MUNDO
Este es el término que comúnmente se utiliza para traducir la palabra griega kó·smos, cuyo significado básico es “orden” o “arreglo”. Debido a que hasta cierto grado el concepto de belleza está estrechamente relacionado con el orden y la simetría, kó·smos también transmite esa idea, por lo que los griegos utilizaron a menudo ese término para referirse a “adorno”, especialmente con respecto a las mujeres, y así es como se utiliza en 1 Pedro 3:3. De ahí también nuestra palabra española “cosmético”. El verbo ko·smé·o de Mateo 25:7 tiene el sentido de ‘poner en orden’ y, en otros textos, ‘adornar’. (Mat. 12:44; 23:29; Luc. 11:25; 21:5; 1 Tim. 2:9; Tito 2:10; 1 Ped. 3:5; Rev. 21:2, 19.) En 1 Timoteo 2:9 y 3:2 el adjetivo kó·smi·os describe lo que está “bien arreglado” u “ordenado”.
Por lo visto, los filósofos griegos a veces aplicaban kó·smos a toda la creación visible debido al orden que manifiesta el universo. Sin embargo, no había unanimidad entre ellos, ya que algunos restringían la aplicación de la palabra exclusivamente a los cuerpos celestes, mientras que otros la utilizaban para todo el universo. En algunos registros apócrifos se utiliza el término kó·smos para describir la creación material en conjunto (compárese con Sabiduría 9:9; 11:18), debido a que fueron escritos durante el período en que la filosofía griega empezaba a ejercer influencia en muchas zonas judías. Pero en los escritos inspirados de las Escrituras Griegas Cristianas no tiene esa connotación prácticamente ninguna vez. Es posible que en algunos textos parezca que se usa dicho término en ese sentido, como en el relato en que el apóstol se dirigió a los atenienses en el Areópago. Pablo dijo: “El Dios que hizo el mundo [kó·smos] y todas las cosas que hay en él, siendo, como es Este, Señor del cielo y de la tierra, no mora en templos hechos de manos”. (Hech. 17:22-24.) Como entre los griegos era corriente utilizar kó·smos para referirse al universo, pudiera ser que Pablo lo utilizase en ese sentido. Sin embargo, aun en este caso es muy posible que emplease este término en una de las acepciones que se consideran en el resto de este artículo.
VINCULADO CON LA HUMANIDAD
El vocablo kó·smos o “mundo” está estrechamente vinculado con la humanidad en la literatura griega y particularmente en la Biblia. Cuando Jesús dijo que el hombre que andaba en la luz del día “ve la luz de este mundo [kó·smos]” (Juan 11:9), pudiera parecer que el “mundo” es el planeta Tierra, el cual tiene el Sol como fuente de luz durante el día; sin embargo, las palabras que vienen a continuación hablan del hombre que anda de noche y que choca contra algo “porque la luz no está en él”. (Vs. 10.) Además, Dios proveyó el Sol y otros cuerpos celestes principalmente para la humanidad. (Compárese con Génesis 1:14; Salmos 8:3-8; Mateo 5:45.) De manera similar, refiriéndose a la luz en un sentido espiritual, Jesús les dijo a sus seguidores que ellos serían “la luz del mundo”. (Mat. 5:14.) Naturalmente, con eso no quería decir que ellos iluminarían el planeta, pues él sigue diciendo que su iluminación sería para la humanidad, “delante de los hombres”. (Vs. 16; compárese con Juan 3:19; 8:12; 9:5; 12:46; Filipenses 2:15.) La predicación de las buenas nuevas “en todo el mundo” (Mat. 26:13) también significa predicar a toda la humanidad en conjunto, como cuando en español, y en otros idiomas, se suele decir “todo el mundo” para referirse a “todos”. (Compárese con Juan 8:26; 18:20; Romanos 1:8; Colosenses 1:5, 6.)
De modo que uno de los significados básicos de kó·smos es: toda la humanidad. Por ello en las Escrituras se describe el kó·smos, o mundo, como culpable de pecado (Juan 1:29; Rom. 3:19; 5:12, 13) y con necesidad de un salvador para que le dé vida (Juan 4:42; 6:33, 51; 12:47; 1 Juan 4:14), lo cual no puede aplicar a la creación inanimada ni a los animales sino solo a la humanidad. Este es el mundo al que Dios amó tanto que “dio a su Hijo unigénito, para que todo el que ejerce fe en él no sea destruido sino que tenga vida eterna”. (Juan 3:16, 17; compárese con 2 Corintios 5:19; 1 Timoteo 1:15; 1 Juan 2:2.) Ese mundo de la humanidad constituye el campo en el que Jesucristo sembró la semilla excelente, los “hijos del reino”. (Mat. 13:24, 37, 38.)
Cuando Pablo escribió que las “cualidades invisibles [de Dios] se ven claramente desde la creación del mundo en adelante, porque se perciben por medio de las cosas hechas”, debió querer decir desde la creación de la humanidad en adelante, pues fue solo desde que empezó a existir la humanidad que hubo alguien en la Tierra capaz de ‘percibir’ con su mente tales cualidades invisibles por medio de observar la creación visible. (Rom. 1:20.)
De manera similar, Juan 1:10 dice de Jesús que “el mundo [kó·smos] vino a existir por medio de él”. Aunque es verdad que Jesús participó en la creación de todas las cosas, incluyendo los cielos, el planeta Tierra y todas las cosas que en él hay, en esta oración la palabra kó·smos aplica principalmente a la humanidad, en cuya creación también participó. (Compárese con Juan 1:3; Colosenses 1:15-17; Génesis 1:26.) De ahí que el resto del versículo diga: “[…] pero el mundo [es decir, el mundo de la humanidad] no lo conoció”.
La “fundación del mundo”
Esta clara conexión de kó·smos con el mundo de la humanidad también ayuda a entender el significado de la expresión “fundación del mundo” que aparece en varios textos. Estos textos hablan de “tribulación”, ‘derramamiento de la sangre de los profetas’ y ‘nombres que son escritos sobre el rollo de la vida’, todo lo cual tendría lugar “desde el principio del mundo” o “desde la fundación del mundo”. (Mat. 24:21; Luc. 11:50, 51; Rev. 17:8; compárese con Mateo 13:35; 25:34; Hebreos 9:26; Revelación 13:8.) Estas cosas tienen que ver con la vida y la actividad humanas, por lo tanto la expresión “fundación del mundo” debe referirse al principio de la humanidad, no de la creación inanimada o de la creación animal. Hebreos 4:3 muestra que las obras creativas de Dios no fueron comenzadas sino “terminadas desde la fundación del mundo”. Como evidentemente Eva fue la última de las obras creativas terrestres de Jehová, la fundación del mundo no podría haber ocurrido antes de su creación.
El término griego (ka·ta·bo·lé), del que se traduce “fundación”, puede referirse a la concepción de prole humana. Ka·ta·bo·lé significa literalmente “tirar” o “echar” y en Hebreos 11:11 puede traducirse “concebir” (Mod, NM). Su uso en este pasaje hace referencia a que Abrahán ‘echó’ simiente para engendrar un hijo y a que Sara la recibió para quedar encinta.
Por lo tanto, la “fundación del mundo” no significa necesariamente el principio de la creación del universo material, al igual que la expresión “antes de la fundación del mundo” (Juan 17:5, 24; Efe. 1:4; 1 Ped. 1:20) no se refiere forzosamente a algún tiempo antes de que se crease dicho universo. Más bien, estas expresiones evidentemente tienen que ver con el tiempo en que la raza humana se ‘fundó’ a través de la primera pareja humana, Adán y Eva, quienes, fuera del Edén, empezaron a concebir descendencia. (Gén. 3:20-24; 4:1, 2.)
“Espectáculo teatral al mundo, tanto a ángeles como a hombres”
Hay quien ha entendido que el uso de la palabra kó·smos en 1 Corintios 4:9 incluye tanto a las criaturas espíritus invisibles como a las criaturas humanas visibles. Otras traducciones vierten el texto así: “al mundo, y a los ángeles, y a los hombres” (Scío); “para el mundo, para los ángeles y para los hombres” (NC, CI, VP, LT); “al mundo, a los ángeles y a los hombres” (Val). En el mismo contexto—1 Corintios 1:20, 21, 27, 28; 2:12; 3:19, 22—, el escritor utiliza la palabra kó·smos para referirse al mundo de la humanidad, de manera que es obvio que no le daría otro sentido poco después, en 1 Corintios 4:9, 13. Por consiguiente, la traducción: “tanto a ángeles como a hombres”, debe entenderse que no amplía el significado de la palabra kó·smos, sino simplemente resalta el hecho de que entre los espectadores no solo está el mundo de la humanidad, es decir, los “hombres”, sino también están los “ángeles”.
La sociedad humana y su estructura
Esto no significa que kó·smos pierde todo su sentido original de “orden” o “arreglo” y simplemente se convierte en un sinónimo de humanidad. El hecho de que la humanidad esté compuesta de familias y tribus, y se haya desarrollado en naciones y grupos lingüísticos (1 Cor. 14:10; Rev. 7:9; 14:6), con sus clases ricas y pobres y otras agrupaciones, refleja que en ella hay cierto orden. (Sant. 2:5, 6.) A medida que han pasado los años y la humanidad ha ido aumentando en número, se ha desarrollado en la Tierra una estructura o sistema de cosas que la rodea y afecta. Cuando Jesús habló de que un hombre ‘ganaba todo el mundo pero perdía su alma al hacerlo’, es evidente que se refería a ganar todo lo que la sociedad humana en conjunto le puede ofrecer. (Mat. 16:26; compárese con 6:25-32.) Lo mismo sucede con las referencias que hizo Pablo de los que “hacen uso del mundo” y de la ‘inquietud por las cosas del mundo’ que sienten las personas casadas (1 Cor. 7:31-34), y con la referencia de Juan a “los medios de este mundo para el sostén de la vida”. (1 Juan 3:17; compárese con 1 Corintios 3:22.)
Entrar ‘en el mundo’
Cuando alguien ‘nace en este mundo’, no ha nacido simplemente como parte de la humanidad sino que también entra en la estructura de las circunstancias humanas en las que viven los hombres. (Juan 16:21; 1 Tim. 6:7.) Sin embargo, aunque las referencias a que uno salga al mundo o entre en él pueden hacer alusión al nacimiento de una persona en la sociedad humana, este no siempre es el caso. Por ejemplo, Jesús le dijo a Dios en oración: “Así como tú me has enviado al mundo, yo también los he enviado [a sus discípulos] al mundo”. (Juan 17:18.) Él los envió al mundo como hombres adultos, no como recién nacidos. Juan dice que los falsos profetas y los engañadores han “salido al mundo”. (1 Juan 4:1; 2 Juan 7.)
Es evidente que las muchas referencias en cuanto a que Jesús ‘vino o fue enviado al mundo’ no aluden principalmente, por no decir en absoluto, a su nacimiento como humano, sino que razonablemente aplican al hecho de salir a la humanidad y desempeñar públicamente su ministerio asignado desde su bautismo y ungimiento en adelante, actuando de este modo como un portador de luz al mundo de la humanidad. (Compárese con Juan 1:9; 3:17, 19; 6:14; 9:39; 10:36; 11:27; 12:46; 1 Juan 4:9.) Su nacimiento como humano solo fue un medio necesario para conseguir ese fin. (Juan 18:37.) Como prueba, el escritor de Hebreos pone en boca de Jesús las palabras de Salmos 40:6-8 “cuando entra en el mundo”, y Jesús lógicamente no pronunció aquellas palabras de recién nacido. (Heb. 10:5-10.)
Cuando su ministerio público entre la humanidad llegó a su fin, Jesús sabía “que había llegado su hora para irse de este mundo al Padre”, muriendo como humano y siendo resucitado para vivir en la región de los espíritus, de la cual había venido. (Juan 13:1; 16:28; 17:11; compárese con Juan 8:23.)
Las “cosas elementales del mundo”
En Gálatas 4:1-3, después de mostrar que un hijo es como un esclavo en el sentido de que está bajo la mayordomía de otros hasta llegar a cierta edad, Pablo dice: “Igualmente nosotros también, cuando éramos pequeñuelos, continuábamos esclavizados por las cosas elementales [stoi·kjéi·a] que pertenecen al mundo”. Entonces procede a mostrar que el Hijo de Dios vino al “límite cabal del tiempo” y liberó de estar bajo la Ley a los que se hicieron sus discípulos, para que pudieran recibir la adopción de hijos. (Vss. 4-7.) De manera similar, en Colosenses 2:8, 9, 20 él advierte a los cristianos de Colosas que no fueran llevados “mediante la filosofía y el vano engaño según la tradición de los hombres, según las cosas elementales [stoi·kjkéi·a] del mundo y no según Cristo; porque en él mora corporalmente toda la plenitud de la cualidad divina”, subrayando que ellos “murieron junto con Cristo para con las cosas elementales del mundo”.
De la palabra griega stoi·kjéi·a (plural de stoi·kjéi·on), utilizada por Pablo, The Pulpit Commentary (Gálatas, pág. 181) dice: “De su sentido básico, ‘estacas puestas en fila’, […] el término [stoi·kjéi·a] se aplicó a las letras del alfabeto como puestas en filas, y por consiguiente a los componentes básicos del habla; luego a los componentes fundamentales de todos los objetos que hay en la naturaleza, como por ejemplo, los cuatro ‘elementos’ (véase 2 Pedro iii. 10, 12); y a los ‘rudimentos’ o primeros ‘elementos’ de cualquier rama del conocimiento. Es en este último sentido que aparece en Hebreos v. 12”. El verbo stoi·kjei·ó·o significa “instruir en los principios básicos”.
Los escritos de Pablo muestran que “las cosas elementales del mundo” incluyen las filosofías y las enseñanzas engañosas basadas puramente en normas, conceptos, mitologías y razonamientos humanos, algo en lo que los griegos y otros pueblos paganos se deleitaban. (Col. 2:8.) Sin embargo, es evidente que también empleó el término con referencia a conceptos judíos, como algunas enseñanzas que no eran de origen bíblico (ascetismo, “adoración de ángeles”) y la idea de que los cristianos deberían guardar la ley mosaica. (Col. 2:16-18; Gál. 4:4, 5, 21.)
El mundo alejado de Dios
Un sentido de kó·smos exclusivo de las Escrituras es: el mundo de la humanidad formado por aquellos que no son siervos de Dios. Pedro escribe que Dios trajo el Diluvio “sobre un mundo de gente impía”, mientras que conservó a Noé y su familia; de esta manera “el mundo de aquel tiempo sufrió destrucción cuando fue anegado en agua”. (2 Ped. 2:5; 3:6.) Puede notarse de nuevo que aquí no se hace referencia a la destrucción del planeta ni de los cuerpos celestes del universo, sino que es una destrucción limitada a la sociedad humana y, en este caso, a la sociedad humana injusta. Fue a ese “mundo” al que Noé condenó mediante su proceder fiel. (Heb. 11:7.)
El mundo injusto o sociedad humana de antes del Diluvio terminó, pero la humanidad misma no llegó a su fin, pues fue conservada por medio de Noé y su familia. Después del Diluvio, la mayor parte de la humanidad se volvió a desviar de la justicia, produciendo otra sociedad humana inicua; no obstante, algunos emprendieron un proceder diferente, adhiriéndose a la justicia. Con el transcurso del tiempo Dios designó a Israel como su pueblo escogido, y los introdujo en una relación de pacto con Él. Debido a que esto distinguió a los israelitas del mundo en general, en Romanos 11:12-15 (NM; BJ) Pablo pudo usar kó·smos, “mundo”, como equivalente de “gente de las naciones” no israelitas o “gentiles”. En este pasaje él muestra que la apostasía de Israel hizo que Dios revocase su relación de pacto con ellos y abrió el camino para que los gentiles entrasen en tal relación y participasen de sus riquezas al ser reconciliados con Dios. (Compárese con Efesios 2:11-13.) Por lo tanto, durante este periodo posdiluviano y precristiano, el “mundo” o kó·smos designó de nuevo a toda la humanidad aparte de los siervos aprobados de Dios, y específicamente a los que no pertenecían a Israel durante el tiempo en que este pueblo estuvo en pacto con Jehová. (Compárese con Hebreos 11:38.)
De manera similar, y con mucha frecuencia, se utiliza kó·smos con referencia a toda la sociedad humana no cristiana, sin importar la raza. Este es el mundo que odió a Jesús y a sus seguidores debido a que dieron testimonio de su injusticia y porque se mantuvieron separados de él; ese mundo mostró por ello que odiaba al propio Jehová Dios y no llegó a conocerle. (Juan 7:7; 15:17-25; 16:19, 20; 17:14, 25; 1 Juan 3:1, 13.) Satanás el Diablo, el adversario de Dios, ejerce gobernación sobre dicho mundo formado por la sociedad humana injusta y sus reinos, y se ha convertido de hecho en el “dios” de ese mundo. (Mat. 4:8, 9; Juan 12:31; 14:30; 16:11; compárese con 2 Corintios 4:4.) Dios no produjo ese mundo injusto; el que lo ha desarrollado es el principal opositor de Dios, en cuyo poder “el mundo entero yace”. (1 Juan 4:4, 5; 5:18, 19.) Satanás y sus “fuerzas espirituales inicuas en los lugares celestiales” actúan como los “gobernantes mundiales lo “cosmócratas”; gr. ko·smo·krá·to·ras]” invisibles sobre el mundo alejado de Dios. (Efe. 6:11, 12.)
En esos textos no se alude simplemente a la humanidad, de la cual los discípulos de Jesús eran parte, sino a toda la sociedad humana organizada que existe fuera de la congregación cristiana verdadera. De otra manera, los cristianos no podrían dejar de ser “parte del mundo” sin morir y dejar de vivir en la carne. (Juan 17:6; 15:19.) Aunque inevitablemente viven dentro de esa sociedad de personas mundanas, entre quienes están los que participan en fornicación, idolatría, extorsión y prácticas similares (1 Cor. 5:9-13), los cristianos deben mantenerse limpios y sin mancha de la corrupción y contaminación de ese mundo, y no participar en relaciones amistosas con él para no ser condenados con él. (1 Cor. 11:32; Sant. 1:27; 4:4; 2 Ped. 1:4; 2:20; compárese con 1 Pedro 4:3-6.) No pueden ser dirigidos por la sabiduría mundana, la cual es necedad a la vista de Dios, ni ‘inhalar’ el “espíritu del mundo”, es decir, su fuerza activadora egoísta y pecaminosa. (1 Cor. 1:21; 2:12; 3:19; 2 Cor. 1:12; Tito 2:12; compárese con Juan 14:16, 17; Efesios 2:1, 2; 1 Juan 2:15-17.) Por consiguiente, por medio de su fe ellos ‘vencen al mundo’ de la sociedad humana injusta, tal como lo hizo el Hijo de Dios. (Juan 16:33; 1 Juan 2:17; 4:4; 5:4, 5.) Esa sociedad humana injusta está condenada a dejar de existir por destrucción divina (1 Juan 2:17), así como también pereció el mundo impío anterior al Diluvio. (2 Ped. 3:6.)
Fin del mundo impío; el mundo de la humanidad es conservado
Por lo tanto, el kó·smos por el que Jesús murió tiene que significar el mundo de la humanidad en el sentido de familia humana, toda carne humana. (Juan 3:16, 17.) Jesús no oró a favor del mundo en el sentido de sociedad humana alejada de Dios y, en realidad, en enemistad con Dios, sino solo por aquellos que salieron de ese mundo y pusieron fe en él. (Juan 17:8, 9.) Tal como alguna carne humana sobrevivió a la destrucción de la sociedad humana o mundo impío en el Diluvio, así Jesús mostró que también sobreviviría alguna carne humana a la gran tribulación, tribulación que él asemejó al Diluvio. (Mat. 24:21, 22, 36-39; compárese con Revelación 7:9-17.) La Biblia dice que el “reino del mundo” (es decir, de la humanidad) llegará a ser “el reino de nuestro Señor y de su Cristo”, y aquellos que reinen con Cristo en su reino celestial están designados para “reinar sobre la tierra” y por consiguiente sobre la humanidad, a excepción de la sociedad humana impía—dominada por Satanás—que ya habrá dejado de existir. (Rev. 11:15; 5:9, 10.)