El alma humana: ¿mortal o inmortal?
CASI toda la gente religiosa cree que el alma es inmortal. Un libro católico de preguntas y respuestas responde a la pregunta, “¿Es doctrina revelada el que el alma del hombre es inmortal?” lo siguiente: “El relato en el Génesis de la formación del hombre lo prueba. . . . Tanto el Antiguo como el Nuevo Testamento insisten en la inmortalidad del alma.” En el “Antiguo Testamento” católico romano las palabras inmortal(idad) e incorrupción aparecen en sólo dos libros apócrifos, la Sabiduría de Salomón y Eclesiástico. Aun así, estas referencias no mencionan ni una sola vez tal cosa como un alma inmortal, ni dicen que hombre alguno tiene inmortalidad o la haya tenido alguna vez.
Diríjase a las Escrituras inspiradas y escudríñelas detenidamente con la ayuda de una concordancia completa de la Santa Biblia. Entonces usted mismo se demostrará que ni una sola vez en todas las Santas Escrituras aparece la expresión “alma inmortal,” ni ninguna otra expresión que diga que el alma humana es inmortal. Por el contrario, todas las expresiones bíblicas desde Moisés en adelante categóricamente declaran que el alma humana es mortal y muere, dejando de existir.
Sin embargo, nuestros críticos religiosos se refieren al alma humana como inmortal y dicen que “el cuerpo es naturalmente mortal; el alma por su misma naturaleza es inmortal.” Pero en respuesta a la pregunta: “¿Qué indicaciones tienen ustedes de que el alma es inmortal?,” nuestros críticos sacerdotales escriben seis párrafos que suman a treinta y dos líneas larguísimas, pero no muestran un solo texto inspirado de la Palabra de Dios. Debería ser suficiente, entonces, el que nosotros mostráramos un solo texto para probar que el alma humana puede morir y ser destruída. Primero, citamos Ezequiel 18:4, 20 de la Versión Bover-Cantera católica:
“He aquí que todas las almas son mías; tanto el alma del padre como la del hijo me pertenecen; el alma que pecare, ésa morirá. El alma que peque, ésa morirá.” Note esa declaración repetida, “el alma que peque, ésa morirá.” Mostrando que el alma no es lo mismo que el espíritu, las Escrituras inspiradas en ninguna parte dicen que el espíritu muere, sino que repetidamente dicen que el alma muere.
Cuando se les confronta con este texto claro, nuestros críticos sacerdotales dicen: “La palabra alma aquí no se refiere exclusivamente a la parte inmortal de la naturaleza del hombre.” ¿A qué parte, entonces, se refiere? ¿Dónde dicen las Escrituras hebreas inspiradas desde Moisés hasta Ezequiel algo acerca de una parte inmortal de la naturaleza del hombre? Ezequiel escribió las palabras: “el alma que peque, ésa morirá,” aun antes de que Pitágoras el filósofo pagano empezara a escribir y enseñar de la inmortalidad, y antes de que los libros deuterocanónicos o apócrifos fueran escritos. Si Ezequiel no quiso decir lo que escribió, entonces ¿por qué no dijo él: ‘El hombre que peque, su cuerpo morirá’?
SENCILLA LA VERDAD BÍBLICA ACERCA DEL ALMA
Cuando aceptamos la Biblia y lo que Dios dice en ella, entonces la verdad viene a ser sencilla. Adán vino a ser alma viviente cuando Dios sopló el aliento de vida dentro de su forma humana. En consecuencia cuando el pecador Adán murió, el alma humana murió. Dejó de existir. En ninguna parte se ve que Dios haya amenazado atormentar el alma de Adán con fuego y azufre después de su muerte. Dios no amenazó así a Adán, porque Dios sabía que Adán el alma humana no era inmortal e indestructible. En vez de tormento eterno al alma, el apóstol Pablo dice: “Porque el salario que paga el pecado es muerte.” (Rom. 6:23, NM) No hay vida eterna para los inicuos: “Guarda Yavé [Jehová] a cuantos le aman y destruye a los impíos.” (Sal. 145:20, NC) Para observar que el alma no es inmortal, sino mortal, note los siguientes textos inspirados en la Versión Douay, Biblia católica en inglés (edición Murphy).
“Muera mi alma la muerte de los justos.” (Núm. 23:10) “Su alma se desmayó, y estuvo fatigada hasta la muerte. Él dijo: Muera mi alma con los filisteos.” (Jue. 16:16, 30, lectura marginal) “Libra nuestras almas de la muerte.” (Jos. 2:13) “Su alma morirá en una tormenta.” (Job 36:14) “No perdonó sus almas de la muerte.” (Sal. 77:50) “Para librar sus almas de la muerte; y alimentarlas en hambre. Nuestra alma espera al Señor.” (Sal. 32:19,20) “Mi alma está afligida aun hasta la muerte.” (Mat. 26:38) “Aquel que hace a un pecador convertirse del error de su camino salvará su alma de la muerte.”—Sant. 5:20.
Es evadir los hechos el decir que la muerte significa vida eterna con miseria y tormento. Las Escrituras no enseñan en ningún lugar que la diferencia entre la muerte y la vida eterna es felicidad, y que la muerte significa vida sin felicidad. La Palabra divina de verdad no presenta tal contradicción de términos. La combinación del cuerpo humano con el aliento de vida por el poder de Dios produce el alma humana. De ese modo el hombre llega a ser alma viviente. Pero si el espíritu o aliento de vida se separa del cuerpo humano, el alma viviente deja de ser. El alma deja de vivir; muere, así como dice la Palabra de Dios en todas partes. El aliento de vida no retiene las propiedades del alma humana viviente. Tampoco el cuerpo humano muerto, porque no puede ver, oír, sentir, gustar, oler, pensar, amar, odiar o trabajar. Es absurdo, por lo tanto contrario a las Escrituras, decir que un alma que está dentro del cuerpo del hombre opera mediante los órganos y facultades de los sentidos del hombre mientras está en su cuerpo, pero que, cuando se separa de estos órganos y facultades en la muerte, tal alma independiente todavía puede efectuar esas mismas operaciones.
De ninguna manera hemos agotado toda la prueba bíblica, pero se ha mostrado lo suficiente en el párrafo anterior para probar que Pitágoras, Sócrates y Platón no sacaron a luz para los hombres la vida y la inmortalidad, porque son falsas sus enseñanzas acerca de la inmortalidad del alma humana. Satanás el Diablo no arrojó luz sobre el tema cuando mentirosamente dijo en el Edén: “No moriréis en modo alguno.”—Gén. 3:4, BC.
Antes de que Cristo Jesús muriera corno sacrificio humano y fuera resucitado y ascendiera a la presencia de Dios para presentar el valor de su sacrificio por nosotros no había base alguna para vida eterna para ninguno de la prole de Adán. Mediante el aceptar los beneficios de su sacrificio los “hombres de buena voluntad” pueden conseguir la vida eterna en esta tierra perfeccionada bajo el reino de Dios; y aun los muertos humanos serán resucitados para esta oportunidad benigna. El ministerio de Cristo fué un ministerio de vida eterna para la humanidad en general, que ha de conseguirse bajo su reino para bendición de todas las familias de la tierra.