Conozca al ciervo más pequeño del mundo
EN EL año 1935 un granjero chileno estaba cultivando su terreno en la hermosa región montañosa de Curicó, cuando súbitamente oyó a unos perros acosando a lo que él supuso que era un conejo. Imagínese su sorpresa cuando un animal del tamaño de un perro mediano, con apariencia similar a la de una cabra, salió corriendo del bosque y se le acurrucó entre las piernas. El granjero, al mirar a esa criatura temblorosa, la reconoció como un pudú: el ciervo más pequeño del mundo.
Este inofensivo venadito raras veces puede contemplarse, puesto que vive en zonas aisladas de las tierras altas. Solamente se aventura a salir para comer fruta, hojas y otra clase de vegetación, pero huye rápidamente para ponerse a cubierto cuando sus sentidos muy desarrollados de oído y olfato le advierten del peligro. El pudú prefiere las regiones de vegetación muy espesa, puesto que si estuviese expuesto directamente a los rayos del sol, aunque solo fuese menos de tres horas, podría morir.
Se conoce tan poco acerca de esta tímida criatura que no fue sino hasta finales del siglo pasado que los zoólogos se dieron cuenta de que no es ni una cabra ni una oveja. Lo identificaron como un ciervo o venado, puesto que el macho renueva su cornamenta de 6 a 9 cm. de longitud (2,5 a 3,5 pulgadas) una vez al año. De hecho hay dos especies de pudúes. La variedad que en un tiempo abundaba en la región meridional de Chile y Argentina tiene el pelaje de tono rojizo. La otra especie que habita en las junglas de Colombia, Perú y Ecuador presenta una apariencia algo más oscura. El pudú plenamente desarrollado alcanza los 40 cm. de alzada (16 pulgadas), 70 u 80 cm. (28 a 31 pulgadas) de largo, y pesa aproximadamente 10 Kg. (22 libras.) El animal se caracteriza por tener un cuerpo en forma de cuña, puesto que sus patas delanteras son un poco más cortas que las traseras.
Pequeño sobreviviente del peligro de extinción
Aunque el pudú es sumamente tímido, parece ser que le agradan los humanos y puede llegar a confiar en ellos. Muchos pudúes han seguido a las ovejas o al ganado cuando regresaban de pastar, pero han sido ahuyentados por los perros del granjero. Los investigadores que se ganan la confianza de un pudú pueden frecuentemente recibir la recompensa de que su nuevo amigo les lama las manos o la cara. Un investigador veterinario hizo amistad con un pudú hembra que saltó sobre sus rodillas, le lamió la cara, y luego le fue dando empujoncitos con la cabeza, dirigiéndolo hacia la madriguera, seguramente para mostrarle a sus cervatillos recién nacidos.
Además de sus enemigos naturales tales como el zorro, el búho, el puma y otros felinos, el mayor enemigo del pudú es el hombre. En el pasado, estos pequeños venados tenían mayor libertad pues se valían de su velocidad y astucia para eludir a los predadores. Se sabe que el pudú ha vuelto sobre sus propias huellas o ha nadado río arriba para despistar a un zorro o a un puma. Pero ahora, debido a que los hombres están destruyendo los bosques, el hábitat del pudú se está reduciendo sensiblemente. Por lo tanto el pudú ha tenido que adaptarse a vivir en una serie de túneles que forman como un laberinto entre la espesa maleza. Puesto que es un animal pulcro, hay lugares concretos en sus túneles para comer, para dormir y para excretar, y no los varía en toda su vida. La clave para su supervivencia es conocer bien esos túneles. Aunque el pudú es un veloz corredor y también es bastante buen nadador, es presa fácil en campo abierto. Pero no sucede así dentro de los túneles, puesto que, según dijo un investigador, “sale disparado como una bala” dejando atrás a su perseguidor.
Aunque la caza del pudú está prohibida, algunos hombres sin escrúpulos han aprendido a atrapar o matar a esta pequeña y pacífica criatura. A esos cazadores los motiva el deseo de conseguir la valiosa piel del animal, su sabrosa carne, o el dinero que los zoológicos de países extranjeros están dispuestos a pagar por un ejemplar sano. Han adiestrado a perros pequeños para que hagan salir a los pudúes de la maleza hacia el descampado. Ya que los pudúes pueden nadar más deprisa que un perro, se dirigen hacia el río más cercano, y allí los aguardan los hombres en botes para atraparlos. Pero los animales frecuentemente resultan heridos y, según un investigador, hasta un 80% de ellos mueren de miedo.
Así pues, la debilidad del pudú es su timidez. Cuando se asusta, los ojos parecen llenársele de lágrimas, tiembla, se le eriza el pelo y a menudo el animal muere de un ataque cardiaco. Es por esta razón que aunque los pudúes han sido domesticados tanto por familias rurales como en universidades, este ciervo parece ser que no puede vivir mucho tiempo en cautividad. En muchos casos su muerte ocurre de manera repentina sin ninguna causa aparente, víctima de la tensión de estar en cautividad. El pudú ama la libertad.
Se temió que el pudú pronto se añadiría a la lista de las 68 especies de mamíferos que se han extinguido en este siglo. Sin embargo, estudios recientes efectuados por un investigador que trabaja para la World Wildlife Foundation indican que es posible que el pudú sobreviva. ¿Cómo? Por medio de aprender a adaptarse a las nuevas circunstancias valiéndose de su sistema de túneles. Pero este no es el caso del león americano o puma, el cual está en franco peligro de extinción en Chile. ¡Cuán a menudo es cierto que en medio de circunstancias tensas o cambiantes es mejor ser adaptable y amigable que feroz y agresivo!
Esperemos que el pudú pueda sobrevivir hasta que venga el pacífico nuevo sistema, cuando podrá abandonar sus túneles de protección y salir al descampado para disfrutar de libertad sin temor. ¿Estará usted allí para conocer al ciervo más pequeño del mundo?
[Reconocimiento en la página 26]
Fotografías de la Sociedad Zoológica de Nueva York