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  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1970
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1970
w70 1/5 págs. 259-263

Cómo librarse de la superstición

LA SONRISA de gratitud desapareció rápidamente del rostro de la viajera al fijar la mirada en la comida que se le había ofrecido.

“Coma,” instó la anfitriona, “la comida no está descompuesta.”

“No, no,” protestó la viajera, “esto es barbo. ¡Si me lo como, seré acusada de haber asesinado a mis propios hijos!”

¿Ilógico? Las personas que no están esclavizadas a la superstición probablemente dirían que sí. Sin embargo, para muchos individuos, el comer este alimento se considera un delito serio.

No obstante, hay muchas personas que se han librado de esta clase de tabúes. Ya no temen a los muertos, no se atienen a “medicinas,” ni permiten que los sueños y los agüeros regulen su vida. Ahora son personas felices y contentas. ¿Cómo se libraron de la superstición?

LA VERDAD ACERCA DE LOS MUERTOS LIBRA

La verdad es lo que ha hecho posible que se libren de la superstición, en particular la verdad acerca de la condición de los muertos. Como dijo Jesucristo: “Conocerán la verdad, y la verdad los libertará.”—Juan 8:32.

Bueno, ¿cuál es la verdad acerca de los muertos? ¿Pueden comunicarse con los vivos o causarles daño? ¿Por qué dijo aquella señora que el comer barbo sería comparable a infligir muerte a sus hijos?

Muchos consideran que los barbos de los ríos que fluyen cerca de la aldea de esta africana son espíritus reencarnados de humanos muertos. De modo que los aldeanos explican esto acerca del tabú: “Es nuestra ley. No comemos barbo. Si una mujer lo come, o será estéril o sus hijos morirán. Si un hombre lo come, no tendrá hijos.” Algunos hasta creen que le sobrevendrá la muerte al que lo coma.

Un joven africano llamado Samuel observaba este tabú, y se abstenía del barbo. Pero un día empezó a estudiar la Biblia. Notó que la Biblia enseña que los muertos están inconscientes. Por ejemplo, en un lugar la Biblia dice: “Los vivos están conscientes de que morirán; pero en cuanto a los muertos, ellos no están conscientes de nada en absoluto.”—Ecl. 9:5.

A Samuel también se le mostró en la Biblia que cuando el hombre muere “sale su espíritu, él vuelve a su suelo; en ese día de veras perecen sus pensamientos.” (Sal. 146:4) Con esto Samuel pudo discernir que el espíritu, o la fuerza de vida, no es un intelecto independiente que continúe después de la muerte. Más bien, la muerte termina completamente la vida. Como también declara la Biblia: “Si [Dios] fija su corazón en cualquiera, si el espíritu y aliento de aquél él lo recoge a sí, toda carne expirará junta, y el hombre terrestre mismo volverá al mismísimo polvo.”—Job 34:14, 15.

En consecuencia, cuando aprendió la verdad bíblica de que el espíritu que hay en el hombre no es una personalidad que sobreviva a la muerte del cuerpo, Samuel pudo ver el error de creer que el barbo posee los espíritus reencarnados de humanos que han muerto. Por lo tanto, se dio cuenta de lo absurdo que es creer que un pescado muerto pudiera estorbar sus facultades de procreación. De modo que Samuel comenzó a comer barbo.

Sin embargo, debido a que no se casó por algunos años, los miembros de su tribu estaban seguros de que el barbo había arruinado sus facultades para ayuntamiento. Cuando finalmente se casó, igualmente estaban seguros de que no tendría hijos, o que cualquier prole que tuviera moriría. ¿Cuál fue el resultado?

Bueno, el primer hijo de Samuel no murió, ni su segundo, ni su tercero, ¡y el cuarto pronto nacerá! Pero, ¿qué hay de la hermana de Samuel, que se ha abstenido de barbo toda su vida? Ella protestó contra Samuel por haber roto este tabú. Pero él contestó: “Si hay verdad alguna en el tabú, entonces, ¿por qué viven todos mis hijos, pero tus hijos han muerto?”

Era cierto. Esta hermana de él había sufrido la pérdida de sus tres hijos. ¡La observancia supersticiosa del tabú no los había preservado!

Librado ya por la verdad bíblica, Samuel se determinó a nunca jamás estar esclavizado por supersticiones. De modo que, cuando murió su padre, rehusó poner un regalo en el féretro para que el difunto se lo llevara al mundo de los espíritus. Tampoco participó en ‘comer con el muerto.’ Tampoco participó en la fiesta para ‘cruzar al más allá,’ que celebra la supuesta unión del difunto con otros espíritus. Por la posición impávida que ha adoptado Samuel en apoyo de la verdad bíblica, ¿ha recibido daño a manos de algún espíritu vengativo? No, ni en lo más mínimo.

Quizás usted sea una persona que se adhiera a creencias supersticiosas en cuanto a los muertos. ¿Se pregunta usted, por ejemplo, si su hermanito en realidad es su tío muerto que ha vuelto a la vida? ¿Se asegura usted mismo de tal cosa al notar la forma de la oreja del pequeñito, llegando a la conclusión de que la oreja de su tío tenía exactamente la misma forma? ¿O se abstiene supersticiosamente de ponerles a sus hijos el nombre de un pariente vivo debido a que usted cree que este pariente, después de su muerte, nacerá de nuevo como bebé y solo ese bebé debe llevar su nombre?

¡Permita que la verdad bíblica lo libre de esas creencias supersticiosas! Confíe en la Biblia, “como lo que verdaderamente es, como palabra de Dios.” (1 Tes. 2:13) La verdad es que la vida futura no se consigue mediante reencarnación, sino por medio del poder de la resurrección conferido a Jesucristo, quien declara: “Yo soy la resurrección y la vida.”—Juan 11:25.

Después de su propia resurrección de entre los muertos Jesús recordó todo detalle de su vida humana anterior. También recordó estas cosas Lázaro, que fue resucitado y que continuó siendo discípulo de Jesús después de salir del sepulcro. (Juan 11:38-44; 12:1, 9-11) ¿Qué hay de usted? ¿Puede recordar una existencia pasada? Si usted realmente ha vivido antes, entonces debería poder recordarlo. En realidad, la reencarnación es un mito que se basa en razonamiento humano falible. La Palabra de verdad de Dios la expone como tal.

BASE PARA TEMORES SUPERSTICIOSOS

Esto no significa que los temores supersticiosos de la gente estén completamente sin base. Por ejemplo, Samuel recuerda la experiencia de un muchacho africano de nueve años de edad. Un día mientras caminaba por el bosque oyó que se le llamó por su nombre. Se volvió, no vio a nadie y continuó caminando. Al instante una piedra arrojada desde atrás cayó enfrente de él. El muchacho llegó a casa lleno de temor, pero su padre le explicó que aquello había sido obra de su madre, que acababa de morir.

Después de eso la presencia de un cadáver en su pueblo siempre llenaba el corazón del joven de un temor pavoroso. Sin embargo, más tarde en la vida raciocinó cuidadosamente sobre el pasaje bíblico de Job 7:9, 10: “La nube ciertamente se acaba y se va; así el que va bajando al Seol [el sepulcro] no subirá. No volverá más a su casa, y su lugar no lo reconocerá más a él.” Ahora el hombre comprendió que no podía haber sido su madre quien lo había llamado por su nombre y le había arrojado la piedra cuando era joven. Ella estaba muerta, inconsciente, y ella no podía retornar para hacer estas cosas. ¿Quién, entonces, fue responsable de ello?

La Biblia revela que la fuente de muchos fenómenos sobrenaturales son inicuas criaturas espíritus invisibles... y no espíritus de humanos que hayan muerto. Satanás el Diablo es el principal de estas inicuas criaturas angélicas, y Jesús lo llamó “el padre de la mentira.” (Juan 8:44) Satanás y sus espíritus inicuos deliberadamente se han empeñado en engañar a la gente y hacerle creer que los humanos sobreviven a la muerte y entran en un mundo de espíritus. Hasta han remedado las voces de personas que han muerto en su esfuerzo por perpetuar la mentira de que el hombre no deja de existir al morir.

SACUDIÉNDOSE EL YUGO DE LA “MEDICINA”

También se cree comúnmente en algunos lugares que objetos naturales, entre ellos árboles, rocas, ríos, montañas y en particular imágenes, están poseídos por almas que residen en ellos y que pueden influir en las vidas para bien o para mal. Por lo tanto, para protegerse contra poderes malos y volubles, se prepara una “medicina” de objetos que representan cualidades poderosas. Por ejemplo, se consideran útiles una piedra o huesos, garras y picos. Estas “medicinas” pueden ser embutidas en cuernos o se pueden hacer paquetitos de ellas.

Una de dichas “medicinas” se conoce por el nombre de “Yifa,” y solo la llevan hombres adultos. Pende del cuello en un saquito de piel. Yifa tiene “soldados” que le informan. Estos “soldados” son anillos para los dedos que se ponen los muchachos adolescentes como Pedro.

Para impedir que la “medicina” le causara daño, Pedro tuvo que observar la “ley de la medicina.” Esta ley incluía una proscripción sobre la mandioca asada. También, si Pedro estaba de viaje y veía que se acercaban a él ejércitos de hormigas u oía el reclamo del pájaro dudu a su derecha, entonces estaba obligado a volverse y regresar al punto de partida de su viaje. Y finalmente, a nadie se le permitía “hablar sobre” Pedro. En consecuencia si Pedro estaba sentado en una cocina de preparar el arroz, nadie se atrevía a ir a la parte superior de la cocina y hablar desde una posición superior a la de Pedro. Es fácil imaginarse las dificultades que le ocasionaría a uno el observar disposiciones reglamentarias gravosas como ésas.

Cuando Pedro tenía doce años fue enviado a Baja Buchanan, en África Occidental, para su educación. La excelente oportunidad de desarrollo mental provechoso resultó ser un tiempo de angustia y presentimiento para Pedro. ¿Por qué? Porque el dueño de la casa vivía en el segundo piso, sobre el lugar donde vivía Pedro. ¡Y Pedro no se atrevía a decirle a él que no ‘hablara sobre’ él! Durante la mayor parte de su tiempo allí Pedro vivió fuera de la casa, y finalmente el temor de la “medicina” hizo que se fuera.

Años más tarde, mientras estudiaba la Biblia con un testigo de Jehová, a Pedro le impresionó el hecho de que Dios condena cualquiera ‘que emplee adivinación, que sea practicante de magia o cualquiera que busque agüeros o sea hechicero.’ (Deu. 18:10) Pedro comprendió que la “ley de la medicina” en cuanto a hormigas y pájaros dudu no era otra cosa sino prestar atención a agüeros. También, ¿cómo podría Yifa con su surtido raro de objetos sin vida protegerlo a él, un hombre viviente? Estaba confiando en poder mágico. ¿Y qué clase de juicio le vendría a él de parte del Dios verdadero por confiar en Yifa, un ídolo falso?

El poder de la verdad y el temor de Jehová Dios por fin hicieron que Pedro desafiara la “ley de la medicina.” Comenzó a comer mandioca asada. Cuando ejércitos de hormigas venían en dirección hacia él, caminaba a través de ellas y jamás cambiaba de rumbo. Esto fue hace quince años, y, ¿ha sufrido daño Pedro por desatender completamente las supersticiones de Yifa? De ninguna manera, a medida que continúa ‘andando en seguridad con Jehová como su confianza.’—Pro. 3:23-26.

También hubo el caso de Juan, que llevaba bajo sus prendas de vestir exteriores una “medicina” en forma de una bata pequeña a la cual se hacían sacrificios en cada luna nueva. Se suponía que el no hacer aquello acarrearía enfermedad o pérdida del juicio. Se suponía que si Juan disputaba con alguien, con simplemente golpearse el pecho la “medicina” comenzaría a obrar contra su adversario. Entonces un día Juan leyó en la Biblia: “‘Pero ¿a quién pueden ustedes asemejarme para que yo sea hecho su igual?’ dice el Santo.”—Isa. 40:25.

Juan estaba preocupado. ¿Había usurpado la “medicina” el lugar de Dios en su vida? ¿Estaba confiando realmente él en el Dios verdadero? ¿Estaba orando? ¿Cómo, de hecho, podría orar al Dios verdadero y esperar que lo oyera? El Todopoderoso es un Dios que exige devoción exclusiva y no comparte la gloria con ningún rival. Después de aprender a ‘confiar en Jehová con todo su corazón’ Juan envolvió su “medicina” costosa, valuada en 100 dólares, y la arrojó al océano.—Éxo. 20:5; Isa. 42:8; Pro. 3:5.

Hace diez años que Juan reemplazó la bata costosa con la “coraza de la justicia” de la cual habla la Biblia. Y durante todos estos años la “medicina” ahogada no ha podido privar a Juan de buena salud y juicio sano.—Efe. 6:14.

YA NO SON ENGAÑADOS POR SUEÑOS

Pero quizás alguien pregunte: ¿Cómo puede creer una persona que un pariente muerto está realmente muerto cuando el difunto aparentemente le habla en sueños?

Por ejemplo, una joven soñaba a menudo con su abuela que había muerto. Mientras vivía la abuela había estado muy encariñada con esta nieta. Ahora, la abuela se aparecía en sueños y recetaba medicina cuando su nieta estaba enferma. ¡En una ocasión hasta se apareció y aparentemente le cambió los pañales al bebé de la nieta! ¿No convencería esto a uno de que la abuela realmente estaba viva en un mundo de espíritus?

Por supuesto, esto es lo que el “padre de la mentira,” Satanás el Diablo, desea que la gente crea. Quiere mantener a la gente esclavizada a la superstición y al temor, haciéndole creer que los difuntos realmente pueden comunicarse con los vivos y hacer cosas en pro o en contra de ellos. Él y sus agentes son maestros del engaño. Como explica la Biblia: “Satanás mismo sigue transformándose en ángel de luz. No es, por lo tanto, gran cosa si sus ministros también siguen transformándose en ministros de justicia.”—2 Cor. 11:14, 15.

Sin embargo, con el tiempo la nieta decidió cifrar su fe en la Biblia y diligentemente se esforzó por entenderla. En consecuencia, después de recurrir a Jehová, ya no soñó con su abuela como había sucedido antes. Ya no pensó en su abuela como espíritu doméstico; simplemente deseaba verla de nuevo en la resurrección. Por medio de su fe en la verdad, esta joven ‘se opuso al Diablo, y él huyó de ella.’—Sant. 4:7.

‘CUENTOS DE VIEJAS’ Y AGÜEROS

En muchos lugares a menudo la gente está esclavizada por lo que equivale a ‘cuentos de viejas.’ Por ejemplo, una abuela le dio a su hija un pedazo de piedra tomado de un lugar donde había caído un rayo. “Ponlo en el agua del baño del bebé,” aconsejó ella; “¡lo hará fuerte!” La abuela también reveló que un pedazo de corcho en el agua haría ágil al bebé, ‘listo para caminar en nueve meses.’

La hija obedientemente observó este consejo con sus primeros cuatro hijos antes de enterarse de que la Biblia condena la superstición. Por lo tanto, a sus últimos seis hijos los bañaba sin la piedra y el corcho. ¿Pudo observar ella alguna diferencia en el desarrollo de sus hijos? De ninguna manera. Sus diez hijos caminaron después de nueve meses y todos son sanos y fuertes. A las personas supersticiosas les gusta transmitir a otros sus supersticiones. Sea sabio. Aprenda a distinguir entre la verdad y los supersticiosos ‘cuentos de viejas.’ Preste atención a la Biblia, que dice: “Niégate a admitir los cuentos falsos que violan lo que es santo y los cuales las viejas cuentan.”—1 Tim. 4:7.

Quizás usted solo sea supersticioso en cuanto a cosas pequeñas, y se considere aceptable a Dios como cristiano. Posiblemente no le tema a los muertos ni lleve “medicina,” pero si va caminando y sucede que tropieza y se da en el dedo del pie derecho, ¿acepta usted esto como agüero de buena suerte? O si la rama de un árbol se rompe delante de sus ojos, ¿toma usted esto por agüero de calamidad para su familia? Una vez que usted haya establecido esa mentalidad, cualquier cosita que no salga bien parecerá confirmar su superstición. Sin embargo, las ramas se rompen y las dificultades ocurren como sucesos normales de la vida. La Biblia explica que “el tiempo y el suceso imprevisto les acaecen” a todos.—Ecl. 9:11.

Usted será sabio si sigue recordando que el Dios verdadero no se comunica con humanos por medio de agüeros. En realidad, condena a ‘cualquiera que busque agüeros.’ (Deu. 18:10) ¡Por lo tanto, no les preste atención! ¡Qué maravilloso alivio mental experimentará usted!

LÍBRESE RECURRIENDO A JEHOVÁ

Acuérdese de que Jehová, que está “escudriñando el corazón, examinando los riñones, aun para dar a cada uno conforme a sus caminos, conforme al fruto de sus tratos,” no pasará por alto esas supersticiones pequeñas de parte de usted. (Jer. 17:10) La superstición aleja a uno del Dios verdadero, Jehová. Le impide a uno acercarse a Él, porque la superstición se basa en falsedad e ignorancia.

No le conviene a ninguna persona engañarse con razonamientos falsos. Pues “Dios es luz y no hay oscuridad alguna en unión con él.” Esto significa que el librarse de las prácticas supersticiosas tiene que ser completo y final. De otra manera, “Si hacemos la declaración: ‘Estamos teniendo participación con él,’ y sin embargo seguimos andando en la oscuridad, estamos mintiendo y no estamos practicando la verdad.”—1 Juan 1:5, 6.

Se necesita el espíritu o fuerza activa de Jehová para activar la mente para que rechace la ignorancia y los temores tontos, y así librarse de la superstición. Haga lugar para que el espíritu de Dios entre en su mente absorbiendo verdad bíblica libertadora por medio de leer y estudiar la Palabra de Dios y considerarla con otros. Invoque el nombre de Jehová para seguridad y fuerza espiritual, pues “el nombre de Jehová es una torre fuerte. A ella corre el justo y se le da protección.” Líbrese para obtener maravillosa libertad mental, porque “donde está el espíritu de Jehová, hay libertad.”—Pro. 18:10; 2 Cor. 3:17.

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