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  • ¿Se alimenta bien espiritualmente?

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  • ¿Se alimenta bien espiritualmente?
  • La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1997
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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1997
w97 15/4 págs. 28-31

¿Se alimenta bien espiritualmente?

“Una buena dieta es la necesidad humana fundamental. [...] Sin suficiente alimento, moriríamos.” (Food and Nutrition [Alimento y nutrición].)

LAS raquíticas siluetas de hombres, mujeres y niños hambrientos a quienes se ha negado la satisfacción de dicha “necesidad humana fundamental” ilustran gráficamente esa verdad elemental. Otras personas quizá satisfagan su necesidad hasta cierto punto, pero siguen gravemente desnutridas. Sin embargo, mucha gente que pudiera alimentarse bien, a menudo se contenta con comida basura, que es poco nutritiva. “El alimento —dice el libro Healthy Eating (Una alimentación sana)—, parece ser uno de los bienes que peor hemos utilizado.”

El alimento espiritual —la verdad que se halla en la Palabra de Dios, la Biblia— no es muy diferente. Algunas personas carecen de los nutrientes espirituales más fundamentales y mueren de hambre espiritual; otras, sencillamente por negligencia, no aprovechan el alimento espiritual que tienen a su disposición. ¿Qué puede decirse de usted? ¿Se alimenta bien espiritualmente? ¿O pudiera ser que estuviera privándose usted mismo de nutrición espiritual? Es importante ser honrado con uno mismo a este respecto, pues el alimento espiritual es aún más necesario que el alimento físico. (Mateo 4:4.)

Necesitamos alimento para crecer espiritualmente

Food and Nutrition, un libro de texto que analiza la importancia de una dieta adecuada, nos ofrece tres buenas razones para alimentarnos bien. La primera es que necesitamos alimento “para potenciar el crecimiento y recuperar el desgaste y el daño que sufren las células de nuestro cuerpo”. ¿Sabía usted que cada día de su vida se deteriora un billón de células de su organismo, que necesitan ser reemplazadas? El crecimiento y mantenimiento corporal apropiados exigen una buena alimentación.

Lo mismo sucede en sentido espiritual. Por ejemplo, cuando el apóstol Pablo escribió a la congregación de Éfeso, recalcó la necesidad de que cada cristiano se alimentara bien en sentido espiritual para convertirse en “un hombre hecho”. (Efesios 4:11-13.) Gracias a una alimentación espiritual nutritiva, dejamos de ser como bebés indefensos. Podemos cuidar de nosotros mismos y ya no somos vulnerables a cualquier peligro. (Efesios 4:14.) Más bien, crecemos hasta convertirnos en adultos fuertes, capaces de luchar con tesón por la fe al estar ‘nutridos con las palabras de la fe’. (1 Timoteo 4:6.)

¿Es eso cierto en su caso? ¿Es usted un adulto espiritual? ¿O todavía es como un bebé, vulnerable, totalmente dependiente de los demás e incapaz de aceptar plenamente las responsabilidades cristianas? Es comprensible que pocos estemos dispuestos a admitir que seamos bebés espirituales, pero debemos hacer un autoexamen sincero. Algunos cristianos ungidos del siglo primero eran así. Aunque debían ser “maestros”, con la capacidad y el deseo de enseñar a otros lo que dice la Palabra de Dios, el apóstol Pablo les escribió: “De nuevo necesitan que alguien les enseñe desde el principio las cosas elementales de las sagradas declaraciones formales de Dios; y han llegado a ser como quienes necesitan leche, no alimento sólido”. Si desea crecer espiritualmente, desarrolle el apetito por el alimento espiritual sano y sólido. No se contente con papilla espiritual. (Hebreos 5:12.)

También necesitamos alimento espiritual sólido para reponernos de los daños que nos causan las pruebas diarias a las que nos enfrentamos en este mundo hostil y que pudieran debilitar nuestra fortaleza espiritual. Dios puede renovar nuestra fortaleza. Pablo dijo: “No nos rendimos; más bien, aunque el hombre que somos exteriormente se vaya desgastando, ciertamente el hombre que somos interiormente va renovándose de día en día”. (2 Corintios 4:16.) ¿Cómo nos ‘renovamos de día en día’? En parte, al alimentarnos de la Palabra de Dios por medio del estudio individual y en grupo de la Biblia y las publicaciones bíblicas.

Necesitamos alimento para disponer de energía espiritual

También hace falta alimento para “generar calor y energía”. El alimento nos ofrece el combustible para que nuestro cuerpo funcione bien. Si comemos mal, dispondremos de poca energía. Una dieta carente de hierro puede hacer que nos sintamos cansados y somnolientos. ¿Se siente a veces así en sus actividades espirituales? ¿Le cuesta cumplir con las obligaciones que conlleva el ser cristiano? Algunas personas que afirman ser seguidoras de Jesucristo se cansan de hacer el bien y les falta la fuerza necesaria para efectuar las obras cristianas. (Santiago 2:17, 26.) Si se da cuenta de que ese es su caso, el remedio puede ser, en gran medida, mejorar su dieta o aumentar su ingestión de alimento espiritual. (Isaías 40:29-31; Gálatas 6:9.)

No caiga en el error de adoptar malos hábitos de alimentación espiritual. Uno de los mayores engaños que Satanás ha utilizado a lo largo de los siglos consiste en convencer a la gente de que no necesita leer la Biblia y adquirir el conocimiento exacto que esta contiene. Emplea la vieja táctica que usaban los ejércitos invasores para tomar las ciudades enemigas: privarlas de alimento y obligarlas a someterse por la fuerza del hambre. Sin embargo, Satanás ha llevado esta estrategia un paso adelante. Engaña a quienes “sitia” para que padezcan hambre cuando están rodeados por montañas de saludable alimento espiritual. No es de extrañar que muchos sucumban víctimas de sus ataques. (Efesios 6:10-18.)

Necesitamos alimento para disfrutar de buena salud espiritual

Food and Nutrition asegura que una tercera razón por la que necesitamos alimento es “para mantener sano nuestro cuerpo [...] y evitar enfermedades”. Los beneficios médicos de una buena alimentación no se evidencian automáticamente. Al terminar una buena comida no solemos pensar: ‘Qué bien le ha sentado a mi corazón (o a mis riñones, o a mi tejido muscular, o a otras partes del organismo)’. No obstante, intente pasar sin alimento un período de tiempo prolongado y su salud lo notará. ¿Cómo? “El cuadro más frecuente es bastante negativo —afirma una obra de consulta médica—: atrofia, incapacidad para resistir infecciones simples, falta de energía e iniciativa.” Durante algún tiempo el antiguo Israel padeció un tipo semejante de mala salud espiritual. El profeta Isaías dijo al pueblo: “Toda la cabeza está en condición enferma, y todo el corazón está endeble. Desde la planta del pie hasta la cabeza misma no hay en él lugar sano”. (Isaías 1:5, 6.)

El buen alimento espiritual nos fortalece para resistir la debilidad y las consecuencias de una infección espiritual. El conocimiento de Dios nos ayuda a mantenernos en buena forma espiritual, pero solo si nos alimentamos de él. Jesucristo dijo que la mayoría de la gente de su tiempo no aprendió de sus antepasados, que descuidaron su debida alimentación espiritual. Ellos también se negaron a alimentarse de las verdades que enseñaba. ¿Cuál fue el resultado? Jesús dijo: “El corazón de este pueblo se ha hecho indispuesto a recibir, y con los oídos han oído sin responder, y han cerrado los ojos; para que nunca vean con los ojos, ni oigan con los oídos, ni capten el sentido de ello con el corazón, y se vuelvan, y yo los sane”. (Mateo 13:15.) La mayoría de esas personas no se beneficiaron nunca del poder curativo de la Palabra de Dios. Permanecieron espiritualmente enfermos. Incluso algunos cristianos ungidos se hicieron “débiles y enfermizos”. (1 Corintios 11:30.) Nunca despreciemos el alimento espiritual que Dios nos proporciona. (Salmo 107:20.)

Intoxicación espiritual

Aparte del peligro de la inanición espiritual, existe otra amenaza de la que debemos ser conscientes: la comida que tomamos pudiera ser tóxica. Asimilar enseñanzas infectadas con peligrosas ideas demoníacas puede envenenarnos del mismo modo que si nos alimentáramos con comida contaminada por gérmenes o toxinas. (Colosenses 2:8.) No siempre es fácil distinguir los alimentos envenenados. “La comida quizá parezca muy buena —asegura un experto—, y sin embargo pudiera contener bacterias patógenas.” Por este motivo, es prudente examinar el origen de nuestros alimentos figurados, teniendo presente que algunas publicaciones pudieran estar infectadas por enseñanzas antibíblicas y filosofías, como por ejemplo, los escritos de los apóstatas. Algunos procesadores de alimentos usan etiquetas falseadas para engañar a sus clientes acerca del contenido de sus productos. Muy bien podemos esperar que Satanás, el gran engañador, haga lo mismo. Asegúrese, por lo tanto, de que su alimento espiritual venga de una fuente digna de confianza, para que pueda mantenerse ‘saludable en la fe’. (Tito 1:9, 13.)

Thomas Adams, un predicador del siglo XVII, dijo de la gente de su tiempo: “Han cavado su fosa con los dientes”. En otras palabras, lo que comieron los mató. Asegúrese de que lo que come espiritualmente no le mate. Busque buenas fuentes de alimento espiritual. “¿Por qué siguen pagando dinero por lo que no es pan?”, preguntó Jehová Dios cuando los que afirmaban ser su pueblo se volvieron a los falsos maestros y profetas. “Escúchenme atentamente, y coman lo que es bueno, y halle su alma su deleite exquisito en la grosura misma. Inclinen su oído y vengan a mí. Escuchen, y su alma se mantendrá viva.” (Isaías 55:2, 3; compárese con Jeremías 2:8, 13.)

Una abundancia de alimento espiritual

Ciertamente, el buen alimento espiritual no escasea. Como profetizó Jesucristo, él dispone en la actualidad de la clase del esclavo fiel y discreto que se ocupa en proveer “alimento al tiempo apropiado” para cualquiera que lo desee. (Mateo 24:45.) Por medio del profeta Isaías, Jehová prometió: “¡Miren! Mis propios siervos comerán, pero ustedes mismos padecerán hambre. [...] Mis propios siervos clamarán gozosamente a causa de la buena condición de corazón”. De hecho, promete un banquete e invita a cualquiera que desee asistir. “Jehová de los ejércitos ciertamente hará para todos los pueblos [...] un banquete de platos con mucho aceite, un banquete de vino mantenido sobre las heces, de platos con mucho aceite, llenos de médula.” (Isaías 25:6; 65:13, 14.)

Sin embargo, dése cuenta: podemos morir de hambre en un banquete. Incluso estando rodeados de comida podemos acabar con una grave desnutrición si no nos levantamos y tomamos del alimento. Proverbios 26:15 dice al respecto: “El perezoso ha escondido la mano en el tazón del banquete; se ha fatigado demasiado para volver a llevarla a la boca”. ¡Qué triste situación! De igual modo, nosotros pudiéramos hacernos demasiado perezosos y no esforzarnos por estudiar personalmente la Palabra de Dios, la Biblia, y las publicaciones bíblicas, concebidas para ayudarnos a tomar alimento espiritual. O pudiéramos cansarnos de prepararnos y participar en las reuniones de la congregación cristiana.

Buenos hábitos alimenticios

Tenemos muchas razones para cultivar buenos hábitos alimenticios espirituales. No obstante, la verdad es que muchos simplemente pican del alimento espiritual, y algunos hasta se dejan morir por completo de hambre. Quizá sean personas que no dan importancia a una dieta apropiada hasta que padecen las consecuencias más tarde en su vida. Healthy Eating ofrece la siguiente razón para explicar por qué motivo pudiéramos descuidar nuestros hábitos alimenticios, aunque sepamos que una buena alimentación es esencial para la vida: “El problema es que [como consecuencia de los malos hábitos alimenticios] la salud no sufre un deterioro rápido, no padecemos consecuencias inmediatas, como cuando cruzamos imprudentemente una calle. En su lugar quizá haya un deterioro muy lento e insidioso de nuestra salud, una mayor predisposición a las infecciones, los huesos se debilitan, la curación de las heridas y la recuperación de las enfermedades se ralentizan”.

En casos extremos pudiéramos asemejarnos a una joven que sufre de anorexia nerviosa. Se convence a sí misma de que necesita poco alimento, que está perfectamente bien, a pesar de consumirse físicamente. Al final termina por perder todo deseo de comer. “Es una situación peligrosa”, dice una obra de consulta médica. ¿Por qué? “Aunque la paciente raramente muera de hambre, sí queda seriamente desnutrida y puede fallecer de lo que de otro modo sería un infección sin importancia.”

Una cristiana admitió: “Luché durante años sabiendo que necesitaba habituarme a preparar las reuniones y al estudio personal y, sin embargo, nunca era capaz de hacerlo”. Con el tiempo cambió hasta convertirse en una buena estudiante de la Palabra de Dios, pero solo después de darse verdadera cuenta de que su situación era desesperada.

Por eso, tómese en serio el consejo que dio el apóstol Pedro. Hágase como una ‘criatura recién nacida’ y ‘desarrolle el anhelo por la leche no adulterada que pertenece a la palabra, para que mediante ella crezca a la salvación’. (1 Pedro 2:2.) Efectivamente, ‘desarrolle el anhelo’, cultive un deseo intenso de llenar su mente y corazón con el conocimiento de Dios. Los adultos espirituales también necesitan alimentar ese anhelo. No deje que el alimento espiritual se convierta en ‘uno de los bienes que peor ha utilizado’. Aliméntese bien espiritualmente y benefíciese de lleno de todas las “palabras saludables” que se hallan en la Palabra de Dios, la Biblia. (2 Timoteo 1:13, 14.)

[Ilustración de la página 28]

¿Necesita mejorar su dieta?

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