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¡Despertad! 1982
g82 8/10 págs. 20-22

El arte de escuchar

Por el corresponsal de “¡Despertad!” en el Canadá

EL JOVENCITO salía corriendo por la puerta trasera de la casa de su abuela cuando paró repentinamente al oírla llamar en voz alta:

“¡UN MINUTO!”

“¿Sí, abuelita?

“Bueno, ¿qué es lo que vas a conseguir para mí?”

“Un pan, ... y, uh ... ¿un kilo de café?”

“¡Sí! ... ¿Y ... ?”

“Uh ... ¡No recuerdo!”

El muchacho había olvidado un artículo porque, a pesar de que había oído lo que era, a cierto momento había dejado de escuchar, había dejado de prestar atención.

Los recordatorios tiernos de la abuela ayudaron al nieto a que por fin recordara el tercer artículo... mantequilla. En su propia manera humilde esta abuela estaba sensatamente enseñando una lección muy antigua: Que es necesario realmente escuchar para poder recordar asuntos importantes. Ella sabía que el prestar atención tiene mucho que ver con el hacer bien las cosas.

En circunstancias normales, el oír se hace sin esfuerzo. Por otra parte, el escuchar tiene que considerarse una aptitud que hay que cultivar y practicar. Pues, el escuchar significa “oír con cuidadosa atención.” Cuando se considera desde este punto de vista, ¡el escuchar es un arte!

Su valor en el negocio

La industria moderna ahora sabe lo que la abuela sabía. “El no escuchar detenidamente es uno de los problemas más importantes a los que se enfrenta el negocio hoy,” según el principal oficial ejecutivo de la Corporación Sperry de los Estados Unidos. “El negocio depende del sistema de comunicación,” explicó él, “y cuando éste se trastorna, los errores que resultan pueden ser costosos.”

Se dice que en el trabajo la gente manifiesta menos del 50 por ciento de “eficiencia al escuchar.” En términos del efecto que esto tiene en el trabajo, eso significa que cada día menos de la mitad de lo que se transmite oralmente llega a ejecutarse de manera correcta.

Pero, hoy día el escuchar en el trabajo no concierne tan solo a un grupo de personas. La gerencia está aprendiendo cada vez más a escuchar a los empleados. Estos se sienten más contentos, rinden mejor trabajo y están menos propensos a declararse en huelga si les parece que el patrón escucha cuando le presentan quejas genuinas.

En ciertos casos, los empleados están mostrando que son tan capaces como sus patronos de resolver problemas y de mejorar la productividad. En una planta de acondicionadores de aire para habitaciones, los empleados hallaron la solución de un problema relacionado con una soldadura que permitía escape, problema que la gerencia no había podido resolver, y, según se informa, así “le ahorraron a la compañía miles de dólares anualmente.”

Además, unas cien compañías norteamericanas actualmente están utilizando los principios de lo que se llama “círculos de calidad.” Estos se desarrollaron originalmente en el Japón, y ya están funcionando entre 2.000 y 3.000 de ellos en los Estados Unidos. Estos “círculos” hacen que la gerencia y los empleados se reúnan para resolver problemas. Algunas compañías afirman que han ahorrado millones de dólares por medio de utilizar las sugerencias de los empleados.

Es de valor para usted

Si el no pasar por alto el arte de escuchar mejora las relaciones entre tantas personas en el trabajo, ¿no mejoraría también la situación en la familia de término medio, en la comunidad y entre las naciones? No cabe duda de que sí lo haría. ¿No es la llamada brecha entre las generaciones realmente una brecha en la comunicación? ¿No es cierto que los padres frecuentemente acusan a sus hijos de no prestar atención cuando ellos les hablan? Y, ¿no se quejan los jóvenes hoy de que, cuando tratan de comunicarse con sus padres respecto a problemas personales, sus padres no escuchan? A menudo los problemas matrimoniales se atribuyen a una “falta de comunicación.” “¡Tú no me escuchas!” son palabras que se oyen con frecuencia durante muchas disputas de familia.

¿Escucha usted atentamente cuando le habla su esposa, o esposo? ¿Cuando le hablan sus hijos? Si eres hijo o hija, ¿escuchas atentamente cuando te hablan tus padres? ¿Realmente escucha el lector? O, ¿está ocupado preparando su respuesta? Al escuchar, ¿está dominado por un espíritu de refutación más bien que por un espíritu de tratar de manera justa al que habla? Dado que ya ha oído los argumentos de éste anteriormente, ¿ha dejado de prestar atención a ellos esta vez también? Si lo ha hecho, puede que haya pasado por alto información nueva que tal vez sea válida y que podría justificar el que usted cambiara de opinión. Muchos problemas humanos podrían resolverse simplemente por medio de la buena comunicación. Una parte esencial de esto es el escuchar.

Cómo desarrollar el arte de escuchar

Primero, el escuchar de manera activa significa prestar atención, concentrarse en lo que se está diciendo. Pero, ¿qué hay si el que habla lo hace de manera poco interesante? (¿Estaba escuchando el lector? La respuesta yace en lo que se acaba de mencionar: ‘Concentre su atención en lo que se está diciendo.’) Aun si al que habla le falta cierto refinamiento y hasta cierta preparación escolar, escuche para seleccionar datos útiles que sean prácticos y valgan la pena. Por el momento, pase por alto la manera de hablar o la apariencia del que habla. ¿Es veraz y beneficioso lo que le dice? No despliegue el orgullo de cierta mujer que dijo a dos visitantes: “¡No considero tales asuntos con nadie que no tenga siquiera un título universitario entre la licenciatura y el doctorado!”

Además, puesto que uno puede escuchar a una velocidad que es cuatro veces mayor que la del habla, utilice el tiempo que sobra para separar y clasificar la información. Relacione ésta con lo que usted ya sabe. Medite sobre lo que resultaría de aplicar la información. Pero no llegue a conclusiones precipitadamente. Escuche al que le habla hasta que éste haya terminado. Controle los prejuicios a fin de no responder bajo el impulso de la emoción. No siempre es bueno seguir el consejo de los que dicen: “Considere la fuente de la información.” El hombre sabio reconoce la verdad sea quien sea el que se la diga. Oiga lo suficiente como para poder llegar a conclusiones válidas más tarde. En el caso de la mayor parte de las personas que le hablen, usted tendrá el tiempo de hacer esto al escucharles. Por lo tanto, es apropiado seguir el consejo de un ejecutivo sabio que dijo a un grupo de personas que estaban reunidas: “Ahora escuchen lentamente.”

Evite la tendencia a responder con ‘refutaciones bruscas.’ La Biblia advierte que puede resultar humillante el tratar de responder a un asunto sin haberlo escuchado por completo. (Proverbios 18:13) Al fin y al cabo, ¿quién sabe todo? Recuerde que las opiniones que usted tiene ahora son el resultado de información que usted adquirió hace cierto tiempo. Usted no siempre fue de tal parecer. Sea razonable. La persona sensata sabe que siempre se puede aprender más.

Por fin, esté dispuesto a obrar conforme a lo que usted oye. Si uno no pone por obra las instrucciones o el consejo que recibe, no puede lograr mucho. Eso se les mostró a los empleados de Sperry en un programa de entrenamiento: “El escuchar eficazmente ... consiste en cuatro etapas... percibir los sentidos (oír el mensaje), comprender (interpretarlo), evaluar (valorarlo), y responder (hacer algo al respecto).”

Cuándo empezar

En el caso de usted mismo, ¿por qué no empezar inmediatamente? El mejorar el arte de escuchar no es nada más que otra manera de amar a su prójimo como a usted mismo. Son muchas las recompensas: Mayor facilidad para recordar nombres, mayor probabilidad de recordar citas importantes y obligaciones, mejor reputación en lo que tiene que ver con dar atención a detalles y llevar a cabo concienzudamente las tareas que se le asignan... y éstos son tan solo unos cuantos beneficios.

En el caso de sus hijos, empiece a temprana edad a entrenarlos en el arte de escuchar. ¿Desde qué edad? “Desde la cuna,” dicen algunos investigadores. Cuando se toma en cuenta que, como dijo cierto educador, los “años desde el nacimiento hasta los tres años de edad son un tiempo excelente para aprender,” uno puede comprender por qué es necesario empezar desde temprana edad. El leer a los infantes y a los pequeñuelos les enseña a escuchar, hace que se acostumbren a las palabras, a los libros, al proceso de juntar pensamientos. Muchos padres se han maravillado de la habilidad que tienen las mentes frescas y jóvenes para recordar numerosos detalles variados con asombrosa exactitud y facilidad.

Como es cierto respecto a todo arte, aun si uno tiene talento, el desarrollar la habilidad de escuchar exige entrenamiento, ejercicio y paciencia. Puede significar trabajo duro. Exigirá determinación de parte de usted. No obstante, al igual que en otros campos, el arte bien pulido de escuchar puede proporcionar satisfacción a usted y a otros, y puede contribuir mucho al mejoramiento de las relaciones humanas beneficiosas en muchos rasgos de la vida.

[Ilustración en la página 21]

¿Escucha usted atentamente cuando le habla su esposa?

[Ilustración en la página 22]

Puede resultar humillante el tratar de responder a un asunto sin haberlo escuchado por completo

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