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¡Despertad! 1970
g70 22/11 págs. 25-26

El avión... burro de carga de Nueva Guinea

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en Papuasia

NOS ajustamos los cinturones de seguridad, el avión ejecuta una inclinación considerable al acercarse a la pista de aterrizaje increíblemente pequeña, y pronto las ruedas dan contra una superficie de grava poco uniforme. Corremos por tierra hasta detenernos e inmediatamente nos vemos rodeados por aldeanos pintados, adornados con plumas, que tocan tambores, esgrimen lanzas y arcos y lanzan gritos de guerra tradicionales.

Felizmente son nuestros amigos, porque ésta es la inauguración de una nueva pista de aterrizaje en la región montañosa oriental de Nueva Guinea. La mayoría de estas personas primitivas ya conocen el gigantesco pájaro, o balus, como llaman al avión en su lengua nativa, pero para muchos ésta es la primera vez que han visto aterrizar uno.

Los cielos de Nueva Guinea verdaderamente zumban con el sonido de los aviones. El aumento del transporte aéreo desde su comienzo aquí a fines de los años 20 ha sido fenomenal. Para 1968 el número de pistas de aterrizaje en tierra firme y en las islas que componen el territorio había aumentado a 248. El avión ciertamente es el burro de carga de Nueva Guinea. ¡En un solo mes el año pasado novecientos veinte mil kilos de carga fueron llevados a pistas de aterrizaje de la región montañosa tan solo desde un centro! Y ahora estaba inaugurándose otra pista de aterrizaje.

Un viaje con la carga

Pero mientras siguen las celebraciones, meditemos en el papel que desempeña el avión en este país montañoso de selva y desfiladeros profundos. El Douglas DC-3 es bastante común aquí. Sin almohadillas o las comodidades acostumbradas del avión moderno, son cascarones sencillos, diseñados para llevar un máximo de carga además de pasajeros. Hay asientos de lona y metálicos a lo largo del avión, a cada lado, y los pasajeros miran hacia dentro, donde el espacio que queda en el centro está reservado para los artículos que se han de recoger o entregar.

El pasajero puede notar a sus pies una canasta de bambú que contiene dos gallinas; más adelante quizás vea el guardafango para un camión. Pan fresco, carne congelada, piezas de repuesto para tractor, artículos médicos, bultos de periódicos y revistas, cañería de agua para algún proyecto aldeano, fragmentos de material de construcción... cualquiera de estos artículos, o todos, componen la carga diaria.

Hacia adelante, en dirección a la cabina del piloto, hay montones de bolsas de correspondencia. ¡Con cuánta ansiedad se esperan éstas en las comunidades aisladas donde este burro de carga aéreo va a hacer escala! Junto a la puerta es muy probable que haya canastas de bejucos con lechugas, zanahorias, coles y tomates destinados a la costa. Una cesta de listones grande quizás aloje a un cerdo gordo y grande... que probablemente sea parte del precio de la novia para una ceremonia de bodas.

Los pasajeros casi pueden ser tan variados como la carga: un policía nativo que va a casa con licencia, un mecánico que lleva una caja grande de herramientas para reparar equipo removedor de tierra en alguna carretera nueva, un hacendado y su familia que regresan a casa después de un fin de semana en la ciudad, quizás un niñito de tez oscura desnudo, dormido sobre las rodillas de su madre, y algunos aldeanos nerviosos con taparrabos de corteza. Decorados con conchas y plumas, y con arcos y flechas a sus pies, deben de estar camino a la costa para cambiar por dólares conchas de porcelana, la moneda tradicional de su hogar montañoso.

Cuando el avión describe en su vuelo parte de un círculo para conseguir altura y se eleva a través de las nubes y pasa por una brecha entre montañas descollantes, uno comienza a darse cuenta de por qué el avión es un burro de carga tan valioso en esta región. Una cordillera de grandes proporciones, uno de los grandes sistemas montañosos del mundo, con picos que alcanzan 4.500 metros, atraviesa la entera longitud de la zona de tierra firme por unos 2.400 kilómetros. Cruzan la isla en toda dirección grandes desfiladeros y valles fértiles. Es costoso construir y mantener carreteras en este terreno escarpado. De hecho, en estas zonas se depende de transportadores humanos y burros para llevar los productos a la más cercana pista de aterrizaje.

Serpenteando y volviéndose el avión por los valles, uno obtiene vistazos de chozas de hierba y jardines nítidos. El retumbar que se oye debajo indica a los pasajeros que se ha hecho descender el tren de aterrizaje, y pronto el pájaro grande desciende sobre una ladera cubierta de hierba, quizás la primera extensión plana que hayamos visto desde que despegamos. Trabajadores nativos, con solo delantales de hierba o de corteza y unas cuantas hojas detrás, velozmente suben y bajan carga. Hacendados y siervos públicos aguardan algún paquete que se ha esperado por largo tiempo o piezas de repuesto que se requieren urgentemente. Quizás se presente un jeep en medio de una nube de polvo, trayendo a un médico que quiere recoger sus artículos de medicina y a un paciente con destino al hospital de Mount Hagen. Sí, aquí el avión a menudo se convierte en una ambulancia aérea.

Bajo la vigilancia del gobierno, la industria aérea aquí se ha ganado una reputación envidiable en cuanto a seguridad y servicio. Aunque la red de caminos se está extendiendo gradualmente, también se está extendiendo la red de aeropuertos a medida que se terminan nuevas pistas de aterrizaje en zonas distantes. En días del pasado los Junkers alemanes solían efectuar la mayor parte del transporte aéreo. Más tarde la nave aérea Bristol, con su carga en el extremo del frente, llegó a ser una vista conocida en estos cielos, y continuó hasta 1966.

Los nativos solían pensar que los aviones eran pájaros enormes, y hasta traían grandes cargas de hortalizas para alimentarlos. De hecho, se cuenta el relato de un policía nativo que se hizo rico diciéndole a la gente crédula que el pájaro solo comía cerdos. Hoy, sin embargo, los pueblos del territorio avalúan el avión, no solo como enlace con el mundo exterior, sino particularmente como el burro de carga que transporta sus cargas de productos al mercado.

Un fuerte aplauso nos hace volver al presente, y la reanudación del canto y el baile significa que se ha concluido la ceremonia oficial de inauguración de esta nueva pista de aterrizaje. Nuestra pequeña nave aérea es inspeccionada de nuevo por dignatarios tribuales, y al luluai o jefe local y sus consejeros se les lleva en un vuelo corto.

Finalmente abordamos nuestro burro de carga y despegamos para casa, a solo veinte minutos de distancia. La gente que viaje por carretera empleará casi cuatro horas a través de veredas escabrosas y a veces peligrosas para llegar al mismo destino. Ese dato por sí solo es sumamente significativo en cuanto al papel del avión como burro de carga de Nueva Guinea.

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