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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1956
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1956
w56 15/7 págs. 419-423

¿Enseña la Biblia la salvación universal?

A través de casi diecinueve siglos ha habido cristianos profesos que han enseñado la doctrina de la salvación universal. Y en vista de que ciertas religiones orientales sostienen que toda alma eventualmente logrará el estado de “nirvana,” puede decirse que centenares de millones de personas hoy día creen en la salvación universal y que esta creencia data desde siglos antes del tiempo de Cristo. Pero ¿enseña que hay salvación universal la Biblia, la Palabra de Dios?

AUNQUE lo que se conoce hoy día como la “Iglesia Universalista” tuvo su principio hace poco menos de dos siglos, la doctrina de la salvación universal brotó poco tiempo después que se durmió en la muerte el último de los apóstoles, y la enseñaron ciertas sectas allá por 130 d. de J.C. En 195 cierto Clemente de Alejandría la enseñó y uno de sus alumnos, nada menos que Orígenes, abogó vehementemente por ella. A él le parecía increíble que Dios torturara a sus criaturas en un infierno ardiente por toda la eternidad, y eso sin resultado alguno, de modo que él sostuvo que todo tormento infernal era correctivo y terminaría en cuanto hubiese logrado su propósito: “Todas las almas, todos los seres inteligentes que se han extraviado, serán, por lo tanto, restaurados tarde o temprano a la amistad con Dios. La evolución será larga, incalculablemente larga en algunos casos, pero vendrá un tiempo en que Dios será todo en todos.”

Aunque los teólogos católicos, especialmente Agustín, fulminaron en contra de lo que fué llamado origenismo, la salvación universal siempre tuvo sus defensores tanto en la iglesia de ellos como en otras organizaciones religiosas que pretendían ser cristianas. La enseñaron los albigenses del siglo once, los lolardos del siglo catorce, y muchos de “los reformadores de antes de la Reforma” en el siglo quince. Fueron muchos los clérigos a quienes las organizaciones religiosas excomulgaron, desterraron o despidieron de sus puestos debido a que ellos enseñaron la doctrina de salvación universal, tanto en organizaciones católicas como en las protestantes.

En Inglaterra, por algún tiempo durante el siglo diecisiete, la enseñanza de la salvación universal se contaba entre las herejías que se castigaban con encarcelamiento, mientras otras “herejías” se castigaban con la muerte. Para aproximadamente el mismo tiempo, en los Estados Unidos de América del Norte, en la religiosísima colonia de Massachusetts, cierto Juan Gatchell fué sentenciado “a la picota y a que su lengua le sea sacada y traspasada con un fierro caliente” porque enseñaba la doctrina de la salvación universal.

Parece que en su mayor parte los que se adhirieron a la doctrina de la salvación universal eran sinceros. Dijo uno: “El castigo [tormento] eterno para los inicuos argüiría a favor, no de la justicia, sino de la injusticia de Dios.” Creyendo que la Biblia enseñaba que hay un infierno de tormento para los inicuos y que el alma humana es inmortal, dudaban que los tormentos del infierno continuaran para siempre. Uno de ellos especulaba que todo ese tormento terminaría con un gran jubileo al final de 50,000 años.

Entre los textos de la Biblia que Orígenes usó para apoyar la salvación universal estaba Primera a los Corintios 15:25, 28 (NM): “Porque él tiene que gobernar como rey hasta que Dios haya puesto a todos sus enemigos debajo de sus pies. . . . entonces el mismo Hijo también se sujetará a aquel que sujetó todas las cosas a él, para que Dios sea todas las cosas para con todos.” Para que Dios eventualmente llegara a ser todas las cosas para con todos, Orígenes razonó, toda criatura inteligente eventualmente tendría que reconciliarse con Dios.

Otro texto que se usa para apoyar la doctrina de la salvación universal es Filipenses 2:10, 11 (NM): “Para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en el cielo y de los que están en la tierra y de los que están debajo del suelo, y confiese toda lengua abiertamente que Jesucristo es Señor para gloria de Dios el Padre.” Se sostiene que si toda rodilla ha de doblarse y toda lengua ha de confesar, entonces necesariamente sigue que todos los que viven tendrán que reconciliarse eventualmente con Dios.

Además hay Romanos 5:18. “Luego, así como por medio de una sola transgresión, sentencia vino a todos los hombres para condenación, asimismo también por medio de un solo acto de justicia, sentencia viene a todos los hombres para justificación de vida.” Tocante a este texto una publicación universalista de 1930 dice: “Aquí el paralelo es perfecto. La sola transgresión de Adán se contrarresta por el solo premio justo de Cristo. El acto de Adán eventualmente afecta a toda la humanidad. De igual modo la obra de Cristo, eventualmente, tiene que realmente justificar a toda la humanidad. . . . Si la transgresión de Adán sólo le diera a cada uno una oportunidad de pecar, de modo que algunos llegaran a ser pecadores y otros no, entonces pudiéramos decir que la obra de Cristo trae justificación a todos con tal que la acepten. Pero tenemos que confesar que el hombre no puede escoger ser o no ser pecador, así también será por medio de la obra de Cristo. Las dos cosas son reales y universales.”

LO QUE LA BIBLIA DECLARA

El que algunos no lograrán la salvación se hace claro en la Biblia desde Génesis hasta el fin de Apocalipsis. Al sentenciar a Adán Dios dijo: “Porque polvo eres y a polvo volverás.” Eso quiere decir aniquilación, no salvación. Acerca de Sodoma y Gomorra se nos dice que “son puestas delante de nosotros como ejemplo amonestador siendo sometidas” a castigo judicial eterno. En Apocalipsis 21:8 (NM) leemos que todos los inicuos tendrán su porción “en el lago que arde con fuego y azufre. Esto significa la muerte segunda.” No se dice nada acerca de una redención o una resurrección de esta muerte segunda.—Gén. 3:19; Judas 7, NM.

Sí, Cristo destruirá “al que tiene los medios para causar la muerte, es decir, al Diablo.” Los inicuos son como “vasos de ira hechos dignos de destrucción.” El nombre de ellos “se podrirá.” A las “cabras” se les dice que se vayan “al arrasamiento eterno.” Según el diccionario, destruir significa reducir a la nada, eliminar por completo la existencia, y destrucción significa extinción, extirpación, aniquilación.—Heb. 2:14; Rom. 9:22, NM; Pro. 10:7; Mat. 25:46, NM.

Los que creen en la salvación universal recalcan la misericordia de Dios. Pero al manifestar la misericordia Dios no pasa por alto la justicia, sino que es escogedor. “Mostraré misericordia al que le muestre yo misericordia.” Él “se aira con el inicuo todos los días.” A los que son voluntariosamente inicuos y que desprecian la corrección que él da, él dice: “Me reiré en vuestra calamidad.”—Éxo. 33:19, NM; Sal. 7:11; Pro. 1:24-32.

Parece que lo que principalmente contribuye a la dificultad de los que sostienen la salvación universal es que cometieron el error de edificar sobre doctrina falsa en sus esfuerzos por conciliar sus creencias con el Dios de amor. Ya que no podían conciliar un Dios de amor con el castigo eterno en forma de tormento, ellos hicieron el tormento de duración limitada. Debieran haber eliminado el tormento y dejado que la duración del castigo fuera eterna. La aniquilación, destrucción, extirpación, extinción son castigo eterno, pero no implican sufrimiento consciente eterno y por lo tanto son compatibles con un Dios de amor.

Y la razón por la cual cometieron este error es que se adhirieron a la doctrina errónea de la inmortalidad de todas las almas. Creyendo que toda criatura inteligente, una vez que venga a la existencia, tiene que vivir para siempre, concluyeron que, puesto que es inconcebible que Dios atormentara inútilmente a las criaturas para siempre, con el tiempo todas éstas serían reconciliadas con Dios.

Pero en ninguna parte de la Biblia dice que la inmortalidad es una cualidad inherente de toda alma inteligente. Se nos dice al contrario que “el alma que pecare, ésa es la que morirá,” que ningún hombre “librará su alma del poder del sepulcro,” y que Cristo “derramó su alma hasta la muerte.” Y también que los cristianos ahora buscan la incorruptibilidad y en la resurrección serán revestidos de la inmortalidad.—Eze. 18:4; Sal. 89:48; Isa. 53:12; Rom. 2:7; 1 Cor. 15:53, 54, NM.

“El salario que paga el pecado es muerte, pero el don que Dios da es vida eterna por Cristo Jesús nuestro Señor.” (Rom. 6:23, NM) Si todos recibieran la vida prescindiendo de toda circunstancia, no sería un don. Un don implica una selección. La Palabra de Dios manifiesta que las alternativas para sus criaturas no son la vida en felicidad o la vida en tormento, sino la vida o la muerte. “He puesto ante ti la vida y la muerte.” (Deu. 30:19, NM) Si el hombre no aprecia la vida lo suficiente para vivirla en armonía con las justas leyes de Dios, entonces la pierde. Eso es sabio, justo y amoroso por parte de Dios. Así como Adán y Eva no apreciaron la vida y por eso fueron devueltos al polvo, de la misma manera toda criatura inteligente que no aprecie la vida tendrá como estado final la extinción.

Puesto que todos los inicuos son destruídos al debido tiempo de Dios, entonces todos los que vayan a vivir se someterán a Dios y a Cristo Jesús para que Dios sea todas las cosas para todos los vivos. Entonces, también, toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Cristo es Señor, porque las rodillas y lenguas de los inicuos habrán sido destruídas.

Pero, ¿qué hay acerca del argumento de que tales textos como Romanos 5:18 muestran que así como el hombre no pudo escoger en cuanto a la herencia del pecado tampoco podrá escoger en cuanto a la herencia de vida, puesto que las dos cosas son automáticas, por decirlo así? Tal conclusión está en conflicto con la Palabra de Dios desde Génesis hasta Apocalipsis, porque su Palabra muestra repetidamente que la vida depende del proceder correcto. A Adán no se le impuso la vida eterna a la fuerza; fué hecha condicional. Se ofreció como dádiva. Tampoco se le impondrá a la fuerza la vida eterna a la prole de él. Además, no leemos en ninguna parte que la muerte sea una dádiva. Es un castigo, del cual no se puede escapar uno si es que se merece.—Eze. 18:31, 32.

En cuanto a Romanos 5:18, su significado se hace claro por medio de la Traducción del Nuevo Mundo: “Así, pues, como por una transgresión el resultado a toda clase de hombres fué la condenación, asimismo por un acto de justificación el resultado a toda clase de hombres es el declararlos justos para la vida.” Vez tras vez cuando se usa el vocablo “todos” en las Escrituras Griegas, se quiere decir “toda clase,” no literalmente “todos.” Un caso específico es Hechos 2:17. Según la mayoría de las traducciones Dios allí declara: “Derramaré de mi Espíritu sobre toda carne.” Pues bien, sabemos que en el Pentecostés el espíritu de Dios no fué derramado literalmente sobre toda carne, sino únicamente sobre un número comparativamente pequeño. Pero Dios sí lo derramó sobre ‘hijos e hijas, jóvenes y ancianos, sobre esclavos y esclavas.’ De modo que la Traducción del Nuevo Mundo lee: “Derramaré algo de mi espíritu sobre toda clase de carne.” Lo mismo es verdad respecto a 1 Timoteo 2:3, 4 (NM); es la voluntad de Dios que “hombres de toda clase sean salvados.”

EL DAÑO DE LA ENSEÑANZA

¿Puede hacer daño la enseñanza de que con el tiempo toda criatura inteligente que ha vivido será reconciliada con Dios? Sí, porque ante todo le roba a Dios la gloria que le pertenece como quien es digno de ser adorado por criaturas de libre albedrío. Además, anula el mismísimo punto en disputa por el cual Dios ha permitido que la humanidad permanezca y del cual él deriva gran deleite, a saber: ¿Pueden criaturas inteligentes mantener su integridad a pesar de todo lo que Satanás pueda hacer para desviarlas por medio de tentaciones o persecuciones? ¿Por qué hubiera dirigido Jehová la atención de Satanás al proceder de Job de mantener su integridad si toda la humanidad y aun Satanás mismo eventualmente hubiesen de reconciliarse con Dios y conseguir la vida eterna?

La doctrina de la salvación universal es un lazo del Diablo para distraer a los cristianos y hacerlos quedar desprevenidos por medio de prometerles la salvación sin importar lo que hagan o lo que no hagan. A menudo la abrazan los que en un tiempo apreciaron la luz de verdad que Dios está dejando brillar sobre su Palabra hoy día pero que por una razón u otra se ofendieron y se separaron para formar su propio movimiento pequeño. Por medio de suscribirse a la salvación universal, éstos, aparentemente sin darse cuenta, hacen lugar para sí mismos a pesar de haber perdido la integridad. Pero para los tales no hay más esperanza de salvación que la que había para Judas, a quien Jesús llamó el “hijo de destrucción.” Así como muestran tanto Pedro como Pablo, concerniente a los que una vez han sido iluminados y entonces han apostatado, ‘es imposible revivificarlos de nuevo al arrepentimiento.’—Juan 17:12; Heb. 6:4-6; 2 Ped. 2:4-22, NM.

Aunque desde el segundo siglo hasta el siglo veinte de nuestra era común muchas personas sinceras que han dicho ser cristianas han enseñado la doctrina de la salvación universal, la Biblia no enseña tal cosa. Dios es amor, pero también es justo. En amor él ofrece la vida eterna a los que cumplen con sus condiciones, y en justicia él ha decretado que los que desprecian su dádiva merecen la muerte eterna.

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