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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1957
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1957
w57 1/10 págs. 593-599

Esforzándose por la madurez necesaria

“Las cosas que oíste de mi con el apoyo de muchos testigos, estas cosas encomiéndalas a hombres fieles quienes a su vez estarán adecuadamente capacitados para enseñar a otros.”—2 Tim. 2:2.

1, 2. ¿Qué se requiere del cristiano verdadero, además de lo que el mundo piensa, y cuál es la única manera en que uno puede observar las instrucciones que dieron Pedro y Pablo?

EXISTE un punto de vista común hoy en día de que todo lo que tiene que hacer el cristiano es llevar una vida buena, asistir a su iglesia y sostenerla y cumplir con unas cuantas de sus reglas, y que si hace eso recibirá las bendiciones de Dios y la vida. Pero no es así; no. Se necesita mucho más que eso. Se requiere que todo cristiano tenga conocimiento, madurez y verdadera habilidad al usar la Palabra de Dios. No fué simplemente a una clase clerical, sino a cada uno de los cristianos a quienes Pedro escribió que él dijo: Estén “siempre listos para hacer una defensa ante todo aquel que les demande una razón de la esperanza que hay en ustedes.” Y no fué simplemente a una clase clerical, sino a la entera congregación cristiana de Éfeso que Pablo escribió: “Manténganse firmes, por lo tanto, teniendo los lomos ceñidos con la verdad, y teniendo puesta la coraza de la justicia, y con los pies calzados con el equipo de las buenas nuevas de la paz. Sobre todo, tomen el escudo grande de la fe, con el cual podrán apagar todos los dardos encendidos del inicuo. Acepten además el yelmo de salvación, y la espada del espíritu, es decir, la palabra de Dios.”—1 Ped. 1:1, 2; 3:15; Efe. 6:14-17.

2 Para que usted observe estas instrucciones que se les dieron a los cristianos del primer siglo y, por medio de ellos, a todos los siervos verdaderos de Dios en todas partes, usted tiene que llegar a ser un hombre completamente desarrollado, teniendo conocimiento, verdad, obras rectas, servicio cristiano, devoción de corazón, fe genuina y verdadera habilidad al usar la Palabra de Dios. El ejemplo bíblico no es el de un grupo de callados oyentes dominicales, sino el de predicadores activos, de hombres y mujeres que, cuando oían la verdad, se llenaban de tanto celo por ella que se ponían a enseñar a otros, sí, y cuyo interés, celo y experiencia los hacían adecuadamente capacitados para efectuar esa obra de enseñanza.

3. ¿Qué cualidades tienen los “hombres de mayor edad” de la congregación, y libra esto de su responsabilidad a los publicadores más nuevos?

3 Dentro de la congregación cristiana hoy hay muchos “hombres de mayor edad” maduros cuyas riquezas espirituales los capacitan a desempeñar esta responsabilidad y a constituir una verdadera influencia sustentadora para la entera congregación. Han desarrollado las cualidades de madurez, firmeza de fe y plenitud de entendimiento que todos los cristianos verdaderos buscan. Su celo y entendimiento animan y ayudan a todos los hermanos. Llevan la delantera en el servicio cristiano, poniendo el ejemplo que otros han de seguir. (1 Ped. 5:3) Pero recuerde que la responsabilidad de tener tal madurez cristiana y de ejecutar tal actividad de dirección cristiana no descansa únicamente sobre los hermanos que han estado por mucho tiempo en la verdad, sino sobre toda la congregación. En la organización de hoy día, que está creciendo rápidamente, no importa lo “nuevo” que sea usted, pronto también será un hermano de mayor edad a quien los publicadores nuevos acudirán en busca de ayuda. ¿Cómo puede usted desarrollar la madurez que lo capacite para desempeñar esta responsabilidad? ¿Cuáles son sus obligaciones con respecto a esto, y qué resultados producirá esta madurez?

4, 5. ¿De qué depende el llegar a tener habilidad madura para enseñar, y de qué no depende?

4 Es obvio que esta madurez deseada no depende únicamente del tiempo que uno haya estado en la congregación, porque a menudo sucede que una persona nueva alcanza un gran grado de desarrollo rápidamente, llegando a ser pronto un “hombre de mayor edad” maduro, mientras que otra persona que ha estado asociada por muchos años con la congregación continúa lejos de la madurez. Tampoco es únicamente asunto de tener habilidad natural o de la educación mundana de uno, porque todos conocemos a muchos hermanos cuya educación académica es limitada, cuya habla es vacilante o balbuciente y no obstante cuyo conocimiento y madurez cristiana no sólo asombra al mundo, sino que fortalece a la congregación.

5 Hace tiempo el apóstol Pablo le dijo a Timoteo: “Las cosas que oíste de mí con el apoyo de muchos testigos, estas cosas encomiéndalas a hombres fieles quienes a su vez estarán adecuadamente capacitados para enseñar a otros.” (2 Tim. 2:2) ¿Cómo llegaron a estar capacitados así? ¿Lo estaban antes de aprender la verdad? No, fué su conocimiento y aprecio de la verdad y el amoldarse a ella, no su educación mundana, ni su falta de ella, ni siquiera el número de años que habían estado en la congregación, lo que los capacitó para enseñar a otros. Los mismos factores le están disponibles a usted, y tendrán el mismo efecto de ayudarlo a usted a llegar a ser maduro en conocimiento, a estar adecuadamente capacitado para enseñar.

6. Explique, detalladamente, lo que dijo el apóstol acerca de cómo se logra la madurez.

6 Pablo hasta nos dijo cómo se consigue ese conocimiento necesario: “Continúa aplicándote a la lectura pública, a la exhortación, a la enseñanza. Reflexiona acerca de estas cosas, absórbete en ellas, para que tu progreso sea manifiesto a toda persona. Presta constante atención a ti mismo y a tu enseñanza. Persiste en estas cosas, pues haciendo esto te salvarás a ti mismo y a los que te escuchan.” Por lo tanto, la persona que desea la madurez que realmente caracteriza a la organización cristiana verdadera tiene que estudiar y luego usar sus verdades recién aprendidas en el servicio de Dios. ¿Empieza usted ahora a entender por qué algunos hermanos logran la madurez más aprisa que otros? Breve y sencillamente declarado, es porque estudian más y usan mejor su conocimiento.—1 Tim. 4:13, 15, 16.

LLEVANDO LA DELANTERA

7. ¿Qué crecimiento ha hecho importante ahora esta madurez? ¿Qué significa esto para nosotros los que ya estamos en la organización?

7 Dicha madurez nos da fuerzas para hacer frente a los engaños de Satanás y nos provee el conocimiento y la habilidad que necesitamos para cumplir nuestra comisión de predicar. Y esta madurez es especialmente importante en la organización de hoy, que está ensanchándose rápidamente. Hace mucho tiempo Jehová predijo: “El pequeño vendrá a ser mil, y el chico, nación fuerte: yo, Jehová, me apresuraré a hacer esto a su tiempo.” (Isa. 60:22, Mod) ¡Cuán cierto ha sido eso en nuestro día! Durante dieciséis años a partir de 1940 más de cuatro personas cada hora, hora tras hora, día tras día, semana tras semana, mes tras mes, año tras año han emprendido esta obra de predicación. Y de 1951 a 1955 ¡una persona cada diez minutos, sin cesar, ingresa en las filas de estos predicadores fieles! Los que son nuevos cierto mes a menudo ayudan a otros el mes siguiente. Ellos no se detienen, sino que al comprender que son nuevos estudian con más empeño, agradecidos por los privilegios que han recibido y esforzándose por aumentar tanto su conocimiento como su servicio. No obstante, estamos trabajando por expansión mucho más grande. ¿Cómo se hará que estos nuevos lleguen a la madurez? Eso sólo se podrá hacer si los que ahora están en la organización están preparados para proveer ayuda madura, para encargarse de la superintendencia en territorios y congregaciones nuevos, y para llevar la delantera en enseñar. Siempre se necesitan varones maduros que tengan un entendimiento claro de la Palabra de Dios, que sean celosos en el servicio y puedan ser usados en asignaciones más responsables como superintendentes de congregación, misioneros o ministros de tiempo cabal. Usted no sabe qué privilegios y oportunidades se le presentarán en el futuro si se aprovecha plenamente de las provisiones que se han hecho para su crecimiento espiritual ahora. ¡Por eso, sea diligente en el estudio!

8. ¿Cómo han de buscarse más privilegios, y qué cualidades deben estar desarrollando todos los cristianos?

8 ¿Es correcto prepararse para dichos privilegios adicionales de servicio? ¡Muy seguramente que sí! Las Escrituras dicen: “Si algún hombre se está esforzando por tener un puesto de superintendente, está deseoso de un trabajo de la clase correcta.” Pero el privilegio adicional tiene que buscarse de la manera correcta, no por medio de métodos mundanos de intrigas o influencia políticas, sino por medio de desarrollar las cualidades maduras que los superintendentes deben tener. ¿Cuáles son éstas? Son conocimiento sólido, habilidad adecuada y la actitud correcta. Incluyen el ser “amador de los extraños, capacitado para enseñar,” “no codiciosos de ganancia no honrada,” y estar “manteniendo el secreto sagrado de la fe con una conciencia limpia.” También hay que tener amor a la organización, humildad cristiana y un entendimiento apropiado de la Palabra. Realmente, éstas son metas hacia las cuales todos tenemos que esforzarnos, dado que no son cosas que caracterizan únicamente al superintendente, sino a todo cristiano maduro.—1 Tim. 3:1-9.

9. En su carta a los hebreos, ¿qué dijo Pablo acerca de la madurez?

9 Sí, sea que las iglesias de la cristiandad lo enseñen o no, cada cristiano como individuo tiene la obligación de desarrollar esta madurez y usarla para enseñar a otros. Pablo escribió con severidad a los hebreos que estaban deficientes en esto. Él dijo: “Porque, en verdad, aunque deberían ser maestros en vista del tiempo, necesitan ustedes de nuevo alguien que les enseñe desde el comienzo los principios elementales de los manifiestos sagrados de Dios, y ustedes han venido a ser como los que necesitan leche, no alimento sólido. Porque todo el que participa de leche no está familiarizado con la palabra de justicia, porque es un niño. Pero el alimento sólido es para las personas maduras, para los que por medio del uso tienen las facultades perceptivas ejercitadas para discernir así lo bueno como lo malo.”—Heb. 5:12-14.

DIETA, EJERCICIO Y FUERZA

10. ¿Cómo es la Palabra de Dios semejante a alimento sólido, y cómo tiene que usarse para que proporcione fuerza espiritual?

10 El comparar las verdades elementales a “leche” y los temas más profundos a “alimento sólido” es una cosa muy razonable. El alimento es vital. Nutre, sostiene la vida, provee el crecimiento y nos da la energía necesaria. Asimismo, las verdades de la Palabra de Dios proveen nutrimento y sustento, hacen posible el crecimiento espiritual y ayudan a la persona a permanecer fuerte y activa en el servicio de Dios. Jesús dijo: “El hombre ha de vivir, no sólo de pan, sino de toda declaración que procede de la boca de Jehová.” (Mat. 4:4) Este alimento espiritual vigorizador abarca ricas verdades, fortalecedores ejemplos, nutritivas ilustraciones proféticas y las promesas de la Palabra de Dios que edifican la fe. Suministra la energía que, si se usa apropiadamente puede resultar en fuerza y madurez. ¿Cómo ha de usarse esta energía para conseguir dicha fuerza? Bueno, ¿cómo usa usted su energía física para hacerse físicamente fuerte? Haciendo ejercicios que dan desarrollo a sus músculos y vigorizan su cuerpo. Con la fuerza espiritual sucede algo parecido. Para conseguirla usted tiene que usar la energía que proviene de su estudio, ejercitando su mente, corazón y lengua por medio de decir estas cosas buenas a otros. Mientras más actividad de predicación de puerta en puerta efectúe usted, mientras más revisitas haga y más estudios bíblicos conduzca, mientras más hable usted a sus parientes, vecinos, amigos y a sus compañeros de trabajo y de negocio acerca de la verdad, más fuerte se hará usted. Este ejercicio espiritual graba firmemente su conocimiento en la mente y lo ayuda a usted a vigorizar las fuertes fibras de los músculos de una fe victoriosa. También, las preguntas que le sean hechas a usted aguzarán el apetito de usted por conseguir más conocimiento y usted se dirigirá de nuevo al abastecimiento de alimento espiritual. Y cada vez que esto sucede usted está dando otro paso a lo largo de la senda que lleva desde la leche de la Palabra al alimento sólido que es para las personas maduras.

11. ¿Cómo puede una persona nueva, o alguien cuya fe es débil, llegar a ser un hombre completamente desarrollado, y a qué probablemente se debe el que uno carezca de madurez y fuerza?

11 El estudio lleva a la persona al servicio, el servicio a un deseo de obtener más conocimiento, y el conocimiento creciente de la persona, si se usa apropiadamente, resulta en una actividad aun más extensa en la predicación. Por medio de llenar su mente así con la verdad de la Palabra de Dios y por medio de usar fielmente ese conocimiento en el servicio de Jehová, aun los publicadores más nuevos pueden progresar rápidamente en dirección a hacerse hombres fuertes, completamente desarrollados, capaces de hacer frente a problemas, permanecer firmes contra los opositores y ayudar a los publicadores todavía más nuevos que están entrando como una corriente continua en la congregación cristiana que va ensanchándose de continuo. A la inversa, si a usted le falta dicha madurez y fuerza probablemente se debe a la falta de estudio o de servicio. Porque el conocimiento sólido, usado en el servicio, realmente lo capacitará a usted a correr “con aguante la carrera que está puesta delante de nosotros, mientras miramos atentamente al caudillo y perfeccionador de nuestra fe, Jesús.”—Heb. 12:1, 2.

12. ¿Cómo provee una prueba del esfuerzo que usted hace para adquirir conocimiento el estudio semanal de La Atalaya, y qué dijo el apóstol acerca de la manera en que todos los cristianos deben proceder?

12 Para tener esta fuerza se necesita esfuerzo. Se hace necesario emplear muchas horas estudiando. ¿Qué es lo que hace usted con respecto a esto? Por ejemplo, en el estudio de La Atalaya del Salón del Reino, ¿ha estudiado usted la lección con anticipación? ¿Sabe usted su contenido? Y ¿ha meditado usted sobre ello y se ha preparado para dar buenos comentarios? Cuando la lección es una lección particularmente profunda, ¿la deja pasar como cosa cualquiera sin verdaderamente entender el punto que está aclarando esa lección en particular, y así espera más leche y rechaza la carne? Pablo, que dijo mucho acerca de la madurez, nos exhortó a que realmente creciéramos en conocimiento, progresando mucho más allá de las doctrinas fundamentales. Él dijo: “Ya que hemos dejado la doctrina elemental acerca del Cristo, pasemos adelante a la madurez, no poniendo un cimiento de nuevo, a saber, arrepentimiento de obras muertas, y fe hacia Dios, la enseñanza sobre bautismos y la imposición de las manos, la resurrección de los muertos y el juicio eterno. Y esto lo haremos, si Dios verdaderamente lo permite.”—Heb. 6:1-3.

13. ¿Qué debemos hacer acerca de los sabrosos aperitivos de la verdad, y cómo pasamos adelante al alimento más sólido?

13 Probablemente fué la claridad conmovedora de las doctrinas fundamentales o elementales lo que lo atrajo a usted a la verdad. Estas cosas, que se aprenden durante los primeros meses de estudio, por lo tanto pudieran compararse a los deliciosos aperitivos que a menudo se sirven antes de una comida completa. Pero no debemos quedar satisfechos con ellas; más bien debemos usarlas para aguzar nuestro apetito espiritual, el deseo de adquirir el alimento verdaderamente fortalecedor que sigue. Estas cosas sólo son el comienzo; tenemos que recibir el beneficio pleno del banquete que Jehová ha provisto. Hacemos esto estudiando las Escrituras privadamente, escuchando la predicación de la Palabra, verdaderamente participando en todas las reuniones de congregación y estando deseosos de aprovecharnos de cualquier información que venga por el conducto que Jehová ha provisto para suministrar el alimento. Al hacer esto, usted ‘dejará de amoldarse a este sistema de cosas, mas se transformará rehaciendo su mente, para que pruebe para sí mismo la buena y la aceptable y la completa voluntad de Dios.’—Rom. 12:2.

PROBANDO SU AMOR

14. ¿Qué habilidades necesita el cristiano para mostrar su amor por medio del servicio?

14 Nos es preciso tener dicho conocimiento correcto si hemos de predicar a otros, y tenemos que predicar a otros si hemos de mostrar amor a Jehová Dios y a su Hijo Cristo Jesús. Jesús le preguntó a Pedro tres veces si lo amaba, y a la tercera vez Pedro se apesadumbró porque la misma pregunta se le repitiera tantas veces. “Señor,” dijo él, “tú sabes todas las cosas; tú sabes que te tengo cariño.” Pero Jesús simplemente repitió la instrucción: “Alimenta a mis ovejitas.” (Juan 21:15-17) Así es como probamos nuestro amor. Tenemos que ser ministros, siervos de Dios, alimentadores de las ovejas. Debemos saber qué decir al ser interrogados, y lo que digamos debe servir tanto de iluminación para nuestros oyentes como de alabanza a Dios. Cuando se le hacen preguntas a usted, ¿puede hojear las páginas de la Biblia y de ellas probar clara y convincentemente que lo que usted cree es cierto? ¿Puede usted verdaderamente probar su fe usando la Biblia, por lo menos en lo que toca a las doctrinas fundamentales, no simplemente diciendo que la Biblia enseña esto y lo otro, sino mostrando dónde lo hace y cómo? ¿Ha empleado usted verdaderamente el tiempo y el esfuerzo que se necesitan para aprender estas cosas? Requiere trabajo esto. Significa que tenemos que esforzarnos por adquirir conocimiento, que tenemos que desentrañar dichos hechos y grabarlos en nuestra mente. Pero ésa es la única manera de estar adecuadamente capacitados para enseñar, y es un requisito para los cristianos verdaderos. Todo el que está en la congregación debe estar creciendo y en ensanche en lo que concierne a conocimiento y experiencia, y mostrando su amor a medida que verdaderamente se esfuerza por llegar a la madurez que lo hará eficiente en alimentar a las ovejas. ¿Qué progreso está logrando usted?

15, 16. ¿Qué ejemplos sobresalientes de conocimiento bíblico nos fueron puestos en el día de Jesús y poco tiempo después, y qué debemos hacer nosotros acerca de ello ahora?

15 Considere el sobresaliente conocimiento bíblico que Jesús y sus discípulos tenían. A la edad de doce años se halló a Jesús “sentado en medio de los maestros y [estaba] escuchándoles e interrogándoles. Pero todos los que le escuchaban estaban en constante asombro por su entendimiento y sus respuestas.” ¿Puede usted con el conocimiento que tiene de la Palabra de Dios asombrar a los teólogos educados? Ciertamente esto podría hacerse sólo con conocimiento verdadero. El hecho de que los discípulos tenían un conocimiento asombroso de las Escrituras se da a ver por la copiosa cantidad de citas que hicieron de las escrituras hebreas que ya existían. (Esto se considera detalladamente en el párrafo 19 del artículo siguiente.) Además, los que recibían sus cartas, o epístolas, también tenían un conocimiento como ése. Ellos no tenían las ayudas que tenemos nosotros. Los libros, incluyendo las Escrituras, se obtenían con dificultad. Se copiaban a mano laboriosamente y no estaban disponibles para toda la gente. Pero estos primeros cristianos obtuvieron el uso de ellos. Conocían las Escrituras, veían el cumplimiento de las profecías y leían los escritos de los apóstoles. Su conocimiento creció y su fe se ensanchó. Y usaban este conocimiento y fe al mostrar su amor enseñando a otros. Es digno de notarse que ellos no consideraban este conocimiento como algo que se limitara a sólo los apóstoles o a alguna clase clerical especial. Más bien, todos habían de adquirirlo. Aun cuando 3,000 personas fueron bautizadas en el Pentecostés del año 33 d. de J.C., se quedaron en Jerusalén para adquirir fortaleza y conocimiento. Y cuando la persecución las esparció pudieron ir “por toda la tierra declarando las buenas nuevas de la palabra.”—Luc. 2:46, 47; 2 Tim. 4:13; Hech. 2:46, 47; 8:4.

16 Los cristianos verdaderos siguen el mismo ejemplo hoy en día. Consiguen el conocimiento necesario y muestran su amor a Dios y a su prójimo por medio de verdaderamente decir las buenas nuevas a otras personas. Dicho conocimiento está disponible para todos, prescindiendo de la educación mundana que tengan. No fué su previa educación, sino su perseverancia, fe, firme adherencia, determinación y el espíritu de Dios lo que resultó en que los humildes pescadores, recaudadores de impuestos y otros hombres ordinarios llegaran a la madurez cristiana durante el primer siglo, y las mismas cosas resultarán en que usted desarrolle la adecuada capacidad que se necesita hoy en día.—Mat. 4:18-22; 9:9; Hech. 4:13.

¿QUIÉN TIENE LA FUERZA?

17, 18. ¿Quiénes se destacan por su fuerza y celo, dónde los adquieren, y por qué no logran tenerlos las religiones del mundo?

17 Generalmente se reconoce que los miembros de las religiones del mundo no sólo dejan que sus clérigos se encarguen de dicho estudio y servicio ministerial, en vez de hacer ellos mismos algo acerca de ello, sino que también están muy maldispuestos aun cuando sus líderes los instan a dicha actividad. Por ejemplo, en una reunión de la Asociación Educativa Católica Nacional en Chicago, el 22 de abril de 1954, “El Rdo.” Juan O’Brien criticó a su propia gente porque “le falta celo para ganar conversos,” mientras que dijo que el progreso de los testigos de Jehová “es el más espectacular de la historia moderna.” Y Our Sunday Visitor (del 28 de agosto de 1955), tratando de incitar a miembros de la Iglesia católica a mayor uso de folletos, dijo acerca de los testigos de Jehová: “Conviniendo en que se constituyen en una molestia nacional, ¡también hicieron 456,000 conversos en seis años!” Pero ¿a qué se debe que los testigos de Jehová tengan la fuerza y celo necesarios para el activo ministerio cristiano cuando otros grupos no los tienen? Otra vez, se debe sencillamente a que el buen alimento, usado apropiadamente, hace fuertes a los hombres. La clave de la fuente de su fuerza se dió a conocer en un artículo publicado en el Courier-Journal de Louisville (Kentucky), el cual decía: “Sin duda, son gente que diligentemente estudia la Biblia. Pero más que eso, los testigos de Jehová creen lo que leen.”

18 Jesús tuvo esa fuerza y ese celo, sus apóstoles los tuvieron, la congregación cristiana del primer siglo los tuvo. ¿Debiéramos esperar que la energía y la fuerza, el celo y la actividad del cristianismo verdadero sean menores de manera alguna hoy en día? ¡No! El asunto es que la cantidad de conocimiento acertado que muchas religiones proveen a su pueblo ha menguado tanto que sus miembros sólo se pueden sentar, no pueden trabajar, porque no tienen la fuerza ni el celo que se necesitan para la clase de actividad que los cristianos del primer siglo mostraron que caracteriza a la verdadera congregación cristiana. Pero el conocimiento correcto sí incita a los que lo tienen a decirlo a otros, a permanecer firmes contra la persecución y hasta a enfrentarse a la muerte antes que renunciar a su fe, como muchos de los testigos de Jehová lo han hecho bajo las violentas persecuciones nazistas y comunistas, ¡donde aun los líderes de otras religiones capitularon! Esta fuerza no asombra a los que la tienen, sino sólo a los que no la tienen, porque los que la tienen recuerdan que, después de todo, las Escrituras dijeron hace mucho tiempo: Jehová “da, al desfallecido, esfuerzo, y a los que carecen de fuerzas les aumenta el poder.” “¡Jehová dará fortaleza a su pueblo! ¡Jehová bendecirá a su pueblo con la paz!”—Isa. 40:29; Sal. 29:11, Mod.

19. Repasando esta lección, ¿qué tienen que hacer los cristianos verdaderos?

19 En verdad, mucho más se requiere del cristiano que el sólo llevar una vida buena y cumplir con unas cuantas reglas. Usted tiene que adquirir conocimiento correcto. Usted tiene que desarrollar la madurez, firmeza de fe y exactitud de entendimiento que caracterizan al cristianismo verdadero, y eso lo capacitará a usted a salvar a otros y a hacer segura su propia salvación, recibiendo “el fin consumado de su fe, la salvación de sus almas.” (1 Ped. 1:9) Hombres de fe le trajeron la palabra de la verdad a usted. Usted oyó su mensaje, lo aceptó, y ya ha comenzado a decirlo a otros. Continúe mejorando en conocimiento y eficiencia. Verdaderamente esfuércese por la madurez necesaria, y su ‘capacidad adecuada para enseñar a otros’ continuará creciendo. Desde un pequeño puñado ha surgido una poderosa organización cristiana a medida que cada persona nueva en esta organización ha encomendado las verdades que ha aprendido a otros hombres fieles que también llegarán a estar adecuadamente capacitados para enseñar a todavía otros. Todos los cristianos verdaderos deben desarrollar habilidad en usar la Palabra de Dios y deben llegar a la madurez como ministros cristianos, recordando que Jesús dijo: “Mi Padre es glorificado en esto, que ustedes sigan produciendo mucho fruto y muestren ser mis discípulos.” ¿Qué fuentes verdaderamente le ayudarán a usted a adquirir esta madurez y producir este fruto? El siguiente artículo contesta.—Juan 15:8.

[Ilustración de la página 597]

¿TRINIDAD? Deu. 6:4; Juan 14:28; Juan 8:28; Hech. 10:39,40; 1 Cor. 11:3

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