Las mujeres en el lugar de empleo... las pruebas y los desafíos
“LAS mujeres han ingresado en la fuerza laboral formal en cantidades sin precedente durante las últimas tres décadas.” Eso informa el Instituto Worldwatch, organización para estudios e investigaciones. “Tanto en los países ricos como en los pobres —continúa el informe— la inflación impulsa a las mujeres a trabajar por paga.” O como dijo una nigeriana: “La presión económica es tan fuerte que no tengo más remedio que irme a trabajar”.
Como a la “esposa capaz” de los tiempos bíblicos, a muchas mujeres les alegra aportar una contribución económica que es necesaria para el bienestar de su familia. (Proverbios 31:10, 16, 24.) Y algunas consideran que el tener un empleo es satisfaciente y estimulante. Pero aunque el empleo seglar tiene sus beneficios, pudiera tener también sus desventajas.
Por ejemplo, cierta señora que es gerente de una tienda dice: “Me encanta mi trabajo. Tengo un jefe estupendo y una oficina preciosa. Pero detesto mi empleo cuando requiere de mí más tiempo del que puedo darle, porque después, en casa, hay otro trabajo esperándome... el de esposa y madre”. No obstante, hay muchas mujeres que atienden muy bien su empleo, su hogar y su familia, y por ello merecen mucho encomioa.
Sin embargo, los empleos seglares también exponen a las mujeres a una serie de problemas que son exclusivos del lugar de empleo. Para muchas mujeres el desafío consiste en mantener una actitud equilibrada cuando se ven obligadas a trabajar en un ambiente cargado de fiera competencia o saturado de indiferencia. El deseo de lograr ascenso, de adelantar, ha llevado a algunas mujeres a hacer de su empleo el centro de su vida.
A veces el lugar de empleo es también fuente de presiones morales. No es raro que las mujeres que trabajan fuera del hogar se quejen de que diariamente están expuestas a una dosis de habla degradante. Peor aún, algunas son víctimas de persistente hostigamiento sexual. “Cuando empecé a trabajar —recuerda una cristiana—, era la única mujer en la oficina. Los hombres solían hacerme comentarios insinuantes, y se me hacía muy difícil la situación.”
Tales problemas representan una verdadera preocupación para las mujeres que tienen que encararse a ellos día tras día, especialmente para las que desean cumplir con las normas cristianas. Felizmente, hay una fuente de verdadera ayuda para ellas.
[Nota a pie de página]
a Véase la consideración: “Parejas que trabajan... cómo se encaran a los desafíos”, que se publicó en el número del 8 de febrero de 1985 de nuestra revista compañera ¡Despertad!