Los saltarrocas, una pareja muy unida
CONOZCAMOS a los saltarrocas de África del Sur, miembros de una familia de antílopes africanos.
“Uno de los aspectos más encantadores del comportamiento del saltarrocas —comenta Peter Norton en la revista African Wildlife— es que forma un vínculo muy fuerte y duradero con su pareja, un vínculo que subsiste a lo largo de los años, probablemente hasta que uno de los dos muere. Casi siempre están cerca el uno del otro (mis datos indican que pasan el 97% de su tiempo a menos de quince metros de su pareja y el 77% a menos de cinco metros). Cuando descansan o están asustados, casi siempre permanecen tan juntos que pueden tocarse.”
Las parejas de saltarrocas suelen turnarse para pastar: mientras uno come, el otro se queda vigilando subido a una roca como si fuese un centinela, y luego se cambian. Norton hace la siguiente observación: “El macho pasa mucho más tiempo al acecho de predadores que la hembra, la cual necesita comer más para nutrir el feto o suministrar leche a su cría”.
En comparación con otros antílopes, las pezuñas del saltarrocas son singulares, y le permiten saltar rocas empinadas y lisas. Desde las laderas rocosas de una montaña —un lugar seguro— advierte de la presencia de predadores con un silbido parecido al sonido de una trompeta. La llamada de alarma suelen hacerla a dúo, si bien la hembra emite su silbido una fracción de segundo después que el macho. No hay duda de que cuidan el uno del otro. Forman una pareja muy unida.