Los jóvenes preguntan...
¿Debería irme de casa?
“¡ME IRÉ de casa! ¡Se van a enterar!” ¿Es eso lo que sientes? Para muchos jóvenes, esa no es una amenaza infundada. Cada año, la cifra de adolescentes que se van de su casa no asciende solo a cientos o a miles, sino que supera ampliamente el millón.
Pero, ¿por qué quieres marcharte de casa? Puede que haya muchas razones. Tal vez pienses que nadie te comprende, que sobras, que no te quieren. Quizás hasta te hayan maltratado. Es posible que te encares a un problema que no puedes resolver o que haya alguien en tu casa con quien no congenies. Quizás estés cansado de que te digan lo que tienes que hacer, y quieres llevar tu propia vida. O tal vez te aburras y quieras divertirte más. Sea cual sea la razón, no te sientes feliz en casa. ¿Resolvería el problema el que te fueras? ¿Existe alguna otra solución?
Mira las cosas tal como son
A ti, como joven, Dios te ha dado la asignación de ‘honrar a tu padre y a tu madre’. (Efesios 6:2.) Debes ‘ser obediente a tus padres en todo’. (Colosenses 3:20.) ¿Hay algo que justifique el que abandones esa asignación? ¿Y si la situación que reina en tu hogar parece más difícil de lo que puedes soportar?
Esos casos se dan, no se puede negar. Algunos padres exigen cosas irrazonables. Otros tachan al hijo de malo o inútil. Los hay que solo se preocupan de sus propios intereses y apenas prestan atención a sus hijos. Algunos están obsesionados con la bebida, las drogas o el sexo, y hasta aterrorizan a su prole. Y otros incluso desacatan abiertamente tanto las leyes humanas como las de Dios. ¡Podría estar en peligro la propia vida del joven!
Pero la mayoría de las veces, no son situaciones tan severas las que empujan a un adolescente a irse de casa. Normalmente, lo que provoca esa decisión es el haber discutido con los padres por su comportamiento y actitud. ¿Llegaste a casa más tarde de la hora que tus padres habían fijado? ¿Has hecho algo que desaprueban, como tomar bebidas alcohólicas o estar en compañía de ciertos amigos? ¿Dejaste de hacer alguna tarea que te mandaron? ¿No te has estado esforzando en la escuela? ¿Tienes miedo de que te castiguen? ¿Quieres más libertad para hacer cosas por tu propia cuenta? ¿Te parece que nunca puedes agradar a tus padres?
Ten presente a Dios
Bajo estas circunstancias, el irte de casa puede que sea un modo de reaccionar a tus sentimientos de ira y frustración, un intento de librarte de la autoridad “opresiva e inflexible” de tus padres. También puede ser una manifestación de terquedad, un deseo de hacer las cosas a tu manera. Pero no deberías pensar solo en tus propios deseos inmediatos o hasta en lo que tú consideras justo.
Es posible que tus padres te nieguen algún deseo debido a la responsabilidad que Dios les ha asignado como padres. Como ves, igual que tú tienes una responsabilidad ante Dios, ellos también la tienen. Pueden sentir la profunda obligación de criarte “en la disciplina y regulación mental de Jehová”. (Efesios 6:4.) Por eso, tal vez insistan en que les acompañes a reuniones y otras actividades religiosas. Y al comprender que “las malas compañías echan a perder los hábitos útiles”, es posible que intenten restringir tu asociación con algunos de tus amigos. (1 Corintios 15:33.) Quizás perciben problemas que sencillamente tú no ves. Su modo de ver ciertos asuntos puede que no coincida con el tuyo. Pero, ¿sería esta una razón de peso para que te rebelaras y huyeras de casa?
Ten presente que al mandato de ‘honrar a tu padre y a tu madre’, Dios añadió: “Para que te vaya bien y dures largo tiempo sobre la tierra”. Efectivamente, no es solo a tus padres a los que intentas agradar cuando les obedeces. También le estás mostrando respeto y obediencia a Dios. Piensa que, aunque no te sientas inclinado a hacerlo, el obedecer las reglas impuestas por tus padres es una manera de demostrar el respeto y amor que sientes por Dios, y no olvides que Él te recompensará por hacerlo. (Efesios 6:1-3; 1 Juan 5:3.)
De modo que puede requerir de tu parte que cedas un poco, que te sometas a tus padres y a lo que ellos te exigen. Comprende que tienen mucha más experiencia en la vida. Además, es mejor que no te compares con otros jóvenes cuyos padres quizás no tengan la conciencia a tono con las leyes de Dios. Considéralo como un adiestramiento para el futuro, pues, aun cuando seas adulto, no siempre podrás hacer lo que quieras. También tendrás que mostrar consideración a los que te rodeen. Puede que ciertas acciones luego te traigan más problemas o te creen responsabilidades que no deseas. Nunca nadie puede estar totalmente libre para hacer todo lo que le plazca. Te puedes dar cuenta de ello ya ahora en la escuela, y también lo experimentarás cuando trabajes.
Por lo tanto, siempre que tus padres insistan en que hagas algo que vaya en contra de lo que quieres hacer, es prudente que recuerdes el principio declarado en Colosenses 3:23, 24: “Cualquier cosa que estén haciendo, trabajen en ello de toda alma como para Jehová, y no para los hombres, porque ustedes saben que es de Jehová de quien recibirán el debido galardón de la herencia”. No pierdas de vista el hecho de que Jehová te recompensará si eres obediente y sumiso a tus padres. Los que perseveran tienen delante la magnífica recompensa de una vida sin fin y perfecta. (Isaías 65:21-23; Revelación 21:3-5.)
¿Resolverá eso tus problemas?
Otro aspecto que hay que considerar es si el irte de casa realmente resuelve tu situación. Es cierto que quizás te aleje de los problemas por el momento. Pero el huir no los soluciona. Con el tiempo tendrás que encararte a ellos, sea de una manera o de otra. “El irte de casa sólo te crea más problemas —reflexiona Amy, quien huyó de su casa a los catorce años de edad—. No te libras de ellos.” Entonces, ¿qué se puede hacer?
La importancia del amor y la comprensión
Considera primero lo que produjo el problema. La relación entre padres e hijos puede que no sea muy sólida en los años de la adolescencia. ¿Por qué? La revista Adolescence explica: “La adolescencia es un período de transición en el que se producen muchos cambios, mientras los padres de los adolescentes también experimentan su propia transición a medida que se acercan a la edad madura; la combinación de estos dos períodos de desarrollo puede causar mucho estrés a todos los implicados”. De modo que posiblemente no seas solo tú quien atraviese un difícil período de transición y quien necesite comprensión. No obstante, la mayoría de las familias pueden salir adelante si los miembros se demuestran amor y respeto.
Por consiguiente, ¿por qué no te esfuerzas de veras por mirar más allá de tus propias preferencias y desplegar amor, reconociendo que “el amor nunca falla” y que “cubre una multitud de pecados”? (1 Corintios 13:8; 1 Pedro 4:8.) El amor engendra amor.
¿Has hecho algo mal y ahora temes cómo reaccionarán tus padres? Es mejor encararse a la situación y buscar la ayuda de alguien maduro. Primero, intenta hablar del asunto con tus padres. Además, los jóvenes cristianos tienen una gran ventaja, ya que pueden dirigirse a los ancianos de la congregación en busca de ayuda para resolver problemas y zanjar cuestiones. Lo importante es no huir del problema, sino abordarlo de manera inteligente. Si lo haces así, podrás quitarte ese peso de encima y olvidarlo.
Pero, ¿qué sucede si en tu casa no te quieren o hasta peligra tu integridad? ¿Y si te maltratan? ¿Sería, entonces, el irte de casa la solución? En un artículo futuro se contestarán esas preguntas.
[Fotografía en la página 15]
Las familias suelen sentir una terrible angustia y preocupación cuando uno de los miembros se va de casa