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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1970
w70 1/8 págs. 478-480

Preguntas de los lectores

● ¿Cuál es el significado de la oración a Dios: “No nos metas en tentación”?—E. D., EE. UU.

Esto es parte de la bien conocida ‘oración modelo’ de Jesús. Después de instar a sus discípulos a orar por perdón, Cristo concluyó la oración de este modo: “Y no nos metas en tentación, sino líbranos del inicuo.”—Mat. 6:12, 13; Luc. 11:4.

Algunos se han preguntado si esto significa que a menos que uno le pida a Dios que no lo haga, Dios va a tentar a uno a pecar. Pero eso de ningún modo puede ser así, pues Jehová inspiró a Santiago, medio hermano de Jesús, a escribir: “Al estar bajo prueba, que nadie diga: ‘Estoy siendo probado por Dios.’ No; porque con cosas malas Dios no puede ser probado ni prueba él mismo a nadie.” (Sant. 1:13) Las palabras de Jesús deben entenderse a la luz de este versículo y en armonía con él.

La experiencia de Adán y Eva ilumina lo que Cristo quiso decir. Dios les permitió comer a satisfacción de “todo árbol deseable a la vista de uno y bueno para alimento.” Sin embargo, no habían de comer del árbol del conocimiento de lo bueno y lo malo.—Gén. 2:9, 16, 17.

Esa era una prueba impuesta sobre ellos, es verdad. Sin embargo, no era una prueba mala diseñada para perjudicarlos. Dios no era como los enemigos religiosos de Cristo que tramaron someterlo a prueba para entramparlo y así tener una excusa para hacer que se le diera muerte. (Mat. 22:15-18; Mar. 11:18; 12:13; Juan 11:53) Mediante esta prueba sencilla de Adán y Eva, Jehová podía hacer que saliera a luz lo que verdaderamente eran, si como agentes con libre albedrío verdaderamente querían obedecer y servir a su Creador.

Pero note qué excelente cosa hizo Dios: Para ayudar a Adán y Eva a evitar el error, de hecho, para ‘no meterlos en tentación,’ Él explicó que el desobedecer sería incorrecto y resultaría en la muerte. Ciertamente el dar una advertencia a una persona contra el mal no es tentarla con éste. ¿No fue el Diablo quien tentó a la primera pareja? Vio la oportunidad de tentarlos para que traspasaran los límites que Dios les había fijado. Su descripción falsa del resultado de comer del árbol creó un deseo incorrecto, lo cual a su vez resultó en pecado.—Gén. 3:1-6; Sant. 1:14, 15.

Como sucedió en el caso de Adán y Eva, hoy Dios no mete a los cristianos “en tentación,” pues nos advierte de las cosas malas y nos avisa cuál será el resultado si participamos de tales cosas. Así se nos ayuda a evitar tentaciones a hacer lo malo.

Por ejemplo, Jehová claramente nos dice que el adulterio es un pecado y que debe evitarse. (Éxo. 20:14; Rom. 13:9, 10) Esa es una advertencia para que no ignoremos lo que es incorrecto. También, Él declara cuáles serían los resultados si un cristiano practicara ese mal; contaminaría el lecho conyugal, sería juzgado adversamente y no heredaría el Reino. (Heb. 13:4; 1 Cor. 6:9, 10) Claramente, Jehová no está tentando a los cristianos a que cometan adulterio. Al contrario, observe el consejo excelente de 1 Corintios 7:5. A los matrimonios que, por consentimiento mutuo, se abstuvieran de relaciones maritales por un tiempo, se les dirigió el consejo de que entonces “vuelvan a juntarse, para que no siga tentándolos Satanás” al adulterio. La tentación no sería de Dios, que los había puesto sobre aviso y les había dado advertencia, sino de Satanás por medio de la operación del deseo incorrecto.

De modo semejante, en 1 Timoteo 6:9, 10 Jehová advierte que el amor al dinero es peligroso y que puede resultar en toda clase de cosas perjudiciales. Y declara que el resultado de este amor y de la determinación de ser rico puede incluir el ser desviado de la fe y sufrir muchos dolores. De modo que se nos notifica lo que es incorrecto y se nos hace conscientes del daño que puede resultar si caemos en esta tentación.—2 Cor. 2:11.

El que pide en oración que no se le meta en tentación se obliga a hacer cuanto esté de su parte para evitar las tentaciones. Eso incluye evitar pensamientos que edifiquen deseos incorrectos así como situaciones en las cuales es probable que surjan tentaciones. También debe dejar que Jehová lo fortalezca estudiando la Palabra de Dios para que pueda discernir entre lo bueno y lo malo.

En consecuencia, las palabras de Jesús “No nos metas en tentación” no entrañan que Dios nos tienta o nos mete en situaciones que nos tientan con lo malo, y que por consiguiente hacen necesario que le roguemos que no lo haga. Más bien, constituyen una petición de que Dios no nos deje ignorantes en cuanto a las cosas malas que pudieran ser una tentación, sino que nos advierta y nos fortalezca para que podamos evitar la tentación o aguantarla.

● Puesto que el apóstol Pablo enseñó que los cristianos no están bajo la ley mosaica, ¿por qué cumplió él con una ceremonia en el templo de Jerusalén con relación a un voto a Dios?—M. G., EE. UU.

Es innegable que el apóstol Pablo reconoció que los cristianos no están obligados por la ley mosaica. Escribió bajo inspiración: “Hemos sido desobligados de la Ley, porque hemos muerto a aquello por lo cual se nos tenía sujetos”; “No están bajo ley sino bajo bondad inmerecida,” y, “Si están siendo conducidos por espíritu, no están bajo ley.”—Rom. 7:6; 6:14; Gál. 5:18.

Sin embargo, ese hecho no significa que él consideraba los requisitos de la Ley como pecaminosos. Escribió: “Por su parte, la ley es santa, y el mandamiento es santo y justo y bueno.” (Rom. 7:12) El punto es que a los siervos de Dios no se les exige que guarden la Ley para agradar a Jehová y conseguir salvación. Por ejemplo, no es pecado el ser circuncidado; no es un acto anticristiano. Pero sería incorrecto creer que un cristiano tiene que ser circuncidado a fin de ser salvo.—Hech. 15:1, 2, 5, 22-29; 16:3.

No era raro entre los judíos el que alguien que se hubiese salvado de algún peligro o desgracia hiciera un voto a Jehová, posiblemente haciendo un voto de abstenerse de bebidas alcohólicas por un período de tiempo. Esto podría ser semejante a un voto de nazareo. (Núm. 6:1-21) Al cumplirse el período fijo el judío se cortaba el pelo y probablemente rendía sacrificios en el templo de Jerusalén.

En Hechos 18:18 leemos acerca de Pablo que “en Cencreas [cerca de Corinto] se había hecho cortar al rape el pelo de la cabeza, porque tenía un voto.” No se dice si había hecho este voto antes de llegar a ser cristiano o no, ni siquiera sabemos definidamente si éste fue el principio o el fin del período implicado en su voto. No podemos excluir la posibilidad de que estuviera relacionado con lo que más tarde aconteció en Jerusalén.

Cuando Pablo estuvo en Jerusalén después de su tercer viaje misional los cristianos que componían el cuerpo gobernante mencionaron que había mucho resentimiento entre los judíos contra Pablo. Dando crédito a rumores, los judíos pensaban que Pablo estaba predicando ferozmente contra la ley mosaica. En esto estaban equivocados, como hemos visto. Para demostrar eso a todos públicamente, Santiago y los hombres de más edad espiritualmente aconsejaron a Pablo: “Tenemos cuatro varones que tienen sobre sí un voto. Toma a éstos contigo y límpiate ceremonialmente con ellos y hazte cargo de sus gastos, para que se les rape la cabeza. Y así sabrán todos que no son ciertos los rumores que se les contaron acerca de ti, sino que estás andando ordenadamente, tú mismo también guardando la Ley.”—Hech. 21:23, 24.

Pablo y los cuatro cristianos que tenían sobre sí un voto hicieron esto. (Hech. 21:26) Su proceder no fue un acto de apostasía ni un transigir con lo incorrecto dentro del cristianismo. Ellos demostraron que las disposiciones reglamentarias judías en cuanto a los votos no se habían hecho inicuas simplemente porque los cristianos no estaban obligados a seguirlas. No es como si hubieran ofrecido incienso a una deidad pagana... algo que era definidamente contrario a la adoración cristiana verdadera. Lo que hicieron no era incorrecto en sí mismo, y parecía que serviría para contrarrestar los prejuicios judíos y permitir que muchos otros oyeran las buenas nuevas de salvación que Pablo estaba intensamente interesado en predicar.

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