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La Atalaya. Anunciando el Reino de Jehová 1960
w60 15/9 págs. 574-575

Preguntas de los lectores

● ¿Cuál es el “lugar que se llama en hebreo Har–Magedón” (Apo. 16:16), y cómo puede decirse que los testigos de Jehová están reunidos en ese lugar ahora, y desde cuándo han estado reunidos?—Vea La Atalaya del 15 de agosto de 1957, página 510.

Durante el antiguo reino de Israel, cuando ejerció su mayor dominio desde el río Éufrates en el norte hasta el valle de torrentes de Egipto en el sur, nunca hubo un lugar llamado Har–Magedón, ni ha habido tal lugar allí desde entonces. Pero si existía un lugar llamado Meguido, una ciudad en la llanura de Jezreel, al sudeste del monte Carmelo. El rey de Meguido fue derrotado por Josué cuando Jehová introdujo a su pueblo en la tierra de Canaán y milagrosamente lo ayudó a tomar posesión de la tierra. (Jos. 12:7, 21) Sin embargo, no había ninguna montaña de Meguido, que es lo que significa la palabra griega Har–Magedón. No había tal lugar literalmente aun en los días del apóstol Juan cuando recibió La Revelación. Evidentemente, entonces, el “lugar” es simbólico, pero obtiene algo de su significado del nombre Magedón o Meguido, junto con todas sus asociaciones hasta el día de Juan.

En Meguido Josué combatió y venció al rey de ella. En las “aguas de Meguido” el juez Barac, acompañado de Débora la profetisa, derrotó a las fuerzas militares de Sisara, general del rey Jabín. En Meguido el rey Ocozías de Judá, después de haber sido herido de muerte por el rey ungido de Jehová, Jehú, murió. En Meguido el Faraón Necao de Egipto combatió con el rey Josías y lo mató. (Jue. 5:19; 2 Rey. 9:27; 23:29, 30) Por lo tanto en Meguido se libraron batallas decisivas, y allí se causaron muertes de importancia pública. En Apocalipsis 16:14, 16, en consecuencia, Har–Magedón se asocia apropiadamente con una batalla decisiva del futuro, “la guerra del gran día de Dios el Todopoderoso,” y en este lugar entonces debe acontecer una gran mortandad que afecte a todos los gobiernos nacionales de este mundo.

Las tres ranas simbólicas, o las tres declaraciones inspiradas que salen de la boca del Diablo, de su bestial agencia gobernante sobre la tierra y de la potencia mundial angloamericana obrando como un profeta falso, juntan a los gobernantes visibles de esta tierra y a sus ejércitos en Har–Magedón. ¿Por qué? Bueno, los reyes o gobernantes son demasiado prácticos para ser reunidos en un simple lugar o campo de batalla desocupado, sólo por el marchar que se requeriría para llegar allí. A los gobernantes se les podría persuadir a ir con sus tropas a cierto lugar o ubicación sólo porque hay un objetivo al que atacar unidamente. Los reyes o gobernantes saben a quiénes están atacando; no es a algo imaginario o simbólico. Los gobernantes mundanos son hombres naturales y no disciernen cosas espirituales. Por eso tienen que tener allí algunos enemigos visibles, tangibles, a quienes atacar. ¿Quiénes son?

El nombre Meguido significa “cita o asamblea de tropas.” Har–Magedón en consecuencia querría decir “el monte de la asamblea de tropas.” Esto explica por qué los ejércitos de los “reyes de toda la tierra” se trasladan a ese lugar. Marchan para atacar las tropas que ya están reunidas en el monte Meguido. La antigua Meguido estaba en la tierra del pueblo escogido de Jehová. Por eso el pueblo o tropas ya congregadas allí tienen que ser los del resto de los seguidores ungidos de Jesucristo, en este tiempo del fin del mundo, porque ellos son el objeto de aborrecimiento por todas las naciones del mundo y son el blanco de su ataque. (Mat. 24:9) Participan en una guerra espiritual al anunciar el reino de Dios, y están equipados con la armadura completa de Dios. Por eso todas las naciones y sus gobernantes se sienten envalentonados para atacarlos a fin de detener su proclamación del reino establecido de Dios. El resto del Israel espiritual de Jehová, el resto de ungidos seguidores de las pisadas de Jesucristo, por lo tanto está identificado con Har–Magedón. Realmente el resto está representado por Har–Magedón, el lugar, o el Monte de la Asamblea de Tropas. El lugar no es lo que está bajo ataque; es el pueblo que está allí en su propio territorio, el pueblo de Jehová. Por eso el libro Luz, tomo 2, publicado en 1930, dijo:

“El hecho de que es Satanás y sus inmundos instrumentos los que hacen la junta de [todos] los reyes de la tierra en el Armagedón, claramente implica que las tropas aquí mencionadas no son de Satanás sino de Jehová y que ahora están siendo juntadas en el monte. En la visión Juan [el apóstol] vió a Cristo junto con 144,000 reunidos en el Monte Sión. (Apo. 14:1). Estas son las tropas del Señor. (Miq. 5:1). Armagedón, por lo tanto, simbólicamente representa el monte de Dios, es decir el Monte Sión, su organización, la que él ha edificado y en la que él aparece; por lo tanto Satanás dirige todas sus fuerzas en contra de la organización de Dios. Es en contra de las tropas del Señor que Satanás hace guerra, y es por eso que dice el Señor: ‘Ahora te juntarás en tropas, oh, hija de tropas, el enemigo nos ha puesto sitio’.—Miq. 5:1.”—Página 55. (Vea la Watch Tower de 1928, pág. 376, §33.)

Satanás el Diablo había sido arrojado del cielo hacia abajo a esta tierra para el año 1918. Es después de este acontecimiento que él mediante sus declaraciones inspiradas por medio de sus agencias mundanas visibles junta a todos los reyes terrestres y a sus ejércitos en Har–Magedón, para atacar a los que predican las buenas nuevas del reino de Dios y que por lo tanto representan ese reino establecido. Desde que los del resto de testigos ungidos de Jehová fueron restaurados de su cautiverio babilónico a su lugar teocrático en Su ministerio en 1919, se han estado congregando al lugar llamado Har–Magedón. El recogimiento en particular de la clase del resto continuó hasta 1931, en cumplimiento de Mateo 24:31. Para entonces un resto completo estuvo reunido en Har–Magedón.

Debido a la prosperidad y expansión espirituales de que disfrutan, todas las naciones se someten a la influencia de Satanás para atacar al resto en Har–Magedón. Desde 1931 el mensaje del Reino ha salido con volumen creciente, y debido a esta proclamación ensanchada las “otras ovejas” del Señor han sido reunidas en Har–Magedón junto al resto, para llegar a ser con el resto un solo rebaño bajo un solo Pastor. (Juan 10:16) Todas las naciones se resienten de que algunos de sus ciudadanos se congreguen con el resto espiritual en Har–Magedón. Las naciones prestamente se someten a ser reunidas por las declaraciones inspiradas que provienen de Satanás y de sus agencias visibles. Esas declaraciones inspiradas las juntan en Har–Magedón. El propósito de las naciones es infligir una derrota en Har–Magedón al resto y a sus compañeros, así como Faraón Necao de Egipto infligió derrota sobre el rey Josías de Judá.

Sin embargo, las naciones serán las que sufrirán la derrota del Armagedón. El resto de Jehová y sus compañeros se marcharán de ese Monte de la Asamblea de Tropas para dedicarse a las artes pacíficas del reino de mil años de Cristo. Entonces no tendrán que pelear “contra los gobernantes mundiales de esta oscuridad, contra las inicuas fuerzas espirituales en los lugares celestiales.” El Armagedón llegará a su punto culminante al abismar a aquellos diablos junto con sus inicuas maquinaciones. (Efe. 6:12, 13; Apo. Re 20:1-3) Entonces el estar en pie de guerra o el estar en orden de batalla simbolizado por Har–Magedón desaparecerá de los testigos de Jehová en la tierra.

● Al hablar con adventistas del séptimo día a menudo hacen referencia a Isaías 66:23 para probar que el sábado se observará en el nuevo mundo. ¿Cómo debe entenderse este texto?—J. F., Suiza.

Si se puede usar este texto para probar que les es obligatorio a los cristianos observar el sábado hasta tiempo indefinido, entonces los adventistas del séptimo día también tienen que observar los novilunios mosaicos, porque también se hace mención de ellos en este texto. Ellos también formaban una parte íntegra de los arreglos bajo el viejo pacto de la Ley. (Núm. 10:10; 28:11; 1 Cró. 23:31) A eso se debe el que el apóstol Pablo mencione ambas cosas cuando muestra que los cristianos ya no tienen la obligación de cumplir los requisitos del pacto de la Ley: “Ustedes están observando escrupulosamente días y meses y sazones y años. Temo por ustedes, no sea que de algún modo me haya afanado para nada en lo que respecta a ustedes.” “Por tanto que ningún hombre los juzgue en comida o en bebida o con respecto a un día de fiesta o la observancia de la nueva luna o de un sábado.”—Gál. 4:10, 11; Col. 2:16.

Bajo el arreglo de la Ley los sábados designaban la duración de la semana y las lunas nuevas o novilunios la de los meses. Es natural esperar que en el nuevo mundo haya algún sistema de calcular el tiempo y por eso, en substancia, se dice que de semana en semana y de mes en mes, de continuo y continuamente, los habitantes del nuevo mundo vendrán para adorar delante de Jehová. Al entender la declaración que se hace en Isaías 66:23, vemos que este texto no contradice, aun como no pudiera contradecir, lo que dicen las Escrituras inspiradas en toda otra parte acerca de que ya no les es obligatorio a los cristianos observar el pacto de la Ley.

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