares. En la Escuela del Ministerio Teocrático se recibe entrenamiento práctico en oratoria pública. A través de un período de semanas cada estudiante recibe la oportunidad de dar una conferencia preparada de seis o siete minutos ante la congregación, y luego recibe consejo para mejorar de parte de un ministro capacitado. Si usted asiste con regularidad a estas reuniones y participa activamente en ellas, usted llegará a estar bien equipado para participar en proclamar el reino de Dios a otros. Y cuando usted esté listo para comenzar a testificar a otros de casa en casa, un ministro maduro trabajará con usted para ayudarle a comenzar.

Sin embargo, la habilidad para explicar las verdades bíblicas no es todo lo que se necesita para que usted llene los requisitos a fin de participar en la proclamación del Reino. Usted también tiene que amoldar su vida en conformidad con los requisitos bíblicos que tienen que ver con la moralidad correcta. La Biblia es muy explícita: “Ni fornicadores, ni idólatras, ni adúlteros, ni hombres que se tienen para propósitos contranaturales, ni hombres que se acuestan con hombres, ni ladrones, ni avarientos, ni borrachos, ni injuriadores, ni los que practican extorsión heredarán el reino de Dios.” Tampoco se aceptan personas de tal clase para servir como proclamadores del reino de Dios. Para llenar los requisitos, uno tiene que llevar una vida moralmente limpia, en armonía con los requisitos establecidos en la Biblia.—1 Cor. 6:9, 10.

LO QUE ESTÁ ENVUELTO

No concluya que hay demasiado envuelto para llegar a ser proclamador del reino de Dios. Aunque usted sea madre con hijos a quienes atender, o cabeza de familia con un hogar que sostener, usted también puede participar en ayudar a personas de cualidades de oveja a aprender acerca del reino de Dios. Primeramente, hay que considerar a los miembros de su propia casa. (1 Tim. 5:8) Usted querrá asegurarse de que éstos entiendan lo que las Escrituras enseñan en cuanto al Reino. Fue debido a la instrucción temprana recibida de parte de su abuela Loida y su madre Eunice que el jovencito Timoteo, mencionado en la Biblia, creció hasta ser tan excelente joven de fe. Su meta debe ser entrenar a sus propios hijos tan bien como Timoteo fue entrenado.—2 Tim. 1:5; 3:14, 15.

Debido a atender sus responsabilidades bíblicas de proveer para miembros de su propia casa, quizás usted halle que su tiempo está limitado para ayudar a los de afuera de su propia casa. Esto se sobrentiende. Sin embargo, los testigos de Jehová que tienen responsabilidades de familia tratan de emplear por lo menos diez horas cada mes hablando con otros acerca del reino de Dios, conduciendo estudios bíblicos en sus hogares si es posible. Por supuesto, los que pueden dedicar más tiempo al ministerio lo hacen, y algunos emplean de 100 a 150 horas al mes directamente en el ministerio. Cada uno tiene que examinar sus propias circunstancias y luego arreglar sus asuntos para rendir servicio acepto a Dios.—Rom. 12:1.

Aunque una vida que gira en torno de la adoración de Dios es muy activa, también es una vida muy rica y satisfaciente si usted tiene un motivo correcto al servir. Usted no será feliz si su propósito es solo dedicar determinado número de horas para aparecer justo ante otros. Pero si usted es proclamador del reino de Dios porque usted ama a Dios y está interesado sinceramente en ayudar a la gente a conseguir el conocimiento que se necesita para su salvación, ¡cuán feliz será usted!—Mat. 22:37-39.

    Publicaciones en español (1950-2025)
    Cerrar sesión
    Iniciar sesión
    • español
    • Compartir
    • Configuración
    • Copyright © 2025 Watch Tower Bible and Tract Society of Pennsylvania
    • Condiciones de uso
    • Política de privacidad
    • Configuración de privacidad
    • JW.ORG
    • Iniciar sesión
    Compartir