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Anuario de los testigos de Jehová 2009
yb09 págs. 142-255

Países de la antigua Yugoslavia

LA REGIÓN de la península de los Balcanes conocida antiguamente como Yugoslavia es un fascinante crisol de culturas, idiomas y religiones que provienen de Europa central y oriental por el norte; Italia por el oeste, y Grecia y Turquía por el sur. Para muchos, no obstante, la mención de Yugoslavia solo trae a la mente imágenes de conflictos y luchas armadas. Y, hasta cierto grado, esa es la realidad, pues desde el asesinato del archiduque Francisco Fernando en 1914 hasta las limpiezas étnicas de tiempos más recientes, la región prácticamente no ha estado en paz. De hecho, los enfrentamientos entre las repúblicas que buscaban lograr su independencia terminaron por desbaratar Yugoslavia. Entonces nacieron los países de Bosnia-Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia.

Con todo, en este panorama de contiendas políticas, étnicas y religiosas destaca un relato sorprendente, una crónica de amor, unidad y confianza. Es la historia de un grupo que ha vencido los prejuicios y las hostilidades que desgarran los Balcanes. Es la historia de los testigos de Jehová de esta región. ¿Qué los mantiene tan unidos a pesar de las diferencias culturales? Su lealtad a un gobierno superior: el Reino de Dios.

LOS INICIOS

Nuestro relato sobre los inicios de la obra del pueblo de Jehová en la zona comienza con Franz Brand, un barbero joven de Voivodina, en el norte del país, que tuvo su primer contacto con la verdad en Austria, a donde había ido a buscar trabajo. Franz la aceptó y la llevó consigo al volver a su ciudad natal en 1925. En Voivodina había un grupito de personas que leían y analizaban las ayudas bíblicas Studies in the Scriptures (Estudios de las Escrituras), que unos parientes les habían enviado de Estados Unidos.

Aquel pequeño grupo comprendió que debían predicar, de modo que tradujeron al serbio dos folletos sobre enseñanzas bíblicas. Lamentablemente, antes de que pudieran distribuirlos, un hermano prominente que se había vuelto contra la organización visitó el grupo y formó una secta. Además, convenció a todos, menos a Franz, de que se alejaran de los Estudiantes de la Biblia.

Luego Franz se mudó a Maribor (Eslovenia), donde consiguió trabajo en una barbería y le predicó al dueño, Richard Tautz. Richard aceptó la verdad. Como los dos aprovechaban para predicar en la barbería, la gente los apodó los Barberos Creyentes. Y los clientes escuchaban siempre muy atentos, muy quietecitos mientras los afeitaban. Uno de los clientes era un político de nombre Ðuro Džamonja. Otro era Rudolf Kalle, el dueño de un taller de máquinas de escribir. Los dos hombres progresaron con rapidez y se bautizaron. Ðuro dejó la política y ayudó a establecer legalmente la Sociedad El Faro de los Estudiantes de la Biblia en el Reino de Yugoslavia, y esto hizo posible que los hermanos predicaran y celebraran reuniones libremente.

EL “FOTO-DRAMA” ABRE EL CAMINO

En 1931, la sucursal de los testigos de Jehová de Suiza asignó a Ðuro y a otro hermano para que proyectaran el “Foto-Drama de la Creación” en las ciudades grandes de Yugoslavia. Las salas donde se presentaba se llenaban por completo, y el público permanecía muy atento. Así fue como el “Foto-Drama” despertó el interés por la Biblia en gente de todo el país. Mientras tanto, en Maribor los hermanos celebraban reuniones tanto en esloveno como en alemán. Además, en Zagreb y sus alrededores había grupos que se reunían para estudiar las publicaciones que se habían traducido al croata.

Entonces se decidió dar un paso más y comenzar la imponente tarea de traducir La Atalaya al esloveno y al croata. Después de que se traducía una revista, una hermana se encargaba de mecanografiarla toda usando papel carbón, pero solo lograba sacar veinte ejemplares. Más tarde consiguieron un mimeógrafo y la producción aumentó a 200 ejemplares por tirada.

Equipados con las revistas, los hermanos viajaban en tren a distintas partes de Yugoslavia para predicar. En Eslovenia, a veces alquilaban un camión sin techo y contrataban a un chofer que no era Testigo para que los llevara al lugar donde querían predicar. Él los esperaba todo el día hasta que terminaban. En aquellos primeros años, los proclamadores del Reino tenían poca instrucción, por lo que su mensaje a veces era un poco tajante. Aun así, Jehová bendijo sus esfuerzos y les ayudó a encontrar a “los que estaban correctamente dispuestos para vida eterna” (Hech. 13:48).

Franc Sagmeister dice que sus tíos Franc y Terezija Gradič le hablaron de la verdad en 1931. “El tío Franc estuvo entre los primeros publicadores de Eslovenia —menciona—. Me impresionó muchísimo ver que hubiera empezado a leer la Biblia, siendo que antes era un fiero opositor de la religión, así que me uní a él. La oposición de la familia no me detuvo de compartir mis nuevos conocimientos con otras personas. Pero en cuanto el párroco se enteró, me mandó llamar. Quiso quitarme mi Biblia porque, según él, no tenía caso que la tuviera si no podía entenderla. Lógicamente, me negué a entregársela. Tiempo después murió mi padre, y cuando el párroco me encontró en la calle, me reprochó que no hubiera pagado ni una sola misa para mi padre. Yo le dije: ‘Pagaría cien misas, hasta mil, si eso le sirviera de algo’.

—¡Sí le sirve! ¡Sí le sirve! —me respondió.

—Si está en el cielo —contesté—, no necesita la misa, y si está en el infierno, ¿para qué la quiere?

—¿Y si está en el purgatorio? —preguntó.

—Señor párroco —le dije—, usted bien sabe que tengo muchas propiedades. Estoy dispuesto a ir ahora mismo a la notaría para cederle todo a usted si me demuestra con la Biblia que el alma es inmortal, que el infierno y el purgatorio sí existen y que Dios es una trinidad.

”Me lanzó una de esas miradas que matan, encendió un cigarrillo y se fue.”

PRECURSORES AL CAMPO

En la década de 1930, la luz de la verdad se fue intensificando en Yugoslavia gracias a la labor incansable de hombres y mujeres devotos que emprendieron el servicio de precursor de vacaciones. Por ejemplo, en Maribor (Eslovenia) estuvieron Grete Staudinger, Katarina Konečnik y, más tarde, Karolina Stropnik. Un poco más al sur, en Mostar —la ciudad principal de Herzegovina—, un conductor de orquesta de nombre Alfred Tuček reconoció el sonido de la verdad y se hizo precursor. Y Dušan Mikić, un joven de 23 años originario de Zagreb (Croacia), obtuvo el folleto ¿Dónde están los muertos?, progresó con rapidez, se bautizó y también se hizo precursor. Por otro lado, la llegada de entusiastas hermanos y hermanas de Alemania también fue engrosando las filas de los precursores.

Pero mientras la verdad echaba raíces en Yugoslavia, en Alemania parecía que se iba a marchitar debido a la proscripción. De modo que la sucursal de Suiza dispuso que se mudaran a Yugoslavia veinte precursores de experiencia, entre ellos Martin Poetzinger, Alfred Schmidt, Vinko y Josephine Platajs y Willi y Elisabeth Wilke. Aunque estos abnegados hermanos no hablaban ni esloveno ni serbocroata, se valieron de tarjetas de testimonio para predicar con ánimo, abriendo así las puertas al progreso de la obra.

LOS DESAFÍOS DEL SERVICIO DE PRECURSOR

Su amor por la gente y su entrega total a la obra de Jehová infundieron fuerzas a los precursores para vencer las dificultades que representaron el idioma, la falta de dinero y las distancias. No era extraño que, para llegar hasta poblaciones remotas, tuvieran que caminar 40 kilómetros (25 millas) por terreno accidentado bajo duras condiciones climáticas. Una precursora no quería que se le gastaran los zapatos que usaba para predicar, así que se los quitaba y caminaba descalza de un pueblo a otro. Martin Poetzinger —quien llegó a ser miembro del Cuerpo Gobernante— hablaba con afecto de aquellos días en que recorría a pie la campiña con una mochila llena de publicaciones predicando a todo el que quisiera escuchar.

Para ayudar un poco con el problema del transporte, un hermano de Suiza compró varias bicicletas y se las regaló a estos fieles precursores. Aquellas bicicletas se usaron durante décadas.

Otra dificultad que enfrentaron los precursores fue la persecución religiosa, y eso que los yugoslavos eran conocidos por su amabilidad. El problema era que los sacerdotes ejercían un enorme control sobre sus feligreses, especialmente en los pueblos pequeños. A veces, por ejemplo, incitaban a los niños de la escuela para que siguieran a los hermanos y les arrojaran piedras. El clero también instigó a las autoridades a que molestaran a los precursores, les confiscaran las publicaciones y los arrestaran.

En cierta ocasión, Willi Wilke, su esposa y Grete Staudinger fueron a un pueblo remoto de Croacia a distribuir el folleto El Gobernante justo, que tenía en la portada una ilustración de Jesucristo. Cada precursor andaba predicando por su lado cuando, de pronto, Willi escuchó una gritería en la plaza y se dirigió hacia allá. “¡Qué susto me llevé al ver a mi esposa rodeada de unas veinte personas furiosas! Y más cuando vi que tenían hoces en las manos —relata él—. Cerca de ahí, otro grupo quemaba nuestros folletos.”

Los precursores no tenían ni la menor idea de por qué aquellos humildes pobladores estaban tan molestos. Y la hermana Wilke no entendía el idioma lo suficiente como para averiguarlo. Pero Grete sí dominaba las lenguas locales, así que se acercó con decisión y preguntó: “Señoras y señores, ¿qué hacen?”.

—¡No queremos al rey Pedro! —contestaron todos casi al mismo tiempo.

—Tampoco nosotros —dijo Grete.

Sorprendidos, algunos señalaron la ilustración del folleto y preguntaron: “Entonces, ¿por qué le hacen propaganda?”.

Grete entendió el problema. Lo que sucedía era que el año anterior, en 1934, habían asesinado al rey Alejandro I de Yugoslavia, y el sucesor era su hijo Pedro. Pero el pueblo no quería tener a un soberano serbio, sino que prefería la autonomía. ¡Y la gente pensaba que el de la ilustración era el rey Pedro!

Una vez aclarado el malentendido, los hermanos dieron un testimonio completo del Rey Jesucristo. Algunos de los que habían quemado su folleto incluso pidieron uno nuevo. Al final, los tres precursores se fueron de allí felices y convencidos de que la mano protectora de Jehová los había cuidado.

Entre las cosas que los precursores debían tomar en cuenta para no ofender a la gente estaban las costumbres locales, sobre todo en zonas de Bosnia donde predominaba la religión musulmana. Por ejemplo, mirar directamente a los ojos a una mujer casada podía provocar una reacción negativa del esposo.

También estaba el asunto del alojamiento. Como no tenían mucho dinero, los precursores no podían darse el lujo de alquilar una habitación. Y como había muy pocas congregaciones y grupos, era difícil encontrar un sitio donde quedarse después de todo un día de predicación en un pueblo remoto. No obstante, siempre hallaron una solución. Josephine Platajs recuerda sobre aquellos tiempos: “En cierta ocasión, nadie quiso hospedarnos por miedo al sacerdote católico, y ya estaba oscuro cuando decidimos salir del pueblo. Pero en las afueras sí encontramos dónde pasar la noche: un enorme árbol con hojas secas a su alrededor. Usamos de almohada las bolsas de ropa sucia, y mi esposo se amarró la bicicleta al tobillo. Al día siguiente, cuando despertamos, vimos que estábamos cerca de un pozo y pudimos asearnos. Así es: Jehová nos protegía y, además, atendía nuestras necesidades físicas”.

En efecto, aquellos precursores sintieron el cuidado de Jehová incluso en detalles pequeños. Y su principal preocupación eran las buenas nuevas, no la comodidad personal.

PASANDO A MACEDONIA

Alfred y Frida Tuček aprovecharon la oportunidad de esparcir el mensaje del Reino mientras viajaban de Eslovenia a Bulgaria. Al pasar por Strumica (Macedonia), estos precursores le predicaron a un comerciante, Dimitar Jovanovič, y le prestaron algunas publicaciones. Lo visitaron un mes después, cuando regresaron de Bulgaria, pero él les confesó que no había leído nada. Alfred y Frida le pidieron que les devolviera las publicaciones para dárselas a alguien que las apreciara. Eso despertó la curiosidad de Dimitar, y les rogó que le dieran otra oportunidad. Ellos accedieron. Sin darle más vueltas, Dimitar las leyó. Entonces se dio cuenta de que había encontrado la verdad, se bautizó y llegó a ser el primer testigo de Jehová de Macedonia.

Al poco tiempo, Dimitar les enseñó la verdad a Aleksa y Kosta Arsov, que eran hermanos carnales; así, la cifra de Testigos en Macedonia aumentó a tres. Equipados con revistas, fonógrafo y discos de sermones, los tres se pusieron a predicar. Una de las revistas que distribuyeron cayó en manos de un ministro evangélico metodista, quien se la pasó a Tušo Carčev, un joven despierto de su iglesia. Le gustó tanto lo que leyó que convenció al ministro de que le consiguiera más revistas. Cuando aprendió que no estaba bien recibir un sueldo por predicar las buenas nuevas, fue emocionado a contárselo al ministro. ¿Cómo respondió este? Dejó de llevarle revistas. Lo bueno fue que Tušo averiguó la dirección de la sucursal de Maribor en una de las revistas y pidió que le enviaran más por correo. Entonces la oficina mandó a Dimitar, Aleksa y Kosta a visitarlo, y al poco tiempo ya se había formado un grupo.

En 1935 se mudó la sucursal de Maribor (Eslovenia) a Belgrado (Serbia), la capital de Yugoslavia, y los asignados a atenderla fueron Franz Brand y Rudolf Kalle.

SE PROSCRIBE LA OBRA

Un folleto publicado por la Iglesia Católica en 1933 quedó como prueba de la celosa labor de nuestros hermanos de aquellos tiempos, pues describía la actividad de los Testigos con lujo de detalles. Claro, la Iglesia se equivocó en su afirmación de que nuestra obra desaparecería pronto.

En el norte de Yugoslavia, el clero se puso furioso debido a la fervorosa actividad del grupito de precursores, y más cuando los tribunales echaron por tierra sus intentos de restringir la predicación del Reino. Desafortunadamente para los hermanos, un sacerdote jesuita de Eslovenia ocupó con el tiempo el cargo de ministro del Interior, y uno de sus primeros decretos fue el de disolver la Sociedad El Faro. En agosto de 1936 vino la proscripción oficial de la obra. Las autoridades cerraron los Salones del Reino y confiscaron todas las publicaciones... bueno, las pocas que encontraron, porque las congregaciones habían recibido aviso y habían sacado la mayor cantidad posible. Para continuar con la obra, se abrió en Belgrado la pequeña editorial Kula stražara (La Atalaya), y las reuniones se empezaron a celebrar en hogares particulares.

Valiéndose de la proscripción, el gobierno comenzó a presionar más y más con la intención de detener la predicación, e hicieron de los ministros de tiempo completo su blanco principal. Aquello fue complicando cada vez más las cosas para los hermanos alemanes, muchos de quienes habían llegado a Yugoslavia precisamente porque en otros países europeos la obra se había proscrito. Pero ni los arrestos ni la cárcel lograron apagar el entusiasmo de los precursores. “Jehová nunca nos abandonó, ni siquiera en la prisión, aunque a veces era difícil que nos dejaran recibir visitas —señala una hermana—. Una vez vino un hermano a vernos, pero aunque no lo dejaron entrar, habló en voz tan alta con el guardia que alcanzamos a oírlo. El solo hecho de escuchar su voz nos animó muchísimo.”

Eran tiempos tumultuosos, y se requería mucho valor para traducir y distribuir el folleto El juez Rutherford desenmascara la quinta columna, que denunciaba el papel de la Iglesia Católica en apoyar la agenda política del gobierno nazi. El folleto se tradujo al croata, al serbio y al esloveno, y se imprimieron 20.000 ejemplares en cada idioma. Este folleto quedó prohibido desde el mismo principio y provocó la expulsión de los precursores extranjeros. Además, el fiscal del Estado aprovechó la situación para acusar a los editores y pedir de diez a quince años de prisión para ellos. Con todo, el resuelto grupito de publicadores de Yugoslavia distribuyó velozmente los 60.000 ejemplares.

“A la gente de aquel tiempo le interesaba aprender de la Biblia y le gustaba leer”, nos cuenta Lina Babić, quien aprendió la verdad hacia el fin de la segunda guerra mundial y estuvo en estrecho contacto con hermanos y hermanas fieles. “Puesto que siempre había que ser cautelosos —prosigue—, yo prefería copiar las publicaciones en una libreta de apuntes. Así, en caso de que me registraran, daría la impresión de que solo eran notas personales.”

¿TOLSTOI O JEHOVÁ?

Mientras el mundo se tambaleaba al borde de una guerra, se produjo una división en una de las congregaciones más grandes de Yugoslavia. ¿La razón? Algunos hermanos empezaron a adoptar los puntos de vista de León Tolstoi. ¿Y quién era él? Un escritor y filósofo ruso que había abandonado la Iglesia Ortodoxa Rusa convencido de que todas las iglesias cristianas eran instituciones corruptas que habían falsificado el cristianismo. El problema fue que algunos hermanos desarrollaron un sentimiento parecido hacia la religión en general y empezaron a mostrarse descontentos con la organización de Jehová. Entonces, abusando de la posición que se le había conferido, el encargado de la congregación de Zagreb logró persuadir a casi todos los publicadores para que aceptaran las opiniones de Tolstoi. Fue tanta la influencia de ese hermano que la mayor parte de los miembros de la congregación —más de sesenta— adoptaron una resolución para renunciar a la organización de Jehová.

Para ese tiempo, Rudolf Kalle se hallaba en Belgrado y, cuando se enteró del asunto, viajó a toda prisa a Zagreb para reunirse con la congregación. Primero repasó varias verdades bíblicas básicas que Jehová había revelado mediante la clase del esclavo fiel y discreto (Mat. 24:45-47). Luego preguntó: “¿Quién les enseñó estas verdades? ¿Tolstoi o la organización de Jehová?”. Citando Josué 24:15, pidió que todos aquellos que quisieran permanecer en la organización levantaran la mano. Solo dos lo hicieron.

“Aquello fue indescriptiblemente doloroso”, dijo Rudolf más tarde.

Parecía que todo el bien que se había logrado en la congregación estaba a punto de esfumarse.

Rudolf pidió a los dos hermanos fieles que subieran a la plataforma y luego dijo: “Solo quedamos tres. Ahora nosotros representamos al pueblo de Jehová en esta ciudad. Por eso, quiero pedirles a todos los demás que abandonen la sala y sigan su propio camino. Por favor, déjennos en paz. Queremos servir a nuestro Dios, Jehová; ustedes pueden irse y servir a su Tolstoi. Ya no queremos su compañía”.

Tras varios segundos de absoluto silencio, primero uno y después otro y otro comenzaron a levantar la mano y a decir: “Yo también quiero servir a Jehová”. Al final, únicamente el siervo de congregación apóstata y unos cuantos seguidores suyos abandonaron la sala. Esta prueba de lealtad fortaleció a los siervos fieles para soportar las pruebas mucho más severas que pronto afrontarían.

LAS ADVERSIDADES DE LA GUERRA

El 6 de abril de 1941, el ejército alemán invadió Yugoslavia. La gran cantidad de bombardeos sobre Belgrado causó cuantiosos daños en la sucursal. Yugoslavia fue dividida por las tropas alemanas. La comunicación entre el Betel de Serbia y los hermanos de Eslovenia, Croacia y Macedonia se vio interrumpida debido a los conflictos. Pero la situación fue peor para los hermanos del extremo sur de Macedonia, quienes no pudieron restablecer el contacto sino hasta después de la guerra.

De pronto, los hermanos se hallaron frente a nuevas y desafiantes circunstancias. Un mundo inmerso en luchas internacionales hizo pasar a nuestros queridos hermanos y hermanas por momentos de duras pruebas que les dieron la oportunidad de demostrar el calibre de su fe, así como su amor a Jehová y su organización.

Puesto que la oficina de Belgrado se cerró, la distribución del alimento espiritual se organizó desde Zagreb (Croacia). Entonces las multas y la cárcel fueron reemplazadas por los campos de concentración y la pena de muerte, por lo que la discreción cobró mayor importancia que nunca.

La ocupación y división de Yugoslavia por parte de las fuerzas alemanas trajo consigo los campos de concentración. En Croacia se usaban para aislar y asesinar a diversas minorías étnicas y no católicas, así como a cualquier oponente religioso. En Serbia, los ejércitos nazis establecieron campos de concentración y de trabajos forzados. Debido a su postura neutral, más de ciento cincuenta hermanos de varios países terminaron en el campo de Bor (Serbia). Y en Yugoslavia, los testigos de Jehová también se convirtieron en un blanco del régimen nazi, de modo que la predicación se efectuaba principalmente de manera informal. Se aconsejaba a los publicadores que llevaran solo su Biblia y una publicación, y se les indicaba qué decir en caso de ser arrestados. Se reunían en grupos pequeños y ni siquiera sabían dónde se celebraban otras reuniones.

Puesto que las publicaciones no podían meterse al país sin correr riesgos, se reproducían en secreto. Los hermanos trabajaban toda la noche en distintos lugares imprimiendo, ordenando y uniendo las páginas de revistas y folletos, mientras que de día trabajaban duro para ganar el dinero que les servía para sufragar los gastos de impresión. Mediante varios contactos comerciales, siempre se las arreglaron para conseguir los materiales que necesitaban. ¡Qué contraste! Mientras el prejuicio nacional y religioso sacudía el país, nuestros hermanos se mantenían unidos y juntaban de sus fondos personales para producir el alimento espiritual. Pero ¿cómo harían llegar aquella información salvavidas a los grupos de publicadores esparcidos en su territorio?

Un trabajador de ferrocarril de ascendencia serbia, Stevan Stanković, se ofreció para ayudar a sus hermanos, sin importar de dónde fueran. Pese a los peligros, Stevan asumió la tarea de llevar publicaciones en secreto de Croacia a Serbia, que se hallaba bajo ocupación militar. Un día, la policía descubrió las publicaciones que llevaba en su maleta y le exigieron que dijera de dónde las había sacado. Pero Stevan se mantuvo leal a sus hermanos y se negó a divulgar la información, de modo que lo llevaron a una prisión para interrogarlo. Luego lo transfirieron al campo de concentración de Jasenovac, que era conocido por su brutalidad. De allí, Stevan no salió con vida.

Mihovil Balković era un hermano ingenioso y discreto que trabajaba de plomero en Croacia durante aquellos años turbulentos. Visitaba a los hermanos para animarlos y para entregar publicaciones. Su nieto cuenta lo siguiente: “En cierta ocasión se enteró de que en el próximo pueblo registrarían el tren en el que viajaba, así que se bajó una parada antes de lo planeado. Llevaba las publicaciones en su mochila, y en la parte de arriba había puesto dos botellas de rakija (brandy casero) y algunos comestibles. Aunque la mayor parte del pueblo estaba cercado con alambre de púas, encontró una abertura en un viñedo. Lógicamente, iba con precaución, pero cuando pasó junto a un búnker, un soldado le gritó: ‘¡Alto ahí! ¿Quién es usted?’. Él se acercó, y otro soldado preguntó: ‘¿Qué lleva ahí?’.

—Un poquito de harina, frijoles y papas —respondió.

—¿Y en las botellas? —le preguntó el soldado.

—Huélelo y pruébalo —contestó.

”El soldado lo probó, y mi abuelo le dijo: ‘Esta botella es para ti, hijo, y la otra es para mí.’

”Complacidos con su respuesta y con el rakija, los soldados le dijeron: ‘Ya puede irse, abuelo.’

”Así —concluye el nieto de Mihovil—, las publicaciones llegaron intactas a su destino.”

No hay duda de que Mihovil era muy valiente. Sus viajes lo llevaron a zonas controladas por bandos opuestos del conflicto. Unas veces se hallaba cara a cara con los soldados partisanos comunistas; otras, con la Ustachá fascista o con los soldados chetniks.a Sin amedrentarse, aprovechaba esas oportunidades para dar testimonio y explicar la esperanza que ofrece la Biblia. Se necesitaba mucho valor porque la vida de un Testigo estaba siempre en riesgo. Varias veces lo arrestaron, lo interrogaron y lo metieron en prisión.

En la noche del 9 de noviembre de 1944, cerca del fin de la guerra, los partisanos invadieron la casa de Mihovil y se lo llevaron junto con varias publicaciones que confiscaron. Tristemente, él nunca regresó. Más tarde se supo que lo habían decapitado.

Josip Sabo era solo un niño cuando comenzó a entregar publicaciones en bicicleta en la región de Eslavonia (Croacia). Le puso una caja al portabultos, donde metía las publicaciones y las cubría con peras frescas. En aquel entonces, la entrada a casi todos los poblados tenía barricadas y guardias.

—¿Qué llevas en la caja? —le preguntaban los guardias a Josip en cada puesto.

—Peras para mi tío —respondía mientras los soldados tomaban una o dos. Al acercarse a su destino, las peras eran cada vez menos y ya no cubrían bien las publicaciones, así que Josip se iba por un camino abandonado para salvar las últimas peras y el tesoro que escondían.

FIELES HASTA EL FIN

Lestan Fabijan, un albañil de Zagreb, les predicó a Ivan Sever, Franjo Dreven y Filip Huzek-Gumbazir. En seis meses, ya todos estaban bautizados, predicando y celebrando reuniones. En la tarde del 15 de enero de 1943, una patrulla militar llegó a la casa de Ivan Sever para arrestarlo a él, a Franjo Dreven y a Filip Ilić, otro hermano. Registraron la casa, se apoderaron de todas las publicaciones y se los llevaron a los tres.

Cuando Lestan se enteró de los arrestos, fue con Filip Huzek-Gumbazir a dar ánimo a la madre y a la hermana de Franjo. Pero los partisanos oyeron de su visita y los arrestaron también a ellos dos. Los cinco hermanos explicaron a los partisanos con la Biblia que solo servían a Jehová y que eran soldados de Cristo. Como todos rehusaron tomar las armas y participar en la guerra, fueron sentenciados a muerte y encerrados.

Un día, los partisanos despertaron a los cinco hermanos a media noche, les quitaron la ropa y los llevaron al bosque. En el camino les dieron la oportunidad de cambiar de opinión. Intentaron doblegar su determinación apelando al amor por la familia. Le hablaron a Filip Huzek-Gumbazir de su esposa encinta y de sus cuatro hijos, pero él contestó que tenía la plena seguridad de que Jehová los cuidaría. Como Franjo Dreven no tenía esposa ni hijos, le preguntaron que quién cuidaría de su madre y de su hermana.

Ya adentrados en el bosque, los soldados hicieron que los hermanos se quedaran de pie en medio del frío invernal. Entonces comenzaron las ejecuciones. Primero fusilaron a Filip Huzek-Gumbazir. Esperaron un poco y les preguntaron a los demás si querían cambiar de opinión. Pero los hermanos estaban decididos a mantenerse fieles, así que le llegó el turno a Franjo... luego a Ivan... y entonces a Lestan. Finalmente, Filip Ilić, el último con vida, transigió y aceptó unirse a los soldados. Sin embargo, tres meses más tarde volvió a casa debido a una enfermedad mortal y contó lo que había sucedido. Irónicamente, la vida que había tratado de conservar dándole la espalda a Jehová le fue arrebatada por una enfermedad.

En Eslovenia, muchos de nuestros hermanos fueron víctimas de la persecución. Por ejemplo, el 8 de junio de 1942, los soldados nazis ejecutaron en Maribor a Franc Drozg, un herrero de 38 años que no aceptó tomar las armas. Algunos testigos presenciales cuentan que, antes de fusilarlo, le colgaron al cuello un letrero que decía: “No soy de este mundo” (Juan 17:14). Su fe firme queda patente en la carta que escribió unos minutos antes de morir: “Mi querido amigo Rupert: Hoy me han sentenciado a muerte. No llores por mí. Un abrazo para ti y todos los de casa. Nos vemos en el Reino”.

Las autoridades no descansaron en su afán de detener la predicación, pero Jehová demostró ser un Dios de salvación. Por ejemplo, la policía con frecuencia hacía redadas y ponía en filas a los residentes del área para revisar sus tarjetas de identificación. Todo el que les pareciera sospechoso terminaba en prisión. Mientras tanto, otros policías registraban las casas y los apartamentos. Los hermanos percibieron a menudo la protección de Jehová cuando los policías pasaban por alto su hogar, sin duda pensando que ya lo habían registrado. En al menos dos de aquellas ocasiones había en casa de los hermanos muchas publicaciones y unos mimeógrafos. Vez tras vez, los que participaban en la obra de predicar en aquellos tiempos peligrosos experimentaron la veracidad de esta promesa bíblica: “Jehová es muy tierno en cariño, y compasivo” (Sant. 5:11, nota).

SENTENCIADOS A MUERTE

Al finalizar la segunda guerra mundial en 1945, concluyó también uno de los episodios más sangrientos de la historia humana. Ahora los Testigos yugoslavos esperaban que su obra dejara de estar prohibida y que ellos pudieran volver a predicar con libertad. Su optimismo se debía, por una parte, a que Hitler y sus aliados habían sido derrotados, y por otra, a que el recién instalado gobierno comunista había prometido libertad de prensa, de expresión y de culto.

Pero en septiembre de 1946 arrestaron a tres hermanas y quince hermanos. Entre los detenidos se hallaban Rudolf Kalle, Dušan Mikić y Edmund Stropnik. Las averiguaciones relacionadas con su detención duraron cinco meses, y al final fueron acusados de actuar contra el pueblo y el Estado, así como de poner en peligro la mismísima existencia de Yugoslavia. Las autoridades afirmaron que la predicación del Reino de Dios era dirigida desde Estados Unidos y que solo servía de pretexto para destruir el socialismo y restablecer el capitalismo. Y el principal acusador fue un sacerdote católico, quien insistió en que los detenidos eran espías estadounidenses que trabajaban bajo el disfraz de la religión.

En el juicio, los acusados hablaron con determinación en su propia defensa y dieron un excelente testimonio de Jehová y del Reino. Tal fue el caso de Vjekoslav Kos, un hermano joven, quien dijo: “Sabios jueces, mi madre fue quien me impartió las enseñanzas de la Biblia, y así fue que comencé a servir a Dios. Durante la ocupación alemana, ella fue enviada a prisión. Dos hermanas mías y un hermano compartían sus creencias y, por adorar a Dios como lo hacían, fueron llevados a Dachau bajo la acusación de ser comunistas. Esas mismas creencias me tienen aquí hoy delante del tribunal, acusado de ser fascista”. Su testimonio le dio la libertad.

Sin embargo, el tribunal no fue tan indulgente con los otros detenidos. Tres de ellos fueron sentenciados a morir fusilados, y el resto, a pasar entre uno y quince años en prisión. Pero la hermandad internacional reaccionó de forma rápida y enérgica ante semejante injusticia: testigos de Jehová de Estados Unidos, Canadá y Europa enviaron al gobierno yugoslavo una avalancha de miles de cartas de protesta, así como cientos de cablegramas. Incluso hubo funcionarios gubernamentales de alto rango que escribieron a favor de los hermanos. Ante la enorme demostración de solidaridad a escala mundial, la sentencia de muerte se conmutó por veinte años de prisión.

Con todo, la oposición no se detuvo. Dos años más tarde, las autoridades eslovenas arrestaron a cuatro Testigos por predicar: Janez Robas y su esposa, Marija, Jože Marolt y Frančiška Verbec. La acusación decía en parte: “[Los de] la ‘secta jehovita’ han reclutado nuevos miembros y los han puesto contra nuestro actual sistema social [...] [y] contra el servicio militar”. Alegando que los hermanos pretendían debilitar la defensa nacional, las autoridades les dieron sentencias de entre tres y seis años con trabajos forzados.

Felizmente, en 1952 hubo un cambio en la política del gobierno, gracias a la cual todos los hermanos quedaron en libertad, y el mensaje del Reino siguió proclamándose. Jehová había cumplido su promesa: “Sea cual sea el arma que se forme contra ti, no tendrá éxito, y sea cual sea la lengua que se levante contra ti en el juicio, la condenarás” (Isa. 54:17).

Aun así, el gobierno siguió tratando de debilitar la resolución de los hermanos, por ejemplo, tachándolos públicamente de ser “débiles mentales” y “fanáticos al borde de la locura”. Por desgracia, las persistentes críticas publicadas en los medios y el constante temor a ser vigilados fueron haciendo mella en el estado de ánimo de algunos Testigos al grado de que, si las autoridades soltaban de la prisión a un hermano fiel, algunos miembros de la congregación lo tomaban por espía. Pero Jehová no dejó de fortalecer a las congregaciones mediante hermanos maduros y leales.

Al final de la segunda guerra mundial, cuando Josip Broz, Tito, asumió el poder, había quedado patente el papel decisivo que las fuerzas armadas tendrían en el país. Bajo su régimen, quien se negara a prestar el servicio militar, sin importar la razón, prácticamente se estaba poniendo en contra del gobierno.

LA LEALTAD SOMETIDA A PRUEBA

Un día, mientras aún se peleaba la segunda guerra mundial, un niño de nueve años de Croacia, Ladislav Foro, asistió a una reunión obligatoria en el pueblo. En ella, un sacerdote católico presentó un sermón. Al terminar el evento, Ladislav se asomó por detrás de la cortina para ver a dónde se había ido el sacerdote. Cuando el clérigo se quitó la sotana, el niño vio que el hombre llevaba debajo un uniforme ustachi y una cartuchera a la cintura, de la que colgaba una granada de mano. Ya afuera, el sacerdote se montó en un caballo, empuñó su sable y gritó: “¡A cristianizar, hermanos! ¡Ya saben qué hacer si alguien no nos apoya!”.

Ladislav sentía que un hombre de Dios no debía comportarse así. Poco después comenzó a asistir con su tío a las reuniones que los testigos de Jehová celebraban en secreto. A pesar del enojo de sus padres, siguió asistiendo a las reuniones y logró progresar en sentido espiritual.

Pasó el tiempo, y en 1952, lo llamaron para cumplir su servicio militar. Ladislav dejó clara su postura neutral como cristiano, por lo que las autoridades militares lo sometieron a numerosos interrogatorios, esperando convencerlo de que prestara juramento y se alistara. En cierta ocasión, lo llevaron a un campo militar y lo colocaron delante de 12.000 reclutas que estaban a punto de prestar juramento. Le pusieron un rifle en el hombro, pero Ladislav lo tiró al suelo. Los soldados le advirtieron que lo fusilarían si volvía a tirarlo, y lo anunciaron por altavoces para que todo el mundo oyera. Al negarse por segunda vez a tomar el arma, los soldados lo sacaron del campo y lo arrojaron a un hoyo de varios metros de profundidad producido por una bomba. Al recibir la orden, un soldado disparó dos veces al interior del hoyo, y todos volvieron al campo. ¡Pero las balas no le dieron a Ladislav!

Por la noche, los soldados regresaron por Ladislav y se lo llevaron a una prisión de Sarajevo. Allí le enseñaron una carta que decía que otros de su religión habían transigido mientras él se pudría en la cárcel junto con un montón de delincuentes. Dedicaban largo rato una y otra vez a tratar de persuadirlo con argumentos de esa clase. Pero Ladislav se decía: “¿Llegué a servir a Jehová por una persona en particular? ¡No! ¿Estoy aquí para complacer a los hombres? ¡No! ¿Depende mi vida de lo que otros digan, piensen o hagan? ¡No!”.

Su enfoque espiritual lo ayudó a mantenerse firme durante los cuatro años y medio que pasó en prisión. Con el tiempo sirvió de superintendente de circuito con el apoyo de Anica, su fiel esposa y compañera.

RECONOCIMIENTO LEGAL LIMITADO

Tras romper con la Unión Soviética en 1948, el presidente Tito descentralizó el gobierno y fue concediendo mayores libertades a la gente. Si bien el gobierno seguía siendo socialista, la tolerancia a la religión aumentó.

Cierto día, las autoridades convocaron a los representantes de los testigos de Jehová a una reunión. En ella les sugirieron que redactaran una nueva acta constitutiva con el fin de legalizar la obra. Los hermanos lo hicieron, y el 9 de septiembre de 1953, los testigos de Jehová de nuevo quedaron inscritos oficialmente en Yugoslavia.

Ahora podía verse un contraste: mientras que otros países comunistas deportaban a los Testigos, Yugoslavia les permitía reunirse libremente en locales autorizados. Además, la oficina de Zagreb (Croacia) pudo establecer contacto con los hermanos de Macedonia y enviarles publicaciones. Sin embargo, la predicación de casa en casa no estaba incluida en la inscripción oficial de 1953; pasarían otros treinta y ocho años antes de que los Testigos yugoslavos pudieran efectuar su ministerio de casa en casa de forma legal.

Mientras tanto, surgieron otros problemas. Por ejemplo, las autoridades malinterpretaron la postura neutral de los Testigos y llegaron a la conclusión de que, más que predicar, hacían propaganda política. Así que la policía secreta y sus informantes concentraron sus esfuerzos en entorpecer nuestra obra hasta donde les fue posible. Arrestaban y multaban a quien descubrieran predicando. De hecho, un informe señaló a este respecto: “Continúan los arrestos y la persecución, sobre todo en Eslovenia, donde la influencia católica es mayor y donde muchos hermanos se hallan bajo vigilancia policíaca porque los agentes quieren sorprenderlos estudiando la Palabra de Dios. Pero los hermanos han demostrado su determinación de derrotar el propósito de la persecución y obedecer a Dios más bien que al hombre”.

“CAUTELOSOS COMO SERPIENTES”

La situación exigía cautela. Al predicar en las zonas rurales de Eslovenia, los hermanos iniciaban la conversación preguntando a la persona si vendía huevos. Si el precio era bueno, compraban algunos para no despertar sospechas y, cuando lo consideraban oportuno, con prudencia dirigían la conversación hacia un tema bíblico. ¿Y si ya habían comprado suficientes huevos? ¡En la siguiente puerta preguntaban por leña! (Mat. 10:16.)

En los alrededores de Zagreb (Croacia), los hermanos trabajaron su territorio de forma sistemática y sin ser descubiertos. ¿Cómo lo lograron? Uno de sus métodos era predicar cada diez casas: si, por ejemplo, a un hermano le tocaba la casa número 1, entonces seguía con la 11, la 21, la 31 y así sucesivamente. Sus ingeniosos esfuerzos contribuyeron a que muchas personas aprendieran de Jehová. Con todo, debido a los desafíos que presentaba el ministerio de casa en casa, el método más utilizado fue la testificación informal.

En Serbia, las reuniones se celebraban en hogares particulares. Damir Porobić nos dice cómo se usaba la casa de su abuela después de la segunda guerra mundial: “Asistían entre cinco y diez personas. La casa de mi abuela era ideal porque tenía entrada por dos calles distintas, y así todos podían entrar y salir sin despertar sospechas”.

La familia de Veronika Babić, que era de Croacia, empezó a estudiar a mediados de los años cincuenta. Veronika se bautizó en 1957 y se mudó con su esposo a Sarajevo (Bosnia). Milica Radišić, por su parte, también se mudó con los suyos a la misma ciudad. Ella era de la región eslavona de Croacia y se había bautizado en 1950. Ambas familias comenzaron a esparcir la semilla de la verdad en Bosnia, pero con cautela, como se hacía en el resto de Yugoslavia. “La gente nos delataba —relata Veronika—, y la policía nos confiscaba las publicaciones. Nos arrestaron, nos interrogaron, nos amenazaron con meternos a la cárcel y nos multaron, pero nada nos desanimó ni nos atemorizó. Al contrario, nuestra fe en Jehová se hizo cada vez más firme.”

“Un día se presentó un hombre en el Salón del Reino —recuerda Milica— y nos pareció que tenía interés. Le dimos una buena acogida, y hasta se hospedó por algún tiempo en las casas de los hermanos. Comentaba con entusiasmo en las reuniones. Pero un día, en su lugar de trabajo, mi hija vio que aquel hombre se encontraba en una reunión para la policía secreta. Ahí nos dimos cuenta de que lo habían mandado a espiarnos. Pero como lo descubrimos, dejó de asistir a las reuniones.”

LOS PRIMEROS SALONES DEL REINO

Antes de la inscripción oficial de 1953, los hermanos corrían el riesgo de ser arrestados cada vez que se congregaban, ya que era ilegal celebrar reuniones en casas particulares. Sin embargo, aun después siguió siendo un desafío encontrar un sitio apropiado para reunirse, pues si a mucha gente no le simpatizaban los testigos de Jehová, mucho menos querían tenerlos de inquilinos. De modo que los hermanos decidieron adquirir sus propios lugares de reunión.

Al poco tiempo de emprender la búsqueda, se consiguió un taller en el centro de Zagreb (Croacia). Los hermanos lo transformaron en un hermoso Salón del Reino con capacidad para 160 personas. Además, le añadieron una pequeña sección para imprimir publicaciones. El local también sirvió para celebrar asambleas de circuito y distrito a partir de 1957, año en que se llevó a cabo la primera asamblea para los Testigos de todas las regiones que componían Yugoslavia. Pocos años después se compró una casa en la calle Kamaufova, en el centro de la ciudad, donde vivió la familia Betel hasta 1998.

También en 1957 se compró un edificio en Belgrado (Serbia) que sirvió de Salón del Reino y de oficina para trabajos de Betel. Posteriormente, en Liubliana (Eslovenia) se transformó un establo en Salón del Reino. Y en 1963, una cochera de Sarajevo terminó siendo el salón de la primera congregación de Bosnia-Herzegovina. Naturalmente, algunas de estas construcciones necesitaban reparaciones mayores, pero los hermanos dieron generosamente de sí mismos y de sus recursos, y Jehová bendijo sus esfuerzos.

UNA FACETA DE SERVICIO MUY FORTALECEDORA

En 1960 se inició la obra de superintendentes viajantes para ayudar y animar a las congregaciones. Algunos hermanos recibieron la invitación para servir de superintendentes viajantes de fin de semana. Aunque aquello significaría utilizar sus días de descanso para viajar, los hermanos aceptaron gustosos, pues deseaban estimular a los demás y fomentar la unidad.

“Estuve más o menos un año sirviendo de superintendente de circuito de fin de semana junto con mi esposa —relata Henrik Kovačić, actual miembro del Comité de Sucursal de Croacia—. Después lo hicimos a tiempo completo. Los hermanos eran muy pobres. Y a menudo, las casas donde nos quedábamos no tenían ni agua caliente ni inodoro. Pero los hermanos apreciaban mucho nuestras visitas y eran sumamente cariñosos y hospitalarios. Casi siempre nos dejaban su cama y nos daban de comer, aunque ellos mismos tenían muy poco. Para no ser una carga, a veces nos hospedábamos en una casa distinta cada noche.”

Šandor Palfi, quien es parte del Comité del País de Serbia, comenta: “Servir de superintendente de fin de semana fue la experiencia más maravillosa para mí, por difícil que fuera. Los hermanos esperaban con muchas ansias nuestra visita. Eran pobres, pero hacían todo por darnos lo mejor que tenían. Para ellos, la visita del superintendente de circuito era una ocasión muy especial”.

Miloš Knežević servía de superintendente de circuito y a la vez dirigía la sucursal de Yugoslavia. Durante las décadas que el país vivió bajo el gobierno comunista, el hermano Knežević contribuyó a resolver muchas de las demandas contra nuestros hermanos.

EMOCIONANTE PROGRESO EN MACEDONIA

En 1968 aprendió la verdad un joven de Kočani (Macedonia) que asistía a la universidad en Zagreb (Croacia). Cuando regresó a su ciudad natal, les habló de las buenas nuevas a sus familiares y amigos.

“Ese joven era mi primo —recuerda Stojan Bogatinov, el primer Testigo de Kočani—. Yo trabajaba de mesero, y a veces mis compañeros y yo hablábamos de religión. Un día, después de una de tales conversaciones, un miembro de la Iglesia Ortodoxa entró a comer. Mientras le servía, le pregunté si sería posible obtener una Biblia en su iglesia, porque me interesaba mucho aprender de Dios. Me dijo que trataría de traerme una. Al poco tiempo tuve en mis manos mi propio ejemplar del Nuevo Testamento. Estaba tan contento que, en cuanto salí de trabajar, corrí a casa para comenzar a leerlo.

”De camino me encontré a mi primo, que había vuelto de Zagreb. Me invitó a su casa, pero le dije que no podía ir porque quería llegar a leer mi Biblia. ‘Tengo algo que te va a interesar —me dijo—. En casa tengo unos libros que explican la Biblia.’ Fuimos a donde vivía, y ¡qué gusto fue para mí descubrir que tenía la Biblia completa! Pero también tenía varios ejemplares de La Atalaya y algunos folletos, todo en croata. Acepté las publicaciones que me ofreció y, sin perder tiempo, comencé a leerlas. De inmediato comprendí que aquello era algo especial. No sabía nada de los testigos de Jehová, pero quería conocerlos.

”Cuando mi primo regresó a Zagreb, me fui con él. Allí, un Testigo hospitalario de nombre Ivica Pavlaković me invitó a alojarme en su casa. Me quedé tres días, durante los cuales estuve haciéndole muchas preguntas. Me impresionó que siempre contestara con la Biblia. También asistí a una reunión de congregación, y el afectuoso ambiente de hermandad me infundió mucho ánimo.

”Ivica me llevó al Betel de Zagreb. Cuando salí, tenía el corazón rebosante de felicidad y las manos llenas de publicaciones. Después de unos cuantos días inolvidables, volví a Kočani con el tesoro espiritual que había encontrado. Como no había ningún Testigo en la zona, estuve comunicándome por carta con Ivica. Mis cartas siempre iban repletas de preguntas, y las suyas me daban las respuestas. Lo que aprendía se lo contaba de inmediato a otros, y así fue como mi esposa y mis hijos empezaron a mostrar interés. En poco tiempo nos convertimos en una familia unida por la verdad. Fuimos muy felices y aprendimos mucho de la Biblia. También nos pusimos a hablar con entusiasmo de las buenas nuevas con nuestros parientes y amigos. Muchos nos escucharon, aunque también fuimos perseguidos.”

UNIDOS EN UNA ASAMBLEA DE ALEMANIA

Los hermanos de Yugoslavia no estaban tan aislados como los de otros países comunistas, pero eran pocos y anhelaban sentir el amor de la hermandad mundial. Por eso, cuando se enteraron de que en 1969 se celebrarían las asambleas internacionales “Paz en la Tierra”, pidieron permiso al gobierno para salir del país a fin de asistir a una de ellas. ¡Qué alegría cuando se lo concedieron!

¿Dónde se celebró la asamblea? En el mismo estadio de Núremberg (Alemania) en el que, unas cuantas décadas antes, Hitler había amenazado con exterminar a los testigos de Jehová y había hecho desfilar a sus tropas. Los hermanos yugoslavos se llevaron la agradable sorpresa de que, entre los muchos idiomas en que se presentaría el programa, habría sesiones en serbocroata y esloveno en una zona arbolada cerca del enorme estadio principal. Una gran plataforma dividía el campo deportivo en dos, dejando un lado para cada idioma. Durante aquellos ocho días de asamblea aumentó el conocimiento de los hermanos y su fe se hizo más fuerte.

Se habían alquilado trenes y autobuses para llevar a Alemania a los asambleístas de todas partes de Yugoslavia. Un hermano croata comentó sobre el viaje: “Estábamos muy emocionados porque al fin podríamos disfrutar de la compañía de nuestros hermanos y hermanas. Llenos de orgullo, exhibíamos en las ventanas del vagón de nuestro tren algunos letreros que anunciaban la asamblea”.

También fue un verdadero deleite ver y escuchar a Nathan Knorr y Frederick Franz, de la sede mundial. “No cabíamos de la emoción cuando vinieron hasta nuestra sección para transmitirnos los saludos de otros hermanos”, relata uno de los asistentes. Las alegrías de los hermanos yugoslavos en aquella asamblea superaron por mucho los enormes sacrificios que tuvieron que hacer para estar presentes. Milosija Simić, de Serbia, dijo: “Me gasté el salario de dos meses para viajar a la asamblea y se me hizo difícil conseguir diez días de permiso en mi trabajo. Ni siquiera sabía si tendría empleo al regresar, pero estaba decidida a ir. ¡Y fue increíble! Hoy, casi cuarenta años después, todavía se me llenan los ojos de lágrimas cuando me acuerdo de aquella asamblea”. Tras los inolvidables momentos en compañía de nuestra hermandad internacional unida, los hermanos regresaron a casa con nuevos bríos para hacer frente a las pruebas por venir.

LOS PRECURSORES DEL PAÍS SUPLEN LA NECESIDAD

Los precursores alemanes que llegaron al país a principios de los años treinta contribuyeron mucho a difundir las buenas nuevas. Pero al crecer la cantidad de publicadores, creció también el número de precursores del país. Eslovenia, por ejemplo, ahora estaba lista para enviar precursores de experiencia a zonas más remotas de Yugoslavia, donde la necesidad era mayor. Estos precursores afrontaron con ánimo el desafío de aprender nuevos idiomas y culturas.

Un ejemplo lo tenemos en Jolanda Kocjančič, quien recuerda: “Me asignaron a la ciudad de Priština, la más grande de Kosovo. Allí se hablaban el serbio y el albanés; el problema era que ni Minka Karlovšek ni yo sabíamos esos idiomas. Pero decidimos que los aprenderíamos predicando, así que nos fuimos al servicio del campo. En la primera casa salió el hijo mayor de una viuda de ascendencia checa. Iniciamos nuestra presentación en esloveno y fuimos incorporando unas cuantas expresiones en serbio para decir algo así como: ‘Nos gustaría hablarle a su familia de las buenas nuevas de la Biblia’.

”‘Pasen —nos dijo él—, mi madre las está esperando.’

”Cuando entramos a la casa, Ružica vino corriendo a vernos. Nos explicó que dos semanas antes le había orado a Jehová para que enviara a alguien que la ayudara a conocerlo. Su hermana, que era testigo de Jehová en la actual República Checa, le había insistido que pidiera ayuda a Jehová en oración. Ružica estaba convencida de que nuestra presencia era la respuesta a sus ruegos. Ella nos enseñó serbio, y nosotras le enseñamos la verdad. Además, tenía unos inquilinos en su casa, unos estudiantes, que se unieron al estudio bíblico. Uno de ellos nos regaló un diccionario en albanés que nos sirvió muchísimo.”

En Montenegro, Zoran Lalović todavía era un niño cuando un precursor de Zagreb (Croacia) le dio una Biblia. Cinco años más tarde, en 1980, llegó un precursor especial de Serbia y empezó a darle clases bíblicas. “Se me hizo difícil dejar a mis amigos de la discoteca —cuenta Zoran—, pero cuando por fin lo logré, progresé en pocos meses y me bauticé en Belgrado (Serbia). Justo después me asignaron un discurso público, pues había muy pocos varones. También empezamos a celebrar todas las reuniones en la ciudad de Podgorica.”

BAUTISMOS EN LOS ARROZALES

En Macedonia, los bautismos eran peculiares. “A mí me tocaba bautizar a los candidatos —relata Stojan Bogatinov—. El problema era que no había ni una tina de baño donde bautizarlos, y el río no tenía suficiente agua. Pero como vivíamos en una zona arrocera y el riego se hacía por canales, buscábamos algunos canales con suficiente profundidad y donde el agua estuviera más o menos limpia. Allí, en medio de los arrozales, efectuábamos los bautismos. Recuerdo que la primera vez íbamos atravesando un arrozal cuando alguien gritó: ‘¡Stojan! ¡Conseguiste más trabajadores!’.

”‘¡Sí, sí! ¡Hay mucho trabajo!’, contesté. Lo que no sabían es que los trabajadores eran para la cosecha espiritual que se estaba llevando a cabo en Macedonia.”

Aunque les faltaba mucho por aprender sobre procedimientos teocráticos debido al poco contacto que tenían con la sucursal, los hermanos de Macedonia aprovechaban cualquier oportunidad para mejorar. Stojan Stojmilov empezó a asistir a las reuniones en Alemania y luego volvió a Kočani (Macedonia), donde, felizmente, encontró a un grupo de Testigos. “Cuando les conté a los hermanos cómo se conducían las reuniones en Alemania —relata—, de inmediato me pidieron que dirigiera el Estudio de La Atalaya y que pronunciara un discurso público. Les aclaré que todavía no estaba bautizado, pero ellos insistieron, argumentando que yo era el más capacitado para hacerlo. No tuve más remedio que aceptar. Con el tiempo, mi esposa y yo progresamos y también nos bautizamos en los arrozales.”

Veselin Iliev, quien es anciano en Kočani, resume así la situación: “Sabíamos poco de organización teocrática, pero nuestro amor por la verdad era inmenso”. Con el tiempo, Jehová se encargó de que los asuntos se entendieran mejor. Además, hubo más publicaciones en macedonio, lo que contribuyó a difundir la verdad y a que las congregaciones se fortalecieran.

PRUDENTES A PESAR DE LAS LIBERTADES

Al no estar bajo el control de Rusia, los ciudadanos yugoslavos disfrutaban de libertades que no eran posibles detrás de la cortina de hierro (telón de acero). Por ejemplo, a finales de los años sesenta, Yugoslavia se convirtió en el primer país comunista en dejar de exigir el uso de visados y en suavizar el control de sus fronteras, lo que se tradujo en mayor libertad para viajar. Aprovechando la situación, los hermanos del norte del país se dieron a la tarea de llevar publicaciones bíblicas a los países que hacían frontera con la Unión Soviética, donde la obra de predicar seguía proscrita.

¿Dónde conseguían las publicaciones? En Alemania, y desde allí las llevaban a Yugoslavia en camionetas de carga. Ðuro Landić, quien actualmente forma parte del Comité de Sucursal de Croacia, recuerda que su casa sirvió de depósito para publicaciones hasta la caída de la Unión Soviética. “Nuestra familia tenía automóviles con dobles fondos y compartimientos secretos en el tablero de instrumentos —recuerda—. Sabíamos que si nos atrapaban, perderíamos los autos y terminaríamos en la cárcel, pero ver la felicidad de nuestros hermanos al recibir las publicaciones hacía que el riesgo valiera la pena.”

La hermana Milosija Simić relata lo siguiente sobre su asignación de llevar publicaciones de Serbia a Bulgaria: “Nunca sabía quién recibiría las publicaciones, pues solo me daban una dirección. En cierta ocasión, bajé del autobús, encontré la casa y llamé a la puerta; pero no hallé a nadie. Di la vuelta a la manzana y llegué a la casa por la dirección opuesta para llamar de nuevo, pero no abrieron. Lo intenté unas diez veces ese día, siempre con discreción para que nadie sospechara, pero no pude encontrar a nadie. Y la verdad es que fue mejor, porque después supe que la dirección estaba equivocada.

”Ahora bien, copiar y mecanografiar todas esas publicaciones me había costado mucho trabajo. ¿Qué debía hacer? ¿Simplemente desecharlas? Decidí llevármelas de vuelta a Serbia, donde sabía que serían bien aprovechadas. Pero tenía un problema: aunque había comprado un pasaje de ida y vuelta, todavía necesitaba regresar al punto de conexión. Y ya no tenía dinero, pues como había restricciones en cuanto a la cantidad de efectivo que uno podía llevar al país, los hermanos normalmente me daban para el pasaje cuando hacía la entrega. Así que me dirigí a la taquilla rogándole a Jehová que me atendiera una mujer. Justo en el momento en que llegó mi turno, el hombre que estaba atendiendo la taquilla se retiró y una mujer tomó su lugar. ¡Qué alivio! Le ofrecí la ropa con la que había envuelto las publicaciones a cambio de un boleto; ella aceptó, y así logré conseguir mi pasaje.”

Posteriormente, a principios de los años ochenta, Milosija trabajó en la pequeña oficina de Belgrado mecanografiando las diversas publicaciones que los hermanos habían traducido a mano al albanés y al macedonio. Usaba papel carbón para sacar ocho copias. Tomando en cuenta que tenía que leer letra manuscrita y que no dominaba el idioma, hay que reconocer que su asignación era todo un reto.

JÓVENES FIRMES

Aunque oficialmente teníamos libertad para practicar nuestra religión, el gobierno interpretaba nuestra postura neutral como una amenaza para la unidad del país, por lo que nos presentó oposición. Durante la segunda guerra mundial hubo muchos hermanos que, por su neutralidad, se mantuvieron fieles hasta la muerte. Lamentablemente, en las tres décadas que siguieron hubo quienes no manifestaron esa misma clase de fe. Algunos asistían a las reuniones cristianas y apoyaban la obra del Reino, pero cuando los llamaban para recibir entrenamiento militar, encontraban la forma de justificar su participación.

Los hermanos jóvenes que permanecieron neutrales se enfrentaron a sentencias de hasta diez años. De hecho, podían ser sentenciados varias veces antes de siquiera haber cumplido los 30 años de edad. Y varios de los que encararon estas pruebas de integridad y se negaron a transigir eran muy nuevos en la verdad. Muchos de estos fieles hermanos tienen actualmente responsabilidades de peso en las congregaciones.

UNA CONMOVEDORA ASAMBLEA INTERNACIONAL

Los testigos de Jehová de Yugoslavia jamás habían experimentado la alegría de ser los anfitriones de una asamblea internacional. Así que imagínese la emoción que sintieron cuando el Cuerpo Gobernante anunció que una de las asambleas internacionales “Amadores de la Libertad” de 1991 se celebraría en Zagreb (Croacia).

A pesar de que fue una grata sorpresa, los problemas no se hicieron esperar, pues se habían estado formando nubarrones de guerra desde que Croacia había declarado su independencia de Yugoslavia. ¿Sería prudente llevar a cabo una asamblea aquí? La seguridad de los asistentes —nacionales y extranjeros— era primordial. Después de orar mucho y de analizar la situación a fondo, se decidió seguir con los preparativos.

Un miembro del Cuerpo Gobernante, Theodore Jaracz, viajó a Croacia unas semanas antes de la asamblea para ayudar con los planes. En Zagreb se habían cancelado todos los demás actos públicos, de modo que el interés general se concentró en el evento que tendría lugar en el Estadio Dinamo. A medida que se acercaba la fecha de la asamblea, la situación en el país se hizo cada vez más inestable. Todos los días, los hermanos sopesaban los riesgos y se preguntaban una y otra vez si deberían seguir con los preparativos o cancelar la asamblea. Siguieron pidiendo insistentemente la guía de Jehová, y, por sorprendente que parezca, el clima político se estabilizó y la asamblea logró celebrarse del 16 al 18 de agosto de 1991.

El contraste no podía ser más claro: mientras que los países vecinos se tambaleaban ante la amenaza de enfrentamientos violentos, en Croacia los testigos de Jehová recibían gustosos a miles de invitados para la Asamblea Internacional “Amadores de la Libertad Piadosa”.b Mientras que muchos ciudadanos huían del país, Testigos de quince países se reunían en un ambiente de amor y libertad. Había grandes grupos procedentes de Estados Unidos, Canadá y otras naciones de Occidente. No obstante, debido a la situación militar, las autoridades habían cerrado el aeropuerto de Zagreb, por lo que los asambleístas tuvieron que aterrizar en Liubliana (Eslovenia) y viajar a la ciudad de asamblea en autobús. El valor que demostraron los visitantes fue un excelente testimonio para el público en general y una invaluable fuente de ánimo para los hermanos del país. El grupo más grande vino de Italia: unos tres mil hermanos que prendieron el ambiente de la asamblea con su calidez y dinamismo (1 Tes. 5:19).

Fue especialmente animador tener como invitados a cinco miembros del Cuerpo Gobernante. Hasta el día de hoy, muchos recuerdan con cariño los discursos que presentaron Carey Barber, Lloyd Barry, Milton Henschel, Theodore Jaracz y Lyman Swingle. Sin dejarse intimidar por los tiempos turbulentos, estos decididos hermanos de muchos años de experiencia entraron al país para fortalecer a sus hermanos con edificantes discursos.

Debido a la inestabilidad política, las autoridades temían que hubiera enfrentamientos étnicos entre los asambleístas que venían de distintas partes de Yugoslavia. Pero pudieron ver con gran alivio que los asistentes no solo se sentaban juntos, sino que además se manifestaban verdadero amor cristiano. Así, cada día fueron menos los policías presentes.

Esta memorable asamblea demostró que los testigos de Jehová componen una genuina hermandad internacional. Tener bien presente ese hecho ayudaría a los hermanos a conservar su unidad ante las pruebas por venir. Los autobuses que llevaron a los asambleístas serbios y macedonios de regreso a casa fueron de los últimos vehículos a los que se les permitió pasar por el puesto de control entre Croacia y Serbia. Después de que los hermanos cruzaron a salvo, la frontera se cerró. Muchos afirman que en ese momento comenzó la guerra.

En los meses y años subsiguientes, las repúblicas que habían sido parte de Yugoslavia se erigieron en países independientes con gobiernos propios. El proceso dio origen a una verdadera conmoción que se cobró decenas de miles de vidas y provocó sufrimientos indecibles. ¿Cómo harían frente nuestros hermanos a aquella época turbulenta? ¿Y cómo ha bendecido Jehová la predicación desde entonces en los países recién formados? Veamos.

Historia reciente de la obra en Bosnia-Herzegovina

“El 16 de mayo de 1992, trece Testigos nos hallábamos escondidos en un apartamento mientras los proyectiles de mortero llenaban Sarajevo de metralla. Dos de aquellos proyectiles impactaron contra el edificio donde nos habíamos refugiado. Aunque éramos croatas, serbios y bosnios, igual que quienes se mataban entre sí en las calles, a nosotros nos unía la adoración pura. Al amanecer, el bombardeo no era tan intenso y abandonamos el apartamento en busca de un lugar más seguro. Tal como habíamos hecho en la noche, oramos a Jehová en voz alta, y él nos escuchó.” (Halim Curi)

La ciudad de Sarajevo, con más de 400.000 habitantes, estaba sufriendo uno de los sitios más largos y duros de la historia contemporánea. ¿Cómo harían frente nuestros hermanos espirituales a todas las luchas étnicas y religiosas que estaban desgarrando el país? Antes de contar su historia, conozcamos un poco más de Bosnia-Herzegovina.

Este país se halla en el corazón de la anterior Yugoslavia, rodeado por Croacia, Serbia y Montenegro. Los vínculos familiares y culturales son fuertes, y se da mucha importancia a la hospitalidad. Beber café turco en casa de algún vecino y frecuentar la kafići (cafetería) son pasatiempos populares. En Bosnia, la población se compone de bosnios, serbios y croatas, pero no es posible diferenciarlos a simple vista. A pesar de que muchos no se consideran realmente devotos, ha sido la religión el factor que ha dividido a la gente. La mayoría de los bosnios son musulmanes, mientras que los serbios pertenecen a la Iglesia Ortodoxa Serbia, y los croatas, a la Iglesia Católica Romana.

El alarmante aumento de la intolerancia religiosa y del odio étnico que se produjo a principios de la década de 1990 dio origen a una medida estremecedora: la limpieza étnica. Los ejércitos avanzaban por igual en pueblos pequeños y en grandes ciudades, expulsando civiles a su paso. ¿Con qué intención? Crear zonas étnicamente puras para su propio grupo religioso. La situación puso a prueba la neutralidad de nuestros hermanos. En Bosnia, como en otros países de la antigua Yugoslavia, la mayoría de la gente pertenece a la religión de sus padres, y el apellido familiar suele relacionarse con los antecedentes religiosos. Cuando las personas sinceras empiezan a servir a Jehová, es posible que se las considere traidoras a su familia y a sus tradiciones. Aun así, nuestros hermanos han aprendido que la lealtad a Jehová es una protección.

UNA CIUDAD SITIADA

Como ya vimos al principio, a los hermanos yugoslavos les emocionó profundamente el amor y la unidad que vieron en la Asamblea de Distrito “Amadores de la libertad piadosa” celebrada en 1991 en Zagreb (Croacia). Aquella inolvidable asamblea los fortaleció para las pruebas que se avecinaban. En un tiempo, bosnios, serbios y croatas vivían en paz en Sarajevo, pero de la noche a la mañana, un ejército rodeó la ciudad y todo el mundo, incluidos nuestros hermanos, quedó atrapado. Aunque la situación política era turbulenta, nadie pensó que la lucha duraría tanto.

Halim Curi, anciano de congregación en Sarajevo, escribió lo siguiente en un informe: “La gente se está muriendo de hambre. Solo recibimos algo de harina, 100 gramos [cuatro onzas] de azúcar y medio litro [16 onzas] de aceite al mes. Cualquier terreno disponible en la ciudad se utiliza para plantar vegetales. La gente corta los árboles para hacer leña y, cuando ya no quedan árboles, arranca los pisos de madera de sus apartamentos y los utiliza como combustible para la cocina y la calefacción. Usan cualquier cosa que pueda arder, incluso zapatos viejos”.

Cuando Sarajevo fue sitiada, Ljiljana Ninković y su esposo, Nenad, quedaron atrapados y separados de sus dos hijas. Ljiljana relata: “Éramos una familia normal con dos hijas, un apartamento y un automóvil. De repente, todo cambió”.

Sin embargo, varias veces sintieron la mano protectora de Jehová. “En dos ocasiones —añade Ljiljana—, nuestro apartamento fue bombardeado tan solo unos momentos después de que saliéramos de allí. A pesar de las penalidades, disfrutábamos hasta de las cosas más simples. Por ejemplo, nos alegraba ir al parque y recoger unas cuantas hojas de diente de león para hacer ensalada y así poder comer algo más que arroz. Aprendimos a estar satisfechos con lo que teníamos y a no dar nada por sentado.”

PROVISIONES FÍSICAS Y ESPIRITUALES

Una de las tareas más difíciles era obtener agua. Rara vez había agua corriente en las casas, y, para conseguirla, la gente tenía que caminar hasta cinco kilómetros (tres millas) por zonas que eran objetivo de francotiradores. Las personas tenían que hacer fila durante horas para llenar sus recipientes y luego volver a casa acarreando aquella pesada carga.

“Se nos presentó una prueba cuando escuchamos que habría agua en las casas solo por períodos breves —recuerda Halim Curi—. Así que todo el mundo tendría que aprovechar esos momentos para ducharse, lavar la ropa y almacenar tanta agua como fuera posible. Pero ¿y si llegaba el agua, que tanto necesitábamos, justo a la hora de alguna reunión? Pues tendríamos que escoger entre ir a las reuniones y quedarnos en casa.”

Por muchas necesidades físicas que hubiera, los hermanos comprendían que cuidar su espiritualidad era lo más importante. En las reuniones no solo recibían alimento espiritual, sino también información sobre quién estaba en la cárcel, quién había sido herido o, incluso, asesinado. Milutin Pajić, un anciano de congregación, cuenta: “Éramos como una familia. Al concluir las reuniones, nadie quería irse a casa. Casi siempre nos quedábamos hablando de la verdad durante horas”.

La situación no era fácil, y los hermanos a menudo temían por sus vidas. A pesar de todo, siempre pusieron los intereses espirituales en primer lugar. Mientras que la guerra desgarraba el país, los miembros del pueblo de Jehová se mantuvieron unidos y se acercaron aún más a su Padre celestial. Los niños observaban que sus padres eran leales y se sentían motivados a cultivar su propia lealtad inquebrantable a Jehová.

La ciudad de Bihać, cerca de la frontera con Croacia, pasó casi cuatro años aislada. No estaba permitido salir ni introducir suministros. Osman Šaćirbegović, el único varón bautizado de esta ciudad, relata: “Fue más duro al comienzo de la guerra, y no tanto por la difícil situación, sino porque nos enfrentábamos a algo nuevo, algo que nunca antes habíamos experimentado. Sorprendentemente, la tensión disminuyó cuando empezaron a lanzar proyectiles, pues enseguida nos dimos cuenta de que no todas las granadas eran letales. Algunas ni siquiera explotaban”.

Como nadie podía saber cuánto duraría la guerra, los hogares Betel de Zagreb (Croacia) y de Viena (Austria) coordinaron un sistema para almacenar suministros de ayuda humanitaria en Salones del Reino y casas de hermanos de Sarajevo, Zenica, Tuzla, Mostar, Travnik y Bihać. A medida que continuaban los combates, las ciudades quedaban rodeadas y aisladas de repente. Como las líneas de aprovisionamiento podían cortarse en cualquier momento, era de esperar que las provisiones se acabaran enseguida. A pesar de todo, aunque varias ciudades de Bosnia se vieron separadas del resto del mundo, la hermandad de los testigos de Jehová permaneció unida y muy alejada de las llamas de odio étnico y religioso que arrasaban el país.

ENTUSIASTAS PERO PRUDENTES

Además de las dificultades que suponía cubrir las necesidades diarias, existían diversos peligros, como los francotiradores apostados alrededor de Sarajevo, que disparaban al azar contra inocentes; o los ataques de mortero, que seguían enviando muerte desde los cielos. En las ciudades sitiadas era peligroso andar por las calles. La gente vivía en temor, pero nuestros hermanos equilibraron la sabiduría con el valor y no dejaron de llevar las buenas nuevas a las personas que necesitaban consuelo urgentemente.

Un anciano explica: “Durante uno de los ataques más fuertes contra Sarajevo, explotaron miles de proyectiles en un solo día. Era sábado por la mañana, y los hermanos telefonearon a los ancianos para preguntarles dónde se celebraría la reunión para el servicio del campo”.

“Veía que la gente necesitaba desesperadamente conocer la verdad —cuenta una hermana—. Eso fue lo que me ayudó no solo a soportar las circunstancias difíciles, sino también a conservar el buen ánimo.”

Muchas personas se dieron cuenta de que necesitaban la esperanza bíblica. Un hermano señaló: “La gente nos busca para obtener ayuda espiritual, en vez de que nosotros tengamos que ir a ofrecérsela. Simplemente se presentan en el Salón del Reino y solicitan un curso bíblico”.

Gran parte del éxito de la predicación durante la guerra se debió a la unidad que había entre los Testigos, algo que la gente percibía claramente. Nada Bešker, que ha sido precursora especial durante muchos años, relata: “Muchos observaban que Testigos serbios y bosnios predicaban juntos. Y cuando veían juntas a una hermana croata y a otra que había sido musulmana dando clases de la Biblia a una señora serbia, se daban cuenta de que éramos diferentes”.

Los frutos del esfuerzo de nuestros hermanos perduran hasta el día de hoy, pues muchos que ahora sirven a Jehová aceptaron la verdad durante la guerra. Por ejemplo, la congregación de Bania Luka cuenta en la actualidad con el doble de publicadores que entonces, a pesar de que unos cien se han mudado a otras congregaciones.

UNA FAMILIA FIEL

Aunque nuestros hermanos siempre actuaban con mucha cautela, algunos fueron víctimas del “tiempo y el suceso imprevisto” por hallarse en el lugar equivocado en el momento equivocado (Ecl. 9:11, nota). Božo Ðorem, de origen serbio, se bautizó en la asamblea internacional de Zagreb en 1991. Tras volver a Sarajevo, fue encarcelado varias veces y maltratado por su neutralidad. En 1994 lo sentenciaron a catorce meses de prisión. Su mayor tristeza era no poder estar con su esposa, Hena, y su hija de cinco años, Magdalena.

Poco después de que Božo saliera libre, ocurrió una tragedia. Una tarde tranquila, los tres iban a dar una clase bíblica cerca de su casa. Por el camino, el silencio fue bruscamente interrumpido por la explosión de un proyectil de artillería. Hena y Magdalena murieron en el acto, y Božo falleció al poco tiempo en el hospital.

NEUTRALIDAD CRISTIANA

Como la mayoría de la gente se dejaba llevar por el prejuicio, la tolerancia ante la neutralidad prácticamente no existía. La congregación de Bania Luka se componía sobre todo de hermanos jóvenes a quienes el ejército quería reclutar. Como ellos se mantenían neutrales, recibían palizas.

Osman Šaćirbegović recuerda: “La policía solía interrogarnos y llamarnos cobardes porque, según ellos, no defendíamos a nuestras familias”.

Osman a menudo trataba de razonar con los agentes más o menos así: “Su arma es su protección, ¿verdad?”.

—Por supuesto —contestaban ellos.

—¿La cambiarían por un cañón para protegerse mejor?

—Sí.

—¿Y cambiarían el cañón por un tanque?

—Desde luego.

Entonces Osman decía: “Ustedes harían todo eso para protegerse mejor. Pues mi protección procede de Jehová, el Dios todopoderoso, el Creador del universo. ¿Qué mejor protección puede haber?”. El punto quedaba claro, y los policías lo dejaban tranquilo.

LLEGA LA AYUDA HUMANITARIA

Aunque los Testigos de los países vecinos sabían que sus hermanos de Bosnia estaban sufriendo, durante algún tiempo no pudieron llevarles ayuda. Por fin, en octubre de 1993, las autoridades indicaron que quizás podrían enviarse suministros. A pesar de los peligros, nuestros hermanos decidieron aprovechar al máximo dicha oportunidad. Así, el 26 de octubre salieron de Viena (Austria) cinco camiones cargados con 16 toneladas de alimentos y leña. ¿Cómo atravesarían las muchas zonas de intensos combates?c

Durante el viaje, los hermanos se encontraron en grave peligro en varias ocasiones. Uno de los conductores recuerda: “Cierta mañana me desperté tarde, así que me tocó ir detrás de varios camiones que llevaban ayuda humanitaria. Al llegar a uno de los puestos de control, todos los camiones se detuvieron mientras los oficiales revisaban los documentos. De pronto escuché el sonido de un rifle: un francotirador había alcanzado a uno de los camioneros que no era Testigo”.

Solo se permitía entrar en Sarajevo a los conductores de los camiones, así que los hermanos que los acompañaban tuvieron que esperar a las afueras de la ciudad. Pero como deseaban animar a los hermanos locales, buscaron un teléfono, los llamaron y pronunciaron un discurso público que les dio el ánimo que tanto necesitaban. En muchas ocasiones hubo superintendentes viajantes, betelitas y miembros del Comité del País que arriesgaron su vida para ayudar a los hermanos a sobrevivir tanto en sentido físico como espiritual.

Durante casi cuatro años, no fue posible conseguir que las provisiones llegaran a los hermanos de Bihać. Aunque el alimento físico no logró atravesar las barricadas que aislaban la ciudad, nuestros hermanos sí pudieron recibir algún alimento espiritual. ¿Cómo? Consiguieron una línea telefónica y una máquina de fax, y eso les permitió recibir periódicamente Nuestro Ministerio del Reino y ejemplares de La Atalaya. Luego copiaban varias veces las publicaciones y daban una copia a cada familia. Al comienzo de la guerra, solo había un pequeño grupo compuesto de tres publicadores bautizados y doce publicadores nuevos que, durante dos años, esperaron ansiosamente la ocasión propicia para simbolizar su dedicación a Jehová mediante el bautismo en agua.

Permanecer tantos años aislados fue muy duro. Osman Šaćirbegović relata: “Los estudiantes de la Biblia a los que yo ayudaba nunca habían estado en una asamblea ni habían recibido la visita de un superintendente de circuito. Solíamos hablar del tiempo en que podríamos disfrutar de nuestra hermandad”.

Es fácil imaginarse la alegría de los hermanos cuando dos vehículos identificados con el letrero “Suministros de socorro de los testigos de Jehová” entraron en Bihać el 11 de agosto de 1995. Eran los dos primeros vehículos privados que lograban llevar ayuda a la ciudad desde el comienzo del sitio. Y llegaron justo cuando los hermanos pensaban que ya estaban al límite de su resistencia física y mental.

Los habitantes de Bihać observaron cómo los hermanos cuidaban unos de otros, por ejemplo, reparando ventanas rotas. Osman añade: “Aquello impresionó a mis vecinos, pues sabían que no teníamos dinero. Fue un testimonio tan grande que todavía hablan de eso”. Hoy día, la entusiasta congregación de Bihać cuenta con 34 publicadores y 5 precursores.

UN VIAJE INOLVIDABLE

Nuestros hermanos arriesgaron sus vidas repetidamente para llevar alimentos y publicaciones a las ciudades bosnias destrozadas por la guerra. Pero el viaje del 7 de junio de 1994 sería singular. Por la mañana temprano salió de Zagreb (Croacia) una caravana de tres camiones que llevaban a miembros del Comité del País y a otros hermanos. Su objetivo era entregar provisiones y celebrar un día especial de asamblea abreviado, el primero en tres años.

Uno de los lugares donde se presentó aquel programa fue la ciudad de Tuzla. Al principio de la guerra, la congregación local solo contaba con veinte publicadores bautizados. Fue una gran sorpresa ver a más de doscientas personas reunidas para la asamblea, treinta de las cuales se bautizaron. Actualmente hay tres congregaciones y más de trescientos publicadores en Tuzla.

En Zenica, los hermanos hallaron un buen lugar donde reunirse, pero se les hizo muy difícil conseguir una piscina adecuada para el bautismo. Finalmente, después de mucho buscar, encontraron un barril que podría servir. Solo había un problema: el olor, pues el barril se había utilizado para guardar pescado. Con todo, los candidatos al bautismo, que habían aceptado la invitación de Jesús de convertirse en “pescadores de hombres”, no dieron marcha atrás (Mat. 4:19). Herbert Frenzel, quien hoy día es miembro del Comité de Sucursal de Croacia, pronunció el discurso de bautismo. “Los candidatos habían esperado tanto ese momento que nada iba a detenerlos —cuenta él—. Después del bautismo se sentían como unos auténticos vencedores.” La congregación de Zenica tiene hoy 68 celosos publicadores.

En Sarajevo solo se podía celebrar la asamblea cerca de un cruce de caminos que era objetivo de los francotiradores. Una vez que los hermanos llegaron a salvo a la asamblea, se vieron ante el desafío de encontrar no solo un lugar para el bautismo, sino también una forma de conservar algo indispensable para efectuarlo: el agua. A fin de asegurarse de que quedara suficiente agua para todos los candidatos, los colocaron en fila por tamaño y los bautizaron del más pequeño al más grande.

¡Cuánto disfrutaron de aquel día todos los presentes! No permitieron que ninguno de los espantosos acontecimientos que ocurrían a su alrededor eclipsara la alegría incontenible de adorar a Jehová todos juntos. En la actualidad, Sarajevo cuenta con tres florecientes congregaciones.

LA POSGUERRA

Una vez reabiertas las líneas de aprovisionamiento, la vida se hizo un poco más fácil para los hermanos en algunos aspectos. Sin embargo, continuaron los desalojos provocados por la limpieza étnica. Ivica Arabadžić, un anciano cristiano que sirve en Croacia, recuerda cómo lo echaron de su casa en Bania Luka: “Se presentó un hombre con una pistola diciendo que nos fuéramos, que ahora la casa era suya. Lo habían obligado a salirse de su casa en Šibenik (Croacia) porque era serbio, y ahora él quería echarnos a nosotros. Un oficial de policía que estudiaba la Biblia conmigo acudió en nuestra defensa. Y aunque fue imposible conservar la casa, logramos hacer un trato: nuestra casa por la del serbio. Fue duro dejar nuestro hogar y la congregación que nos había ayudado a aprender la verdad, pero no teníamos elección. Partimos con muy pocas cosas rumbo a nuestra ‘nueva’ casa en Croacia. Sin embargo, cuando llegamos a Šibenik, alguien ya se había instalado en la casa que ahora nos pertenecía. ¿Qué haríamos? Los hermanos nos acogieron inmediatamente, y un anciano de congregación nos permitió vivir en su casa durante un año hasta que se resolvió nuestro problema”.

Aunque la inestabilidad política continúa hasta el día de hoy, la verdad bíblica está floreciendo en Bosnia-Herzegovina, donde casi el cuarenta por ciento de la población profesa la fe musulmana. Cuando la guerra terminó, nuestros hermanos obtuvieron reconocimiento legal, y eso permitió que construyeran nuevos Salones del Reino. Pero uno en particular, ubicado en Bania Luka, es algo más que un lugar de reunión que hacía mucha falta. Representa una victoria legal, pues los hermanos habían fracasado durante años en sus intentos de obtener permiso para construir un salón en esta zona donde la Iglesia Ortodoxa Serbia ejerce gran influencia. Por fin, sus incontables oraciones y esfuerzos habían dado fruto. Dicha victoria establece un precedente legal para futuros Salones del Reino en esa parte de Bosnia-Herzegovina.

La libertad de culto ha abierto el camino para que 32 precursores especiales —muchos procedentes de otros países— ayuden donde hay mayor necesidad. Su celo por la predicación y su obediencia leal a los procedimientos teocráticos han sido una verdadera bendición.

Sarajevo, la ciudad donde nuestros hermanos vivían esquivando los disparos de francotiradores hace tan solo una década, es hoy la pacífica sede de algunas asambleas que acogen a delegados de todas las zonas de la antigua Yugoslavia. Aunque las guerras del siglo pasado devastaron el bello país montañoso de Bosnia-Herzegovina, el pueblo de Jehová mantiene un vínculo cada vez más estrecho de “cariño fraternal sin hipocresía” (1 Ped. 1:22). En la actualidad, las dieciséis congregaciones y los 1.163 publicadores del país alaban unidamente al Dios verdadero, Jehová.

Historia reciente de la obra en Croacia

Después de la asamblea internacional de Zagreb, celebrada en 1991, se cerró repentinamente la frontera entre Croacia y Serbia. El ejército destruyó o cerró con barricadas los principales puentes y carreteras, por lo que muchos asambleístas de la parte oriental de Croacia no pudieron regresar a casa. En una sincera muestra de amor fraterno, muchos Testigos de otras zonas del país se ofrecieron para hospedarlos, a pesar de que ellos mismos tenían muy pocos recursos económicos.

En Zagreb, las sirenas sonaban día y noche avisando de los bombardeos. Las personas corrían hacia los refugios en busca de protección, y algunas permanecían en ellos durante semanas e incluso meses. Debido a la ubicación segura del sótano de Betel, las autoridades lo eligieron como refugio antiaéreo. Esta situación creó excelentes oportunidades para testificar, y quienes se refugiaron allí recibieron algo más que la protección física que buscaban. Por ejemplo, cierto día una de las sirenas empezó a sonar y, como de costumbre, la gente salió corriendo de un tranvía y se metió en el refugio de Betel. El ambiente era muy tenso, así que un anciano que servía en Betel preguntó a los presentes si les gustaría ver unas diapositivas sobre la asamblea internacional que se había celebrado en Zagreb unos meses antes. Todos dijeron que sí y después dieron las gracias por la presentación.

Asistir a las reuniones resultaba sumamente difícil debido a los combates, y por desgracia, algunos Salones del Reino fueron alcanzados por balas y granadas. A pesar de todo, nuestros queridos hermanos apreciaban el alimento espiritual más que nunca y no “abandon[aron] el reunirse” (Heb. 10:25). Por ejemplo, durante seis meses cayeron granadas propulsadas por cohetes sobre la ciudad de Šibenik, lo que impidió reunirse en el Salón del Reino. Uno de los ancianos explica: “Vivíamos en las afueras de la ciudad, así que decidimos reunirnos en mi casa para el estudio de libro y para el Estudio de La Atalaya. A pesar de las circunstancias, seguimos predicando al mismo ritmo tanto en la ciudad como en las aldeas cercanas. Todo el mundo sabía que éramos testigos de Jehová y notaba que éramos diferentes”.

AMOR FRATERNO DURANTE LA GUERRA

Muchos hermanos que perdieron sus hogares buscaron refugio en casa de otros, y las congregaciones estuvieron dispuestas a hacer cualquier cosa necesaria para ayudar. Por ejemplo, en el Salón del Reino de Osijek (Croacia), los hermanos dieron una cordial bienvenida a una familia que poco antes había escapado de Tuzla (Bosnia) en circunstancias muy difíciles. La congregación se alegró de saber que la esposa era una sierva de Jehová.

Las autoridades dieron permiso a dicha familia para mudarse a una casa, pero la vivienda era vieja y se hallaba muy deteriorada. Cuando los hermanos se dieron cuenta de ello, decidieron ayudar. Un hermano llevó una cocina (estufa); otro una ventana; otros una puerta y una cama; algunos aportaron materiales de construcción, y otros llevaron alimentos y leña para combustible. Al día siguiente ya se podía utilizar una de las habitaciones. No obstante, la casa aún no estaba acondicionada para albergar a la familia durante el invierno. Así que la congregación hizo una lista de las cosas que todavía hacían falta, y diferentes publicadores llevaron lo que pudieron. Aunque ellos mismos eran pobres, consiguieron reunir todo lo necesario: desde cucharas hasta materiales para el techo.

Como la guerra continuaba, los alimentos se acabaron rápidamente. Pero la sucursal se esforzó por atender las necesidades espirituales y físicas de nuestros hermanos. Siguiendo las instrucciones del Cuerpo Gobernante, la sucursal se encargó de que se recogiera alimento, ropa, zapatos y suministros médicos. Al principio, la ayuda provenía principalmente de los hermanos del país, pero sus propias dificultades limitaban lo que podían hacer. Mientras tanto, hermanos de Austria, Italia, Alemania y Suiza donaron generosamente ropa y medicinas, además de publicaciones bíblicas. Día y noche llegaban camiones, conducidos por voluntarios que ponían las necesidades de sus hermanos croatas por encima de su propia seguridad. Desde el almacén central, ubicado en Zagreb, se enviaban los suministros a las congregaciones necesitadas.

Los Testigos croatas ya habían recibido ayuda, pero ¿cómo podrían ayudar ellos a su vez a los hermanos bosnios? Camiones con 16 toneladas de alimentos y leña se dirigieron a la frontera con Bosnia. El viaje era peligroso, pues abundaban los ataques de milicias incontroladas. Y encontrarse con ellas podía significar la pérdida de los suministros humanitarios e incluso la muerte de quienes los transportaban.

Un hermano relata: “Viajábamos por terrenos boscosos, cruzando un puesto de control tras otro y, a veces, incluso el frente de batalla. A pesar del peligro, llegamos a salvo a Travnik (Bosnia). Un soldado que supo de nuestra llegada corrió hasta la casa donde estaban reunidos los hermanos y gritó: ‘¡Su gente está aquí con unos camiones!’. Ya podrán imaginarse la alegría que sintieron. Llevamos los alimentos a la casa, les dimos algunas palabras de aliento y nos fuimos enseguida, pues aún teníamos que hacer varias paradas”.

Muchos hermanos escribieron al Betel de Zagreb para agradecer la ayuda recibida. Cierta congregación manifestó lo siguiente: “Muchas gracias por el enorme trabajo que hacen para que podamos recibir regularmente todo el alimento espiritual. Y gracias también por las provisiones que nos enviaron. De verdad se necesitaban. Les agradecemos de todo corazón su esfuerzo e interés amoroso”.

Otra carta decía: “Hay varios hermanos que son refugiados y otros que carecen de ingresos. Cuando recibieron la ayuda y vieron lo abundante que era, se les llenaron los ojos de lágrimas. El gran amor, la generosidad y el altruismo de sus hermanos los impresionaron y animaron muchísimo”.

Durante aquellos años difíciles se hicieron esfuerzos especiales para proporcionar a nuestros hermanos el alimento espiritual que los ayudaría a conservar su fe. Además, se hizo patente que el espíritu de Jehová también los ayudó a resistir aquellas penalidades traumáticas e incluso a crecer en sentido espiritual (Sant. 1:2-4).

UN MENSAJE DE ESPERANZA Y ALIENTO

Aunque las organizaciones humanitarias proporcionaron toda la ayuda material que pudieron, solo los testigos de Jehová brindaron la ayuda que produce alivio duradero. En vez de esperar de brazos cruzados que terminara la guerra, nuestros hermanos hicieron todo lo posible por llevar a otras personas las buenas nuevas del Reino.

En Vukovar, cerca de la frontera con Serbia y escenario de una de las peores devastaciones, la mayoría de la población, incluidos nuestros hermanos, tuvo que huir de la ciudad. No obstante, una hermana llamada Marija se quedó. Los hermanos de Croacia no tuvieron contacto con ella durante cuatro años. Sin embargo, Marija siguió predicando fielmente a las pocas personas que había en la ciudad. ¡Qué gran recompensa recibió por su celo! Podemos imaginar la sorpresa de los hermanos croatas al ver a un grupo de veinte personas de Vukovar presentes en la asamblea de distrito de 1996.

Además, nuestro mensaje de esperanza tiene el poder de cambiar vidas. Al principio de la guerra, un joven soldado ascendió rápidamente en una unidad de élite del ejército croata. En 1994, mientras esperaba un tren, recibió el tratado ¿Quién es, realmente, el gobernante del mundo? Lo leyó de inmediato y aprendió que el responsable de los actos violentos contra el hombre no es Jehová Dios, sino Satanás. Esta verdad causó una honda impresión en él, pues una de las razones por las que se había hecho soldado era vengar los asesinatos de su hermana de 19 años y de otros dos miembros de su familia ocurridos durante la guerra. Aunque había planeado ir al pueblo donde vivían los asesinos, el tratado lo hizo pensar. Empezó a estudiar la Biblia y, después de varios años de esfuerzo, logró cambiar su personalidad y se bautizó en 1997. Finalmente sí fue al pueblo donde vivían los asesinos, pero no a vengarse, sino a llevar con alegría las buenas nuevas del Reino de Dios a la gente que necesitaba aprender sobre la misericordia divina.

El entusiasmo que mostraron los hermanos por la predicación, incluso en medio de los peores conflictos, produjo aumentos emocionantes en Croacia. Entre el principio de la guerra en 1991 y su fin en 1995, la cifra de precursores aumentó 132%, la de estudios bíblicos 63% y la de publicadores 35%. Lo cierto es que los hermanos croatas proclamaron con valor la Palabra de Dios, y Jehová bendijo con creces sus esfuerzos.

PREDICADORES ABNEGADOS

Poco antes de la asamblea internacional de 1991 llegaron al país los primeros misioneros de Galaad, los canadienses Daniel y Helen Nizan. Además, varios matrimonios europeos que habían aprendido el idioma local fueron invitados a servir en Croacia.

Ese fue el caso de Heinz y Elke Polach, de Austria, quienes eran precursores especiales en Dinamarca, en territorios donde había yugoslavos. Esta pareja recibió la invitación para ir a Croacia en 1991. La guerra comenzó cuando acababan de iniciar su servicio como ministros viajantes. El primer circuito que visitaron abarcaba la costa de Dalmacia y algunas partes de Bosnia, lugares afectados por la guerra. Heinz relata: “Entonces resultaba muy difícil hacer las visitas en Bosnia. Era muy peligroso utilizar nuestro automóvil, así que teníamos que depender del sistema de autobuses, que no siempre funcionaba bien. No podíamos llevar mucho, solo algunas maletas y una máquina de escribir.

”Teníamos que ingeniárnoslas. En cierta ocasión, mientras viajábamos de Tuzla a Zenica, los soldados detuvieron nuestro autobús. Nos dijeron que era demasiado peligroso continuar, y todo el mundo tuvo que bajarse. Pero nosotros sabíamos que los hermanos ya nos estaban esperando, así que empezamos a preguntar a los conductores que pasaban si podrían llevarnos. Finalmente, el chofer de un camión cisterna debidamente autorizado para pasar aceptó llevarnos. Por el camino aprovechamos para darle testimonio y nos escuchó con mucha atención.

”Más adelante nos vimos obligados a parar debido a los combates y a utilizar carreteras secundarias. Aquellos caminos estaban en malas condiciones, y la nieve complicaba aún más las cosas. Debíamos detenernos a menudo para ayudar a otros camioneros que se habían quedado atascados. En un momento dado quedamos en medio de un tiroteo y tuvimos que huir de la zona. Conseguimos llegar hasta Vares, a unos 50 kilómetros [30 millas] de nuestro destino, y allí pasamos la noche.

”El conductor durmió en la parte delantera de la cabina, mientras que Elke y yo nos acurrucamos en la parte de atrás tratando de mantenernos calientes. Fue la noche más larga de mi vida. Pese a todo, cuando por fin llegamos a Zenica, al día siguiente, los hermanos se alegraron muchísimo de vernos. El esfuerzo había valido la pena. No tenían agua corriente ni electricidad, pero hicieron todo lo posible por ser hospitalarios con nosotros. A pesar de su pobreza material, eran ricos en sentido espiritual y mostraban un amor inquebrantable hacia la verdad.”

Después de la guerra, unos cincuenta precursores especiales procedentes de Alemania, Austria, Italia y otros países fueron asignados a Croacia. Y la organización de Jehová ha seguido enviando misioneros para proporcionar ayuda y estímulo adicionales. Estos celosos siervos de tiempo completo han sido una bendición tanto en el territorio como en las congregaciones.

“¡NO PUEDO CREER QUE HAYA VIVIDO PARA VER ESTE DÍA!”

Hasta finales de la década de 1980 hubo una edición mensual de La Atalaya traducida del alemán al croata por hermanos que vivían fuera de Betel. A partir de 1991, un grupo de betelitas se encargó de la traducción. Con el tiempo, el Cuerpo Gobernante aprobó que se comenzara a preparar la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras en croata. Hasta entonces se había utilizado una traducción bíblica de 150 años de antigüedad con lenguaje anticuado y muchas expresiones poco conocidas. El equipo de traducción al croata puso manos a la obra en estrecha colaboración con los equipos serbio y macedonio. Todos se beneficiaron del trabajo y las aportaciones de los demás.

El viernes 23 de julio de 1999 es un día que los testigos de Jehová de Croacia, Bosnia-Herzegovina, Montenegro, Serbia y Macedonia recordarán durante mucho tiempo. En las cuatro asambleas de distrito “La palabra profética de Dios” se presentó la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas en serbio y también en croata, y se informó al auditorio que la traducción al macedonio iba a buen paso. El aplauso que resonó durante algunos minutos impidió que los oradores siguieran hablando. La alegría era tal que muchos de los presentes no fueron capaces de reprimir las lágrimas. “¡No puedo creer que haya vivido para ver este día!”, dijo un anciano de congregación con muchos años de experiencia. La Biblia completa se presentó en estos tres idiomas en 2006.

Hasta 1996, un Comité del País, bajo la supervisión de la sucursal de Austria, se ocupó de las actividades de los testigos de Jehová en Croacia y Bosnia-Herzegovina. Ese año se nombró un Comité de Sucursal, compuesto de cuatro miembros, para supervisar la predicación en dichos territorios, y la bendición de Jehová ha sido evidente.

NUEVA SUCURSAL Y NUEVOS SALONES DEL REINO

Como en todas partes, la familia Betel de Zagreb (Croacia) notó los efectos del aumento teocrático. Esta familia de diez miembros pronto pasó a tener 50. Puesto que el Hogar Betel estaba diseñado para albergar a solo cuatro o cinco matrimonios, hubo que alquilar habitaciones cerca de allí.

Poco después de que se formara el Comité de Sucursal, el Cuerpo Gobernante le dio instrucciones de adquirir el terreno para un nuevo Hogar Betel en Zagreb. Voluntarios locales y siervos internacionales construyeron en poco tiempo unas hermosas instalaciones que servirían para seguir dando adelanto a los intereses del Reino por muchos años. La nueva sucursal, incluido su salón, así como un Salón del Reino doble ubicado en el centro de Zagreb, se dedicaron el sábado 23 de octubre de 1999. Asistieron representantes de quince países, entre ellos Gerrit Lösch, del Cuerpo Gobernante, que pronunció el discurso de dedicación. Al día siguiente, 4.886 personas se reunieron en un palacio de deportes para disfrutar de otro programa espiritual. Fue un día inolvidable para el pueblo de Jehová de Croacia, especialmente para quienes habían servido a Jehová con fidelidad por más de cincuenta años en una de las épocas más terribles de la historia moderna.

Por otra parte, se ha estado llevando a cabo un extenso programa de construcción de Salones del Reino. Hasta 1990, muchas congregaciones se reunían en sótanos o en apartamentos. Por ejemplo, una congregación de Split se reunió durante veinte años en una pequeña habitación de una casa particular. Solo tenían 50 sillas, pero en ocasiones había más de cien asistentes, lo que obligaba a muchos a permanecer de pie afuera. Las asambleas de circuito y distrito se celebraban en el mismo lugar, con una asistencia de 150 o más. En la actualidad hay cuatro congregaciones en Split, que utilizan dos hermosos Salones del Reino. Como resultado del aumento en el número de publicadores, ahora las asambleas se celebran en el salón de conferencias de un hotel. Por su parte, la Sección de Construcción de Salones del Reino, bajo la supervisión de la Oficina Regional de Salones del Reino de Selters (Alemania), sigue organizando la construcción de salones atractivos y prácticos.

Tanto los jóvenes como los mayores que se han hecho disponibles para construir Salones del Reino han efectuado un gran trabajo. Hasta la fecha se han construido veinticinco Salones del Reino y se han renovado otros siete. Todo esto ha traído alabanza al nombre de Jehová y ha contribuido al aumento de la obra del Reino.

UN GRAN IMPULSO A LA OBRA DEL REINO

Cuando Croacia obtuvo la independencia en 1991, su administración conservó las leyes religiosas anteriores hasta que se pudieran emitir otras. El Estado recién formado era católico en un 90%, de ahí que el clero ejerciera mucha influencia sobre el gobierno. No obstante, debido a la situación legal de los testigos de Jehová en el pasado y a su impecable reputación, el Ministerio de Justicia decretó el 13 de octubre de 2003 que quedaran registrados como comunidad religiosa en Croacia. Así, después de años de penalidades, los siervos de Jehová tuvieron la gran alegría de ser reconocidos legalmente en ese país.

A principios de la década de 1990, solo se celebraba una Escuela del Servicio de Precursor al año para todos los países de la anterior Yugoslavia; pero en la actualidad se realizan varias clases tan solo en Croacia. Para septiembre de 2008 había 5.451 publicadores organizados en 69 congregaciones. Y a la Conmemoración asistieron 9.728 personas, algo emocionante. Se ve que hay muchísimas posibilidades de aumento.

Aunque la intolerancia religiosa está generalizada y las presiones de la vida diaria aumentan, todos los siervos de Jehová de esta región están más decididos que nunca a seguir predicando las buenas nuevas del Reino de Dios sin importar lo que Satanás, en su enojo, pueda hacer (Rev. 12:12). Para la mayoría de la gente, la lucha diaria por ganarse el sustento se ha convertido en lo más importante. Con todo, hay quienes suspiran por las deplorables condiciones morales del mundo y reconocen que tienen hambre espiritual (Eze. 9:3, 4; Mat. 5:6). Se está encontrando a estas personas y ayudándolas a conocer al único Dios verdadero. Así, ellas también podrán decir: “Vengan, y subamos a la montaña de Jehová, a la casa del Dios de Jacob; y él nos instruirá acerca de sus caminos, y ciertamente andaremos en sus sendas” (Isa. 2:3).

Historia reciente de la obra en Macedonia

“Pasa a Macedonia y ayúdanos”, le dijo allá en el primer siglo al apóstol Pablo un hombre que se le apareció en una visión (Hech. 16:8-10). Seguros de que Dios los estaba enviando a declarar las buenas nuevas en aquel territorio virgen, sus compañeros y él aceptaron con gusto la invitación, y el cristianismo no tardó en florecer en la zona. Pues bien, en la Macedonia actual —un pequeño país al norte de la histórica región— se ha observado un crecimiento similar de la adoración verdadera.

Después de la segunda guerra mundial, Macedonia se convirtió en la república más meridional de Yugoslavia. Consiguió su independencia en 1991, y dos años más tarde, en 1993, los testigos de Jehová se alegraron de recibir el reconocimiento oficial de parte del nuevo estado. Gracias a ello se pudo abrir una oficina en Macedonia dependiente del Comité de Sucursal de Austria. Así, en 1993 se compró una casa en la calle Alžirska de la ciudad de Skopie, y el equipo de traducción al macedonio se mudó desde Zagreb, la capital de Croacia, a la casa recién adquirida.

Michael y Dina Schieben vinieron de Alemania para servir en la obra de circuito, y Daniel y Helen Nizan, canadienses asignados a Serbia, fueron enviados a Macedonia. Se formó un Comité del País, y Betel comenzó a funcionar.

RESTRICCIONES A NUESTRAS PUBLICACIONES

Aunque a los testigos de Jehová se les había reconocido oficialmente, les resultaba difícil importar publicaciones. Desde 1994 hasta 1998, el gobierno solo permitió que se introdujera al país una revista por publicador. En consecuencia, los hermanos tenían que hacer copias de los artículos de estudio de La Atalaya para sus estudiantes de la Biblia. Por otra parte, también recibían revistas que algunos enviaban por correo desde otros países, y a quienes visitaban Macedonia se les permitía traer consigo una pequeña cantidad. Con el tiempo, tras años de batallas legales, el Tribunal Supremo falló en favor de los Testigos, y a partir de ese momento se les autorizó a importar todas las publicaciones que quisieran.

En agosto de 2000 se superó por primera vez la cota de los 1.000 proclamadores del Reino, con un máximo de 1.024. Al distribuirse más publicaciones en macedonio y aumentar el número de publicadores, la casa de la calle Alžirska se quedó pequeña para cubrir las necesidades de la creciente familia Betel. Por eso, en 2001 se adquirieron tres pequeñas casas vecinas que fueron derrumbadas a fin de construir dos edificios. Actualmente, la familia Betel de Macedonia consta de 34 miembros que trabajan en tres edificios bien equipados. Todos ellos se alegraron mucho de recibir al hermano Guy Pierce, miembro del Cuerpo Gobernante, para el programa de dedicación que tuvo lugar el 17 de mayo de 2003.

CONSTRUCCIÓN DE SALONES DEL REINO

Los hermanos de toda Macedonia han agradecido muchísimo el programa de construcción de Salones del Reino para países con recursos limitados. En 2001 se formó un equipo de construcción de cinco hermanos que apoyarían a las congregaciones, y para 2007 se habían construido nueve Salones del Reino. Los miembros de este equipo proceden de varias naciones y han dado un excelente testimonio al trabajar en paz y unidad, sin ningún prejuicio étnico. Un comerciante que visitó un Salón del Reino ya terminado dijo al observar la alta calidad de los trabajos: “Verdaderamente, este edificio se ha construido por amor”.

Un vecino de la ciudad de Štip dudaba de que el Salón del Reino que allí se estaba construyendo pudiera llevarse a buen término, pues se dejó engañar por la aparente inexperiencia y juventud de los miembros del grupo de construcción. Sin embargo, cuando el edificio se terminó, les llevó los planos de su futura casa y les suplicó que se la construyeran. Estaba tan impresionado por la calidad del trabajo que hasta les ofreció pagarles generosamente, y se quedó atónito cuando los hermanos le dijeron que no habían construido el Salón del Reino por dinero, sino por amor a Dios y al prójimo.

TRADUCCIÓN DEL NUEVO MUNDO

Mientras tanto, otro pequeño grupo de hombres y mujeres devotos llevaba a cabo una labor diferente: la de traducir al macedonio la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras. Jehová bendijo su ardua labor, pues en solo cinco años tradujeron la Biblia completa. Los asistentes a la Asamblea de Distrito “¡Nuestra liberación se acerca!” que se celebró en Skopie en 2006 no cabían en sí de gozo cuando Gerrit Lösch, miembro del Cuerpo Gobernante, presentó esta magnífica traducción de la Biblia. Todos prorrumpieron en un prolongado aplauso, y muchos no pudieron contener las lágrimas. Hubo quienes obtuvieron su ejemplar durante la pausa para el almuerzo e inmediatamente se sentaron a leer esta sobresaliente versión de la Palabra de Dios en su lengua materna.

Muchos macedonios sienten un profundo respeto por la Biblia. Orhan, por ejemplo, comenzó a estudiarla hace seis años. Era analfabeto, pero aprendió a leer y escribir con la ayuda del hermano que le impartía el estudio. Pues bien, desde que se bautizó hace tres años, ¡ya ha leído seis veces la Biblia!

Por algún tiempo, Orhan fue el único Testigo en la ciudad de Resen. Sin embargo, muchas personas expresaron su admiración por este hombre que había sido analfabeto, y algunos padres pidieron a los hermanos que dirigieran estudios a sus hijos para que estos llegaran a ser como Orhan. El interés por la verdad creció, y con el tiempo se estableció un Estudio de Libro de Congregación semanal. Uno de los nuevos estudiantes ahora es publicador no bautizado, y Orhan ya es precursor regular y siervo ministerial.

PASAN A MACEDONIA

En julio de 2004, una pareja de precursores especiales de Albania llegó a Macedonia para predicar a los hablantes de albanés, que constituyen el 25% de la población. Pronto se hizo patente que la pareja necesitaba ayuda, pues tenían que atender solos a más de medio millón de personas. Por tanto, al año siguiente se envió una segunda pareja desde Albania, y los cuatro precursores especiales comenzaron a animar al pequeño grupo de siete personas interesadas que había en la cuidad de Kičevo, en el seno de la comunidad albanesa de Macedonia. Desde entonces, el grupo ha crecido hasta tener diecisiete celosos publicadores y una asistencia a las reuniones de treinta o más.

Con el objetivo de abarcar todo el territorio de Macedonia, el Cuerpo Gobernante aprobó una campaña especial que se llevó a cabo de abril a julio de 2007. La idea era llegar a zonas que nunca se habían predicado y difundir las buenas nuevas entre la población de habla albanesa.

Llenos de ilusión, 337 hermanos de siete países se ofrecieron para colaborar en la campaña. Como resultado, las buenas nuevas se predicaron en más de doscientas zonas de toda Macedonia con una población total de unos cuatrocientos mil habitantes, la mayoría de los cuales nunca había oído el mensaje del Reino. Durante los cuatro meses que duró la campaña, se distribuyeron más de veinticinco mil libros y folletos y bastante más de cuarenta mil revistas. Asimismo, se dedicaron unas veinticinco mil horas al ministerio y se comenzaron más de doscientos estudios bíblicos.

Un hermano recuerda: “Hubo quienes no pudieron contener las lágrimas: unos, al oír desde dónde habíamos venido y qué nos motivaba a visitarlos; otros, al sentirse conmovidos por lo que leían en la Palabra de Dios”.

Muchos publicadores que apoyaron la campaña expresaron también su sincera gratitud. Cierta hermana escribió: “Un profesor nos dijo: ‘Que Dios los bendiga. Es fantástico lo que están haciendo. No se imaginan cuánto me animan las cosas que dicen’”.

Otro publicador comentó: “Era como tener nuestro propio territorio misional. No fue fácil volver a casa. Nos dábamos cuenta de cuánto necesitaba la gente la verdad, y fue triste decirles adiós a nuestros estudiantes de la Biblia”.

Por su parte, una pareja se lamentó: “¡Qué pena no haber tenido más días de vacaciones, porque ahora vemos la gran necesidad que hay!”.

Resumiendo los sentimientos de muchos, un publicador afirmó: “Que yo recuerde, nuestra familia nunca lo había pasado tan bien”.

En las montañas cercanas a la ciudad de Tetovo, un grupo de publicadores predicó en un pueblo donde jamás se había oído el mensaje del Reino. Dos de ellos se pusieron a predicar en la acera izquierda de una calle, y otros dos en la derecha. Después de haber predicado en apenas tres casas, toda la calle ya sabía que los testigos de Jehová los estaban visitando. La voz se corrió por todo el pueblo y un grupo grande de mujeres se congregó en torno a las hermanas, mientras que, un poco más abajo, otro grupo de dieciséis hombres esperaba ansioso a los hermanos. Enseguida, los vecinos sacaron cuatro sillas para los publicadores, y un hombre hasta les preparó café. Todos se quedaron con publicaciones, y los hermanos hicieron buen uso de la Biblia para transmitir la verdad a la multitud reunida.

Muchos hicieron preguntas, y todos escucharon con atención. Al final de la visita, un gran número quiso despedirse personalmente de los hermanos. Estos, sin embargo, se asustaron al ver que una señora mayor iba hacia ellos sosteniendo en alto su bastón. “¡Les voy a dar con esto!”, exclamó señalándolos con el garrote. ¿Qué habían hecho los publicadores para ofenderla tanto? “¡A todos les han dado un libro menos a mí!” Entonces, señalando el libro Historias bíblicas que su vecino acababa de obtener, les exigió: “¡Quiero ese amarillo grande!”. Sin demorarse ni un instante, los hermanos le entregaron el último ejemplar que les quedaba.

SE PREDICA A LOS ROMANÍES

En Macedonia hay muchos romaníes que hablan macedonio, pero cuya lengua materna es una mezcla oral de varios dialectos romaníes. Se dice que la capital, Skopie, alberga el mayor barrio romaní de toda Europa, con unos treinta mil habitantes. Un complejo de dos Salones del Reino situado en la zona llamada Šuto Orizari acoge a las tres congregaciones romaníes de los alrededores. Los doscientos publicadores disfrutan de un territorio muy productivo, con una proporción de 1 publicador por cada 150 habitantes, una de las más altas del país. Una prueba de la respuesta favorable de los romaníes es que a la Conmemoración de 2008 asistieron nada menos que 708 personas.

¿Qué se está haciendo para que los romaníes humildes y sedientos de la verdad aprendan el propósito divino en su lengua materna? El bosquejo del discurso especial de 2007 se tradujo al romaní, y un anciano de ese grupo étnico pronunció el discurso ante un atento auditorio de 506 personas. En la asamblea de distrito de 2007, los publicadores de todas las procedencias —romaní, macedonia y albanesa— rebosaban de alegría tras presentarse el folleto ¿Qué exige Dios de nosotros? en romaní. Hasta entonces, los publicadores romaníes dirigían los estudios bíblicos en su propio idioma, pero empleando publicaciones en macedonio. Sin embargo, ahora están teniendo mucho éxito al usar el folleto Exige en romaní para llegar al corazón de gente sincera.

Los 1.277 publicadores de las 21 congregaciones que actualmente hay en Macedonia se esfuerzan por seguir el ejemplo que el apóstol Pablo puso en el siglo primero. Y la respuesta positiva de multitud de macedonios que buscan la verdad justifica la campaña moderna de ‘pasar a Macedonia’.

Historia reciente de la obra en Serbia

Serbia, situada en el corazón de los Balcanes, es un país donde confluyen diversas culturas y nacionalidades. Fue allí, en la ciudad de Belgrado, donde en 1935 se construyó una sucursal para atender los territorios que en aquel entonces integraban Yugoslavia, lo que resultó en un emocionante aumento teocrático. ¿Cómo han ayudado en tiempos recientes los hermanos de Serbia a los países recién formados en la región?

Mientras que varias fronteras se cerraban y el odio racial aumentaba, hermanos de diversas nacionalidades trabajaban juntos en paz en la oficina de Zagreb (Croacia). Finalmente, debido al prejuicio racial y nacional que había fuera de Betel, los hermanos serbios se vieron obligados a marcharse. En 1992, las publicaciones se volvieron a traducir al serbio en Belgrado (Serbia), como se hacía casi cincuenta años atrás. Esta medida resultó muy sensata y oportuna.

En Bosnia, donde se estaban produciendo duros enfrentamientos, había una gran necesidad de ayuda humanitaria. La sucursal de Austria amorosamente había organizado un envío de suministros de socorro, y los hermanos de Serbia estaban en la mejor posición para entregarlo en las zonas de Bosnia controladas por los serbios.

Aunque no había enfrentamientos en Serbia, los efectos de la guerra sí se dejaban sentir. Un embargo económico dificultaba recibir las publicaciones desde Alemania, donde se imprimían. Los hermanos estudiaban los mismos artículos hasta que llegaran las revistas nuevas. A fin de cuentas, no se perdieron ningún número.

“UN SOCORRO FORTALECEDOR”

“Cuando llegamos a Serbia en 1991 —explica Daniel Nizan, graduado de Galaad—, había mucha agitación política en el país. Nos impresionó el entusiasmo que mostraban los hermanos a pesar de la situación crítica que los rodeaba. Recuerdo lo mucho que nos sorprendió ver a unos cincuenta nuevos presentarse para el bautismo en el primer día especial de asamblea al que mi esposa y yo asistimos. Aquello nos fortaleció de verdad.”

Los Nizan fueron de gran ayuda para establecer la nueva sucursal de Belgrado. La primera oficina, con espacio para diez personas, se hallaba en la calle Milorada Mitrovića. En el piso inferior había también un Salón del Reino. No obstante, a medida que crecía el equipo de traducción, hacía falta más espacio. Con el tiempo se encontró un terreno y, a finales de 1995, se terminó la construcción del nuevo Betel.

Los tiempos cada vez más difíciles hicieron que más gente respondiera a la verdad, y según crecía el número de publicadores, también aumentaba la necesidad de supervisión amorosa. Esta necesidad quedó satisfecha en parte gracias a algunos precursores especiales procedentes de Italia; eran siervos de tiempo completo dedicados, llenos de energía y muy abnegados. Aunque no era fácil aprender otro idioma y adaptarse a una cultura desconocida en medio de la guerra, ellos se convirtieron en “un socorro fortalecedor” para nuestros hermanos de Serbia (Col. 4:11).

Los precursores extranjeros ayudaron de muchas formas, pero lo más importante fue que, como dijo el coordinador del Comité del País, Rainer Scholz, “trajeron consigo experiencia teocrática”. Hoy, 55 congregaciones de Serbia agradecen la cooperación de los 70 precursores especiales.

EL IMPACTO DE LA HIPERINFLACIÓN

Serbia no pudo evitar los nefastos efectos de la guerra en sentido económico, en especial la inflación. Una fuente indica: “La inflación acumulada en ciento dieciséis días —entre octubre de 1993 y enero de 1994—, ascendió a 500 billones por ciento”. Mira Blagojević, que sirve en Betel desde 1982, recuerda que para comprar unos cuantos vegetales, debía llevar una bolsa llena de dinero al mercado.

Otra hermana, Gordana Siriški, explica que cuando su madre cobraba la pensión mensual, aquel dinero solo alcanzaba para comprar un rollo de papel higiénico. Gordana hace la siguiente reflexión: “Resulta muy difícil comprender cómo pudo sobrevivir la gente cuando todo lo que tenían perdió su valor de repente. Nosotros, gracias a la hermandad mundial, recibimos suministros de socorro del extranjero. Muchas personas que habían dejado de confiar en los bancos y en el gobierno empezaron a cifrar su confianza en Dios, y los hermanos también se unieron más entre sí”.

TRADUCCIÓN DE LA BIBLIA

Los equipos de traducción de Yugoslavia trabajaron juntos durante años en un solo lugar, Zagreb (Croacia). Después de la guerra, cada grupo de traducción se trasladó a su respectivo país, aunque se mantuvo en contacto con el equipo de traducción de Zagreb. Esto resultó particularmente útil cuando el equipo serbio comenzó a trabajar en la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas. La meta era presentarla en la asamblea de distrito de 1999.

Ahora bien, mientras se completaba la traducción, el país se estaba preparando para la guerra. Los bombardeos perjudicarían las comunicaciones telefónicas, y eso dificultaría el envío de los documentos electrónicos de Belgrado a la imprenta en Alemania. De modo que el martes 23 de marzo, ante la inminencia de ataques aéreos, los hermanos trabajaron toda la noche. A primera hora de la mañana siguiente ya habían terminado de enviar los archivos. Algunas horas después comenzó el bombardeo, y los miembros del equipo de traducción huyeron al refugio; a pesar de eso, se sentían muy contentos de haber logrado su objetivo. Su alegría fue aún mayor cuatro meses después cuando se presentó la Biblia en la asamblea de Belgrado. Durante los bombardeos y los muchos cortes de luz, los hermanos siguieron traduciendo otras publicaciones. A pesar de que fueron tiempos muy estresantes, pues a menudo tenían que interrumpir sus labores y correr hacia una zona más segura, estaban felices de participar en la preparación del alimento espiritual que tanta falta hacía.

Con mucho esfuerzo y gracias a la bendición de Jehová, fue posible presentar la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas en serbio en la asamblea de distrito celebrada en julio de 1999. Los asistentes rebosaban de alegría y agradecimiento por contar con esta versión en su propio idioma. Posteriormente, en las asambleas del año 2006, salió a la luz la Traducción del Nuevo Mundo completa en serbio, tanto en el alfabeto cirílico como en el latino.

AUMENTA LA OPOSICIÓN RELIGIOSA

Como la Iglesia Ortodoxa Serbia es la religión dominante en el país, mucha gente piensa que ser serbio es equivalente a ser ortodoxo. Piensan que una persona no se puede considerar serbia si no pertenece a la Iglesia Ortodoxa. A pesar de ello, durante la década de 1990, muchas personas aceptaron nuestro mensaje bíblico de esperanza. Cuando terminó la guerra en 1999, la cifra de publicadores casi se había duplicado, con un máximo de 4.026.

Esta prosperidad espiritual provocó la ira de la Iglesia, que intentó detener la predicación atizando el fuego del nacionalismo. Con descarada violencia y manipulación de la ley, los opositores trataron de desmoralizar a nuestros hermanos. Por ejemplo, todavía había veintiún siervos de Jehová encarcelados por su neutralidad. Felizmente, la mayoría fueron liberados poco después de la guerra, agradecidos de que Jehová hubiera fortalecido su fe durante aquella prueba.

El 9 de abril de 2001, el Ministerio Federal de Asuntos Internos prohibió repentinamente la importación de nuestras publicaciones. ¿Cuál fue el motivo? Afirmaban que estas tendrían una influencia negativa en la juventud. En la lista de publicaciones prohibidas figuraba incluso la Biblia.

Debido a las noticias negativas que aparecían en la televisión y en los periódicos, algunas personas reaccionaban con violencia cuando se visitaban sus hogares. Un precursor especial cuenta: “Cuando predicábamos de casa en casa, la gente nos daba puñetazos o bofetadas; a veces también nos lanzaban piedras”. Algunos Salones del Reino fueron atacados. En la actualidad, nuestros hermanos de Serbia se pueden reunir por ley, pero deben ser discretos.

También siguen predicando con entusiasmo y demostrando que el pueblo de Jehová, lejos de tener prejuicios, manifiesta verdadero amor cristiano. En los últimos años se han organizado campañas muy productivas en territorios no asignados de Serbia y Montenegro, en las que han participado hermanos de otros países europeos utilizando sus días de vacaciones. Aun así, queda mucho por hacer para llegar a los casi tres millones de personas que viven en estas áreas.

En la actualidad, el Betel de Belgrado es un hermoso complejo de tres edificios rodeados de jardines. El Comité del País, que se compone de tres miembros, supervisa la obra tanto en Serbia como en Montenegro. Gracias a la bendición de Jehová, al mencionar el nombre de Serbia pensamos, no en la devastación que produjo la guerra, sino en el entusiasmo y la determinación que manifiestan los Testigos de ese país.

Historia reciente de la obra en Kosovo

La tensión que había entre las comunidades serbias y albanesas de Kosovo durante la década de 1980 se transformó en guerra en los años noventa, provocando mucho dolor y sufrimiento. Esta situación dio a nuestros hermanos la oportunidad de mostrar “cariño fraternal sin hipocresía” a sus compañeros de creencia de todas las etnias y obediencia al mandato de Cristo de seguir “amando a sus enemigos y orando por los que los persiguen” (1 Ped. 1:22; Mat. 5:43-48). No obstante, en ocasiones no ha resultado fácil hacerlo.

“Los musulmanes no siempre reciben bien a los Testigos que antes profesaban el Islam —explica Saliu Abazi, un hermano de origen musulmán que habla albanés—. Nuestros familiares creen equivocadamente que les hemos dado la espalda por causa de nuestra nueva religión. Además, debido a las tensiones étnicas, no es fácil para los Testigos que han sido musulmanes predicarles a los serbios.”

Durante aquellos años, un grupo de treinta personas de distinto origen étnico se reunía en casa de Saliu. Él recuerda: “Las reuniones se celebraban en serbio y recibíamos nuestras publicaciones desde Belgrado. Un día, la policía se presentó inesperadamente en mi casa. Los hermanos de Belgrado acababan de entregarnos las publicaciones, y estábamos todos juntos. Cuando les dije a los agentes que aquellos eran mis hermanos, no podían entender cómo era posible que serbios y albaneses fueran hermanos”. En 1998, este grupo de publicadores consiguió alquilar un local para usarlo como Salón del Reino en Priština, la ciudad más grande de Kosovo.

En la primavera de 1999, el nacionalismo y las tensiones étnicas se intensificaron de forma alarmante. Saliu cuenta: “Mi vecino nos amenazó a mi hijo y a mí diciendo que si no participábamos en la guerra, quemarían nuestra casa. El clima político tuvo una influencia terrible en la población, pues, como nadie reconocía al gobierno serbio, no se respetaban las leyes; la gente se volvió violenta y hacía lo que quería”.

A medida que la situación política se deterioraba, las circunstancias de los serbios que vivían en Kosovo se volvieron cada vez más difíciles. Durante el conflicto de 1999, miles de serbios y albaneses se vieron obligados a huir a países vecinos. No obstante, aun en ese ambiente de extrema violencia étnica, Saliu arriesgó su vida al permitir que hermanos serbios se refugiaran en su hogar.

ADOPTARON EL MODO DE PENSAR DE JEHOVÁ

“El odio entre serbios y albaneses era intenso —explica una hermana—. Era algo que aprendíamos desde niños. Incluso después de conocer la verdad, esos sentimientos eran difíciles de erradicar. Muchos tuvimos que hacer grandes cambios para adoptar el modo de pensar de Jehová. Por ejemplo, yo había aprendido que Dios es amor. Pero debido al odio que aún sentía, evitaba a una hermana de la congregación tan solo porque era serbia. No obstante, al seguir estudiando comprendí que, a diferencia de las enseñanzas de otras religiones, la verdad de la Palabra de Dios une a la gente.” ¿Ha ayudado el poder transformador de la Biblia a esta hermana a vestirse de la nueva personalidad cristiana? Ella responde: “Ahora me alegro de servir junto a mis hermanos serbios en la misma congregación” (Col. 3:7-11; Heb. 4:12).

En este mundo dividido en sentido religioso, la verdadera unidad cristiana llama la atención. En julio de 1998, mientras la gente quemaba casas y lanzaba granadas de mano motivada por el nacionalismo, nuestros hermanos viajaban rumbo a Belgrado (Serbia) para una asamblea. Albaneses, croatas, macedonios y romaníes compartían el mismo autobús. Dashurie Gashi, que se iba a bautizar en aquella asamblea, relata: “Cuando los soldados detuvieron el autobús y vieron quiénes estábamos a bordo, se quedaron estupefactos. En medio de tanta tensión, nosotros estábamos unidos como un solo pueblo, el pueblo de Jehová”.

Una mujer romaní que aprendió la verdad de niña por medio de unas tías que vivían en el extranjero tuvo que vencer varios obstáculos para progresar en sentido espiritual. Para empezar, era analfabeta. No obstante, durante los tres años que estuvo estudiando la Biblia, su amor por Jehová la motivó a aprender a leer y escribir. El segundo obstáculo fue su abuelo, con quien vivía. Ella cuenta: “Solía salir a escondidas para ir a las reuniones, pero al volver, mi abuelo me pegaba. Sufría por causa de la verdad, pero no estaba dispuesta a rendirme. Pensaba en lo mucho que tuvo que aguantar el fiel Job. Mi amor por Jehová era fuerte, y estaba decidida a no dejar de estudiar”. En la actualidad es precursora e imparte clases bíblicas a dos muchachas analfabetas. Aunque de niña nunca fue a la escuela, se siente agradecida por la preparación que ha recibido en la Escuela del Ministerio Teocrático.

Antes de conocer la verdad bíblica en Alemania en 1993, Adem Grajçevci era musulmán. En 1999 volvió a Kosovo, su tierra natal, y, como muchos otros Testigos, tuvo que superar la oposición y los prejuicios de su familia. Él recuerda: “Cuando estaba aprendiendo la verdad, me ayudó mucho saber que Satanás es el gobernante de este mundo y el responsable de todas las atrocidades que vemos”. El padre de Adem no estaba nada contento con la nueva fe cristiana de su hijo y le pidió que escogiera entre Jehová y su familia. Adem escogió a Jehová, siguió progresando y en la actualidad es anciano de congregación. Felizmente, su padre se ha hecho más tolerante con los años y ahora lo respeta más.

Adnan, el hijo de Adem, no mostraba el más mínimo interés en la religión durante su juventud. Le encantaban las artes marciales y los muchachos con los que competía lo apodaban el Asesino. Pero cuando la verdad finalmente le llegó al corazón, dejó todo, progresó rápidamente y se bautizó. “Poco después de bautizarme —dice—, tuve que tomar una decisión. Tenía un buen trabajo y me iba bien económicamente. Pero mi espiritualidad estaba sufriendo, y tenía poco tiempo para el ministerio. Decidí que era el momento de cambiar, así que dejé mi trabajo.” Adnan comenzó el precursorado, fue nombrado siervo ministerial y más tarde se le invitó a la primera clase de la Escuela de Entrenamiento Ministerial celebrada en Albania. En la actualidad es anciano y precursor especial junto con su esposa, Hedije. ¿Qué piensa de la decisión que tomó? “No podría sentirme más feliz —responde—. No me arrepiento de haber escogido el ministerio de tiempo completo.”

UNIDOS POR NUESTRA ADORACIÓN Y ENSEÑANZAS

En la actualidad, ninguna de las seis congregaciones de Kosovo tiene un Salón del Reino propio, sino que se reúnen en locales alquilados. Algunas congregaciones son muy pequeñas, como la de la ciudad de Peć, que tiene veintiocho publicadores. Y como no hay suficientes varones capacitados, en algunas congregaciones no se puede presentar el discurso público todas las semanas. A pesar de ello, todas se reúnen fielmente cada semana para el estudio de La Atalaya y las demás reuniones.

El Comité del País de Serbia se ocupó con amor de los Testigos kosovares durante tiempos extremadamente difíciles. Pero como las necesidades han ido cambiando, en el año 2000 el Cuerpo Gobernante puso a la sucursal de Albania a cargo de la predicación en Kosovo.

Hasta hace poco, la mayoría de los testigos de Jehová de Kosovo eran serbios, por lo cual las reuniones se celebraban en serbio y se ayudaba a los hermanos de habla albanesa a entender el programa. Ahora sucede lo contrario: la mayoría de los hermanos son albaneses, y los que reciben ayuda para entender las reuniones son los serbios. Solo hay una congregación de habla serbia. Aun así, todas las asambleas se celebran en ambos idiomas. Por ejemplo, en 2008, los discursos de la asamblea de distrito se presentaron en albanés y se interpretaron al serbio. Además, algunos ancianos de Kosovo presentaron los discursos más importantes en serbio. Un hermano comenta: “Por mucho odio que se tenga la gente allá afuera, los que nos reunimos aquí somos una gran familia”.

Aunque la mayoría de los habitantes de Kosovo son musulmanes, respetan la Biblia, y muchos están dispuestos a hablar de religión. Los hermanos kosovares se alegraron de poder alcanzar un nuevo máximo de 164 publicadores en 2008. Con plena confianza en Jehová, están decididos a seguir esforzándose por abarcar su territorio y llevar las buenas nuevas a toda clase de personas.

Historia reciente de la obra en Montenegro

Anidada entre Albania, Kosovo, Serbia y Bosnia-Herzegovina yace una hermosa perla del Mediterráneo: Montenegro, tierra de indescriptible belleza y diversidad bañada por el mar Adriático. El país cuenta con 293 kilómetros (182 millas) de costa. El cañón del río Tara es uno de los más profundos y largos de Europa. El lago Scutari es el más grande de los Balcanes y alberga uno de los mayores santuarios de aves de Europa. Y todo esto en una superficie que equivale a tan solo una tercera parte del tamaño de Suiza.

Sin embargo, la historia del país se ha caracterizado por guerras, conflictos y sufrimiento, lo que, a su vez, ha influido profundamente en las tradiciones, la mentalidad y la cultura de sus habitantes. Uno de los rasgos fundamentales de su gente es la admiración que sienten por cualidades como la valentía, la integridad, la dignidad, la humildad, la abnegación y el respeto hacia los demás. No sorprende, pues, que muchos montenegrinos de gran temple hayan aceptado las buenas nuevas del Reino y defiendan lealmente la verdad bíblica.

CRECIMIENTO ESPIRITUAL

Quienes asistieron a la memorable asamblea de distrito celebrada en Zagreb (Croacia) en 1991 jamás podrán olvidar el ambiente de unidad y amor que reinó en esa ocasión. Acudieron hermanos de todos los rincones de la anterior Yugoslavia. “Como estaba a punto de estallar la guerra, resultaba peligroso viajar de Montenegro a Croacia”, recuerda Savo Čeprnjić, que llevaba poco tiempo estudiando la Biblia. “Me sorprendió ver que tantos autobuses llegaban a la asamblea sin contratiempos. Pero más impresionante aún era la paz y unidad que había entre los Testigos. El primer día se presentaron en la asamblea cientos de policías, pero como se dieron cuenta de que éramos pacíficos, los demás días solo vinieron unos pocos.”

Antes del comienzo de la guerra, un matrimonio viajaba regularmente de Croacia a Montenegro para darle clases bíblicas a un hombre llamado Savo. Pero poco después cerraron las fronteras. ¿Cómo pudo seguir estudiando?

Savo explica: “Los estudiantes más avanzados tuvieron que ponerse a enseñar a los más nuevos. Un hermano bautizado me estaba dando clases bíblicas con el libro Usted puede vivir para siempre en el paraíso en la tierra, pero cuando ya no pudo venir, tomó su lugar un publicador no bautizado. Para 1992, el grupo que celebraba el Estudio de Libro de Congregación y el Estudio de La Atalaya en la ciudad de Hercegnovi ya tenía quince personas”. Savo, su esposa y su hija siguieron progresando y se bautizaron en 1993. En esta pintoresca ciudad costera hay ahora un Salón del Reino en el que se reúnen veinticinco publicadores.

A principios de la década de 1990, un grupo de publicadores se reunía en Podgorica, la capital. El grupo siguió creciendo, y en 1997 se hicieron planes para comprar un terreno donde edificar un Salón del Reino. El terreno que compraron ya contaba con un muro, y los hermanos decidieron conservarlo para tener mayor privacidad. Pero un policía que vivía en el sótano de un edificio contiguo les preguntó si podían derribar el muro para que le llegara más luz a su apartamento, que era muy oscuro. A fin de fomentar las buenas relaciones con su vecino, los hermanos optaron por derribar el muro y sustituirlo con una cerca. Aquel acto de buena fe resultó ser una auténtica bendición.

Cuando otros inquilinos del edificio le causaron problemas a la congregación, el oficial de policía les advirtió que si atacaban el Salón del Reino, él mismo se encargaría de que fueran procesados. Actualmente, en este terreno hay un hermoso salón, una casa para precursores especiales y un amplio estacionamiento techado que se puede utilizar también para las asambleas.

Sin embargo, en la ciudad de Nikšić no les fue tan bien a los hermanos. En 1996 compraron un terreno, pero la comunidad se opuso enérgicamente a la edificación del Salón del Reino. Los hermanos vigilaban el lugar de las obras día y noche por temor de que los vecinos intentaran sabotear la construcción. En cierta ocasión, un sacerdote de la zona movilizó una chusma de 200 personas, que invadieron la propiedad armadas con palos y pistolas. Dispararon al aire y comenzaron a demoler el salón. La policía se quedó allí mirando sin hacer absolutamente nada.

Cuando los hermanos vieron que la situación no podría resolverse de forma pacífica, buscaron otra propiedad. Cuatro años después adquirieron un edificio, lo renovaron y lo convirtieron en un Salón del Reino. Al principio no hubo problemas, pero algunos meses más tarde, el salón fue consumido por un incendio que parecía haber sido provocado. No obstante, nuestros hermanos no se dieron por vencidos y lo reconstruyeron. Desde entonces, no han tenido más problemas.

Las cuatro congregaciones de Montenegro están bajo la supervisión del Comité del País de Serbia. Con una proporción de 1 publicador por cada 2.967 habitantes, los 201 proclamadores del Reino agradecen mucho la ayuda de los 6 precursores especiales. En general, la gente de Montenegro piensa que la religión tiene más que ver con la tradición que con la lectura de la Biblia. Pero nuestros hermanos de este país siguen predicando las buenas nuevas lealmente y con valor.

Historia reciente de la obra en Eslovenia

Eslovenia constituía la parte noroccidental de Yugoslavia hasta que se independizó en 1991. Tras la independencia, su economía siguió creciendo de forma constante, y en el año 2004, esta república ingresó en la Unión Europea. A pesar de ser un país relativamente pequeño, Eslovenia ofrece una gran diversidad de paisajes: montes alpinos, lagos cristalinos, bosques exuberantes, enormes cuevas de piedra caliza y una costa encantadora. En poco más de una hora se puede llegar desde las montañas, donde sopla una brisa fría y vigorizante, hasta los templados y agradables olivares y viñas de la costa adriática. Además, sus enclaves históricos y culturales ofrecen innumerables posibilidades de exploración. Sin embargo, la belleza de este pequeño país va más allá de sus parques nacionales y sus ciudades históricas. Eslovenia posee un rico patrimonio espiritual.

SALONES DEL REINO Y PRECURSORES

Quizás recordemos que Maribor fue la ciudad donde aquellos dos hermanos apodados los Barberos Creyentes predicaron acerca de su nueva fe. El pequeño grupo que se formó allí se reunía en un lugar muy conveniente: un restaurante, que más tarde recibió atinadamente el nombre de Novi Svet (Nuevo Mundo). En la actualidad, los Testigos eslovenos dan gracias a Jehová por tener hermosos Salones del Reino donde reunirse para adorarlo y aprender más de él. Debido al aumento de publicadores y a la mejora de las circunstancias, en la década de 1990 se formó un Comité Regional de Construcción. Con la ayuda de más de cien voluntarios y utilizando fondos procedentes de otros países, las congregaciones han edificado o renovado catorce Salones del Reino desde 1995.

A medida que crecía el número de publicadores, también aumentó el de precursores regulares, que pasó de 10 en 1990 a 107 en el año 2000. Entre esos precursores entusiastas se encontraba Anica Kristan, que estuvo muy activa en la política antes de aceptar la verdad.

La predicación ha recibido un gran impulso gracias a hermanos que vinieron de otros países. En 1992 llegaron los primeros misioneros: Franco y Debbie Dagostini. Cuando ellos recibieron una nueva asignación en África, se envió a Eslovenia a un matrimonio austríaco, Daniel y Karin Friedl. Hace poco llegaron más graduados de Galaad: Geoffrey y Tonia Powell, y Jochen y Michaela Fischer. Todos ellos, junto con los precursores especiales procedentes de Austria, Italia y Polonia, han traído consigo su gran amor por Jehová y un ferviente deseo de ayudar a la gente.

COMITÉS DE ENLACE CON LOS HOSPITALES

En 1994 se estableció en Betel la Sección de Información sobre Hospitales y se formaron dos Comités de Enlace con los Hospitales (CEH). Algunos de los miembros de estos comités se reunieron con el ministro de Salud, quien, a su vez, organizó una reunión con los directores de todos los hospitales de Eslovenia. Los hermanos explicaron la función de los CEH y la razón por la que los testigos de Jehová no aceptan transfusiones de sangre. Todo ello ha propiciado la cooperación entre los médicos y los pacientes que rechazan las transfusiones. Además, se han publicado artículos sobre los tratamientos sin sangre en diversas revistas médicas.

En 1995, médicos de Eslovenia realizaron la primera cirugía a corazón abierto sin sangre. Los medios de comunicación informaron que la operación había sido un éxito, y el cirujano y el anestesiólogo escribieron un artículo académico al respecto. De manera que se ha abierto la puerta a la medicina sin sangre, y cada vez hay más médicos dispuestos a respetar la elección de tratamiento de los testigos de Jehová.

SE SATISFACEN LAS NECESIDADES DE UN CAMPO CADA VEZ MÁS EXTENSO

Tras los cambios políticos de 1991, el Cuerpo Gobernante decidió que debía establecerse una oficina en Eslovenia a fin de atender mejor las actividades del Reino. Acto seguido, se compró un edificio de una planta en el centro de Liubliana, la capital. Se renovó, y el 1 de julio de 1993 quedó listo para que los betelitas se mudaran. Al principio, la familia Betel constaba de diez miembros, pero después de una década había aumentado a 35. Por consiguiente, se alquiló un edificio próximo para albergar la cocina, el comedor y la lavandería. Mientras tanto, los betelitas se mudaron a unos apartamentos cercanos para que hubiera más espacio para las oficinas. En 1997, aquellas oficinas se convirtieron en la sucursal de los testigos de Jehová de Eslovenia.

Cuando el Cuerpo Gobernante aprobó la construcción de una sucursal nueva los hermanos comenzaron a buscar un lugar adecuado. Tras examinar unas cuarenta propiedades, escogieron un hermoso terreno al pie de las montañas y cercano a la ciudad de Kamnik, que está a 20 kilómetros (12 millas) de la capital. En poco tiempo consiguieron todos los permisos, compraron la propiedad, firmaron el contrato con una compañía de construcción e invitaron a siervos internacionales a participar en el proyecto. Todo parecía estar listo.

Sin embargo, cuando el asunto se hizo público, los vecinos se opusieron de inmediato. El día en que debían comenzar las obras, unos manifestantes bloquearon el acceso al lugar con barricadas y, poco después, sacaron pancartas en las que expresaban su inconformidad. A los seis días, como al mediodía, llegaron unos treinta policías para proteger a los trabajadores que el municipio había enviado para retirar las barricadas, pero tuvieron que aguantar una lluvia de insultos. Como las obras habían sido aplazadas, no había nadie en el lugar ese día: ni los hermanos ni los empleados de la constructora. Tras aquel incidente, la oposición empezó a disminuir, lo cual abrió la puerta a una solución pacífica.

Aunque los manifestantes derribaron tres veces la cerca del terreno, los trabajos se reanudaron un mes después y continuaron sin más contratiempos. En realidad, lo que había comenzado como un ataque contra el pueblo de Jehová resultó ser una bendición, pues el asunto atrajo mucha atención de los medios de comunicación. La televisión, la radio y la prensa presentaron más de ciento cincuenta noticias sobre la construcción. La obra quedó terminada once meses después, y en agosto de 2005, la familia Betel se trasladó a sus nuevas instalaciones.

Desde entonces, la relación entre los hermanos y los vecinos ha cambiado por completo. Muchos de estos incluso han visitado la sucursal. Tomemos el caso de un señor al que no le agradaban los Testigos. Cierto día pasó por el lugar de construcción y preguntó para qué se usaría el edificio. Al finalizar las obras, este hombre visitó las instalaciones y quedó muy impresionado por la amigable bienvenida que recibió y por la limpieza del lugar. Les comentó a los hermanos: “Cuando los vecinos me preguntan si he cambiado de bando, yo les respondo que aunque antes no toleraba a los Testigos, ahora los apoyo porque son buenas personas”.

El 12 de agosto de 2006 fue un día muy especial: Theodore Jaracz, del Cuerpo Gobernante, pronunció el discurso de dedicación ante un auditorio de 144 hermanos de veinte países. Y en una reunión especial celebrada en Liubliana habló ante 3.097 personas procedentes de todas partes de Eslovenia, así como de Croacia y Bosnia-Herzegovina.

UN FUTURO BRILLANTE

Los testigos de Jehová de Eslovenia miran al futuro con plena confianza en que su Padre celestial los seguirá guiando y bendiciendo. En la asamblea de distrito de 2004 recibieron con gran alegría la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas en esloveno. Ahora, con el apoyo de una sucursal bien equipada y la colaboración de muchos precursores, están más decididos que nunca a llevar a cabo su comisión de predicar y hacer discípulos (Mat. 28:19, 20).

Aunque la población de Eslovenia es mayormente católica, la era comunista produjo muchos ateos. Además, muchas personas se sienten agobiadas por las ansiedades de la vida o han caído en la trampa del materialismo. Otras están muy interesadas en los deportes o el entretenimiento. Sin embargo, todavía quedan personas de buen corazón a quienes les atraen las promesas de Dios, que se encuentran en la Biblia.

Y la obra ha seguido progresando. En agosto de 2008 se alcanzó un máximo de 1.935 publicadores, una cuarta parte de los cuales estaba participando en alguna faceta del servicio de precursor. En la actualidad, se predica en los siguientes idiomas: albanés, chino, croata, inglés y serbio, así como en lenguaje de señas esloveno. A diferencia de los humildes comienzos de la obra en Eslovenia, cuando solo había dos barberos predicando las buenas nuevas, hoy día, una gran muchedumbre internacional de entusiastas publicadores buscan a los merecedores que desean servir al Dios verdadero, Jehová (Mat. 10:11).

La zona de los Balcanes conocida anteriormente como Yugoslavia ha experimentado muchas guerras, con sus penas y sufrimientos. Sin embargo, en medio de este clima de intolerancia religiosa y odio étnico, el amor que se tienen los miembros del pueblo de Jehová los ha identificado como verdaderos discípulos de Cristo y ha puesto la adoración verdadera por encima de todo lo que este mundo ofrece. Dicho amor, que refleja el de Dios, está haciendo que cada vez más personas acepten la adoración pura. Además, ayuda a nuestros hermanos a permanecer firmes, decididos a servir unidamente a Jehová para siempre (Isa. 2:2-4; Juan 13:35).

[Notas]

a La Ustachá fue un movimiento fascista revolucionario que luchó por la independencia de Croacia con el respaldo de la Iglesia Católica y que se distinguió por su brutalidad, mientras que los chetniks fueron un grupo de soldados nacionalistas serbios formado durante la segunda guerra mundial.

b Debido al clima político del momento, se añadió la palabra “piadosa” para aclarar la clase de libertad que buscaban los hermanos.

c Véase el artículo “Ayudamos a nuestra familia de creyentes de Bosnia”, de La Atalaya del 1 de noviembre de 1994, páginas 23 a 27.

[Comentario de la página 165]

Mientras el prejuicio nacional y religioso sacudía el país, nuestros hermanos se mantenían unidos

[Comentario de la página 173]

“¿Estoy aquí para complacer a los hombres? ¡No! ¿Depende mi vida de lo que otros digan, piensen o hagan? ¡No!”

[Recuadro de la página 144]

Los contrastes de la antigua Yugoslavia

Si les preguntara a varias personas sobre las diferencias culturales de la antigua Yugoslavia, lo más probable es que nadie contestaría lo mismo. Pero algo sí es cierto: eran siete pueblos distintos, cada uno con su propia religión e incluso con su propio idioma y alfabeto. La religión sigue siendo el principal factor divisivo entre los grupos étnicos. Por otro lado, hace más de mil años ocurrió una división que atravesó el corazón de la antigua Yugoslavia, formando dos grandes bandos religiosos: el de la Iglesia Católica Romana y el de la Iglesia Católica Ortodoxa. Hasta la fecha, quienes viven en Croacia y Eslovenia son predominantemente católicos romanos, mientras que los habitantes de Serbia y Macedonia son mayormente ortodoxos. En Bosnia hay musulmanes, católicos y ortodoxos.

Al igual que la religión, el idioma ha dividido a la gente. La mayoría de las personas de la antigua Yugoslavia, con la excepción de los habitantes de Kosovo, hablan una lengua eslava del sur. Y aunque cada país posee su propio idioma, la comunicación entre serbios, croatas, bosnios y montenegrinos se hace posible debido a la gran cantidad de palabras que tienen en común. Pero en Kosovo, Macedonia y Eslovenia no ocurre lo mismo. Es cierto que al final del siglo XIX se intentó consolidar los idiomas que tenían similitudes, pero el desmoronamiento de Yugoslavia en 1991 le puso punto final a tales intentos. Además, en la última década, todos estos pueblos han hecho esfuerzos por dejar clara su identidad utilizando ciertos términos y evitando otros.

[Ilustración y recuadro de la página 148]

Un relojero difunde la verdad en Eslavonia

En la década de 1930, Antun Abramović recorría los pueblos de Croacia reparando todo tipo de relojes, y un día se encontró uno de nuestros folletos en el hotel donde se hospedaba. Al leerlo, la verdad le llegó directo al corazón, de modo que escribió a la sucursal para pedir más publicaciones. Al poco tiempo, este buen hombre llegó a ser un siervo dedicado de Jehová. A partir de ese momento recorrió los pueblos no solo reparando los relojes de la gente, sino también dando testimonio. La fachada de relojero era conveniente porque en aquel tiempo la obra estaba prohibida. En un pueblito llamado Privlaka, el hermano Abramović encontró a varias personas que abrazaron la verdad, y con el tiempo se formó una pequeña congregación. De allí la verdad se esparció a Vinkovci y sus alrededores.

Durante la segunda guerra mundial, el hermano Abramović ayudó a imprimir en secreto publicaciones que se repartían por toda Yugoslavia. Debido a su ferviente predicación, estuvo entre los catorce hermanos que recibieron largas condenas de prisión en 1947. Al salir de la cárcel, fue superintendente viajante. Su entusiasmo por el servicio a Jehová se mantuvo intacto a lo largo de su vida.

[Ilustración y recuadro de la página 151]

Un director de orquesta se hace precursor

Hace muchos años, en lo que hoy conocemos como Bosnia-Herzegovina, el director de la orquesta de la Guardia Real recibió de un amigo algunas publicaciones bíblicas. El director de orquesta era Alfred Tuček, y el amigo, Fritz Gröger. Parece que a finales de los años veinte, Alfred se comunicó con la Sociedad El Faro y les dijo que quería ser precursor regular. Con el tiempo logró su objetivo y se convirtió en uno de los primeros precursores de Yugoslavia. Su trabajo como director de la orquesta militar le dejaba buen dinero, pero su amor por Jehová lo impulsó a renunciar y a no mirar las cosas que estaba dejando atrás (Luc. 9:62). A principios de los años treinta, viajó con los precursores que habían venido de Alemania y presentó con ellos el “Foto-Drama de la Creación”. También ayudó a preparar las tarjetas de territorio para organizar la predicación en el país. En 1934 se casó con Frida, una de las precursoras alemanas. Su primera asignación como matrimonio fue Sarajevo (Bosnia). Después, su labor como predicadores de las buenas nuevas los llevó a partes de Macedonia, Montenegro, Croacia y Serbia. Al principio, su principal medio de transporte fue la bicicleta, pero con el tiempo usaron una motocicleta. Aunque en aquellos años la gente no aceptaba fácilmente las buenas nuevas y la predicación estaba prohibida, estos hermanos comprendieron la importancia de llegar a tantas personas como fuera posible.

[Ilustraciones y recuadro de las páginas 155 y 156]

Fiel a pesar de su enfermedad

La cuestión médica permitía a los precursores demostrar su incondicional confianza en Jehová. Aunque no contaban con un seguro médico, siempre tuvieron los cuidados necesarios. Incluso en las situaciones más críticas, Jehová se valió de personas de buen corazón para ayudarlos. Ese fue el caso de Martin Poetzinger, que sirvió en varios países del centro de Europa antes de ser asignado a supervisar un grupo de precursores en Yugoslavia. Un día cayó gravemente enfermo en Zagreb. En esa ocasión, Gertrud Mende acudió en su auxilio. Ella era una celosa precursora originaria de Alemania que Martin había conocido antes de llegar al país y con quien después se casó.

Gertrud nos cuenta: “A mediados de los años treinta, tanto a Martin como a mí nos pidieron que fuéramos a servir a Sarajevo, pero ni él ni yo pudimos llegar a nuestras asignaciones. La razón fue que, un día por la tarde, Martin no se sentía bien, y por la noche tuvo una fiebre de casi 40 °C [103 °F]. A la mañana siguiente, cuando fui a su casa para ver cómo estaba, encontré que la señora que le alquilaba la casa estaba muy preocupada. Entre las dos tratamos de curarlo con un remedio de vino hervido con mucha azúcar, pero no mejoró. Llamé a varios médicos que aparecían en el directorio, pero ninguno estuvo dispuesto a acudir en ese momento.

”La dueña de la casa dijo que sería bueno llamar al hospital, así que me comuniqué con el director y le expliqué que Martin estaba en cama y que le había subido la fiebre a 40 °C [104 °F]. Fue muy amable y envió una ambulancia. Cuando se llevaban a Martin, la dueña de la casa me dijo: ‘Creo que no volveremos a verlo’.

”Para colmo de males, estaba el problema económico. El único dinero que teníamos los precursores era el que recibíamos como contribución por las publicaciones, y eso apenas alcanzaba para sobrevivir. No sabíamos qué hacer... y tampoco sabíamos cuánto iba a costar el tratamiento. Tras examinar a Martin, el doctor Thaler nos dio el diagnóstico: ‘Martin tiene pleuritis y necesita una operación. Le va a tomar tiempo recuperarse’.

”Creo que el doctor comprendió nuestra difícil situación económica porque dijo: ‘Quiero apoyar a personas con una fe como la de ustedes’. Felizmente, no nos cobró la operación. Así que Jehová nos ayudó a salir de aquel apuro. Con todo, aquella situación nos impidió llegar a Sarajevo, y ambos tuvimos que regresar a Alemania.”

[Ilustración]

Martin Poetzinger en Alemania (1931)

[Ilustración y recuadro de las páginas 161 y 162]

Obrera de día, impresora de noche

LINA BABIĆ

AÑO DE NACIMIENTO 1925

AÑO DE BAUTISMO 1946

OTROS DATOS Ha servido en Betel desde 1953, año en que se legalizó la obra. En aquel entonces ayudó con la impresión y el envío de revistas y demás publicaciones. Hoy día sirve fielmente en el Betel de Zagreb.

EN CUANTO los hermanos que estaban en prisión fueron liberados, se hicieron preparativos para producir las revistas. Sin embargo, había mucho trabajo y pocos varones. Ante tal situación, decidí ofrecerme para colaborar. Yo tenía un trabajo seglar, pero eso no me detuvo. Así que cumplía con mi jornada laboral durante el día, y tarde en la noche, me iba a imprimir.

Al principio, la sucursal no tenía un edificio propio en la ciudad. Lo que usábamos como taller era el apartamento de una sola habitación que ofreció una pareja de hermanos mayores, Petar y Jelena Jelić. Aquel lugar era un cuadrado de solo cuatro metros y medio [15 pies] por lado. Sobre la cama poníamos un bastidor con una sábana extendida y allí amontonábamos las hojas impresas. El mimeógrafo manual estaba en una mesa justo al lado. Sacábamos unas ochocientas páginas por hora. Es cierto que aquello no era mucho si lo comparamos con las prensas modernas, pero a nosotros nos causaba una gran satisfacción ver que, con paciencia y trabajo duro, podíamos producir todas las publicaciones necesarias.

Era muy conmovedor ver a los hermanos Jelić esperar pacientemente a que termináramos de trabajar y quitáramos los montones de páginas impresas. Solo entonces podían irse a la cama. Y jamás se quejaron. Al contrario, estaban felices, y sus ojos brillaban de alegría por la contribución que hacían a la obra del Reino. Siempre que podían, Jelena y otras hermanas mayores ayudaban a ordenar, coser y doblar las páginas. Su ayuda fue invaluable.

Nuestro trabajo fue más fácil a partir de 1958 porque compramos un mimeógrafo eléctrico. Lo que comenzó siendo una producción de veinte revistas en 1931 se convirtió, a principios de los años sesenta, en una de 2.400 ejemplares en tres idiomas: croata, esloveno y serbio (alfabeto cirílico). Aunque no fue posible producir libros, imprimimos muchos folletos. Por otra parte, en 1966 se realizó el mayor trabajo de impresión hasta entonces: mandamos hacer en una imprenta local el libro Cosas en las cuales es imposible que Dios mienta. Se preparó en juegos de doce folletos, y cada juego formó un libro completo. De modo que hacerlo en tres idiomas supuso imprimir 600.000 folletos, para un total de 50.000 libros.

Hoy sirvo en el Betel de Zagreb. Me alegra mirar atrás a mis años de servicio y contemplar cómo ha bendecido Jehová la obra en todos los países de la antigua Yugoslavia.

[Ilustración y recuadro de las páginas 176 y 177]

Todo puede cambiar de un día para otro

IVICA ZEMLJAN

AÑO DE NACIMIENTO 1948

AÑO DE BAUTISMO 1961

OTROS DATOS Cinco veces fue a la cárcel por mantenerse neutral. Con el tiempo fue superintendente de circuito de fin de semana, y en la actualidad es anciano en una congregación de Zagreb.

MIS padres estaban en la verdad, y en casa siempre se hablaba de temas espirituales. Cuando me llamaron para prestar el servicio militar, me presenté y dije que quería hacer una declaración. Después de explicar mi postura neutral, me formaron juicio y fui sentenciado a nueve meses de prisión. Para cuando salí, ya me estaba esperando otro citatorio para el servicio militar. De nuevo me enjuiciaron y sentenciaron, esta vez a un año de prisión. Cumplí mi condena, pero ya me esperaba un tercer citatorio... y también otro juicio. Esta vez, la condena fue de quince meses. La cuarta vez me sentenciaron a veinte meses, y la quinta, a dos años. En total, pasé más de seis años en la cárcel. Todo ocurrió entre 1966 y 1980.

Dos veces me enviaron a Goli Otok, una isla penal del mar Adriático para presos políticos, donde me trataron como tal. Nuestro trabajo allí consistía en “llenar el mar”: teníamos que llevar un cajón de madera hasta un extremo de la isla y llenarlo con piedras. Entonces debíamos acarrear aquella carga de más de 100 kilos [220 libras] hasta el otro lado de la isla y arrojar las piedras al mar. Por increíble que parezca, teníamos que hacer la misma tontería una y otra vez durante todo el día.

Para la segunda vez que me mandaron a Goli Otok, la costumbre era poner a los recién llegados en una celda de aislamiento durante un mes. Estar encerrado, completamente solo, fue horrible. Jamás había orado tanto. No tenía ni Biblia ni publicaciones bíblicas. De verdad que fue difícil para mí permanecer totalmente aislado. Lo único que me dio ánimos fue una carta que recibí de mis padres. Con todo, fue entonces cuando comprendí la fuerza de las palabras del apóstol Pablo: “Cuando soy débil, entonces soy poderoso” (2 Cor. 12:10). Para cuando quedé libre y encontré empleo, no solo me sentía feliz, sino también fuerte en sentido espiritual.

En otra prisión, me mandaron a ver al psicólogo. El hombre me trató muy mal; me gritó y me insultó diciendo, entre otras cosas, que yo no era normal. No me dejó decir nada para defenderme. Es curioso, pero él mismo me llamó al día siguiente y me dijo con un tono completamente distinto: “Estuve pensando en tu situación, y me parece que esta prisión no es lugar para ti. Te voy a conseguir trabajo fuera de la cárcel”. Y para mi sorpresa, cumplió su palabra. No sé qué lo hizo cambiar de opinión, pero aquello me demostró que jamás debemos tener miedo ni pensar que los problemas no tienen solución. Todo puede cambiar de un día para otro. Le doy gracias a Jehová por haberme permitido vivir tantas experiencias que me acercaron más a él.

[Ilustración y recuadro de la página 179]

¿Se permite hablar de fútbol?

HENRIK KOVAČIĆ

AÑO DE NACIMIENTO 1944

AÑO DE BAUTISMO 1962

OTROS DATOS Fue superintendente de circuito de fin de semana en 1973, y de 1974 a 1976, superintendente viajante de tiempo completo. Actualmente es miembro del Comité de Sucursal de Croacia.

NUNCA sabíamos si volveríamos a casa después de salir a predicar. Con frecuencia, la policía nos arrestaba y nos interrogaba, pues muchas veces tenía ideas erróneas sobre nuestra obra.

En cierta ocasión, me dijeron en la comisaría que solo teníamos permiso para hablar de Dios en los lugares oficialmente registrados para ese propósito, y no en las calles ni de casa en casa. Como Nehemías, hice una breve oración y le pedí a Jehová que me diera las palabras apropiadas. Entonces le pregunté al detective: “En este país, ¿se permite hablar de fútbol? ¿Dónde? ¿Solo en el estadio, o también en otros lugares?”. El hombre respondió que se podía hablar de fútbol en cualquier sitio. Así que le dije: “Entonces uno también puede hablar de Dios en cualquier parte, no solo en una iglesia o en un lugar de culto”. Aunque el interrogatorio duró cinco horas, a mi compañero y a mí nos dejaron en libertad.

Al repasar nuestros cuarenta años de servicio, mi esposa, Ana, y yo estamos bien seguros de que no los cambiaríamos por nada en el mundo. Juntos hemos tenido el privilegio de ayudar a casi setenta personas a aprender la verdad. No tenemos duda de que cada asignación que Jehová nos dé enriquecerá nuestras vidas.

[Ilustración y recuadro de las páginas 195 y 196]

Prometimos que volveríamos

HALIM CURI

AÑO DE NACIMIENTO 1968

AÑO DE BAUTISMO 1988

OTROS DATOS Ayudó a organizar y distribuir ayuda humanitaria en Sarajevo. En la actualidad es anciano, miembro de un Comité de Enlace con los Hospitales y representante legal de los testigos de Jehová en Bosnia-Herzegovina.

EN 1992, la ciudad de Sarajevo estaba sitiada. Cuando no recibíamos las publicaciones, estudiábamos alguna revista menos reciente. Los hermanos copiaban los artículos de estudio disponibles con la ayuda de una vieja máquina de escribir. Aunque solo éramos 52 publicadores, las reuniones contaban con más de doscientos asistentes, y dábamos cursos bíblicos a unas doscientas cuarenta personas.

Nuestra hija, Arijana, nació en noviembre de 1993, durante la etapa más sangrienta de la guerra. Era un momento muy difícil para traer un hijo al mundo. A veces pasábamos semanas enteras sin agua corriente ni electricidad, y usábamos algunos muebles como combustible. Además, para ir a las reuniones, teníamos que atravesar zonas muy peligrosas. Los francotiradores disparaban indiscriminadamente, así que debíamos cruzar a la carrera ciertas calles y barricadas.

Un día apacible, mi esposa, la nena, el hermano Dražen Radišić y yo volvíamos de la reunión cuando de repente escuchamos ruido de ametralladoras. Nos tiramos al suelo en plena calle, pero una bala me alcanzó en el estómago. El dolor era intenso. Muchas personas vieron desde sus ventanas lo que ocurría, y algunos jóvenes valientes salieron corriendo de sus casas para llevarnos a un lugar seguro. Me trasladaron a toda prisa a un hospital, donde los médicos quisieron administrarme una transfusión de sangre. Les expliqué que mi conciencia no me permitía aceptar la transfusión, pero me presionaron para que cambiara de opinión. Sin embargo, yo tenía clara mi decisión y estaba preparado para afrontar las consecuencias, así que me operaron. La intervención duró dos horas y media, y pude recuperarme sin necesidad de una transfusión.

Debía reposar después de la operación, pero no era posible debido a la guerra, así que decidimos visitar a nuestra familia en Austria y quedarnos una temporada. Sin embargo, la única vía de escape de Sarajevo era un túnel que pasaba debajo del aeropuerto. Tenía cerca de 900 metros [media milla] de largo y 1,2 metros [cuatro pies] de alto. Mi esposa cargaba a la niña, y yo intentaba llevar el equipaje. Pero estaba tan débil que ella tuvo que ayudarme.

Resulta muy difícil explicar lo felices que nos sentimos en Austria. Cuando partimos de Sarajevo, tanto a nuestros hermanos como al Creador les prometimos que volveríamos. Fue muy duro dejar a la familia en Austria, especialmente a mi madre, pero les explicamos que le habíamos prometido a Dios que regresaríamos a Sarajevo si nos ayudaba a salir de allí para descansar un poco. ¿Cómo íbamos a decirle ahora: “Gracias por ayudarnos a llegar hasta Austria. Hemos disfrutado muchísimo y nos gustaría quedarnos”? Además, los hermanos de Sarajevo nos necesitaban, y mi esposa, Amra, apoyó mi decisión en todo momento.

Así que en diciembre de 1994 llegamos al túnel de Sarajevo, aunque esta vez para entrar en la ciudad. Al vernos volver a través del túnel, la gente nos decía: “Pero ¿qué hacen? Todo el mundo quiere salir, ¿y ustedes vuelven a la ciudad sitiada?”. No tengo palabras para describir el maravilloso reencuentro con nuestros hermanos en el Salón del Reino de Sarajevo. Nunca hemos lamentado haber vuelto.

[Recuadro de la página 210]

Las islas de Croacia

A lo largo de los 1.778 kilómetros (1.105 millas) de la costa croata hay más de mil islas, unas cincuenta de ellas habitadas. Sus dimensiones van desde casi un kilómetro cuadrado (menos de media milla cuadrada) hasta 400 kilómetros cuadrados (150 millas cuadradas).

Los habitantes de estas islas se dedican principalmente a la pesca, y también cultivan olivares, viñas y huertos. En el Parque Nacional de Kornati, un archipiélago compuesto de 140 islas y arrecifes, se puede contemplar un espectáculo maravilloso al bucear. Y en las islas de Krapanj y Zlarin, los habitantes buscan coral o esponjas en el fondo marino. Por su parte, la isla de Hvar produce lavanda, miel y aceite de romero, mientras que los habitantes de la árida isla de Pag elaboran un queso muy apreciado que se hace con la leche de una raza de ovejas que se alimentan de pasto y hierbas salinas.

Los testigos de Jehová hacen esfuerzos especiales para visitar a todos los que viven en estas islas. En algunos casos basta con cruzar un puente para llegar a una isla, mientras que en otros hay que viajar en ferry. Sea como sea, a los hermanos les encanta organizar campañas especiales y pasar un par de días predicando en alguna isla. Ahora bien, a veces es complicado comunicarse con los isleños, pues estos han desarrollado un dialecto propio que resulta difícil de entender para sus compatriotas de otras zonas.

Felizmente, la gente de las islas está aceptando el mensaje de las buenas nuevas. La isla de Korčula, por citar un caso, cuenta con una congregación de 52 publicadores. Aunque para los hermanos que pronuncian discursos públicos no es fácil llegar a este aislado lugar, sus esfuerzos ayudan a la congregación a permanecer unida con la hermandad cristiana mundial (1 Ped. 5:9).

[Ilustración y recuadro de la página 224]

Me presenté en la prisión once días antes

PAVLINA BOGOEVSKA

AÑO DE NACIMIENTO 1938

AÑO DE BAUTISMO 1972

OTROS DATOS Emprendió el precursorado en 1975. En 1977 se convirtió en la primera precursora especial de Macedonia. Ha ayudado a 80 personas a aprender la verdad.

A MENUDO, cuando iba predicando, la gente me denunciaba a la policía. En la comisaría, los interrogatorios podían extenderse durante horas. Me multaron en numerosas ocasiones. En los tribunales me acusaron falsamente de ser enemiga política del Estado y de esparcir propaganda occidental. Una vez me condenaron a veinte días de prisión, y otra, a treinta días.

Justo cuando tenía que cumplir mi condena de veinte días, iba a celebrarse una asamblea de distrito. Solicité al tribunal que fijara una fecha posterior, pero denegaron mi petición, así que me presenté en la prisión once días antes de lo previsto. Los funcionarios se sorprendieron de verme allí, pues no podían creer que alguien quisiera ir a prisión lo antes posible. Fue una buena oportunidad para darles testimonio, y ellos me prometieron que harían todo lo posible para cuidar de mí. Once días después vino a la prisión un policía para comprobar que me hubiera presentado. ¡Qué chasco se llevó cuando los funcionarios de la prisión le dijeron que ya llevaba once días allí! Y, efectivamente, al final pude asistir a la asamblea.

[Ilustración y recuadro de la página 232]

Daban lo mejor que tenían

ŠANDOR PALFI

AÑO DE NACIMIENTO 1933

AÑO DE BAUTISMO 1964

OTROS DATOS Sus padres conocieron la verdad en un campo de concentración establecido por los partisanos después de la segunda guerra mundial. Él hacía la labor de superintendente de circuito durante los fines de semana, y ahora forma parte del Comité del País de Serbia.

MI FAMILIA era de origen húngaro, y por ello los partisanos nos enviaron a un campo de concentración durante un breve período. Sin embargo, aquello resultó ser una bendición porque fue allí donde mis padres conocieron la verdad. Cuando yo era adolescente, no mostraba demasiado interés en ese tema, pero el hermano Franz Brand, que vivió en nuestra casa durante un par de años, tuvo una gran influencia en mí. Me pidió que tradujera una publicación del húngaro al serbio, y yo accedí pensando que estaba siendo útil. Tiempo después descubrí que aquella traducción no hacía falta. El asunto fue que Franz simplemente había querido asegurarse de que yo la leyera. Su táctica funcionó, y algún tiempo después, en 1964, me bauticé.

Una de mis mayores satisfacciones ha sido participar en la obra de superintendente viajante. Admito que no siempre resultó fácil, pues los recursos de los hermanos eran muy escasos. En muchas ocasiones, la familia entera dormía en una sola habitación, y allí dormía yo también. Pero todos los sacrificios merecieron la pena. Era maravilloso ver la alegría de los hermanos y el anhelo con que esperaban la visita. Se esforzaban al máximo y daban lo mejor que tenían. ¿Cómo no iba a sentirme agradecido?

[Ilustración y recuadro de las páginas 236 y 237]

“¿Dónde puedo encontrar a esas personas?”

AGRON BASHOTA

AÑO DE NACIMIENTO 1973

AÑO DE BAUTISMO 2002

OTROS DATOS Perteneció al Ejército de Liberación de Kosovo. En la actualidad es precursor regular y siervo ministerial.

YO ERA musulmán, pero cuando vi todas las cosas horribles que estaban sucediendo en la guerra, entre ellas el asesinato de niños pequeños, llegué a la conclusión de que Dios no podía existir. Pensé: “Si hay un Creador, ¿por qué no hace nada para acabar con el sufrimiento?”. Mi fe se debilitó aún más al ver a los líderes de mi religión apoyar la guerra contra los serbios. Al finalizar el conflicto, ya me había vuelto ateo y me había unido al Ejército de Liberación de Kosovo. Durante el poco tiempo que estuve con ellos, me gané el respeto de los demás y recibí gran cantidad de privilegios. Como todos obedecían mis órdenes, me hice arrogante y déspota.

Por desgracia, mostraba la misma actitud con mi esposa, Merita. Pensaba que su obligación era hacer lo que yo dijera cuando yo dijera. Ella había conocido a los Testigos durante la guerra y tenía algunas de sus publicaciones. Una noche antes de irnos a dormir, me dijo: “Mira, léete esto; habla de Dios”. Me enfureció que pensara que podía enseñarme algo sobre Dios. Al verme tan enojado, se fue al dormitorio y se acostó para evitar más problemas.

Cuando me quedé a solas, decidí leer el folleto ¿Qué exige Dios de nosotros? Después leí el folleto El tiempo para verdadera sumisión a Dios, y me sorprendió que citara del Corán. Entonces leí algunos números de La Atalaya y ¡Despertad! Al terminar, me fui al dormitorio, desperté a mi esposa y le pregunté: “¿Quién te dio estas publicaciones? ¿Dónde puedo encontrar a esas personas?”.

Lo que leí me llegó al corazón, pero mi esposa no se fiaba de mí y tenía miedo de lo que yo pudiera hacer. Aun así, esa noche telefoneamos a una Testigo y averiguamos dónde y a qué hora se celebraría la próxima reunión. A la mañana siguiente estábamos allí. Quedé muy impresionado por la amabilidad de los hermanos. No me imaginaba que existiera gente así. Se notaba que eran diferentes. Durante la reunión me surgió una pregunta y, como tenía tantas ganas de recibir la respuesta, levanté la mano. Al verme tan ansioso, los ancianos se pusieron un poco nerviosos. Debió de ser un gran alivio para ellos darse cuenta de que simplemente me interesaba saber qué debía hacer para convertirme en testigo de Jehová.

Comencé a estudiar la Biblia aquel mismo día. Había muchas cosas de mi personalidad que quería cambiar, pero no sería nada fácil. Tenía que dejar de fumar y sentía que debía cortar la relación con mis amigos. Gracias a la oración y a la asistencia regular a las reuniones, me arrepentí de mi vida anterior y me vestí de la nueva personalidad. ¡Qué gran diferencia ha supuesto la verdad en mi vida y en la de mi familia! Hoy día tanto mi esposa como yo somos precursores regulares, y en 2006 me nombraron siervo ministerial. Ahora puedo ayudar a la gente a comprender por qué hay tanto sufrimiento y cómo Jehová pronto resolverá todos nuestros problemas.

[Ilustración y recuadro de las páginas 249 y 250]

Parecía que Jehová les cerraba los ojos

JANEZ NOVAK

AÑO DE NACIMIENTO 1964

AÑO DE BAUTISMO 1983

OTROS DATOS Pasó tres años en prisión por su fe. En la actualidad es miembro del Comité del País de Eslovenia.

EN DICIEMBRE de 1984, las autoridades militares me enviaron varias órdenes de reclutamiento, pero finalmente, me dejaron un aviso en la puerta de la casa diciéndome que si no me presentaba en el cuartel, la policía militar iba a ir por mí. De modo que tuve que ir a explicar mi postura. No me escucharon, pero se propusieron hacer todo lo que estuviera a su alcance para convertirme en soldado. Me afeitaron la cabeza, se llevaron mi ropa y me dieron un uniforme. Como no lo acepté, me lo pusieron por la fuerza; luego me colocaron un bolígrafo en la mano e intentaron obligarme a firmar mi alistamiento, pero me negué.

También me negué a participar en actividades como los ejercicios matutinos y el saludo a la bandera. En una ocasión, cuatro soldados me llevaron al patio y me ordenaron hacer los ejercicios, pero yo no quise levantar las manos. Intentaron levantármelas por la fuerza hasta que se dieron cuenta de lo ridículos que se veían haciendo aquello, de modo que me apuntaron con un rifle y me amenazaron con matarme. En otras ocasiones trataron de sobornarme ofreciéndome café y galletas.

Mi determinación conmovió a algunos de ellos hasta las lágrimas. En cambio, otros se enfurecieron cuando me negué a escupir sobre la fotografía del mariscal Tito que colocaron frente a mí. Tras un par de días, intentaron que portara armas, algo que tampoco acepté. Aquella negativa se consideraba un delito militar, así que estuve confinado en los barracones durante un mes. Luego pasé varias semanas en una cárcel de Zagreb (Croacia) esperando el veredicto. En la celda había una luz roja que permanecía encendida toda la noche, y el vigilante solo me dejaba ir al baño si estaba de buen humor.

Finalmente, como me negaba a combatir, fui sentenciado a tres años de prisión en una isla del mar Adriático llamada Goli Otok, a donde se enviaba a los peores convictos. Me transportaron con las manos encadenadas. En aquella cárcel, famosa por la violencia que había entre los internos, me encontré con otros cuatro Testigos que estaban allí debido a su postura neutral.

No se nos permitió llevar con nosotros ni la Biblia ni otras publicaciones. No obstante, allí ya había una Biblia. Además, mi familia me enviaba por correo La Atalaya en una caja con fondo falso. Los guardias nunca descubrieron nuestras publicaciones ni se enteraron de que celebrábamos reuniones. De hecho, a veces olvidábamos guardar algunas publicaciones, de modo que cuando los guardias entraban a la celda, estas estaban a plena vista. Sin embargo, parecía que Jehová les cerraba los ojos, pues no las veían.

Un año después me trasladaron a Eslovenia para que terminara de cumplir mi sentencia. Mientras aún estaba en prisión, me casé con Rahela. Y cuando por fin me pusieron en libertad, comencé el precursorado junto con ella. Desde 1993 hemos servido juntos en el Betel de Eslovenia.

[Ilustraciones y tabla de las páginas 244 y 245]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

DATOS HISTÓRICOS: Países de la antigua Yugoslavia

Década de 1920 Un pequeño grupo se reúne en Maribor (Eslovenia) para estudiar la Biblia.

Década de 1930 Se envían a Yugoslavia precursores de habla alemana.

1935 Se establece una sucursal en Belgrado (Serbia) para supervisar la obra.

1940

1941 Tras la invasión del ejército alemán, comienza una intensa persecución.

1950

1953 Los testigos de Jehová reciben reconocimiento legal; se mantienen las restricciones para predicar de casa en casa.

1960

1969 Se celebra una asamblea internacional en este estadio de Núremberg (Alemania).

1970

1990

1991 Se celebra la primera asamblea internacional en Zagreb (Croacia). Llegan los primeros misioneros de Galaad. Se establece en Eslovenia una oficina supervisada por la sucursal de Austria. Estalla la guerra.

1993 Los testigos de Jehová quedan inscritos en Macedonia.

1994 Se forma un Comité de Enlace con los Hospitales en Eslovenia.

2000

2003 Los testigos de Jehová reciben reconocimiento legal en Croacia. Dedicación de un nuevo Betel en Macedonia.

2004 Se publica la Traducción del Nuevo Mundo de las Escrituras Griegas Cristianas en esloveno.

2006 Dedicación de una nueva sucursal en Eslovenia. Se publica la Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras en croata, serbio y macedonio. Se forma un grupo chino en Belgrado (Serbia).

2007 Por primera vez se presenta el discurso especial en romaní de Macedonia; se edita la primera publicación en ese idioma.

2010

[Ilustración]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

Publicadores

Precursores

14.000

10.500

7.000

3.500

1940 1950 1960 1970 1990 2000 2010

[Mapas de la página 147]

(Para ver el texto en su formato original, consulte la publicación)

REPÚBLICA CHECA

AUSTRIA

VIENA

ESLOVAQUIA

BRATISLAVA

HUNGRÍA

BUDAPEST

RUMANIA

BULGARIA

GRECIA

ALBANIA

TIRANA

MAR JÓNICO

ITALIA

MAR ADRIÁTICO

ANTIGUA YUGOSLAVIA

ESLOVENIA

LIUBLIANA

Maribor

Kamnik

CROACIA

ZAGREB

ESLAVONIA

Osijek

Vukovar

Vinkovci

Privlaka

Jasenovac

Šibenik

Split

COSTA DE DALMACIA

Goli Otok

Pag

Kornat

Zlarin

Krapanj

Hvar

Korčula

BOSNIA-HERZEGOVINA

SARAJEVO

Bihać

Bania Luka

Tuzla

Travnik

Zenica

Vares

Mostar

SERBIA

BELGRADO

VOIVODINA

Bor

MONTENEGRO

PODGORICA

Nikšić

Hercegnovi

Tara

Lago Scutari

KOSOVO

Peć

Priština

MACEDONIA

SKOPIE

Tetovo

Kočani

Štip

Kičevo

Strumica

Resen

Nota: La ONU informó que “Kosovo [...] declaró su independencia de Serbia [en] [...] febrero [de 2008]”. Buscando solucionar la disputa sobre la situación política de Kosovo, la Asamblea General de la ONU decidió “pedir a la Corte Internacional de Justicia una opinión consultiva”.

[Ilustraciones a toda plana de la página 142]

[Ilustración de la página 145]

Franz Brand

[Ilustraciones de la página 146]

Rudolf Kalle y una de sus máquinas de escribir

[Ilustración de la página 149]

En un camión alquilado para predicar en Eslovenia

[Ilustración de la página 154]

Los primeros precursores afrontaron muchos desafíos

[Ilustración de la página 157]

Alfred y Frida Tuček con sus bicicletas

[Ilustración de la página 158]

Rudolf Kalle en el Betel de Belgrado (Serbia)

[Ilustraciones de la página 168]

Franc Drozg y su carta

[Ilustración de la página 180]

A la derecha: el establo de Liubliana (Eslovenia) que se convirtió en Salón del Reino

[Ilustración de la página 180]

Abajo: uno de los primeros Salones del Reino de Zagreb (Croacia)

[Ilustración de la página 182]

Stojan Bogatinov

[Ilustraciones de las páginas 184 y 185]

Al fondo: Asamblea Internacional “Paz en la Tierra” de 1969 (Núremberg, Alemania); a la izquierda: tren con asambleístas de Yugoslavia; a la derecha: Nathan Knorr

[Ilustración de la página 188]

Ðuro Landić

[Ilustraciones de la página 192]

Milton Henschel pronunciando un discurso, y el bautismo durante la Asamblea Internacional “Amadores de la Libertad Piadosa” de 1991 en Zagreb (Croacia)

[Ilustración de la página 197]

Ljiljana, con sus hijas

[Ilustraciones de la página 199]

La ayuda humanitaria llegó en camión desde Austria

[Ilustración de la página 200]

La familia Ðorem (1991)

[Ilustración de la página 204]

Bautismo en un barril de pescado (Zenica, 1994)

[Ilustraciones de la página 209]

Suministros de ayuda humanitaria almacenados en Zagreb (Croacia)

[Ilustración de la página 215]

Elke y Heinz Polach

[Ilustraciones de la página 216]

Comité de Sucursal de Croacia y la sucursal

[Ilustración de la página 228]

Entrega de suministros de socorro en Bosnia

[Ilustraciones de la página 233]

Comité del País y Betel de Belgrado

[Ilustración de la página 235]

Saliu Abazi

[Ilustraciones de la página 243]

Predicando en Podgorica; Salón del Reino en Podgorica

[Ilustración de la página 247]

Sección histórica de Piran (Eslovenia)

[Ilustración de la página 251]

Antigua sucursal de Liubliana (Eslovenia, 2002)

[Ilustración de la página 253]

Sucursal de Kamnik (Eslovenia, 2006)

[Ilustración de la página 254]

Comité de Sucursal de Eslovenia

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