¿Va a una boda?
ALGUNAS personas nunca asisten a bodas, ni siquiera a la boda de un amigo íntimo; dicen que están demasiado ocupadas. Pero es bueno recordar que Jesucristo, el Hijo de Dios, cuando estuvo en la Tierra no estuvo demasiado ocupado para asistir al banquete de bodas de Caná. De hecho, la primera señal que ejecutó como prueba de que era el Mesías la ejecutó en esta boda. Cuando se acabó el vino, milagrosamente suministró más, del mejor vino y en abundancia. Incidentalmente, el resultado de ese milagro fue que “sus discípulos pusieron su fe en él.”—Juan 2:1-11.
La primera boda fue la de Adán y Eva, y fue el Creador, Jehová Dios, quien la ejecutó. Primero Dios hizo que Adán llegara a comprender que necesitaba un cónyuge, porque leemos que después de haber puesto nombre a todos los animales Adán halló que para él mismo no había “ayudante como complemento.” Entonces Dios creó a Eva y “procedió . . . a traérsela al hombre.” Con razón, en la presentación a ella, Adán dijo: “Esto por fin es hueso de mis huesos y carne de mi carne. Ésta será llamada Mujer, porque del hombre fue tomada ésta.”—Gén. 2:18-23.
Entre los siervos de Dios de tiempos antiguos no hay ningún registro de una ceremonia religiosa formal que estuviera asociada con las bodas. Y no había tal cosa como una licencia matrimonial, aunque se daban pasos definitivos que hacían del matrimonio un vínculo que obligaba legalmente. Sin embargo, una cosa es segura, y es que, aun como sucede hoy en día, una boda era una ocasión de gozo. Subraya el júbilo que se asocia con los banquetes de bodas la referencia al matrimonio del Cordero, usándose así este arreglo fácilmente entendido por el hombre para ilustrar la relación que llega a existir entre Jesucristo y sus seguidores en el cielo. Concerniente a este matrimonio, leemos: “Alaben a Jah, . . . Regocijémonos y llenémonos de gran gozo, y démosle la gloria, porque han llegado las bodas del Cordero y su esposa se ha preparado.”—Rev. 19:6, 7.
Comúnmente los casamientos son muy gozosos y sí tienen muchos factores atrayentes, especialmente para las mujeres, que por lo general se inclinan a ser más románticas y más interesadas en las bodas que los hombres. Por lo general hay una novia bellamente adornada. Y a menudo hay flores y música para aumentar la alegría de la ocasión.
Se ha observado que las novias dan gran importancia a su boda; les gusta dramatizarla tanto como sea posible. Y esto lo hacen con sabiduría peculiarmente femenina. Es muy probable que los novios prefirieran otra cosa, pero al cumplir con todos los arreglos hasta a éstos quizás se les grabe bien en su corazón y mente la importancia del paso que están dando. Como han declarado psicólogos mundanos, la ceremonia dramática se graba tanto en el varón o novio que se le hace estar más al tanto de que de ahora en adelante es hombre casado. Por otra parte, también, las novias son prudentes al dar gran importancia a su boda, porque el casarse es uno de los pasos más serios que se pueden dar y se da con la expectativa de que dure toda la vida.
RAZONES PARA ASISTIR
Muchas y variadas son las razones por las cuales la gente va a una boda. La persona bastante romántica por lo general halla varias excusas para ir a una boda. Una razón muy buena para ir es, por supuesto, que un buen amigo o pariente allegado se está casando. Una pareja que se está casando consideraría una expresión de amor o respeto a otros el asistir a la boda de éstos. Algunas personas van porque son parientes de la novia o el novio y por eso sienten la obligación de estar presentes. Otras van debido a vínculos de negocio o políticos que parecen recomendar su presencia. La curiosidad puede ser el factor que haga que otros vayan, así como la oportunidad de ponerse ropa fina pudiera hacer que algunas mujeres asistieran.
Aunque una boda es una ocasión gozosa, que jamás se olvide que, según la Biblia, también es una ocasión sumamente seria. Se supone que el hombre y la mujer que se casan están contrayendo matrimonio “permanentemente,” como dice el dicho. Se reconoce comúnmente que las parejas se casan “para bien o para mal” y “hasta que la muerte” los separe. Apropiadamente, en las bodas que celebran los testigos de Jehová el ministro que oficia repasa la base bíblica del matrimonio y las obligaciones bíblicas del hombre y la mujer. Aunque todo esto se dirige principalmente a la pareja que se está casando, ¿no es también buen consejo para todos los del auditorio? ¡Por supuesto que sí!
PARA ESPOSOS Y ESPOSAS
Hoy, entre la gente en general, el matrimonio está siendo degradado, pues aumenta el número de las parejas que viven juntas como esposo y esposa sin primero haberse casado. Entre los que sí se casan, constantemente hay menos lealtad y fidelidad a los votos del matrimonio y de uno al otro y constantemente más divorcios. Todas las tendencias del día, como el materialismo, la inmoralidad y las perversiones sexuales, se combinan para hacer más difícil que el matrimonio tenga buen éxito. Por lo tanto, aun entre los siervos cristianos dedicados de Dios quizás algunos se sientan tentados a separarse e ir cada cual por su propio camino si no pueden obtener un divorcio bíblico.
¿No pudieran todos ellos, así como cualesquier otros que estuvieran teniendo más “tribulación en su carne” de la que esperaban, beneficiarse de asistir a una ceremonia de bodas... de la clase que se conduce en los Salones del Reino de los Testigos de Jehová? (1 Cor. 7:28) ¡Qué bueno sería que compararan cómo están actuando el uno para con el otro con el consejo bíblico que se presenta! A medida que se da consejo al novio, cada esposo bien puede preguntarse a qué grado satisface la norma que manifiesta el Originador del matrimonio en su Palabra la Biblia. Lo mismo aplica a cada esposa a medida que se da consejo a la novia sobre sus obligaciones bíblicas para con su esposo. Si el matrimonio de una pareja se ha vuelto rutinario, el asistir a una boda y ver y oír a jóvenes enamorados y llenos de esperanza aceptar sus votos de matrimonio bien puede ayudarles a recordar cuando se sentían así el uno para con el otro. Eso hasta pudiera moverlos a hacer algo en cuanto a reavivar su “primer amor.”
PADRES E HIJOS
Los padres, siempre esperanzados en cuanto a un matrimonio feliz para sus hijos, también pueden beneficiarse de asistir a una ceremonia matrimonial de este tipo. Así, un ministro cristiano, en el transcurso de su discurso de matrimonio, elogió a los padres de la pareja de jóvenes por haber criado a sus hijos “en la disciplina y regulación mental de Jehová” de modo que sus hijos pudieran tener un casamiento honorable en su casa de adoración. No hay duda de que a todos los padres que tienen hijos casaderos o aun más jóvenes, al oír comentarios de esta índole, se les hace comprender más profundamente cuánto está envuelto en criar apropiadamente a sus hijos.—Efe. 6:4.
Más adelante, este mismo ministro también elogió a la misma pareja de jóvenes por haber evitado los lazos de la inmoralidad sexual de modo que pudieran tener tan honorable ceremonia matrimonial. ¡Qué incentivo fueron esos comentarios para que todos los jóvenes del auditorio siguieran los principios bíblicos y ejercieran gobierno de sí mismos! También se les ayudó a apreciar lo ciertas que son las palabras del apóstol en el sentido de que “la devoción piadosa es provechosa para todas las cosas,” incluso la felicidad en el matrimonio.—1 Tim. 4:8.
Los que están pensando seriamente en casarse también pueden beneficiarse a asistir a una boda como ésta. El oír al orador señalar brevemente los deberes así como los privilegios de los casados debe ayudarlos a adoptar un punto de vista maduro del matrimonio más bien que solo un punto de vista romántico sentimental, como si el matrimonio fuese un lecho de rosas. Se les ayudará a ver cuánta de la felicidad de uno en el matrimonio depende de factores prácticos, como el ser considerados, altruistas y atentos el uno para con el otro. También, se les grabará en la mente que en el matrimonio la gente sí tiene “tribulación en su carne” y que por eso tienen que estar dispuestos a “recibir lo amargo junto con lo dulce.”
BENEFICIÁNDOSE DE LA RECEPCIÓN
Hay conocidos de una pareja que se casa que adoptan la actitud de que no tiene tiempo para asistir a la ceremonia matrimonial en el Salón del Reino, pero sí tienen tiempo para las festividades que siguen, cuando habrá de beber y comer y baile. Se pudiera decir que esto es poner lo de segunda importancia antes de lo de primera importancia. Realmente, raya en el error que cometió el antiguo cazador Esaú, que prefirió un tazón de guisado de lentejas a las bendiciones espirituales de la promesa que primero se hizo a su abuelo Abrahán. La presencia de uno en la boda es una expresión de que uno estima a los que se están casando, pero la presencia de uno solo en la recepción puede significar que el interés principal de uno en la vida es divertirse.—Heb. 12:16.
Muchas veces se ha hecho que las recepciones de bodas entre los testigos de Jehová sean ocasiones de provecho y edificación espiritual. Recientemente, en una de éstas hubo discursos breves en los cuales combinaron el humorismo con el consejo práctico varios amigos allegados de la pareja nupcial. También se cantaron excelentemente cánticos cristianos que eran especialmente apropiados para la ocasión, y, por supuesto, las festividades comenzaron pidiendo la bendición de Dios sobre aquella ocasión.
Aquí también debe ejercerse cuidado para que la recepción se mantenga en un tono elevado y no decaiga al nivel del vivir desenfrenado o la diversión estrepitosa con borrachera, como a menudo sucede entre los mundanos. En suma, que en las recepciones de bodas también se preste atención a este consejo del apóstol: “Sea que estén comiendo, o bebiendo, o haciendo cualquier otra cosa, hagan todas las cosas para la gloria de Dios.” Al proceder así, se hará tanto de la ceremonia matrimonial como de las festividades posteriores a ella no solo ocasiones de gozo, sino también ocasiones para edificación mutua y rememoración preciada.—1 Cor. 10:31.