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  • La bondad inmerecida de Dios... ¡no deje de cumplir su propósito!

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  • La bondad inmerecida de Dios... ¡no deje de cumplir su propósito!
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1988
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1988
w88 1/8 págs. 27-29

La bondad inmerecida de Dios... ¡no deje de cumplir su propósito!

“EL HABLAR de religión [...] le toca al pastor”, declaró cierto miembro de una iglesia. (Cursiva nuestra.) Otros han confesado que “relativamente pocos cristianos se esfuerzan por compartir su fe con otros”. (Cursiva nuestra.) Esas declaraciones ciertamente dan énfasis a que, para la mayoría de los que van a las iglesias en nuestro tiempo, el cristianismo equivale a poco más que creer pasivamente en Dios, y en Cristo como el Mesías.

¿Qué opina usted? Los discípulos de Jesús compartían su fe con otras personas. (Lucas 8:1.) ¿Deberían hacer lo mismo los cristianos hoy? O, si Dios ya no exige que los que afirman ser cristianos sean evangelizadores, ¿qué espera de ellos? ¿Tiene Dios un propósito para los cristianos hoy? ¡Sí! Y por esta razón la advertencia del apóstol Pablo a los cristianos de Corinto de que ‘no aceptaran la bondad inmerecida de Dios y dejaran de cumplir su propósito’ tiene significado para nosotros. (2 Corintios 6:1.) Veamos por qué.

Identificado el propósito de Dios

Como Pablo, los cristianos corintios habían aceptado el sacrificio de rescate de Jesucristo. Por su fe en esta provisión, Jehová los había declarado justos. Por haber aceptado las verdades mesiánicas que recibieron mediante el ministerio de Pablo, habían sido librados de la esclavitud a las prácticas falsas, paganas e inmorales por las cuales la antigua Corinto era notoria. Para ellos, la bondad inmerecida de Jehová significó su liberación. Sin embargo, ¿se les había mostrado tal bondad inmerecida sin propósito?

No. Más bien el propósito que tuvo Jehová para librarlos fue igual al que había tenido para librar a Pablo de las tradiciones de sus padres, tradiciones que se apartaban de las Escrituras. Pablo mismo aclara cuál era ese propósito: “Llegué a ser ministro de estas conforme a la dádiva gratuita de la bondad inmerecida de Dios que me fue dada [...] de declarar a las naciones las buenas nuevas acerca de las riquezas insondables del Cristo”. (Efesios 3:7, 8; compárese con Gálatas 1:15, 16.) Sí, el propósito de la bondad inmerecida de Dios era que sus siervos emprendieran la adoración verdadera... que ensalzaran su nombre, Jehová, y lo dieran a conocer en el ministerio cristiano, tal como Pablo lo hacía. (Romanos 10:10.)

Sin embargo, cuando Pablo escribió su primera carta a los corintios parecía que muchos de ellos habían dejado de cumplir con el propósito de la bondad inmerecida de Dios. ¿Por qué? Porque, en vez de mantener una forma de adoración que fuera limpia y aceptable a la vista de Dios, habían permitido que la influencia inmoral de los habitantes de Corinto les embotaran los sentidos. Había informes de disensiones y fornicación entre ellos. (1 Corintios 1:11; 5:1, 2.) El consejo de Pablo reajustó a la mayoría de los que se asociaban con la congregación. No obstante, Pablo no quería que se les siguiera distrayendo del ministerio cristiano. Por eso, después les recordó que no ‘aceptaran la bondad inmerecida de Dios y dejaran de cumplir su propósito’. (2 Corintios 6:1.)

Un ejemplo de la antigüedad

Una situación similar a esa se había presentado siglos antes. En la primavera de 537 a.E.C., mediante Ciro, el rey persa, Jehová Dios soltó a su nación escogida, Israel, de los lazos del cautiverio babilonio. Ciro mismo identificó el propósito de la liberación de ellos en el siguiente decreto: “Cualquiera que haya entre ustedes de todo su pueblo, resulte su Dios estar con él. Así, pues, que suba a Jerusalén, que está en Judá, y reedifique la casa de Jehová el Dios de Israel”. (Esdras 1:1-3.)

Sí, era el tiempo señalado de Jehová para que la adoración verdadera fuera restablecida en la tierra de Judá. Por la bondad inmerecida de Jehová, aquellos judíos devueltos a su tierra de origen tenían el privilegio de reedificar Su templo en Jerusalén. Los desterrados que habían regresado aceptaron el desafío y se establecieron en su tierra y empezaron a restaurar el templo. (Esdras 1:5-11.)

Sin embargo, en poco tiempo esta nación judía que había regresado permitió que la oposición externa interfiriera en su obra. En vez de mantener firmemente presente el propósito de su liberación, empezaron a decir: “El tiempo no ha llegado, el tiempo de la casa de Jehová, para que sea construida”. (Ageo 1:2.) Como resultado de esto, por unos 16 años abandonaron completamente la reedificación.

Mientras tanto, se ocuparon en proyectos egoístas, y dieron más énfasis a las cosas materiales, las comodidades carnales, que a reedificar la casa sagrada de Jehová. (Ageo 1:3-9.) En Ageo 1:4 leemos: “¿Es tiempo para que ustedes mismos moren en sus casas revestidas de paneles, mientras que esta casa está desechada?”. La casa de adoración de Jehová estaba “desechada” —solo se había colocado el fundamento—, mientras que los judíos vivían en sus bien techadas casas con sus paredes hermosamente revestidas de paneles de muy buena madera.

Jehová utilizó a los profetas Ageo y Zacarías para recordar a los judíos el propósito de su liberación, y con el tiempo se completó la reedificación. Sin embargo, cualesquiera que siguieron teniendo en mayor estima las posesiones materiales que los privilegios de ver restablecida la adoración verdadera en Jerusalén obviamente dejaron de cumplir el propósito de la bondad inmerecida de Dios.

El propósito de nuestra liberación

¿Qué podemos aprender hoy día del ejemplo de los judíos que volvieron a su país en 537 a.E.C. y de los cristianos corintios de los días de Pablo? Como siervos dedicados de Jehová Dios, nosotros también hemos experimentado una liberación. Por su bondad inmerecida, ya no nos esclavizan las doctrinas y tradiciones falsas de Babilonia la Grande ni la iniquidad de este viejo sistema de cosas. (Juan 8:32; 2 Corintios 4:4-6.) Esa liberación, así como la libertad que nos viene por ella, nos da la oportunidad de mostrar a Dios que apreciamos el amor que nos ha mostrado. (1 Juan 4:9.) ¿Cómo?

Al no dejar de cumplir nosotros el propósito de la bondad inmerecida de Dios. Este propósito es el mismo que había respecto a aquellos siervos de Jehová del pasado, a saber, que emprendamos la adoración verdadera. Hoy, como en los días de Pablo, esto significa que debemos “declarar a las naciones las buenas nuevas acerca de [...] Cristo”. (Efesios 3:8.) Por lo tanto, todos los que aceptan la bondad inmerecida de Dios tienen que participar en el ministerio cristiano. Esto significa que como siervos dedicados de Jehová Dios tenemos la responsabilidad de poner de manifiesto la verdad a otros, magnificar y alabar el nombre de Dios y servirle en adoración que sea limpia y santa. (Mateo 28:19, 20; Hebreos 13:15; Santiago 1:27.)

‘No deje de cumplir su propósito’

¿Es posible que alguno de nosotros, como aquellos cristianos primitivos, esté en peligro de ‘dejar de cumplir el propósito’ de la bondad inmerecida de Dios? Sí. Como ellos, muchos de nosotros, en el empleo o en la escuela, tenemos que codearnos con individuos que practican la inmoralidad sexual, el robo, la mentira y el hacer trampas, así como otras cosas que son detestables a Jehová Dios. (1 Corintios 6:9, 10; Gálatas 5:19-21.) Por eso es vital que evitemos asociarnos con esas personas, para que no nos empiece a gustar lo que es malo. (1 Corintios 15:33.) Esa compañía no puede menos que tener un efecto debilitante en nuestra fe. ¡Qué apropiado, pues, que Pablo escribiera a Tito: “Porque la bondad inmerecida de Dios que trae salvación a toda clase de hombres se ha manifestado, y nos instruye a repudiar la impiedad y los deseos mundanos y a vivir con buen juicio y justicia y devoción piadosa en medio de este sistema de cosas actual”! (Tito 2:11, 12.)

Puede que algunos lleguen a la conclusión de que están cumpliendo con su ministerio si asisten a las reuniones en el Salón del Reino, participan con regularidad en proclamar las buenas nuevas del Reino de Dios y no toman parte en ninguna clase de conducta inmoral. Sin embargo, hay otro factor que debemos considerar. Jesús dijo: “Nadie puede servir como esclavo a dos amos”. (Mateo 6:24.) ¿Qué quiso decir? Que aunque dediquemos una medida de nuestro tiempo al adelanto de las buenas nuevas, es posible que nuestro interés principal en la vida sea esforzarnos por tener cada vez más cosas materiales. Es verdad que puede ser que verdaderamente nos atraiga la perspectiva de un nuevo sistema de cosas bajo Cristo Jesús, pero al mismo tiempo quizás deseemos sacar lo más que podamos de este sistema mientras dura. Lo único que puede hacer tal actitud es desviarnos del verdadero propósito de nuestra liberación. ¿No fue una actitud similar respecto a lo material lo que apartó a aquellos judíos, devueltos a su tierra, de cumplir con el propósito de su liberación?

¿Muestran nuestras obras que, aunque se nos ha liberado de este viejo sistema inicuo y su religión falsa, hemos dejado de cumplir con el propósito de esa liberación? Pablo dijo a los corintios que “ahora es el tiempo especialmente acepto” para ayudar a otros a obtener la salvación. (2 Corintios 6:2.) Hoy, cuando la destrucción de este sistema inicuo está tan cerca, las palabras de Pablo tienen mucho mayor urgencia. Aunque parece que la mayoría de los que hoy van a las iglesias optan por no compartir su fe con otros, los cristianos que manifiestan amor sincero a Jehová Dios consideran un privilegio el participar de lleno en el ministerio cristiano que él les ha asignado. Todos los que fielmente declaran las buenas nuevas en este tiempo acepto y sirven a Jehová en adoración que es limpia y santa pueden hacerlo con la seguridad de que han ‘aceptado la bondad inmerecida de Dios y no han dejado de cumplir su propósito’. (2 Corintios 6:1.)

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